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Rodrigo Villalba Mosquera
Rodrigo Villalba Mosquera

Por Rodrigo Villalba Mosquera*.- No sé si por algo cultural, pero el colombiano y más su clase dirigente es negado a reconocer sus errores, para la autocrítica. Generalmente no nos movemos dentro de las posiciones asumidas. Preferimos justificar nuestros errores, y en la mayoría de las veces echarle la culpa al otro. Es propio de los gobiernos verlos con espejo retrovisor. En muchos casos del debate público antes que reconocer nuestras falencias, se recurre al sofisma, incluso a la mentira.

Por lo anterior quiero destacar lo que hemos presenciado en los últimos días donde destacadas figuras de la política nacional han expresado actos de contrición. El primero fue el de Claudia López, alcaldesa de Bogotá, quién se excusó con los jóvenes y la ciudadanía “por no haber comprendido desde un principio la magnitud de sus angustias y reclamos”. El segundo fue Carlos Fernando Galán, concejal de Bogotá, quien además de pedir perdón y reconocer culpas, invitó a que, en vez de señalar al otro cada uno de los que ha ejercido cargos en el poder reconozca sus errores y pida perdón al país por la crisis en la que está. De La Calle se suma al “mea culpa” señalando que se arrepiente de su aspiración presidencial del 2018, luego de decir, siendo negociador de paz, que ese no era el objetivo.

Digno de seguir estas posturas ejemplarizantes, y los que hemos tenido responsabilidades en las altas dignidades del Estado, tenemos que aceptar que, si hay una inconformidad generalizada, es porque muchos de los actos en que hemos participado, no se han hecho bien, o han sido insuficientes para responder a las circunstancias en las que hoy se mueve nuestra sociedad. Tendremos que aceptar que hay un cambio de prioridades en la ciudadanía y es obligación de la clase dirigente, también cambiar de prioridades para estar en sintonía con ella.

Esta pesadilla de la pandemia impredecible y desestabilizadora de vidas, salud, empleo, tejido empresarial, producido por el virus global del covid-19, nos tiene que haber ayudado mucho a mirar con simpleza la vida, y habernos sensibilizado más.

Entendemos el “mea culpa” como una autocrítica y un acto de contrición. Es claro que no hemos hecho lo suficiente para atender las prioridades de la sociedad. Y partir de la base de que su inconformidad y su protesta es legítima, también una buena razón para el “mea culpa” de los organizadores del paro nacional, por no haber hecho un mayor esfuerzo para evitar que los vándalos y los violentos se infiltren en las protestas y atenten contra la legitimidad de esas causas ciudadanas.

Lo que hemos visto en los últimos días no es bueno, lo que genera es caos, destrucción; y acordémonos que en “río revuelto, ganancia de pescadores”.

Bogotá, D. C, 31 de mayo de 2021

*Senador del Partido Liberal