Por Mauricio Cabrera Galvis*.- En Colombia hay una crisis alimentaria. El Hambre acecha a pesar de las optimistas declaraciones oficiales. Al gobierno no le gustó que la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) la pusiera en el mapa de los 20 países con mayor riesgo de sufrir hambre este año.
Ante la queja oficial, la FAO sacó a Colombia del vecindario de países como Afganistán, Sudán o Haití, pero eso no quiere decir que el problema no exista; más aún, no es solo un riesgo sino que una buena parte de la población está sufriendo hambre o desnutrición.
La encuesta Pulso Social del DANE hace una cruda radiografía de esta realidad: solo el 69% de los hogares en las 23 principales ciudades del país hacen tres comidas al día. Como es muy factible que en las ciudades más pequeñas y en el campo la situación sea aún peor, no es arriesgado decir que por lo menos una tercera parte de los colombianos -más de 17 millones de hombres, mujeres y niños- se acuestan todos los días con hambre.
La situación de las ciudades es muy desigual. En unas como Manizales, Bucaramanga, Cali, Santa Marta o Riohacha, más del 80% de los hogares tienen los tres ¨golpes” diarios; otras como Ibagué, Popayán, Neiva o Bogotá, están muy cerca del promedio nacional. En cambio, en Cartagena y Barranquilla la situación es aterradora: solo el 30% de lo hogares tienen las tres comidas diarias, y el 70% padece física hambre.
Con las cifras del DANE se constata la insuficiencia de los programas de ayudas del gobierno para mitigar los efectos de la pandemia. Fue grande el esfuerzo del DNP de montar el programa de Ingreso Solidario para dar ingresos a 3 millones de pobres, pero el monto de $160.000 mensuales por hogar fue muy bajo como lo comenté en su momento. Por eso el número de familias que hacen hoy las tres comidas diarias son las mismas que había antes de iniciar el programa.
En el extremo, el hambre es morir de inanición, pero la inseguridad alimentaria no solo es comer poco sino también comer mal; es la malnutrición con todas las enfermedades que genera y sus efectos negativos sobre el desarrollo mental y emocional de los niños. Por eso la conclusión de una encuesta del ICBF del 2015 era que el 54,2% de la población colombiana estaban en situación de inseguridad alimentaria, es decir que no se alimentaba bien. Con la pandemia, es seguro que este porcentaje aumentó.
Frente a la discusión entre el gobierno y la FAO, se pronunció una voz muy autorizada, la de la Asociación de Bancos de Alimentos (ABACO) y dijo sin ambages que la situación de hambre en Colombia sí es crítica (https://bit.ly/3rHzQX2). No solo por las terribles cifras del DANE, sino por algo mucho más doloroso: la desnutrición crónica que sufren hoy más del 10% de los niños en Colombia, y los más de 5 millones de adultos o adolescentes que la sufrieron en su infancia y hoy padecen sus consecuencias, pues es una enfermedad irreversible que les impide su adecuado crecimiento y desarrollo.
Hoy existe la capacidad de producir alimentos para toda la población, pero no existe el modelo económico ni la voluntad política para distribuirlos. El hambre debería ser uno de los temas principales de la campaña presidencial.
Cali, 13 de febrero 2022
*Filósofo y Economista. Consultor.