Opinión
Por Fernando Guzmán R.*.- París conmemora por estos días -en medio de restricciones por la pandemia- con distintos eventos los 150 años del levantamiento popular que ha trascendido en la historia como la Comuna de París. Comenzó el 18 de marzo de 1871, duró 72 días en los cuales se adoptaron reformas y reivindicaciones que han marcado desde el siglo XIX hasta hoy un punto de inflexión frente a la larga lucha por suprimir los privilegios del antiguo régimen -despotismo monárquico- contra el que se levantó la revolución francesa de 1789. Y que junto con la norteamericana de 1776 marcaron la senda de las revoluciones atlánticas del siglo XVIII. Influyendo posteriormente las independencias de las colonias americanas de la corona española y su tránsito a jóvenes repúblicas.
Desde finales de 1870, París -con cerca de dos millones de habitantes- sufría el asedio prusiano-alemán del gobierno del canciller Bismarck que representaba la fuerte reacción de la aristocracia y burguesía para recortar los cambios de la revolución francesa que se esparcían por distintas naciones. En medio de la guerra franco-prusiana y la inestabilidad política, la Asamblea francesa, mayoritariamente monarquista, eligió presidente a Adolphe Thiers, quien el primero de marzo de 1871 firma armisticio con Bismarck, y se dispuso desarmar a París -allí se encontraba el grueso de la Guardia Nacional preparada para contrarrestar al ejército prusiano-. Pero, el pueblo se lo impide y el 18 de marzo abandona la ciudad dirigiéndose a Versalles, símbolo del poder monárquico.
El 26 de marzo se eligió Consejo en la ciudad, compuesto por 92 miembros de las más diversas tendencias entre republicanos y socialistas, revolucionarios y obreros. Surge así el primer gobierno obrero en una gran ciudad contemporánea que se dispone a ocuparse de las cuestiones sociales en la ciudad: es la Comuna de París. Erigida sobre la base del reconocimiento del poder municipal que la revolución de 1789 adoptó y sobre el cual se desarrolla el concepto de la autonomía municipal que permitió concebir la legitimidad de un gobierno local que en la práctica era la autonomía de sus ciudadanos para ocuparse de sus intereses comunes.
Ello significó el fin del antiguo régimen de gobierno de estamentos, y el surgimiento de un nuevo orden social fundado en la territorialidad y los derechos. Concepción que ha caracterizado el régimen local y el municipalismo moderno. Y que entre nosotros logró concretarse hasta la Constitución de 1991.
En este sentido, la Comuna como representación del nuevo orden social fue vista como amenaza por quienes buscaban restaurar antiguas instituciones. El 28 de mayo fue aplastada tras una semana de combates que dejaron cerca de 20.000 comuneros muertos. La amnistía de 1880 abrió el camino a la reconciliación y a la instauración en la práctica de La República.
La Comuna simboliza la tensión entre libertades y derechos, sobre las cuales se construyen las repúblicas, y los cíclicos intentos restauradores del antiguo orden que desde Bismarck parecen caracterizar -guardadas proporciones y con los signos propios de cada época- el devenir de las democracias occidentales, y del cual dan cuenta los distintos esfuerzos reformadores de las constituciones y sus instituciones.
Bogotá, D. C, 6 de abril de 2021
*Abogado Universidad Nacional de Colombia. Exdirector Ejecutivo de Asocapitales.
@Fer_GuzmanR
Por Simón Gaviria*.- A pesar del rechazo del grueso de penalistas, el Congreso aprobó la prisión perpetua para violadores de niñas y niños. En el mismo sentido, la sociedad estuvo dispuesta a perdonar las más terribles masacres de las FARC, pero nunca la violación de menores. Más allá del populismo punitivo, hay algo en la sabiduría colectiva que rechaza dicha conducta, la reincidencia es plena. Según el Departamento de Justicia de EEUU, 40% de los violadores de niños recae al primer año de su libertad. Con la reglamentación de cadena perpetua propuesta serán pocas sentencias, reservadas para Garavitos y Uribe Noguera. Si se busca eficacia más que simbolismo, la protección efectiva vendrá de alertas tempranas y registro de violadores.
La política criminal acertadamente busca rehabilitar, trata de entender qué del entorno socio-económico causa las conductas. Pero ¿qué ocurre si para ciertos pedófilos la reincidencia es plena? ¿Cuándo no es posible la resocialización? Según el Departamento de Justicia de EEUU, la tasa de reincidencia en abusos sexuales de pedófilos es cuatro veces más alta que la de otros criminales. Por la cultura de silencio, la realidad debe ser peor.
