Por Redacción Ecos. Foto: CNNE.- El 69% de los 176 países estudiados por Transparencia Internacional percibieron sus respectivos sectores públicos como más “corruptos” que “limpios” en 2016. En una escala de 0 (más corrupto) a 100 (más limpio), la media mundial fue de 43.
Ni siquiera la mitad de los regímenes del mundo posee organizaciones que preserven su patrimonio, investiguen los casos de corrupción y establezcan responsabilidades civiles, políticas y penales
Transparencia Internacional es una organización no gubernamental que promueve medidas contra crímenes corporativos y de corrupción política en el ámbito internacional. Se fundó en 1993 y su sede está en Berlín, Alemania.
Entre los más “limpios”, sobresalieron una vez más Dinamarca (90), Nueva Zelanda (90), Finlandia (89) y Suecia (88) y Europa como continente.
Los países americanos que puntuaron como más “limpios” que “corruptos” fueron Canadá (82) , EE.UU. (74), Uruguay (71), Guyana Francesa (69), Chile (66) y Costa Rica (58); en Asia, Japón (72) y Corea del Sur (58); y en África, Botsuana (60) y Namibia (52).
En contrapartida, Somalia obtuvo la peor puntuación (10), seguida de Sudán del Sur (11) y Corea del Norte (12). No muy lejos quedaron Venezuela, que destacó como el país sudamericano con mayor percepción de corrupción en su sector público (17), ni Rusia, que se ubicó como la potencia con peor calificación (29).
A propósito de este informe, Transparencia Internacional ha reclamado la “urgente” implementación de reformas sistémicas para eliminar la corrupción y abordar el creciente desequilibrio de poder y riqueza en todo el mundo y ha denunciado que el “populismo” es la solución equivocada.
Transparencia Internacional sostiene que “la corrupción solo puede ser eliminada en un entorno con altos niveles de libertad de expresión, fuertes instituciones democráticas y transparencia en todo el proceso político, todo lo cual permite a la sociedad civil y a los medios de comunicación exigir a los poderosos responsabilidad por sus acciones”.
América Latina, definitivamente, no tiene ni condiciones ni posibilidades, en la actualidad, de superar ese terrible fenómeno sociopolítico, porque los regímenes autoritario- populistas, combaten la libertad de expresión, desconocen los derechos fundamentales, deterioran las instituciones y sus procesos políticos carecen de legitimidad de origen.
Gigantesco desafío queda a los nuevos liderazgos y organizaciones sociales.