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Por Felicia Saturno Hartt. Foto: Marcelo Del Pozo, Reuters.- España volvió a las urnas, luego de la incertidumbre y la falta de acuerdo político para establecer la jefatura del gobierno. Y el resultado no asombra a nadie.

El Partido Popular, liderado por Mariano Rajoy, ha vuelto a ganar las elecciones generales y hasta supera sus resultados de diciembre de 2015. Pero se mantiene las dudas sobre la formación de gobierno, en un panorama político que sigue siendo de alta incertidumbre, para poder superar el bloqueo político, que hizo perder al país 6 meses de gobierno efectivo.

Mariano Rajoy ha ganado sus terceras elecciones y hasta ha mejorado los resultados de diciembre. Como lo afirma Fernando Garea, hace solo cuatro meses pudo perder la presidencia y ahora supera la línea del 32,93% de los votos y llega a los 137 escaños.

A Rajoy y al PP como fuerza política le ha reforzado la incertidumbre. Hace cuatro meses pudo ser relevado y ahora está más fuerte y sus rivales han fracasado y están más enclenques. Las tentativas de cambio de los nuevos partidos y la izquierda han fracasado. Si Podemos se hubiera abstenido en la investidura de Pedro Sánchez ahora Rajoy no sería presidente.

No hay cambios sustanciales en el tablero político español, porque el PSOE ha logrado resistir como segunda fuerza y la unión entre Podemos e Izquierda Unida (IU) no ha superado a los socialistas. La suma de Podemos e IU superó en votos al PSOE en las elecciones de diciembre, pero ahora ni siquiera eso, porque han perdido en conjunto un millón de votos, su coalición ha fracasado.

Para lograr Gobierno, el escenario es muy similar al que salió de las elecciones de diciembre, porque requiere acuerdos difíciles, aunque ahora con el PP más fortalecido y el bloque de izquierdas más debilitado, el mango del sartén no está en los jóvenes liderazgos, porque el PP tiene más votos, ha ganado en Andalucía, ha sumado 14 escaños más y se ha fortalecido.

Se requieren soluciones, aunque para ello sea preciso pasar por encima de los intereses partidistas o personales más concretos. De ningún modo puede repetirse la esterilidad del periodo anterior ni acudir al irresponsable expediente de dejarse llevar hasta unas terceras elecciones.

Más que nunca se espera que los líderes acentúen su sentido de la responsabilidad a la hora de administrar los resultados. Pero ahora hay que abordar soluciones, partiendo de que ninguna de las minorías votadas ayer tiene fuerza suficiente como para imponer su ideario. Y hay que hacerlo a través del impulso que supone disponer de una Administración, sin prolongar por más tiempo la interinidad que arrastra a España, a partir del fracaso de las negociaciones, para constituir un poder ejecutivo efectivo.