El placer del violador no es solo sexual, sino que obedece a otros traumas; algo diferente al hurto de vehículos. Los componentes sadomasoquisticos, ritualistas, y de éctasis asociados a la muerte del menor, no tienen cura en la literatura científica. Alternativas como la castración química o física, resultan tan inocuas y barbáricas como cortarle las manos a un ladrón porque robó un pan. Los pedófilos encuentran otros objetos fálicos para lograr clímax. Moldova y Oregón han cancelado experimentos inhumanos en este sentido. Según el estado de Virginia, el pedófilo promedio abusa a más de 300 menores en su vida. Introducir este individuo sin controles a la sociedad es garantizar violaciones futuras.
La ley reconoce consecuencias posteriores a la condena, así como un conductor ebrio pierde el pase o un delincuente pierde el derecho a portar armas, el violador de niños no debe trabajar en espacios infantiles, se debe restringir donde vive. Una persona con historial de acceso carnal violento contra niños no debería poder ser profesor ni pediatra. En algunos estados de EEUU, los violadores deben registrarse ante las autoridades locales al mudarse a un nuevo barrio. También se requiere notificarles a sus vecinos su historial. No hemos logrado que Medicina Legal cree un registro único de violadores de niños. Durante el 2020 se reportaron 15.359 actos de violencia sexual contra menores de 14 años, las niñas representaron 84% de las víctimas.
Muerte por Sicariato
En el 2020, 1.579 niños desaparecieron según Medicina Legal. Las primeras 48 horas son claves, por ende, obligatoriedad a los medios de comunicación y en enviar mensajes de texto a la zona donde un menor esté desaparecido es vital. En Colombia, Medicina Legal practica 43 dictámenes de abuso sexual diario contra niños. Si se hacen tarde, queda la palabra del menor contra la del adulto.
Los críticos correctamente dicen que el aumento de penas no disminuye el acceso carnal violento contra menores. Lo importante para entender es que nada los va a disuadir. Si queremos mejores resultados, tenemos que pensar diferente. Más de lo mismo no va a lograr nada.
Bogotá, D. C, 6 de abril de 2021
*Expresidente de la Cámara de Representantes.
Rodrigo Villalba Mosquera*.- El 9 de abril de 1948 matan a Gaitán, y su crimen aún está por esclarecerse, a pesar de quien siendo director del Partido Liberal, y sin duda adportas de ganar la presidencia si los instrumentos democráticos lo hubieran permitido. Gaitán era sobre todo un líder popular, un caudillo “un hombre del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”, parodiando al expresidente estadounidense Abraham Lincoln. Lo dijo Gaitán: “yo no soy un hombre, soy un pueblo”.
Cuando asesinaron a Gaitán: “primero fue el desconcierto, después la indignación, luego sopló una ráfaga de cólera que encegueció las conciencias. La historia de Colombia tomó otro rumbo. Ya el país no regresaría jamás a lo que había sido hasta las 13:45 del 9 de abril de 1948”, escribió Anibal Noguera Mendoza de la Academia Colombiana de Historia. “Jorge Eliecer Gaitán había despertado las esperanzas de las gentes, que consideraron el magnicidio como la frustración de sus sueños democráticos”.
El asesinato de Gaitán produjo enormes protestas populares inicialmente en Bogotá y luego a nivel nacional conocidas como el “bogotazo”, y el inicio de un periodo sangriento en la historia del país conocido como la “violencia”.
Gaitán dirigió su acción política contra la oligarquía y por la restauración moral. Acuñó la frase que el hambre no tiene color político. Era un caudillo de verdad; a inicios del 48, al saberse la noticia de la masacre de varios copartidarios, organizó varias marchas multitudinarias, entre las que se conocen la “marcha de las antorchas” y la “marcha del silencio”; en esta última, elevó una plegaria al presidente Ospina para que ayudara a cesar la violencia y permitiese unas horas de silencio por las víctimas, durante las cuales solo se oyeron banderas y pancartas movidas por el viento. En unas de sus últimas intervenciones públicas, Gaitán soltó esta demoledora proclama: “cercano está el momento en que veremos si el pueblo manda, si el pueblo ordena, si el pueblo es el pueblo, y no una multitud anónima de siervos”.
Pareciera que Colombia estuviera condenada, de una u otra forma a disímiles expresiones de violencia. Que aún no cesan, tampoco la impunidad, ayer con Gaitán, hoy con centenares de líderes sociales y reinsertados, que se mueven en la incertidumbre y zozobra que causan esas manos siniestras de fuerzas oscuras. Y el otro flagelo que no cesa es el de la inequidad, acordémonos que Colombia es el cuarto país más desigual del mundo. Caldo de cultivo para cualquier revolución o el populismo (de derecha o izquierda).
