Por Giovanni Décola*. - Depende: Para la derecha es un eslabón más para seguir debilitando al círculo de funcionarios leales al ideario del Presidente Gustavo Petro, cuya cabeza, es la única que les importa; para la izquierda, tal vez sea una pieza importante del ajedrez, pero cuya caída, no implicaría la pérdida de la partida; empero para los hombres y mujeres de ideas liberales y progresistas, representa nada más y nada menos, que nuestra identidad y sentido de pertenencia, por una causa que volvimos como propia, la defensa del Gobierno Petro.
Desde el año de 2010, cuando Gustavo Petro por vez primera pretendió conquistar el alma nacional, los liberales lo mirábamos con cierta precaución. Lo escuchábamos, pero aún no le copiábamos, de ahí su precaria votación.
En el 2018, cuando Petro nos empezó a refrescar la memoria de personajes históricos del liberalismo como José Hilario López, en cuyo gobierno se abolió la esclavitud; o de las ideas de Rafael Uribe quien soñaba con una sociedad donde se redistribuyera mejor la riqueza; o de Alfonso López Pumarejo y su “Revolución en Marcha”, al explicarla como el deber del hombre de Estado, de promover los cambios por medios pacíficos y legales, todo lo que haría una Revolución signada por la violencia. Petro también nos recordaba a Jorge Eliécer Gaitán, y al igual que él, nos repetía que, el hambre no es liberal ni conservador, que la verdadera lucha era entre una inmensa mayoría expoliada y explotada, y una pequeña oligarquía liberal y conservadora, que se repartía a pedazos la Nación, mientras conminaban al pueblo a matarse entre sí, por colores que ellos mismos no distinguían. Esos valerosos discursos a favor de prohombres liberales, hicieron que lo empezáramos a admirar de verdad y muchos liberales le depositamos la confianza en 2018, pero dichos votos no fueron suficientes para alcanzar la victoria.
Si, a los liberales nos daba miedo que regresara el oscurantismo clerical o la nueva ola de pastores mercaderes de la fe (no todos), que siguen ciegamente la agenda de la derecha, pero también muchos liberales se dejaron meter el cuento del castrochavismo, y de la carreta de que, con Petro nos volveríamos peor que Venezuela.
Bastó que desde 2021, un liberal de gran talante, como Luis Fernando Velasco, que interpreta como Petro, el querer y la voluntad de ese gran pueblo irredento, se uniera sin ambages a su campaña, para que ese gran pueblo liberal, que yacía atontado desde la derrota de Horacio Serpa en 1998, 24 años después, emergiera con valor y decisión, para darle el respaldo, no a un hombre, sino a unas ideas, libertarias y progresistas.
Detrás de Velasco, continuaron su ejemplo antiguos senadores liberales como Guillermo García Realpe, o jóvenes promesas como el actual presidente de la Cámara, Andrés Calle, pero sobre todo, se sumaron esa multitud de liberales de principios e ideas, que esta vez perdieron el miedo. Sin esos votos de antiguos y nuevos liberales, que desoyeron las voces anacrónicas que invitaban a votar por un señor igual de anacrónico, hubiese sido imposible la victoria.
Por supuesto que, Gustavo Petro supo catapultar el clamor de esos inmensos sectores que hastiados de tanta corrupción, querían votar diferente y darle la confianza para regir los destinos del país, por encima de entendibles temores, que a mi juicio hacen más parte de la fantasía que de la realidad.
Su Gobierno ha emprendido una heroica lucha por reformas que el pueblo espera con urgencia, pero como afecta algunos privilegios injustos de los poderosos, estos arremeten contra Petro, y si no les importa la suerte del país, mucho menos la de un Ministro que en su época de congresista, fue considerado de los mejores Senadores del País. Velasco no solo tiene las capacidades y el talante para dirigir la cartera de la política, y eso lo reconocen, incluso sus opositores, que a sabiendas de que es un funcionario integérrimo y competente, pero sobre todo leal al presidente Petro y a sus ideas, es para ellos imperioso deshonrarlo y acribillarlo, no tanto para verlo fuera del Ministerio del Interior, sino para socavar al anillo más próximo al primer mandatario.
Hoy Petro, quien entiende perfectamente la jugarreta, valerosamente le respondió a esa legión de Gobernadores, cuya gran mayoría son apostatas del Gobierno del cambio, que si él no se involucra en la escogencia de los gabinetes departamentales, no tienen ellos por qué interferir en la designación o retiro de los Ministros.
Entregarle Petro en bandeja la cabeza del Ministro Velasco a la oposición, sería tanto, como cortarse sus propias piernas.
Lo que sí ha quedado claro, es que hay varios Ministros acobardados, que aún no han perdido el miedo para defender a nuestro Presidente, o por el contrario, están asolapados sirviéndoles a Dios y al diablo.
La arremetida de la gran prensa contra el Presidente es brutal, y si hay Ministros que le tienen miedo a la furia enloquecedora de sus esbirros, es mejor que rectifiquen o den un paso al costado. Ser Ministro es un honor, pero Ministro que no entienda, que por la defensa del Gobierno y de su Presidente, tienen que arriesgar hasta su propio pellejo, es porque están en el lugar equivocado.
Bogotá, D. C, 17 de agosto de 2023
*Abogado especializado en Derecho Administrativo. Periodista.