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Felicia Saturno Hartt
Felicia Saturno Hartt

Por Felicia Saturno Hartt*.- Más allá de las perdidas ideologías políticas, hoy depauperadas por la escasa formación intelectual de los hacedores de un oficio, que antaño tenía inspiración en ideas, en paradigmas y en visiones del mundo y tomaban partido de ciertos temas de la agenda política, está el patético escenario de la Corrupción.

Ese monstruo de mil cabezas se ha apoderado de la paz, la esperanza y el futuro de naciones que soñaron con el progreso y la modernidad. Y ahora son escenario de un espectáculo macabro, de una ruina sin límites, de una crisis inédita, que aún los estudiosos del caos y la disfuncionalidad no pueden conceptualizar.

Porque es indudable que la Corrupción no es sólo lo que se percibe. No es el saldo de hospitales sin equipamiento ni especialistas, ni escuelas arruinadas y sin tecnologías y maestros mal pagados, obras públicas maltratando el medio ambiente y obras viales, que sólo son promesas de tribuna.

La Corrupción es un problema de Gobernanza. Ese término que cacarean las organizaciones globales para definir la compleja relación entre los que administran el poder o lo detentan o mantienen y la complicada red de las sociedades humanas. Pero que poco explican a los que ganan elecciones y forman equipos de trabajo donde jamás se han manejado situaciones de conflictividad social.

Ciertamente muchos explican que la Gobernabilidad es lo más importante. El saber cómo gobernar es lo prioritario, pero esto es muy poco si no existe esa conexión que hace que un proyecto, que puede ser prioritario o simplemente esencial para dar pasos a mejor calidad de vida, sea viable.

Precisamente por la escasa gobernanza, los gobiernos de América Latina, en su gran mayoría, han perdido la posibilidad de garantizar administraciones con cierto grado de éxito o han caído en las crisis más absurdas ante el potencial económico de sus riquezas naturales e incluso su capital humano.

La conexión con la ciudadanía ya no tan dirigible desde cadenas por los medios y redes, desde la tribunas políticas y parlamentarias, desde los despachos ministeriales casi no existe. Aunque hacen esfuerzos de hasta ataviarse de personas normales, dar cuenta de sus trabajos en las más remotas poblaciones, la gente no siente que esas propuestas sean suyas.

Muchos disertaran que es imposible llegar a todos en la Era de la Información. Pero también se arguye que los consensos son necesarios. Las redes deben tejerse, porque los proyectos llave en mano, ni en las sociedades donde el acceso a servicios públicos de calidad son cosas cotidianas, se consienten iniciativas que huelen a dolo, malversación o a pérdida de recursos.

La Gobernanza es un proceso que se basa, fundamentalmente, en el respeto de los gobernantes de los derechos fundamentales de los ciudadanos a participar de las iniciativas, a ser garantes de los recursos utilizados, a exigir prioridades y a poder establecer otras metas a futuro.

Pero un referéndum consultivo, un programa que muestre los costos de una iniciativa por medios y redes, una consulta informática evaluativa es tabú. Es muy costoso que la gente opine y participe. No da votos.

Es más barato reprimir las legítimas protestas, hacer cortinas de humo con denuncias, promover los consensos a punta de realazos…. O criminalizar a los líderes sociales y comunitarios. Y seguir maquillando cifras, subiendo impuestos o vendiendo los activos del estado.

Por ello, la Gobernanza sería un jaque mate contra la Corrupción.

*Politóloga, Poeta y Comunitaria Venezolana.