Urge un giro en el modelo económico hacia un capitalismo con un nuevo contrato social. Y también un giro en la política que interprete esta realidad de hoy y que sea más de corte socialdemócrata.
Neiva, 5 de abril de 2021
*Senador del Partido Liberal
Hernán A. Olano*.- Con ocasión del VII Centenario del fallecimiento del príncipe de las letras italianas, Dante Alighieri, el papa Francisco emitió la Carta Apostólica Candor Lucis Aeternae sobre el Resplandor de la Luz eterna, donde se presenta a Dante Alighieri, como un profeta de esperanza y testigo de la sed de infinito incita en el corazón del hombre.
En esta Carta, Francisco propone a la atención de la Iglesia, a la universalidad de los fieles, a los estudiosos de literatura, a los teólogos y a los artistas la obra de Dante y, de igual manera, ha citado las palabras de diversos pontífices sobre el autor, el “peregrino pensativo”, como se le conoció en su exilio.
El Pontífice expresa que la obra de Dante, en efecto, es parte integrante de nuestra cultura, nos remite a las raíces cristianas de Europa y de Occidente, representa el patrimonio de ideales y valores que también hoy la Iglesia y la sociedad civil proponen como base de la convivencia humana, en la que todos podemos y debemos reconocernos como hermanos.
Dante, dice Francisco, sabe leer el corazón humano en profundidad y en todos, aun en las figuras más abyectas e inquietantes, sabe descubrir una chispa de deseo por alcanzar cierta felicidad, una plenitud de vida. Se detiene a escuchar a las almas que encuentra, dialoga con ellas, las interroga para identificarse y participar en sus tormentos o en su bienaventuranza. Su itinerario se ilustra en la Divina Comedia, es realmente el camino del deseo, de la necesidad profunda e interior de cambiar la propia vida para poder alcanzar la felicidad y de esta manera mostrarle el camino a quien se encuentra, como él, en una “selva oscura” y ha perdido “la recta vía”.
El Papa rescata la presencia femenina en la obra de Dante, porque tres mujeres interceden por él y lo guiarán: María, la Madre de Dios, figura de la caridad; Beatriz, símbolo de la esperanza y santa Lucía, imagen de la fe.
Exhortó el papa Bergoglio a las comunidades cristianas, a las instituciones académicas, las asociaciones y los movimientos culturales, a promover iniciativas dirigidas al conocimiento y la difusión del mensaje dantesco en su totalidad.
También animó especialmente a los artistas para que den voz, rostro y corazón, que otorguen forma, color y sonido a la poesía de Dante, siguiendo la vía de la belleza, que él recorrió magistralmente; y que así se comuniquen las verdades más profundas y se difundan, con los lenguajes propios del arte, mensajes de paz, libertad y fraternidad.
Es importante que la obra dantesca, aprovechando la ocasión propicia del Séptimo Centenario, se dé a conocer aún más y de la mejor manera, de modo accesible y atrayente no sólo a estudiantes y estudiosos, sino también a todos los deseosos de realizar la propia existencia en plenitud, quieran vivir su itinerario de vida y de fe de manera consciente, acogiendo y viviendo con gratitud el don y el compromiso de la libertad. ¡Debemos volver a los clásicos!
Bogotá, D. C, 5 de abril de 2021
*Doctor en Derecho Canónico y catedrático de la Universidad de la Sabana
Por Adriana Matiz*.- Esta semana el país académico se encontró con la noticia que Fecode, Federación de Trabajadores de la Educación, no apoya el regreso a clase de miles de estudiantes que tienen como única opción la educación pública.
Ante esta situación la dicotomía se puntualiza entre lo que queremos y lo que tenemos. Es decir, entre el país perfecto que quisiéramos ser y el país con miles de limitaciones que somos, situación a la que de ninguna forma escapa la educación.
Son miles los profesores que han destinado de su propio peculio para que muchos alumnos puedan tomar sus clases en condiciones, menos que normales, pero más justas de lo que serían originalmente; esto lo han hecho por muchos años. Su compromiso no fue solo académico, su entrega fue personal y así se han comprometido en sacar varias generaciones de este país de las garras de la miseria y el atraso.
Hoy seguramente con buenas intenciones, pero alejados totalmente de la realidad, Fecode determina que no habrá regreso a clases de los estudiantes de los colegios públicos hasta que las condiciones de las infraestructuras sean más aptas. Plausible actitud pero lejana a las posibilidades conociendo las falencias de nuestro presupuesto nacional.
