Por Mauricio Cabrera Galvis.- Es hora de que el Banco de la República vuelva a salir al mercado a comprar dólares. Por dos razones: porque se necesita aumentar el nivel de las reservas internacionales y porque hay que presionar al alza el precio del dólar e impedir la gripa holandesa que nos está produciendo la subida del precio del petróleo.
Como le sucede a cualquier empresa, un país se tiene que endeudar cuando sus egresos corrientes son mayores que sus ingresos. Es lo que le ha pasado a Colombia en lo que va corrido del siglo como resultado de la imperante política de apertura hacia adentro y de haber permitido durante más de una década la funesta revaluación del peso.
A principios del siglo, los pasivos internacionales del país ascendían a USD 22.300 millones, pero desde ese momento, a pesar de los enormes ingresos de la bonanza petrolera, crecieron mucho más los egresos por compras al exterior y hasta el 2014 se acumularon déficits en la cuenta corriente de la balanza de pagos por USD 90.000 millones, de manera que los pasivos subieron a USD 112.000 millones. Sin embargo, en el mismo período el Banco de la República intervino activamente en el mercado comprando dólares, de manera que las reservas llegaron a USD 47.300 millones, y el indicador reservas/pasivos mejoró de 0.4 a 0.43.
Con la caída de los precios del petróleo el déficit aumentó y en 2017 los pasivos internacionales llegaron a USD 146.000 millones (cerca de 50% del PIB). Como el Banco dejó de comprar dólares (inclusive en 2016 vendió 255 millones), las reservas se mantuvieron constantes y el indicador se deterioró hasta 0.32. Para volver a los niveles de cobertura promedio de la década pasada y así tranquilizar a las calificadoras, se necesitaría que el Banco comprara unos USD12.000 millones.
La otra razón para intervenir en el mercado cambiario es evitar la revaluación que está produciendo la mayor oferta de divisas generada por la subida del precio del petróleo. Es cierto que el dólar se ha debilitado frente a la mayoría de las monedas del mundo, pero entre los países emergentes el peso colombiano es el que más se ha revaluado y la TRM ha perdido casi $200 en lo corrido del año y ha llegado a estar por debajo de los $2.800, precios que no se registraban desde el 2015.
Si se maneja bien, la minibonanza petrolera puede ser una bendición para disminuir los déficits externo y fiscal.