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Históricamente los procesos de paz no son nada apacibles. Con muchos sobresaltos y después de miles de muertos Nelson Mandela y Frederik de Klerk, pusieron fin a la Apartheid; como fruto de un esfuerzo entre el gobierno de turno y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, se logró en 1996 un acuerdo de paz, en el que muchos ya no creían; en 1998 el Gobierno Británico y el IRA, después de 10 años de negociación, con bombas de por medio, sellaron la paz en el “Tratado Del Viernes Santo”. Otro tanto ha ocurrido con procesos de paz que tuvieron feliz término en El Salvador, Burundi, Sierra Leona y Sudán del Sur. El común denominador del camino recorrido por los países antes mencionados en la búsqueda de la paz siempre fue la adversidad.

La Paz lograda en Sudáfrica, Irlanda del Norte, El Salvador, Guatemala, Sierra Leona -con algunos asteriscos- y Angola entre otros, hoy en día se conserva. La mayoría de estos acuerdos terminaron con constituyente a bordo, Amnistías, indultos y comisiones de verdad, reparación y reconciliación, como muestra de una realidad incontrovertible: La Paz se logra cediendo en muchas cosas.

En nuestro país pareciera que no queremos aprender de la historia. Seguimos enfrascados en enfrentamientos de egos de los sectores políticos que parecieran no querer arribar a la consolidación de la Paz; el tira y afloje del presidente en ejercicio con el presidente electo llevó al Senado de la República, en las últimas horas, a aprobar un Código de Procedimiento para la JEP, que crispa más los ánimos. En lo que todos están de acuerdo, es que ninguno está conforme: Ni los militares, ni los exguerrilleros, ni las víctimas, ni la ONU…

El que estemos trasegando este calvario no nos debe llevar a la desesperanza absoluta, a hablar como muchos lo hacen de “Apague y vámonos”, de afirmar que no hay futuro y como siempre de compararnos con el “Estado Nirvánico” que viven algunos países de Europa; no se dejen llevar por las apariencias, los pueblos que hoy gozan de una imagen mundial de pacifistas y ejemplos a seguir no siempre fueron un paradigma de mansedumbre, no siempre fueron los angelitos que la gente cree; muchos de estas sociedades “angelicales” hicieron correr ríos de sangre para llegar a lo que son hoy; solo hay que acudir a la historia de los Helvetas, Retios, Burgundios, etc., para conocer todo lo que debieron pasar.

Los enfrentamientos irracionales y con un marcado sesgo partidista, no traerán buenas noticias para la paz. Ha llegado el momento de construir, de pensar colectivamente, de sumar fuerzas entre liberales, conservadores, la izquierda, los de centro, los de derecha, cristianos, minorías, etc. Todos debemos aportar a la PAZ DE COLOMBIA, ojalá perpetua, como diría Kant.

 

Farid Escobar Pinedo.

Abogado y Periodista.

Bogotá, D. C, 29 de junio de 2018.