¿Qué hacer entonces? Lo que sea posible, aunque no sea perfecto. Son muchos los estudiantes de cortas edades los que desde hace un año se retiraron de la presencialidad educativa para acceder a ella a través de un computador o una tableta. Seguramente en el sur de Francia o en el norte de los Estados Unidos es una medida viable, pero en nuestro país está lejos de cualquier factibilidad. Las condiciones de infraestructura en conectividad o de servicios públicos no permiten que desde una montaña o cualquier sitio rural estos niños tengan la capacidad de recibir los beneficios de la educación. Posiblemente esos beneficios hayan desaparecido totalmente hoy y muchos de ellos hayan regresado a ser los trabajadores de las fincas de sus padres o de los señores para los que estos trabajan.
De ser así, el país y el mismo Fecode perdieron años de lucha y el sacrificio de tantos maestros que apostaron por la educación de los párvulos. Educadores que se entregaron su vida a formar ciudadanos de bien por fuera de los coqueteos de la delincuencia y el crimen. Volver a empezar será complicado, pero hay que intentarlo. Es lo único que tenemos para no condenar a estos miles de jóvenes a una miseria generacional que le ha impuesto una sociedad egoísta y que no apuesta por estas más allá de lo que le sobra.
Dejo claro que la situación actual no es culpa de Fecode. No es culpa de los maestros. No es culpa del gobierno actual. Son décadas de atraso. En cuanto a nosotros corresponde es que en las condiciones que tenemos tal vez mejoradas con cultura y solidaridad, reforzadas con políticas sociales que se han implementado, como transporte escolar y alimentación escolar, continuemos dándoles a estos niños una oportunidad de salir de las condiciones en las que actualmente están. Aunque nos parezca creíble o no, son peores que las que les podemos brindar desde las instituciones educativas que tenemos.
Ibagué, 5 de abril de 2021
*Representante a la Cámara por el Partido Conservador
Por Guillermo García Realpe*.- Las noticias en nuestro país por estos días no son las mejores, Colombia ha regresado a la época oscura de la guerra y la violencia en las regiones. Carro bomba, desplazamientos masivos en distintas partes del territorio nacional y desapariciones, son los principales titulares en los grandes medios de comunicación.
Volvimos a los días grises de épocas anteriores cuando los violentos se creían amo y señores de nuestra nación, sin duda el terror, la muerte y desolación tristemente se apoderan nuevamente de Colombia.
La guerra ya existe, la confrontación y el conflicto es un hecho en Colombia. Departamentos como el Cauca, Nariño, La Guajira, Arauca, entre otros, pueden dar fe del horror que están padeciendo por cuenta de estos graves flagelos. En la frontera venezolana, cada día son miles los ciudadanos que cruzan la línea fronteriza huyendo de los cruentos combates entre la Guardia Nacional y grupos ilegales colombianos. En La Guajira, por ejemplo, muchos venezolanos sobreviven en condiciones absolutamente deprimentes.
Lo mismo sucede en Arauca, la situación es identica y eso agudiza las condiciones sociales nuestras, desborda cualquier capacidad de atención gubernamental y por más esfuerzos en garantizarles una mejor estadía a los hermanos venezolanos, no hay recurso de las entidades territoriales que alcance.
Ahora, sí miramos la situación de nuestro sur del país, la radiografía es peor, municipios del Cauca, como Argelia y Corinto, entre otros están viviendo los horrores de la guerra. Allá, la confrontación ya existe; miles de hombres armados ilegales en las diferentes bandas, disidencias, Ejército de Liberación Nacional, bandas criminales, en fin. Y esto se repite a lo largo y ancho de Colombia, incluso regiones de la Costa Pacífica nariñense, como El Charco, viven bajo la violencia absoluta.
Definitivamente el gobierno no pudo, en buen grado, esta circunstancia; se debe a que el actual gobierno no continuo con el proceso de paz, que si bien éste proceso tenía mucho por delante, por mejorarse, por implementarse, siempre la ruta mejor era de continuar mejorandolo, fortaleciendolo, no echandolo pa´tras como lo está haciendo, es evidente que al echar para atrás los PNIS, los planes de sustitución, hoy vemos los conflictos que tenemos a lo largo y ancho de veinte departamentos donde hay presencia de cultivos de uso ilícito, con las bandas criminales, los grupos armados ilegales, el gobierno de los ilegales y los criminales.
En segundo lugar, el gobierno tampoco continuo con el tema de restitución de tierras y esto ha derivado conflictos también en muchas regiones de Colombia. En conclusión, el gobierno, al destruir los instrumentos del proceso de paz, practicamente le dio gusto a quienes pretendian volver trizas, no sólo el acuerdo, sino la convivencia pacífica colombiana. Eso lo logró y a cambio no avanzó absolutamente nada en otros frentes.
