Por Jaime Durán Barrera.- El otorgamiento del Nobel de La Paz, este viernes en Oslo, al Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, es un honor para todos los colombianos y un reconocimiento para una larga lucha del mandatario colombiano en favor de la reconciliación del país.
Obsesionado por el desafío de terminar, de forma negociada y democrática, con un conflicto armado de más de cinco décadas de duración, el Presidente Santos, ha arriesgado, en la búsqueda de este objetivo, todo su capital político, para materializar un acuerdo de paz con las FARC- EP, con el que inició un proceso de paz en 2012.
Humildemente coincido con el Comité de Oslo que adjudica el Nobel, cuando enuncia que, a pesar de que el pasado domingo los colombianos dijeron "no" en las urnas al acuerdo alcanzado entre su Gobierno y la guerrilla, Santos fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz "por sus resueltos esfuerzos para poner fin a una guerra civil de más de 50 años".
Su esfuerzos han sido reales y han pasado por los vendavales de la descalificación y los rigores del escepticismo político, dos constantes perversas de la inmadurez y el elitismo sociopolítico.
Pero, como bien lo expresó Federica Mogherini, la italiana canciller de la Unión Europea, “Los que sueñan con la paz consiguen construirla, contra viento y marea”.
Y Santos, con el apoyo logrado con la Comunidad Internacional, con el viraje democrático de la Farc y la recién manifiesta intención del ELN, con el apoyo de los jóvenes que marcharon en todo el territorio de Colombia el pasado lunes, las generosas víctimas del conflicto y su familia y los dirigentes y los partidos de la Unidad Nacional, construiremos la Paz que exige a gritos y merece Colombia.
Este premio será el impulso necesario para la legitimación del Proceso de Paz, porque, lo que la oposición puede criticar y sugerir, sólo aportará a lo procedimental y las grandes líneas del acuerdo, que apuntan al reconocimiento y protección integral de las víctimas y al fin del conflicto armado, ya está caminando con la buena fe de las Naciones Unidas y otros organismos y organizaciones.
Como Presidente de la Comisión II del Senado de Colombia saludo felicito al Presidente Juan Manuel Santos y a su familia, quien lo ha acompañado con la militancia del amor y el respeto y le deseo larga vida para construir no sólo una Colombia en Paz y Reconciliada, sino una república democrática, con desarrollo sostenible y futuro sin exclusiones.
Desde mi posición como colombiano y senador estoy a la orden para acometer esos desafíos, porque el papel que nos toca a los dirigentes nacionales y de provincia es canalizar las condiciones para que la Paz sea el factor que cambie la geografía de la pobreza, de la exclusión y de la debilidad institucional, en pos de los derechos humanos de todos.
Colombia, este viernes, ha recibido el homenaje más importante de su historia, luego de la independencia. Ha recibido el impulso de legitimar su Proceso de Paz, al reconocer el liderazgo y dedicación de Juan Manuel Santos Calderón, en pos de la verdadera y duradera reconciliación nacional.