Opinión
Por Amylkar D. Acosta M*.- La actual crisis por la que atraviesa el país y el mundo tiene tres aristas, la de la salud, la de la economía y la social, interrelacionadas entre sí, de modo tal que la una sigue la suerte de las otras. El premio Nobel de Economía Amartya Sen lo ejemplifica muy bien: “si bien la presencia del virus mata gente, la ausencia de sustento también lo hace”. Dicho de otra manera, sin vida no hay economía y la plata para salvar vidas sale de la economía, son dos variables de una misma ecuación!
Estamos en medio de una encrucijada en la que, como lo dice el más reciente Informe del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, “están en juego muchas vidas y muchos medios de subsistencia perdidos”. Y añade que “el COVID – 19 es potencialmente catastrófico para millones de personas que ya están pendiendo de un hilo” por la falta de empleo e ingreso.
Siempre es bueno dar un vistazo hacia atrás, para saber de dónde venimos, porque, como lo afirma Humberto Eco, “si uno se entera de lo que ha pasado, muchas veces entiende lo que puede suceder”. A la hora de analizar la coyuntura actual, sobre todo en lo atinente al desempeño de las desastradas economía y las finanzas públicas, la línea del menor esfuerzo es endilgarle la causa y sus consecuencias a la pandemia del COVID-19.
Pero, la pandemia sólo sirvió de detonante y catalizador a la vez, toda vez que la economía global no había terminado de reponerse de la honda crisis financiera de los años 2008 y 2009. Entre tanto, las economías de Latinoamérica estaban en plena resaca, después de embriagarse con el largo ciclo de precios altos de los commodities, 2003 – 2012, para los productos mineros y 2003 – 2014 para el petróleo. De allí que, después de muchos años durante los cuales el promedio de crecimiento de la economía de la región se situaba por encima del crecimiento promedio de la economía global, se invirtieron los papeles y desde entonces su crecimiento ha estado por debajo de dicho nivel.
Mientras se navegaba con el viento a favor se logró bajar los deplorables índices de pobreza en la región. En Colombia particularmente, para el año 2003, casi el 59 % de las personas encuestadas se percibían pobres, mientras que en el 2016 este porcentaje disminuyó al 39,6 %. Pero, como lo que por agua viene por agua se va, en el año 2008 se revirtió esta tendencia al pasar del 26.9% en 2017 al 27% en 2018, 190.000 habitantes cayeron en la trampa de la pobreza. Además, un logro muy importante como fue que el porcentaje de clase media, 31%, superara el porcentaje de pobreza, el 40% de ella se tornó vulnerable, con un pie en la clase media y el otro pie en la pobreza.
En muy buena medida este retroceso en los indicadores sociales se debió a la desaceleración del crecimiento de la economía, pasando del 6.9% en 2011 al 3.3% en 2019; además, después de ostentar un crecimiento potencial del 4.5% en 2012, a poco andar cayó al 3.5%. Pese a la promesa de catapultar las exportaciones merced a los tratados de libre comercio (TLC) que se firmaron a troche moche, a tontas y a locas, el déficit en la Cuenta corriente de la Balanza de pagos pasó del -3.3% en 2013 al - 4.3% en 2019.
Y, para rematar, el desempleo, después de 6 años con un índice de desempleo de un solo dígito, desde el 2019 regresó a los dos dígitos, con un desempleo del 10.5%, al cual se vino a sumar una informalidad laboral del 47% (¡!). Según el DANE, de los más de 22 millones de personas ocupadas al cierre de 2019, el 42.4% de ellos (9.4 millones) se clasificaban como trabajadores por cuenta propia y de estos, según ANIF, 2.5 millones pueden considerarse como profesionales independientes. Es muy diciente que en Colombia más del 90% de las empresas se clasifican como MIPYMES.
El menor crecimiento de la economía y el pésimo desempeño del sector externo han terminado por afectar las finanzas públicas, con el agravante que las sucesivas reformas tributarias no han hecho más que erosionar la base impositiva y diezmar el recaudo, de modo de que la participación de este en el PIB a duras penas llegaba en el 2016 a 15.7% del PIB, en contraste con el 19.2% del PIB del gasto público. Esta brecha de casi 4 puntos porcentuales se agiganta sin remedio dado que según la Ley de Wagner, el gasto público tiende a crecer con el tiempo y el tamaño del Estado, tanto en términos absolutos como en proporción del PIB, dado que cada día debe asumir mayores responsabilidades. Ello explica el déficit fiscal estructural crónico que acusa la Nación, el cual pasó de - 1.8% del PIB en 2014 a - 2.5% en 2019.
