A raíz de los múltiples asesinatos de líderes sociales en Colombia, todos nos preguntamos: ¿quiénes los están matando? Y la respuesta que, en nuestra historia reciente, parecía sencilla; pues siempre se la achacaban al grupo armado que más se combatía en el momento, llámese las FARC, ELN, AUC, Cartel de Medellín, Clan del Golfo, Los Urabeños, etc., hoy parece tener nuevos ribetes.
En primer lugar, queda uno perplejo, ante la pasividad de un Gobierno, para combatir el crimen, para alzar su voz y exigirle resultados a sus FFAA en prevenirlo y a la Justicia en investigarlo y sancionar a los culpables. Pero cuando escuchamos al flamante Ministro de Defensa, en una actitud prácticamente justificadora de los homicidios contra los líderes sociales, mimetizándolos a un lío de faldas o revictamizando a la víctima al relucir relaciones pecaminosas no comprobadas con otros actores del conflicto, deja la sensación de que una mano negra al interior de las mismas FFAA del Estado, podría estar involucrada en semejantes crímenes de lesa humanidad. Haciéndonos recordar aquella famosa frase de que: “Tal vez no estaban recogiendo café…”. Nada justifica las ejecuciones extrajudiciales en Colombia.
Por otra parte. Cuando uno nota el silencio del Centro Democrático, tan proclive a denunciar los hechos de violencia en el Gobierno Santos, pareciera que fuerzas paramilitares, siempre tan afines a la plataforma política del nuevo partido de gobierno, fueran los autores de esos crímenes selectivos, más aún, cuando existe la nefasta coincidencia, de que esos líderes sociales, apoyaron a Gustavo Petro a la Presidencia, cuya candidatura fue duramente cuestionada por la extrema derecha y sus aparatos armados ilegales.
Para colmo de males, el aumento del narcotráfico y su consecuente ola de violencia, para asegurarse rutas, mercados y el microtráfico, también dejan una constelación de dudas, si esos carteles dedicados a la droga, estarían detrás de los mencionados asesinatos, con el fin de callar las voces disonantes del crecimiento de dicho flagelo, del cual no se escapan viejas guerrillas, nuevas disidencias, y obviamente el narcoparamilitarismo.
Y por supuesto, no puede dejarse pasar por alto, el tema de la tierra. Mientras no exista una reforma agraria integral, que democratice el dominio, la posesión, la tenencia y explotación de la tierra, se hace inane cualquier esfuerzo por una paz estable y duradera.
Nuestros líderes sociales, independientemente de su inclinación política, deben ser protegidos por el Estado y sentir ellos, la solidaridad de los ciudadanos, para que sepan que no están solos.
¡Su exterminio tiene que pararse ya!!! A causa de ello, estamos siendo la vergüenza del mundo libre. Donde el don más preciado que es la vida, no se respeta, no merecemos ser considerados como una Nación, sino como un pueblo bárbaro, que merece el peor de sus destinos.
Esa falta de amor por la vida, nos está llevando, a que el segundo don más preciado, que es la libertad, para quienes no la tienen, signifique todo, y para los que la tenemos, sea hoy una mera ilusión.
¿Cómo sentirnos libres, cuando no sabemos, si el próximo muerto, somos nosotros o uno de nuestros seres queridos?
Presidente electo Iván Duque; una vez consumada su victoria, nos prometió unir a la Nación, ¡cúmplalo!!!
Así como se le dijo a Santos, que su paz no sería viable sin Uribe, hoy la unión que usted promete al país, tampoco sería factible sin Petro.
Lo invito a que pase a la historia, sentando a la mesa, a su principal contradictor, no para repartirse a pedazos la Nación, sino para salvarla. Todavía es posible…mañana el llamado podría ser tardío y frívolo.