La pandemia agravó toda esta serie de circunstancias, el desempleo, la falta de ingresos, la destrucción del aparato productivo, industrial, agroindustrial, y agropecuario, como lo hemos reiterado.
Este gobierno ya tiene el sol en sus espaldas, nada indica que pueda tomar medidas y que estas tengan algún resultado. Horror y lástima por el país. El gobierno y los partidos de gobierno, definitivamente tienen que responderle al país. La coalición de partidos conformada por los conservadores, Centro Democrático, Cambio Radical, la U y algunos cristianos, tienen que darle la cara al país. No sólo el uribismo y Duque son responsables, sino esta coalición de gobierno, que definitivamente destruyó el proceso de paz en Colombia. Todos ellos son responsables, entre otras cosas, porque en su momento apoyaron las objeciones al proceso de paz, a la Justicia Especial de Paz, a la justicia transicional, tienen que salir a responder.
Ojalá pronto el rumbo de Colombia cambie para el bien del país.
Finalmente y cambiando de tema, nuestras más sinceras felicitaciones a Daniel Mendoza Leal, por el reconocimiento que le ha hecho el premio Indica Catalina y a Noticias Uno, como el mejor noticiero nacional. Hay esperanza de opinión independiente, libre en Colombia, que a pesar de los pesares, de la situacióndifícil que vive el país, hay gente digna y habemos muchos colombianos que reconocemos esa dignidad. También nuestro reconocimiento a Iván Cepeda, porque ha hecho una gran cruzada de defensa de la Constitución, de la vida y de la democracia en Colombia.
Bogotá, D. C, 5 de abril de 2021
*Senador del Partido Liberal
@GGarciaRealpe
Por Mauricio Cabrera Galvis*.- La Desigualdad es el fantasma que hoy recorre el mundo. Alimenta el descontento de la población, provoca estallidos sociales, amenaza las democracias y hasta ha penetrado la torre de marfil de los economistas.
Frente a la constatación de que la pandemia del coronavirus ha aumentado la desigualdad, ha resurgido la conciencia de la necesidad de la intervención de un Estado fuerte que favorezca los más pobres y redistribuya el ingreso, para lo cual debe conseguir recursos mediante aumento de impuestos que graven a las grandes corporaciones y el patrimonio de los más ricos.
Analistas económicos, asesores de gobiernos y dirigentes políticos coinciden en estos planteamientos que en el universo neoliberal de Reagan y Trump eran calificados como reliquias prehistóricas. Una muestra es el siguiente texto que me he permitido transcribir:
“La pandemia de COVID-19 está intensificando el círculo vicioso de la desigualdad. Para romper esta tendencia y darles a todos una oportunidad justa de prosperidad, el gobierno debe mejorar el acceso a los servicios públicos básicos, como la atención médica (incluida la vacunación) y la educación, y fortalecer las políticas redistributivas. Esto requeriría recaudar ingresos adicionales y mejorar la eficiencia del gasto.
Además, la pandemia ha afectado más a los grupos más vulnerables. Los trabajadores menos calificados y más jóvenes han experimentado más pérdidas de empleo que aquellos en ocupaciones más calificadas. Asimismo, los grupos étnicos desfavorecidos, los trabajadores del sector informal se han visto más afectados y las mujeres, que tienden a estar sobrerrepresentadas en los sectores más afectados por COVID-19.
Romper el ciclo de la desigualdad requiere políticas tanto predistributivas como redistributivas. Con las primeras, se garantiza que las personas tengan acceso a servicios públicos básicos y buenos empleos. Esto permite reducir la desigualdad de ingresos antes de que el gobierno redistribuya con impuestos y transferencias.
Mejorar el acceso a los servicios públicos básicos requerirá recursos adicionales, que se pueden movilizar mediante el fortalecimiento de la capacidad fiscal general. Se debe depender más de los impuestos sobre la propiedad y la herencia; también aumentar la progresividad fiscal, ya que hay margen para aumentar las tasas marginales máximas del impuesto sobre la renta de las personas físicas, así como para eliminar las exenciones en los impuestos sobre la renta del capital.”
Quiero plantear a los lectores la tarea de adivinar de donde proviene este texto. Algunas pistas: 1) Un discurso del “socialista” Bernie Sanders en Estados Unidos / 2) El programa económico de Petro / 3) Una homilía del Papa Francisco / 4) La recomendación de asesores de Bolsonaro en Brasil para que recupere su popularidad / 5) Otro (diga cuál).
