Por Cristina Plazas*.- He escuchado con detenimiento las entrevistas de los candidatos a la presidencia y los debates a los que han asistido; y, al igual que muchos colombianos, estoy hastiada de ver el ring de boxeo en que se han convertido estos espacios democráticos. Los insultos, acusaciones y propuestas populistas de algunos candidatos han marcado este primer round. Desafortunadamente, no se vislumbran propuestas ni discursos sólidos sobre la forma de proceder en los próximos cuatros años.
Pero lo más preocupante es que los niños han sido invisibles en todos estos espacios, tanto para los candidatos como para los periodistas; aunque no es de extrañar ya que, como lo he demostrado, centenares de veces los niños en este país no importan y menos en campaña porque no votan.
Cómo me cuesta aceptar que hasta el momento no se hayan planteado iniciativas para prevenir el maltrato infantil y el abuso sexual, teniendo en cuenta que cada 22 minutos una niña o un niño es violado en el país y que la impunidad de estos casos es del 95%. El jueves, por ejemplo, se conoció un caso aberrante en el departamento de Caldas. Un hombre confesó que abusó de su hija desde que tenía tres meses de nacida. No me explico cómo pueden ignorar una realidad tan cruel.
Cómo entender que la nutrición de este grupo poblacional no sea un tema central, máxime cuando frecuentemente roban los recursos destinados para dicho fin. Hasta el momento no he oído la primera propuesta de restructuración del PAE.
Cómo explicar que el reclutamiento forzado no sea prioritario en un país donde todos los días cientos de niños son arrebatados de sus hogares para colgarles un fusil robándoles su infancia y juventud: su futuro.
Cómo justificar el silencio de los candidatos frente a la revictimización que sufren miles de niños en el sistema de protección. Esta semana conocí a una niña de 6 años, que lleva 5 años en una fundación. Su proceso inició en una comisaría de familia y por pérdida de competencia fue conocido por un juzgado que determinó hace un año el reintegro de la niña a su familia y hasta el momento el fallo no se ha cumplido porque las entidades no se han puesto de acuerdo en cuál debe asumir los gastos del traslado de la niña. Todas las investigaciones científicas y psicológicas han demostrado el daño que produce en un niño la alta permanencia en una institución de protección. ¿Cómo puede ser que una niña esté alejada de su familia porque el Estado no consigue 600 mil pesos para su traslado?
Cómo no perder las esperanzas si no se han oído propuestas para recuperar el tiempo perdido de los 3 millones de niños que no han asistido al colegio en estos dos años.
Señores candidatos: Estamos hasta la coronilla de sus peleas y de sus egos. En este momento son miles los niños que están sufriendo las más crueles situaciones. ¡Sean serios, carajo!
Bogotá, D. C, 2 de febrero de 2022
*Abogada de la Universidad Javeriana con especialización en Derecho Administrativo de la Universidad del Rosario. Exdirectora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.