Caracas, Por Edición Internacional – Casi nunca en la última década de América Latina la suerte de un país en su evolución democrática, política, social y económica ha generado tanta atención de la opinión pública internacional como Venezuela, que en el año 2012 no solo se jugará la suerte de su “Revolución Bolivariana” sino que su protagonista Hugo Chávez, despierta en el interior de su país y fuera de las fronteras: odio y fervor.
El amplio debate que se da en Venezuela, expresa el necesario y complejo proceso de cambios de naturaleza progresista que demanda el país en todos los órdenes
La Constitución Nacional promulgada en 1999 postula el ejercicio de la democracia participativa, protagónica y responsable de los ciudadanos. Principios que viabilizan la democracia representativa, en la medida en que generan mecanismos de comunicación y diálogo para que todos y, en particular, los excluidos de siempre sean escuchados por quienes dirigen la cosa pública.
En Venezuela se ha intensificado, como nunca, la participación política. En apoyo al Presidente Chávez se movilizan frecuentemente sectores sociales, especialmente los que Frank Fannon llamara “los condenados de la tierra”.
Los opositores políticos recurrentemente toman las calles para expresarse. Expresiones inequívocas del pluralismo político que caracteriza a una sociedad democrática, como la venezolana de este tiempo.
El amplio debate que se da en Venezuela, expresa el necesario y complejo proceso de cambios de naturaleza progresista que demanda el país en todos los órdenes. Un verdadero desafío histórico. La mayoría determinante de la sociedad aspira profundizar y perfeccionar la democracia, conjugando la vigencia del estado de derecho, con un estatuto de equidad económica, social y territorial.
Para el Gobierno de Venezuela, Democracia y Justicia son dos caras de una misma moneda. Hay, sin embargo, quienes se oponen a los cambios. Muchos de ellos por confusión. Una minoría, la que ha detentado los privilegios del poder y usufructuado groseramente las inmensas riquezas generadas por la economía petrolera venezolana, ha logrado desafortunadamente irrigar su antidemocrática ideología. Minoría que se opone obstinadamente a cualquier alternativa que signifique equilibrio y justicia en la distribución de la riqueza.
En su insensata conducta recurre hasta al expediente del racismo para descalificar a los sectores populares y sus líderes. El racismo ha logrado lamentablemente, en Venezuela, ensanchar su clientela.
La ideología que lo soporta, que estaba confinada a reducidos nichos, ha penetrado en ciertos estratos de la sociedad. Preocupante fenómeno en una sociedad que históricamente se ha configurado, al influjo de una cultura igualitaria y tolerante.
Lo cierto, es que Venezuela no es la misma desde el momento en que Chávez llegó al poder. Sus acciones, como Jefe de Estado: no solo generan un “efecto domino”, sino que merece interpretaciones de todo tipo por parte de los analistas políticos y económicos, que pronostican que el 2012 será un año muy complejo para la “Revolución Bolivariana” por los efectos del cáncer en el cuerpo de Hugo Chávez, al punto que su beligerancia y arrogancia de otras épocas se ha tornado en una voz de conciliación y de paz.
Tal vez, puede ser una táctica electoral. Lo que no se puede ocultar. es que en Venezuela hay un descontento de la opinión pública de un 40 por ciento. Un escenario que sin duda será aprovechado por la oposición, para perfilar un candidato que sea capaz de disputarle la presidencia a Chávez en el mes de octubre: fecha “D” para saber de una vez por todas, si hay Chávez para rato o por el contrario se da paso a un cambio que reclama la sociedad venezolana, encabeza por las nuevas generaciones.