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Por Mauricio Cabrera Galvis.- ¿Cuáles son las consecuencias políticas de la decisión de Cambio Radical y Germán Vargas de declarar abiertamente su oposición al proceso de Paz y romper con el gobierno Santos, después de haber utilizado durante siete años el presupuesto y los cargos públicos para su propia campaña? ¿Cómo altera esta decisión el panorama de la campaña presidencial?

Una consecuencia manejable es la mayor dificultad que tiene la coalición oficial para aprobar en el Congreso las leyes necesarias para la implementación del Acuerdo. Sin embargo, a pesar de las maniobras dilatorias del presidente de la Cámara, parece que el gobierno logrará los votos necesarios, sobre todo después del blindaje que dio la Corte Constitucional al Acuerdo de La Habana.

Más complicadas son las repercusiones sobre el tablero del ajedrez electoral, donde se van a reacomodar de todas las fichas de la campaña. Lo que va a pasar es que se va a descongestionar el centro del tablero, y se va a hacer mucho más dura la competencia por los votos del flanco de la derecha. Por eso los más preocupados por el nuevo panorama son el uribismo y la alianza del No.

Con su decisión Vargas está renunciando a buscar los votantes de la franja del centro y centro-izquierda, que podrían estar dispuestos a apoyar a cualquier candidato que defendiera el proceso de Paz, como lo hicieron para derrotar a Zuluaga en el 2014.

En un cambio radical a su estrategia, ahora en lugar de mostrarse como el continuador de las ejecutorias del gobierno en el que trabajó durante dos períodos, el ex vicepresidente quiere posicionarse como la mejor alternativa para derrotar al castro-chavismo de Santos. Ese fue el objetivo que plantearon los miembros del comité que se inscribió para recoger firmas para su candidatura.

Detrás de esa estrategia deben haber encuestas y mediciones del clima de opinión que les muestren que son más numerosos los votos que pueden conseguir en la banda derecha del tablero que en la del centro. Entonces Vargas entra a competir directamente por los votos de la derecha, que hasta ahora eran de propiedad exclusiva del CD y la alianza del No, minando así la casi certeza que tenía la alianza de los expresidentes conservadores de pasar a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. 

La pelea va a ser a mordiscos, porque en el contexto de una campaña con tantos candidatos, es difícil que la franja de la derecha tenga los votos suficientes para que dos de sus candidatos ocupen los dos primeros lugares en la primera vuelta, y entonces solo pasaría uno de los dos.