Adenda: El jueves 8 de abril a las 9 a.m. el centro de pensamiento LIDES y la Fundación Friedrich Ebert Stiftung realizarán un simposio sobre distintas facetas de la desigualdad en Colombia. Se podrá ver en las redes sociales del portal La Línea del Medio.
Bogotá, D. C, 4 de abril de 2021
*Filósofo y Economista. Consultor
Por Juan C. Restrepo*.- No debemos perder el foco: lo prioritario de ahora en adelante es lo social. La recuperación económica se irá dando en la medida en que la lucha contra la pandemia se vaya ganando. Cuando la campaña de vacunación conduzca, más rápido, al esperado “efecto rebaño”. Cuando tengamos menos confinamientos, mayor movilidad y dinámica empresarial. Todo esto irá jalonando el despertar de la economía y del empleo a lo largo del 2021.
Año que se creía iba a ser el de la gran recuperación. El del rebote espectacular. No va a ser así, sin embargo. El primer trimestre anduvo mal. Y aunque por supuesto será mejor que el terrible 2020, éste del 2021 será más discreto en términos de crecimiento del PIB de lo que se pensaba. Pero habrá crecimiento positivo de todos modos.
El gran reto de ahora en adelante es, sin duda, lo social. Este primer año de pandemia ha dejado en ruinas nuestro tejido social. Infinidad de cifras apuntan y coinciden en que hemos retrocedido por lo menos diez años en la lucha contra la pobreza, que iba bastante bien hasta que llegó el coronavirus. El desempleo sigue altísimo como lo demuestran las últimas cifras del DANE para febrero. Y a nivel de mujeres y de jóvenes las cosas están mucho peor. La brecha entre estudiantes de colegios públicos y privados se ha ampliado gravemente en contra de los primeros con el estudio virtual.
Dos indicadores que han salido en los últimos días llaman muchísimo la atención. Y muestran la importancia de lo social como la gran prioridad que deben tener las políticas públicas de ahora en adelante. Según la última encuesta “El pulso social” del DANE correspondiente al mes de febrero, 2,4 millones hogares no están pudiendo tener acceso a las tres comidas diarias por falta de ingresos. (Ver resumen de esta encuesta en el periódico Portafolio del 26 de marzo, página 8). Si uno hace el cálculo muy simple de cuatro miembros por hogar llega a la aterradora cifra según la cual cerca de 10 millones de colombianos no están pudiendo adquirir el mínimo de las tres comidas diarias. Hay hambre. Cerca de un cuarto de la población colombiana ha caído en la inseguridad alimentaria, no por falta de oferta alimenticia sino por insuficiencia de ingresos para adquirirla.
Otro dato que hace reflexionar es el que dio Juan Carlos Echeverri: de aplicarse la reforma tributaria tal como la ha anunciado el gobierno succionaría el 56% del ingreso disponible de las familias colombianas después del consumo. Esto se explica por la inusitada meta de recaudos proyectada ($ 30,3 billones) que buscaría la reforma; cuantía insólitamente alta que ubica el 90% del fardo fiscal sobre los hombros de quienes pagan el IVA y sobre los de las personas naturales. A no ser que el Congreso disponga lo contrario.
Claro: el proyecto de reforma tributaria contiene elementos compensatorios que hay que registrar y aplaudir. Dispone una ampliación de la devolución del IVA a los sectores más vulnerables y, sobre todo, propone una notable ampliación en el tiempo y en la cobertura del “ingreso solidario” asemejándolo mucho a la “renta básica” de la que tanto se ha hablado en los últimos tiempos. Si bien el garrote social de la reforma tributaria por el lado de los recaudos es grande y golpea duramente a la clase media, hay que reconocer que la zanahoria social por el lado de los gastos nuevos no es insignificante. Y entraña un reconocimiento de que la gran prioridad de las políticas públicas de ahora en adelante tiene que ser la cuestión social. Que ha quedado tendida en el terrible campo de batalla al que inesperadamente nos lanzó la pandemia.
Bogotá, D. E, 4 de abril de 2021
*Abogado y Economista. Exministro de Estado
Por Amylkar D. Acosta M*.- “Quienes más sufren en una crisis son quienes no jugaron ningún rol en crearla” Joseph Stiglitz.
Colombia y el mundo han soportado este aciago año conturbado por cuenta del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, que ha dejado tras de si una estela de muerte y desolación. La cifras son escalofriantes: 130´341.697 de contagiados por la COVID-19 en todo el mundo y 2´839.884 fallecidos, siendo EEUU, Brasil, México e India, en su orden, los países con el mayor número de víctimas fatales. La cuota de Colombia a tan dantesco cuadro no es menor: en momentos en los que se encamina por la pendiente hacia un tercer “pico” de contagiados, el acumulado de infectados recuperados y decesos se cifran, al corte del 2 de los corrientes, en 2´428.048 y 63.614, respectivamente. Según el Director del DANE Juan Daniel Oviedo, la COVID-19 se convirtió en la principal causa de muerte en Colombia en el 2020.
