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Jairo Gómez
Jairo Gómez

Por Jairo Gómez*.- No sé si ustedes tienen la misma percepción, pero cada día que pasa veo al Centro Democrático (CD) y a su líder Álvaro Uribe Vélez, muy cercanos al discurso que profesaba el Nacional Socialismo de Alemania en la década de los treinta del siglo pasado, hace casi cien años.

Enfrascados en la retórica antimarxista y antisemita, el líder y sus aliados, vivían obsesionados con aniquilar cualquier vestigio de izquierda en el parlamento alemán y aniquilar cualquier presencia judía; y, embebidos de odio, hicieron de la propaganda el mejor instrumento para difundir el miedo, estigmatizar y perseguir a quien reivindicase esas ideas en un ambiente que demonizaba cualquier intento de oposición.

Esa estrategia, como la del Nacional Socialismo, es la que viene aplicando el CD bajo la égida de su caudillo, el expresidente Uribe Vélez. Tras recuperar la libertad aprovechó la incondicional vitrina de algunos medios de comunicación para despacharse contra sus enemigos políticos y contraatacó, con la intención de lanzarle un misil, a la MINGA indígena a través de un manifiesto político de seis puntos para acusarla de querer implantar “el socialismo” en tierras colombianas.  

En ese ampuloso manifiesto, Uribe Vélez, revela, sin duda, el proyecto electoral de cara al 2022; se trata de una proclamación de la derecha extrema que no dará juego a matices de ninguna índole: “o están conmigo o están contra mí”. Es una declaración que no ofrece nada en concreto, salvo una lucha frontal contra el socialismo (curioso, no habla del manido castrochavismo).

Para justificar sus temores sobre la MINGA, Uribe Vélez, señala a los indígenas de querer implantar una “cultura, ideología y política del socialismo a través de una presentación torcida de la historia”. Vea pues, él (Uribe Vélez) que la borró de la academia (la historia) para ocultar las infinitas fechorías de la clase dirigente de este país y las propias también,     acusa a los indígenas de querer torcer la historia, cuando ellos, por esencia ancestral, son la historia misma; existen, incluso, antes de que existiese el socialismo. ¡Por favor!

Ahora, pretender acusarlos de utilizar, óigase bien, de” utilizar la democracia, DDHH, derechos a la protesta, libertad de expresión para defender sus acciones violentas y (de) negar esos derechos a quienes señalaron como sus enemigos”, es la perversa y malévola interpretación que hace cualquier caudillo cuando considera que aún domina los  pensamientos y sentimientos de la mayoría de los colombianos. Si esto nos delirar, entonces ¿qué es?

Continúa la diatriba contra la MINGA y dice: “Ojo con la minga: debemos fortalecer nuestro ideario de un país seguro, democrático, con gran vigor de empresa privada, emprendimiento, y cohesión social”. Según él (Uribe Vélez) a los indígenas hay que excluirlos: ni son empresarios, ni dignifican la actividad privada y, mucho menos, son poblaciones que socialmente cohesionen el proyecto político que su facción partidista propone; es decir, hay que desaparecerlos. Esto si es la tapa.

E insiste: “Ojo con la Minga: al odio de clases, motor socialista, al propósito de destruir empresa privada y libertades, cuyo resultado impide avances en el tejido social, opongamos la economía fraterna y la creatividad del emprendimiento individual, garantes de la armonía social”. Esto es cinismo en su máxima expresión. Según él (Uribe Vélez) los indígenas son la enfermedad colombiana, el tumor que ha envenenado e infectado a lo largo de la historia la sangre de sus hermanos menores; es decir, la MINGA, es el enemigo mortal de Colombia.

“Ojo con la Minga: cuando el diálogo socialista es un engaño para justificar el vandalismo y avanzar hacia la implantación totalitaria, el estado democrático tiene que anticiparse con ejercicio de autoridad”. Este señor (Uribe Vélez), como buen caudillo que es, recurre al miedo, al terror, al pánico, estigmatiza al adversario, lo persigue, busca reducirlo para promover la violencia oficial, la represión y el castigo. Acorralado quiere implantar lo que le endosa a la MINGA, una dictadura.   

No lo quería mencionar pero lo voy a hacer con todas sus letras: ese era Hitler y así actuó cuando quiso, por todos los medios, desaparecer a los marxistas y judíos; LoG mismo hace  Uribe Vélez a través de su ampuloso manifiesto, si fuera por él (Uribe Vélez) desaparecería de la faz de la tierra a nuestros millones de indígenas, una comunidad ancestral que se le opone a su proyecto feudal, señorial, terrateniente, excluyente y paramilitar.

Se lee este manifiesto, que diría yo, es casi una sentencia contra la movilización indígena, y se entiende por qué el estómago agradecido del Presidente Duque, no quiere reunirse con la MINGA.

Bogotá, D. C, 21 de octubre de 2020

*Periodista y Analista Político

@jairotevi