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Por Felicia Saturno Hartt. Foto: El Horizonte.-  La primera vuelta confirmó la popularidad del Proyecto Político de Macron y quedó cerca de contar con tres cuartas partes de las bancas de la Asamblea Nacional; nueva debacle de los partidos tradicionales: sin escaños, sin influencia y con fama de populistas.

Francia fue sacudida ayer por un terremoto político de dimensiones históricas cuando el partido La República en Marcha (LREM), del recién elegido Presidente Emmanuel Macron, obtuvo 32,2% de votos en la primera vuelta de las elecciones legislativas francesas y quedó en condiciones de lograr entre 400 y 455 escaños.

Esos resultados, si se confirman el domingo próximo en la segunda vuelta, significan que LREM dispondrá de tres cuartas partes de los 577 escaños de la Asamblea Nacional Francesa.

El partido creado por Macron hace sólo 14 meses tendrá el monopolio absoluto del poder con el control de la Presidencia de la Pepública y una aplastante mayoría en el Parlamento.

Si se confirman, esos resultados representarán la mayor transformación política de Francia desde la creación de la Quinta República, en 1958. La llegada de Macron al poder no sólo puso término a más de medio siglo de alternancia entre la izquierda y la derecha, sino que la renovación tendrá una amplitud sin precedente: en total se calcula que cerca de la mitad de la Cámara de Diputados estará integrada por novicios.

Como lo prometió, Macron ha presentado una mezcla perfecta de gente con experiencia política, tanto de derecha como de izquierda, así como candidatos que vienen de la sociedad civil, sin ninguna experiencia previa. Hay paridad entre mujeres y hombres, hay jóvenes y viejos, profesionales y estudiantes, incluso desempleados.

Una de las principales víctimas de esos resultados fue el partido Los Republicanos (LR), de la derecha conservadora, que obtuvo 21,2% de los votos. Esas cifras, sensiblemente inferiores a los resultados logrados en las elecciones legislativas de 2012, pueden acordarle de 70 a 132 bancas en la Asamblea Nacional, según estimaciones coincidentes de los institutos de sondeos.

El tercer lugar fue ocupado por el Frente Nacional (FN), de extrema derecha. El partido de Marine Le Pen, que era la primera formación política de Francia en cantidad de votos hasta las recientes batallas del 23 de abril y 7 de mayo, totalizó 13,9% de votos, es decir, siete puntos menos que en la primera vuelta de las últimas elecciones presidenciales. Las previsiones le atribuyen entre uno y cinco escaños.

En cuarta posición se ubicó el movimiento Francia Insumisa, de Jean-Luc Mélenchon, con 11%, cifra que le permite aspirar a reunir entre 8 y 23 escaños. Mélenchon apeló a las otras fuerzas de izquierda para crear un frente contra los candidatos de Emmanuel Macron. "No le acuerden plenos poderes al partido del Presidente", dijo en su llamamiento.

En unas elecciones dominadas por una abstención récord de 51,2% de los 47,5 millones de inscriptos, esa victoria puede acordarle a Macron los medios para aplicar el ambicioso programa de reformas que prometió durante la campaña electoral.

El Partido Socialista (PS), que fue la fuerza política dominante en el Parlamento durante los últimos cinco años, sufrió la mayor derrota de su historia al reunir apenas 10% (contra 39,8% en las parlamentarias de 2012), que sólo le permite aspirar a reunir entre 15 y 40 bancas en el hemiciclo. "Se trata de un retroceso sin precedente", confesó el secretario general del PS, Jean-Christophe Cambadelis.

El terremoto de Macron arrasó con todos los precedentes y provocó una profunda transformación de los equilibrios políticos tradicionales.