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Yazmer Ramos García
Yazmer Ramos García

Por Yazmer Ramos García*.- Afirma Maslow sobre la migración que el ser humano está objetivamente orientado hacia la búsqueda de metas y objetivos para la satisfacción de sus necesidades, tanto biológicas como cognitivas, y en los países expulsores, las condiciones para lograr esos objetivos están cortadas por la situación de crisis permanente y violencia perpetua. Además, atendiendo también a las argumentaciones de McClelland, estaremos nuevamente ante una situación en donde la emigración puede aparecer como una alternativa posible, dado que, según dicho autor, todas las necesidades son aprehendidas, hasta el punto de crear un ambiente propicio para modificar cualitativa y cuantitativamente la necesidad de logro y el nivel de aspiraciones.

No obstante, actualmente la migración tiene muchos espacios de partida, ya no solo se refiere a las relaciones entre países desarrollados y subdesarrollados a parte de las motivaciones económicas surgen otras, la realización de proyectos, el querer acceder a las situaciones que plantean los medios de comunicación sobre los países centrales, sistemas políticos no garantistas de los derechos humanos, violencia etcétera. Pero en la visión de la inmigración no suele existir el migrante fracasado. La implicación del proceso puede ser grupal o comunitaria pero también individualizada y familiar. Las dimensiones se han agrandado como una onda expansiva, ya no se busca solo la supervivencia sino la estabilidad.

 En la sociedad occidental la Migración no ha evolucionado en muchos niveles con corresponsabilidad masculina en las tareas de género y parentesco hacia relaciones de igualdad, de forma casi mayoritaria son las mujeres las que establecen las relaciones con las instituciones educativas, de salud sociales y de bienestar. Las que enlazan las familias a los servicios e instituciones. Estas mujeres inmigrantes consiguen estar presentes en las relaciones institucionales, como una forma de presencia que se relacionaría con la ciudadanía de facto a través de su reconocimiento y legitimidad en el ámbito público.

Son las mujeres quienes gestionan su proyecto migratorio, pudiendo ser el motor económico, social y emocional de las familias, sobre ellas recae el proceso de socialización de los hijos y de la familia.  Su papel central en la construcción y el mantenimiento de los valores, lazos afectivos, ideaciones y discursos de las nuevas y las viejas relaciones. Es crucial el papel que tienen las mujeres en cuanto al mantenimiento de la relación con su familia y la sociedad de origen. Formulan su necesidad de relacionarse y que sus hijos estén al tanto de su representación y cercana de sus principios y raíces. A la vez, son capaces de identificar los valores de procedencia y los de la sociedad de establecimiento, así como los efectos en ellas, sus parejas y sus hijos. El aquí y allá es un constante en su verbalización.

Son las mujeres, quienes observan cómo cambian los valores de origen en las segundas generaciones, los menores ya no quieren ir a la sociedad de partida de los padres y no manifiestan un interés muy acusado por las tradiciones del país de origen de los padres, pero es finalmente, sobre ellas que recae el proceso de socialización de los hijos y de la familia. al igual que para el resto de mujeres, el asunto de autonomía es difuso y está remoto. Se ha de atribuir a las mujeres inmigrantes el reconocimiento de ocupar los espacios públicos, a su propia autonomía y gestión de su vida y no de otra manera.

Siendo por ello, la perspectiva de género en la teoría de las migraciones vivida por los ciudadanos de las sociedades de recepción, en ocasiones, como amenaza. Es responsabilidad de los gobernantes y de sus instituciones responder a este reto, minimizar las amenazas y potenciar la gestión de políticas públicas que reconozcan la gran incidencia socioeconómica, cultural, y humana del fenómeno. Acabando con los obstáculos y las limitaciones ante este hecho emprendedor y de grandes extensiones, beneficiando la cohesión social, cultura y convivencia democrática. La integración es, entonces, un proceso continuo y dinámico que se produce de manera gradual. La ciudadanía ha de reconocer al máximo los deberes y derecho en todas las facetas de la vida de las personas: sociales, económicos, culturales, políticos, civiles.

Por tanto, las políticas públicas tendrían que participar de una necesaria transversalidad que consideren al hecho migratorio como parte de sus objetivos. La transversalidad está considerada como una prioridad de los Principios Básicos Comunes para la Política de Integración de los Inmigrantes.

Finalmente, la integración implica una responsabilidad compartida y de consenso, hombres y mujeres y en la que necesariamente han de participar todos los niveles de la administración, las agentes sociales y la ciudadanía; requieren pues de la participación activa de las personas inmigradas y autóctonos. La convivencia se fundamenta en el entendimiento, más allá de la coexistencia, a través de un proceso bidireccional, de diálogo, tolerancia; sabiendo que el conflicto es inevitable, el concepto de convivencia obliga a las personas, grupos y sociedad a buscar la función del bien común, siendo las instituciones y administración los que han de buscar formas de animar la responsabilidad cívica de todos y la escucha de todos, hombres y mujeres.

Barranquilla, 30 de septiembre de 2019

*Abogada y Magister en Ciencias Políticas.