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Por Jaime Enrique Durán Barrera.- En una audiencia en el Congreso de EE.UU. sobre tráfico de drogas en Colombia, la semana que acaba de pasar, el Secretario Adjunto de Estado para Seguridad y Lucha Antinarcóticos, William Brownfield, criticó severamente a nuestro país por su laxo papel en la lucha contra el tráfico de drogas, ya que, entre 2013 y 2016, los cultivos de coca crecieron en más de un 130%, pasando de 80.500 hectáreas de cultivos ilícitos en 2013 a 188.000 hectáreas en 2016 y señalando que “tal vez lo más problemático es la producción potencial de cocaína que aumentó en más del 200% en el mismo período de tiempo”.

Según el Presidente Donald Trump “la sanción para Colombia es una “opción” y que no la aplica a “ese país pues, tanto la Policía Nacional como las Fuerzas Armadas son aliadas con las fuerzas de seguridad de EE.UU. en el Hemisferio Occidental”.

Pero Colombia, desde su Presidente, Juan Manuel Santos y demás funcionarios gubernamentales, como el Ministro del Postconflicto, Rafael Pardo, insistieron en la corresponsabilidad frente a la problemática de las drogas: "Las autoridades de los países consumidores tienen una responsabilidad fundamental con sus conciudadanos y con el mundo de reducir el consumo y atacar las organizaciones de tráfico y distribución en sus propios países".

Como Senador de la República, estimo que Colombia es soberana para elegir la mejor estrategia, para no sólo combatir los cultivos de coca, su procesamiento y luego su tráfico, sino lograr su erradicación como cultivo ilícito y como alternativa económica para centenares de grupos familiares y comunidades.

Nuestro país asumió la decisión histórica de suspender la fumigación aérea de cultivos con glifosato, en octubre de 2015, por sus potenciales riesgos a la salud pública y al medio ambiente colombiano, teniéndose en cuenta  que Colombia es uno de los tres países con mayores humedales del mundo y rica biodiversidad,  estimada esta decisión como uno de los factores de incremento de la producción según la DEA.

La ARC, la institución de la Organización Mundial de la Salud que investiga el cáncer, clasifica desde 2015 el glifosato como "probablemente carcinogénico" y en “aplicaciones aéreas implican que éste no sólo cae sobre los cultivos de coca, sino también sobre otros cultivos de los alrededores, sobre la vegetación silvestre, fuentes de agua, personas, etc”. Su uso para erradicar tiene graves consecuencias.

Ocho países de la Unión Europea, a pesar del lobby permanente de Monsanto, productor del glifosato, bloquearon su utilización en sus territorios, al igual que California y otros estados de EE.UU., Canadá, etc e incluso el  Informe de la Relatora Especial sobre el Derecho a la Alimentación de ONU, Hilal Elver, estima que “la práctica agroindustrial podría representar violaciones a los DD.HH, particularmente las relacionadas al uso de plaguicidas como el glifosato.

En este sentido, es importante señalar que Colombia ha asumido el reto de edificar la paz, que es un desafío monumental, que implica generar cambios estructurales, no sólo para erradicar la violencia de un conflicto armado de 5 décadas, sino para dar respuestas propias a sus problemas más complejos, como su debilidad institucional, su escasa regionalización gubernamental y la planificación de su desarrollo sustentable.

El costo de consolidar la paz como factor de futuro implicó grandes sacrificios, pero su logro definitivo, en términos de cambio y desarrollo, abrazará a todos los ámbitos de la vida sociopolítica. Un país que vigorice una estrategia de desarrollo sustentable no tendrá en el cultivo e industrias ilícitas una alternativa de desarrollo y no estará a la merced del crimen y de la violencia transnacional.

Así que Señor Trump, los colombianos asumimos el camino de la erradicación del problema de las drogas, desde una perspectiva social, económica, cultural y ecológica. Un proceso más lento, pero que será exitoso.

Si el gobierno estadounidense nos va a descertificar, ésto sería un irrespeto a las políticas que está implementando el Presidente Juan Manuel Santos en esa materia, cuando Colombia ha sido quien ha puesto los muertos por la lucha contra ese grave problema geopolítico.

Ahora bien, exigimos que Estados Unidos demuestre cuáles han sido los resultados de las políticas adelantadas para disminuir el consumo en su territorio, siendo uno de los países con mayor cantidad de dependientes a las sustancias psicoactivas. Mientras tanto Colombia continuará combatiendo duramente el tráfico y erradicando manualmente, sin glifosato, así nos descertifiquen.