Las preexistencias a la pandemia, tanto en el orden económico como social, hicieron de Latinoamerica la región más vulnerable a sus devastadores efectos. Después de crecer durante el largo ciclo de precios altos de las materias primas (2003 – 2011) por encima del promedio de crecimiento de la economía global, en 2019 había ajustado cinco años con un anémico crecimiento, muy por debajo del ritmo de crecimiento del resto del mundo. De manera que el entorno de la economía colombiana, que venía rengueando los últimos años, creciendo por debajo del crecimiento potencial del PIB, no era ni es el mejor de cara a su recuperación que, según la CEPAL y el FMI será demasiado lenta.
Según la previsión del Banco Mundial, después de la recesión del año pasado, que hundió la economía con una contracción del PIB del - 6.8%, tendremos un repunte este año de 5% que, de alcanzarlo, nos debemos dar por bien servidos, aunque dada la incertidumbre por la prolongación de la crisis pandémica dicho pronóstico es reservado. Tanto más en cuanto que el petróleo y el carbón, sus dos principales renglones de exportación y los principales jalonadores del crecimiento de la economía han perdido tracción y fuerza a consecuencia de la caida de la producción y los precios internacionales. Y de contera, el turismo, que venía posicionándose como el tercer renglón generador de divisas del país, ha sido el sector más golpeado por la actual crisis, estimándose una caida de ingresos del orden de los $20.1 billones en 2020 con respecto al 2019 y será este sector el último en terminar de reponerse y reactivarse a nivel mundial.
Las finanzas públicas que, desde antes de la pandemia, venían acusando un déficit estructural de no menos del 4%, que es la brecha entre la presión fiscal (recaudo/PIB) y el gasto público, del cual no menos del 85% es inflexible, se siguen deteriorando. El año anterior, según el Ministerio de Hacienda cerró con un déficit fiscal de - 7.8% del PIB, el cual, según su Plan financiero, se elevaría este año hasta el - 8.6%. Y de remate, según el estimativo del Banco Mundial, el endeudamiento público del país al cierre de 2021 se elevaría hasta el 70.4% del PIB (¡!), poniendo en calzas prietas la sostenibilidad fiscal de la Nación.
Las aulagas fiscales del Gobierno Nacional han servido para justificar una reforma tributaria, disfrazada ahora con el rimbombante título de “solidaridad sostenible”, cuando en realidad estaba cantada desde el momento mismo en que se aprobó la anterior bajo el eufemismo de Ley de “crecimiento”, pues a resultas de esta se había abierto una tronera al recaudo de más de $10 billones por cuenta de la extensión y ampliación de los beneficios tributarios otorgados con largueza en la misma, mediante exenciones, deducciones, descuentos y exclusiones impositivas. Estas gabelas impositivas se han convertido en un pesado fardo para las finanzas del Estado, que ahora se pretende aligerar cargándole la mano sobre todo a la clase media vulnerable ampliando la base gravable del IVA.
Pero, definitivamente, como siempre ocurre, los que han llevado la peor parte de la actual crisis pandémica son los más vulnerables. Las cifras que acaba de revelar el Director del DANE Juan Daniel Oviedo muestran el patetismo de sus estragos sociales: 1.6 millones de familias que al inicio de la pandemia consumían las tres comidas al día, hoy ya no tienen esa posibilidad. Los hogares que tenían acceso a las tres comidas al día en febrero de 2020 eran 7.11 millones, mientras que en febrero de 2021 fueron sólo 5.4 millones.
Según la misma fuente “vemos que 1.5 millones de hogares que antes comían tres comidas al día ahora están comiendo sólo dos veces, lo cual corresponde al 21.47% de esos hogares que antes consumían tres raciones al día”. Y, más grave aún, 92.214 familias pasaron de comer tres veces a un solo plato al día y otros 9.010 hogares no tendrían siquiera para una comida diaria. Lo más preocupante es que sus secuelas perdurarán por años y en muchos casos sus consecuencias serán irreversibles, sobre todo en tratándose de la niñez desnutrida. Esta es una verdadera tragedia humanitaria que reclama la acción pronta y eficaz del Gobierno, lo cual demanda más Estado y no menos Estado como lo plantean los talibanes del neoliberalismo secundados por el populismo de derecha.
