Por Fabio Callejas Ramírez.- Hace pocos días Colombia ha asistido a uno de los acontecimientos más importantes para la historia de nuestro país.
Con el respaldo mundial y la bendición del Papa Francisco, el Gobierno en cabeza del Presidente Juan Manuel Santos y los máximos líderes de las Farc, se acordó la terminación del conflicto aunque falta la firma final.
No nos podemos olvidar del desangre a que han sido sometido millones de compatriotas en una guerra irregular de más de 54 años
Sólo basta recordar algunos episodios: las denominadas pescas milagrosas, la bomba del Nogal, la toma de las Delicias, la toma de Bojayá y los innumerables secuestros por parte de esa organización insurgente.
Después de los proceso fallidos de los gobiernos de Belisario Betancur (La Paloma de la Paz), Cesar Gaviria Trujillo con los diálogos de Tlaxcala y la Zona de distensión del Caguán con Andrés Pastrana, quien a través de Víctor G Ricardo le envió un reloj al legendario Manuel Marulanda, alias Tirofijo, da la impresión que ahora si la Farc y Gobierno, con el respaldo de los colombianos, se encaminan a un verdadero proceso de paz.
Estamos a punto que se cumpla lo anunciado, falta ver si se cumple lo prometido y las Farc abandonan su jugoso negocio del narcotrafico y si el el Gobierno adelanta un verdadero proceso de resocialización, con más de 15 mil desmovilizados.
Lo que el país no entiende es que Álvaro Uribe y Andrés Pastrana hoy se obstinan en oponerse a un Acuerdo de Paz
Después de estos episodios ¿qué pasara con las víctimas?
La reparación no sólo está a cargo del Gobierno. La reparación debe estar también a cargo de las Farc, cuyos recursos a costa de la extorsión, los secuestros, la minería ilegal y el narcotráfico están en bancos del exterior, como ya lo han registrado los medios de comunicación.
¿Por qué en la pomposa ceremonia de La Habana no se le dio importancia a las Víctimas, si ellas también cuentan?