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Por Felicia Saturno Hartt.- Lo Plural es el corazón mismo de América Latina, el hilo que conecta sus regiones, sus lenguas, sus realizaciones. Plurales somos y diversos. Pero, en esa pluralidad, en esa diversidad, está nuestra identidad sociopolítica, el mayor desafío que tienen que comprender los que han hecho de la Política, su camino.

Comprender la pluralidad requiere ojos de demócrata, un poderoso sentimiento de respeto por el imaginario que nos nutre, en términos de cosmovisión, consciencia colectiva e ideología, así como en las realizaciones materiales de este principio.

De hecho, la Democracia en mayúsculas tiene entre sus ideales materiales la consciencia de la pluralidad, porque si algo define ese sistema de libertades humanas, es el Pluralismo Político, porque “los fines humanos son múltiples, inconmensurables y en permanente conflicto”, como afirmaba Berlín.

Ciertamente, de los ideales democráticos, es el más humano, porque se acerca a la esencia de la condición humana, al meollo de la actitud, como expresión de las creencias, sentimientos y acciones de la gente.

Es la realidad empírica, la que tenemos enfrente cuando nos enfrentamos a la diversidad y la pluralidad de las búsquedas de la gente, a sus sueños, a sus necesidades, a sus expectativas.

Por ello, muchas formas políticas llevadas a la práctica se tornan totalitarias, porque sienten el terror a la pluralidad, a que la gente sea y sienta diferente. Porque el reto de la Política no es dirigir a la gente solamente; es abordar los consensos y manejar los disensos.

Valores, creencias y fines son los desafíos a que se enfrenta el líder o dirigente político cuando asume el camino de la Democracia. Y no es fácil, porque los límites del populismo y la dictadura se tocan.

Aceptar, reconocer, tolerar y respetar la pluralidad es una necesidad política en América Latina. Porque la Exclusión no es una palabra vacía de discurso electorero, es una realidad inherente a esa falta de aceptación de la gente en su contexto, el escaso reconocimiento de sus problemas y sus necesidades, la poca e inexistente tolerancia a lo que no conocemos por ignorancia o por omisión y el irrespeto al status de la gente como ciudadano, no sólo con obligaciones, sino con sus derechos inalienables.

Es definitivamente inhumano lo que hemos podido ver en las últimas semanas: funcionarios del estado trabajando en instituciones sociales que no pueden ver, más allá de sus privilegios elitescos, el poder avasallante de la pobreza como realidad sociohistórica. Porque ese problema no es de quien lo sufre, sino del funcionario que es incapaz de cambiar la realidad de esas familias, de esos ciudadanos que, en sus ópticas, son de segunda.

Desde otro punto de vista, es absurdo que se recojan firmas, por creencias religiosas, para detener la posibilidad de formar hogares homoparentales, cuando no se hace nada con los niños abandonados o en tutela del estado, institucionalizados, que cada día serán más, por el embarazo precoz y otras causas no abordadas e incluso ya estructurales.

Asimismo, el trato diferenciador de los usuarios de los servicios de transporte masivo, el manejo demagógico del trabajo informal, la atención discriminativa de los enfermos en los servicios colapsados, la impunidad ante los asesinatos de los periodistas, la entrega discriminativa del papel para los periódicos y demás acciones que dicen que lo plural molesta, porque no está en el manual, en el instructivo o en las prioridades.

Aún con más indicadores de la negación deliberada de la Pluralidad, existen poderosas fuerzas de cambio que pueden, en un futuro cercano, edificar el camino de uno de los sistemas políticos más autoritarios, la Democracia.