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Por Claudia López.- De todo queda un saldo a favor. Pocas veces los padres habían estado más interesados en conocer los manuales de convivencia. Pocas veces los que dicen respetar habían demostrado más francamente su intolerancia: enfermos, desviados, depravados, anormales, le gritaron a la Ministra y a los homosexuales en general. Que rija la Biblia y no la Constitución, dijeron también. El oportunismo politiquero fue, en cambio, el mismo de siempre: firme contra Santos, vote No a la Paz, abajo el gobierno. Los promotores religiosos y políticos marcharon por el diezmo y el voto de los padres; los niños y la familia no son más que sus anzuelos.

Es la primera vez que una mujer joven, profesional, y también católica y lesbiana, que no lo niega ni se avergüenza de serlo, es Ministra de Educación. Puedo entender por qué eso atemoriza a miles de padres y les genera dudas sobre si eso tendrá alguna influencia negativa en sus hijos. Aunque la evidencia científica confirma que ni siquiera la orientación sexual de los padres tiene una influencia negativa en los niños (¡mucho menos la de una Ministra!), esa prevención es una realidad cultural y política legítima que requiere reconocer los mutuos prejuicios, no desconocerlos. Por eso la Ministra está obligada a tener un diálogo más amplio, más franco, con todos los sectores, especialmente con aquellos en los que genera más resistencias.

En 2008 el Presidente Uribe, su Ministra (igualmente capaz, pero no lesbiana) y UNFPA difundieron cartillas de educación sexual y ciudadana. Nadie marchó ni tergiversó el concepto de identidad de género en “ideología de genero”, ni fundió los más de 10 tipos de familias que existen en una sola que “va a ser destruida”. Las cartillas del gobierno Uribe desarrollan los mismos conceptos que las de este año, por lo que recomiendo a la Ministra reimprimirlas y usarlas. Al fin y al cabo la orden de la Corte Constitucional es revisar los manuales de los colegios, no las cartillas del Ministerio, para evitar el matoneo por discriminación, en particular por orientación sexual, dado que la orden es producto de una tutela en defensa de un joven gay que se suicidó por discriminación de las directivas de su colegio.

Es para que nunca nadie tenga que matarse por ser discriminado. Ni vivir en la humillación del matoneo, ni ser excluido y denigrado por ser una minoría que nuestra Constitución nos garantiza a todos ser reconocidos y tratados como iguales ante la Ley y el Estado.