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Jairo Gómez
Jairo Gómez

Por Jairo Gómez*.- El discurso del presidente Duque el pasado 20 de julio tiene una evidente carga neoliberal y, en lo político, de intolerancia a la pluralidad, además de concebirse con el claro propósito de desvirtuar la implementación del Acuerdo de Paz y certificar el desprecio por la matanza de líderes sociales, campesinos, indígenas, afros y desmovilizados de FARC.

Es más de lo mismo y quienes pensaban en un cambio de rumbo tras la crisis generada por la pandemia, se equivocaron. No se acercó siquiera a una rendición de cuentas; fue, más bien, la notificación de políticas apoyadas en el libre mercado sin los cambios de fondo que exigen las circunstancias.

Se nota a leguas que al presidente lo afectó el distanciamiento social, su mandato de salón a través de una cámara de televisión lo alejó de las necesidades de la calle y de las verdaderas angustias de la mayoría de los colombianos que, resignados a paliar la crisis viral, en su mayoría viven del rebusque y las empresas y el comercio vitales motores de la economía, quebrados y andando en los rines.   

Inmerso en su burbuja, Duque habla de las bondades económicas tras una pandemia que la puso patas arriba, evidenció la desigualdad social, acabó con el empleo, le cerró las puertas a la economía de subsistencia -informal- y destapó las carencias infinitas en que se debate un sistema de salud controlado por el capital privado ineficaz y corrupto, al tiempo que destapó el abandono en que están los hospitales y el sistema de salud público al que acceden la mayoría de los colombianos.

Como si hiciera caso omiso de esa realidad, con añoranza cínica el presidente nos recuerda que la economía colombiana creció un 3,3 en 2019 por encima del promedio de la región, pero desconoce deliberadamente las cifras del DANE (2020) en las que demuestra una dramática caída de la economía, el desempleo por encima del 23 por ciento y el desplome en picada de la pequeña y mediana empresa, sector este que soporta sobre sus hombros la generación de empleo más importante del país (hoy son más de cinco millones sin trabajo).      

Sin duda, Duque se tomó en serio el aislamiento social que exige el virus y lo desconectó del país real. A cambio de diseñar un escudo social para mitigar la crisis de millones de familias se viene con una reforma tributaria enfocada en tres frentes: enajenar los bienes del Estado (la venta de Ecopetrol etc.), aplicar austeridad en el gasto (cerrar puestos de trabajo-contratos) en momento en que incluso el Fondo Monetario Internacional (FMI) le dice a los estados que en “medio de la pandemia gasten hasta donde más puedan y guarden los recibos”, y el empequeñecimiento del Estado, es decir comenzar a privatizar entidades y servicios estatales por doquier. Neoliberalismo puro y duro acompañado de  una ampliación de la base gravable para poner a más colombianos a pagar más impuestos, provocando una creciente disparidad social y ahondando el modelo de lucha clases aparentemente ya superado; es decir, va camino a proletarizar la clase media y a lumpenizar a los pobres.    

Mientras las previsiones del FMI y la CEPAL son negativas y dramáticas sobre el crecimiento de la economía, la desigualdad y la pobreza en la región, este gobierno pretende paliar la crisis con un subsidio mensual de 160 mil pesos para tres millones de familias que en promedio la componen cuatro personas (12 millones de pobres); un dinero que debe alcanzar para solventar gastos de alimentación, salud, educación, transporte etc. Qué daño le hizo a Duque el aislamiento social, pues no se enteró que en otros países acogieron la Renta Básica Universal permanente tasada en un salario mínimo mensual. 117 billones de pesos se han gastado en esta crisis pandémica y los colombianos no sabemos en qué se invirtieron, tampoco de dónde salieron y a quienes favoreció.

Lejos de haber encontrado un equilibrio en el manejo de la crisis, el presidente Duque parece estar convencido que las cosas van por buen camino, nada más falso. Se avecina una crisis social de inmensas proporciones, el trapo rojo se asoma a las ventanas, y las ollas comunales están comenzando a hacer parte del paisaje en los barrios más pobres de las grandes ciudades, la clase media se ahoga en deudas y las supuestas ayudas económicas, que en realidad son prestamos con intereses, colman la paciencia; El Gobierno debe recordar que el paro del pasado 21 de noviembre sigue presente y sus reclamos, hoy más profundizados por razón de la pandemia, siguen vigentes; en cualquier momento la inacción gubernamental volverá a marcar la pauta de las protestas y las movilizaciones.  

Es tal el aislamiento social de Duque que su respirador artificial no le alcanzó para hablar con vehemencia en su discurso sobra la masacre contra los líderes, lideresas, indígenas, afrodescendientes y los desmovilizados de FARC que le apostaron a la paz, asunto que también convocará al país para que se respete el Acuerdo de Paz e impedir que el presidente y su partido el Centro Democrático lo vuelvan trizas.

Bogotá, D. C, 23 de julio de 2020

*Periodista y Analista Político.   

@jairotevi