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Jairo Gómez
Jairo Gómez

Por Jairo Gómez*.- Preguntan, desde hace más de diez años, las madres de los cerca de diez mil muchachos asesinados extrajudicialmente (@MAFAPO), quién dio la orden y nada que encuentran una respuesta a su clamor. Temo que con el asesinato de los trece jóvenes que murieron bajo las balas de la Policía el pasado 10S tampoco sabremos quién dio la orden, por una sencilla razón: el proceder de los uniformados, en estos casos, siempre ha quedado en la absoluta impunidad.

Es muy seguro que tratar de judicializar a los policías que ejecutaron la acción violenta, es decir individualizar el crimen, no va a suceder, por otra sencilla razón: porque, de acuerdo con los videos que hemos visto a través de las redes sociales, los uniformados que dispararon nunca se quitaron el casco, mantuvieron su tapabocas, y se pusieron sus sacos al revés o sobre su dotación oficial para encubrir sus actos.  

Es un horror ver imágenes de policías con civiles compartiendo sus actos criminales y disparando indiscriminadamente. Sin titubeo alguno se puede afirmar que esto fue un hecho premeditado y auspiciado desde adentro mismo de la policía; no fue aislado y los agentes no lo hicieron por decisión propia, alguien dio la orden.

Se lanzó el mensaje, en connivencia con un poder superior o un personaje intensamente perturbador, no necesariamente el presidencial, de que toda marcha o protesta social será reprimida a bala. Es una subyacente advertencia de aterrorizar al pueblo y preparar el terreno para introducir medidas más radicales. Una maniobra peligrosa. En Chile hicieron lo mismo, pero allá el tiro les salió por la culata. La represión policial multiplicó la inconformidad y, desafiando el coronavirus, la sociedad se fue a las calles. Aquí ocurrirá lo mismo, sin duda.  

Hizo bien la alcaldesa Claudia López, en llevar las dos o tres horas de video como evidencia a la Procuraduría, porque las que reposan en el despacho presidencial dormirá el sueño de los justos. Ni en Venezuela, gobierno que tanto critica Duque por violar los Derechos Humanos e irrespetar los principios democráticos, asesinan a mansalva a su propio pueblo como lo hace la policía en Colombia. ¿Quién es el dictador?

A falta de respuestas serias y explicaciones convincentes, cabe preguntarse: ¿Quién está dando las órdenes a la policía? ¿A quién le obedecen? Las preguntas son pertinentes, porque evidentemente, en el caso de Bogotá y Soacha (donde asesinaron trece jóvenes y un estudiante de derecho) nadie acató las órdenes de los alcaldes.

La frívola arrogancia del aprendiz no le alcanza para dimensionar la gravedad de estos hechos que hoy horrorizan al mundo; es tal la desfachatez de Duque, que en un abierto desafío a los familiares de las víctimas, se puso la camiseta de los victimarios para decir “el Estado somos ustedes y yo”. Y qué decir del retórico Ministro de Defensa que, rebosante de frases huecas, dice que “hubo un ataque coordinado, sistemático, planeado, premeditado y doloso contra la Policía Nacional”. Sin embargo, los hechos muestran cosa distinta: que el ataque coordinado, sistemático, planeado, premeditado fue el de la Policía contra los inermes ciudadanos (trece jóvenes asesinados).  

Ahora bien, esto definitivamente, huele mal. Los hechos demuestran que se puede estar fraguando una cruzada de sometimiento a la doctrina del shok, como diría Naomi Klein en su libro “La Doctrina del Shok: el auge del capitalismo del desastre”. El escenario no da para pensar otra cosa: El colapso de la  economía generada por la pandemia, la inconformidad social en los estratos medios y bajos, el Congreso cerrado, la Justicia desprestigiada y las supuestas amenazas terroristas son el caldo de cultivo para que de ello se alimente un proyecto político que navega a sus anchas en esta crisis para controlar cualquier vestigio de rebeldía y consolidar su poder; y algo más grave, a la luz de esa estrategia, cuentan con la complicidad de los Medios de Comunicación del statu quo.

La Policía es un eslabón muy fuerte en este contexto por su capacidad represora y casi impune con que actúa (también lo es el Ejército, la Armada y la FAC). Esa fuerza cohesionada, como lo hizo Hitler para consolidar su proyecto político en 1933, es necesaria. Por ello, surgen, entre otras, preguntas como éstas: ¿Quién está detrás de estos hechos graves y violentos que dejaron 13 muertos en la capital del país? ¿A quién le conviene este caos y que la gente, inmersa en el miedo evite, a futuro, manifestarse? “. Domina la espada y tendrás la tierra”, decían los promotores de las cruzadas siglos atrás.

 LEED: Se lanzó el mensaje, en connivencia con un poder superior o un personaje intensamente perturbador, no necesariamente el presidencial, de que toda marcha o protesta social será reprimida a bala.

Bogotá, D. C, 19 de septiembre de 2020

*Periodista. Analista Político

@jairotevi