Por Felicia Saturno Hartt. Foto: EFE.- El impredecible Presidente de los EE.UU., Donald Trump, nombró al Alexander Acosta, hijo de inmigrantes cubanos y nacido en Florida como su nuevo Secretario del Trabajo, una de las carteras más polémicas de cualquier administración de gobierno.
Acosta, Licenciado en Derecho y Economía por la Universidad de Harvard, surge en la escena de gobierno del neopopulista tras la renuncia del empresario Andrew Puzder a optar a ese puesto.
Trump hizo desde la Casa Blanca el anuncio de la nominación de Acosta, exmiembro de la Junta Nacional de Relaciones Laborales y quien, de ser confirmado por el Senado, será el primer hispano del gabinete del mandatario.
El candidato de Trump a Secretario de Trabajo fue miembro de la Junta Nacional de Relaciones Laborales, trabajó como abogado en la División de Derechos Civiles durante el Gobierno del ex Presidente George W. Bush y, más recientemente, fue decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Internacional de Florida. Acosta fue elegido en 2005 por el Fiscal General, Alberto Gonzales, para convertirse en el primer hispano que ocupaba el puesto de principal fiscal general adjunto.
Él tiene una carrera extraordinaria”, afirmó Trump en una rueda de prensa en la Casa Blanca, al desearle “lo mejor” a Acosta, quien ni estuvo presente en el acto. “Creo que será un estupendo secretario de Trabajo”, subrayó el mandatario.
De ser confirmado por el Senado, Acosta se convertiría en el primer hispano del gabinete del mandatario republicano y engrosaría, además, la lista de los hispanos a cargo del Departamento de Trabajo, con Thomas Pérez e Hilda Solís, como sus antecesores durante el Gobierno del Presidente Barack Obama.
El nombramiento de Acosta llega después de que Andrew Puzder retirara su candidatura a dirigir el Departamento de Trabajo tras las numerosas críticas recibidas por parte de senadores republicanos y demócratas por su historial empresarial y personal.
El nuevo Secretario del Trabajo es una pieza clave para la articulación de una de las pocas y certeras aspiraciones del Gobierno de Trump, la recuperación de los miles de empleos perdidos en la apertura financiera, una promesa cargada de patrioterismo de la campaña conservadora, que dio pié a la preferencia del empresario como opción política ganadora.