Ello se explica en gran medida por la pérdida y/o precarización del ingreso y el empleo, dado que la tasa de desempleo, que ya venía in crescendo en la prepandemia, se elevó a niveles del 15.9%, la más alta desde el año 2000(¡!). Lo propio podemos decir de la pobreza que, después de 10 años de reducción se había revertido dicha tendencia a partir del año 2019, al pasar del 34.7% en 2018 al 35.7% en 2019 y ahora, según las proyecciones del investigador de Fedesarrollo jairo Nuñez pudo haberse situado entre el 47% y el 49% en 2020, para un retroceso de 20 años (¡!). Esta es una calamidad!
Santa Marta, abril 3 de. 2021
*Economista. Expresidente del Congreso y Exministro de Estado.
www.amylkaracostamedina.net
Por José Félix Lafaurie Rivera*.- En este tiempo de reflexión cabe recordar el mensaje de Jesús sobre algo más grave que la corrupción misma: la pérdida de valores esenciales: "Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué será salada otra vez?” Por eso advierte a sus discípulos que ellos son “la sal de la tierra” -la diferencia- y que, si dejan de serlo, esa sal “ya no sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada”.
Los jueces tienen esa responsabilidad de ser “sal de la tierra”, pero la reciente encuesta estableció que el 69% del país cree poco en la justicia, algo cree el 24% y solo un 6% cree mucho, dentro del cual estarán los jueces y el sistema en que los demás no creemos.
La impunidad, superior al 90% antes del Acuerdo fariano, hoy anda por el 95%, no solo porque los principales criminales no recibieron castigo, sino porque dejaron sembrado el país de violencia -de coca, que es lo mismo-, mientras la justicia no sale del lodazal de corrupción y politización en que se encuentra.
Es un sistema que no funciona, y que los mismos jueces y los políticos, en perverso maridaje, no dejan reformar porque es el caldo de cultivo donde abusan del poder de juzgar y castigar -o dejar de hacerlo-, donde entran y salen por puertas giratorias, donde se enriquecen y burlan la justicia que deberían impartir.
No generalizo, porque también he sido víctima de generalizaciones estigmatizantes, pero lo cierto es que “los malos”, aunque menos, han sabido insertarse en lo alto del poder judicial, disfrazados con la dignidad prestada de la magistratura. Para la muestra, algunos botones:
Marzo 2018. El fiscal anticorrupción, Luis Gustavo Moreno, es condenado por corrupción.
Julio 2018. La fiscal Niño acusa al exmagistrado Bustos, a su amigo y exdirector de Justicia y Paz, Carlos Villamil, al exfiscal Montealegre y al vicefiscal Perdomo, de organizar una "red criminal" para conseguir testigos contra los hermanos Uribe.
Diciembre 2018. La Comisión de Acusaciones de la Cámara acusa al exmagistrado Gustavo Malo por su participación en el “Cartel de la toga”.
Mayo 2019. La Comisión hace lo propio contra el expresidente de la Suprema, José Leonidas Bustos, quien “se vuela” del país, mientras el Senado se apresta a declararlo “indigno”.
Septiembre 2020. Montealegre y Perdomo se defienden “tirándole a las escopetas”; se declaran “víctimas” y arremeten contra Uribe y la fiscal Niño. En octubre, durante la audiencia de solicitud de libertad del expresidente, terminan “regañados” por tergiversar al fiscal y tratar de dilatar la audiencia.
Marzo 2021. Otro expresidente de la Corte, Francisco Ricaurte, es condenado a 19 años de prisión.
Marzo 2021. El actual presidente, con desvergonzada parcialidad, presiona a la juez del caso y acusa a la Fiscalía de “hacer equipo” con la defensa del expresidente Uribe.
El magistrado Reyes, que había puesto preso al expresidente, contrató a la señora Elsa Galera, supervisora del contrato que le había dado Santos. “Favor con favor se paga”.
Al magistrado Barceló le parece correcto que la Corte adelante “investigaciones secretas” contra un ciudadano, y no le parece “error de la justicia” hacer interceptaciones ilegales y legitimarlas como prueba.
¿En qué momento los jueces dejaron de ser la sal de la tierra que deberían ser?, ¿qué pasó con nuestra justicia?, Sin duda, es la mayor carencia de nuestra sociedad, y su reforma la mayor urgencia.
Nota Bene. A la izquierda y al centro-santismo les parecen inoportunas políticamente las acusaciones contra Fajardo, pero no pensaban igual cuando a Óscar Iván Zuluaga, triunfante en primera vuelta, le montaron el escándalo del hacker.
Bogotá, D. C, 34 de abril de 2021
*Presidente de FEDEGAN
@jflafaurie