Cota, mayo 9 de 2020
*Expresidente del Congreso y Exministro de Minas y Energía
www.amylkaracosta.net
Por: José Félix Lafaurie Rivera.- El acceso al crédito es una de las mil caras de la inequidad que afecta al campo colombiano. A nivel macro, el sector agropecuario aporta el 6,2 % del PIB y recibe el 4,9 % del crédito, aunque solo 1,2 % llega a los productores rurales.
La industria aporta el 11,9 % del PIB, mayor capacidad de generación de riqueza que obedece, en gran medida, a que recibe el 20 % del crédito. Solo así se entiende que el sector rural participe apenas con el 2 % de la Formación Bruta de Capital Fijo, que no es otra cosa que ausencia de tractores, equipos de ordeño, riego y un largo etcétera. Mejor dicho, trabajamos con las uñas, mientras la industria se lleva el 26,1 % de la capacidad de equipamiento.
A nivel micro las cosas no pintan mejor. El Censo Agropecuario de 2014 encontró que, de dos millones de productores, 1,7 eran residentes rurales y, de ellos, 1,5 millones, ¡el 88 %! eran pequeños, una situación que no ha variado sustancialmente. Por eso no es extraño que, de 2,7 millones de unidades productivas, menos del 10 % tenía acceso al crédito y solo el 16% construcciones, maquinaria y asistencia técnica.
En ese escenario de baja cobertura, y sin desconocer los esfuerzos de Finagro, es poco significativo que más del 80% de los créditos corresponda a pequeños productores, si además el recurso está mal repartido, pues el 3 % de los créditos se lleva el 71 % del valor y, por si fuera poco, sabemos que el 75 % se desplaza hacia los eslabones de transformación, comercialización y servicios de apoyo.
Son evidentes las fallas del mercado del crédito agropecuario. De nada sirve que haya recursos por $1,2 billones disponibles para crédito de redescuento, si los bancos le tienen “pereza” a esa modalidad y, sobre todo, al productor ligado a la tierra y los animales, pero con mayores niveles de riesgo, menor capacidad de garantías y, por ello, privado de acceso efectivo al crédito.
“La garantía”, además de ser una de las principales barreras de acceso al crédito, una vez constituidas las hipotecas, se convierte en un “cerrojo” que encierra al productor “de por vida” en el cerco estrecho de un solo banco, amparando muchas veces deudas irrisorias durante años. Las hipotecas, por sus altos costos de constitución y de traslado a otra entidad, impiden la movilidad al dejar amarrado y sin alternativas al deudor frente a nuevas necesidades de crédito.
Desde Fedegán hemos propuesto un Sistema Móvil de Garantías administrado por Finagro, como administrador del Sistema Nacional de Crédito Agropecuario. Será a Finagro, y no a los bancos, a quien el deudor hipoteca sus activos; y será Finagro, como administrador, quien expida títulos hipotecarios de primer grado y de fácil aceptación por los bancos, una vez el demandante del servicio compare tasas, plazos y demás condiciones, hasta encontrar las de su conveniencia en un mercado libre del crédito, con el valor agregado de que una sola hipoteca podrá amparar préstamos con diferentes entidades.
Tomo prestado el título del memorable libro de los esposos Friedman, “La Libertad de elegir”; para marcar esa gran diferencia. El productor no saldrá a la faena casi humillante de “pedir” crédito, sino al mercado a escoger a quien “le ofrezca” mejores condiciones dentro de una abierta competencia.
Pasaremos de un mercado de compradores “sin alternativas” ante los bancos, a uno de vendedores compitiendo por clientes de crédito, con garantías disponibles y, sobre todo, con “libertad de elegir”. No dudo del impacto transformador de esta propuesta en la urgente capitalización del campo.
Bogotá, D. C, 10 de mayo de 2020
*Presidente de Fedegan
@jflafaurie.
Por José G. Hernández*.- Es muy grave lo que ha revelado la revista Semana sobre interceptaciones y seguimientos ilícitos y sin orden judicial contra periodistas nacionales e internacionales, políticos de oposición y magistrados, mediante el uso indebido de los mecanismos técnicos de la inteligencia militar.
La libertad de prensa, según lo que se informa, está siendo vulnerada. La FLIP afirma que “en esta ocasión el perfilamiento y vigilancia de periodistas por parte de organismos de inteligencia militar colombiano se han realizado de manera masiva, incluyendo en algunos casos anotaciones temerarias que etiquetan a los periodistas con grupos al margen de la ley a partir de inferencias basadas en valoraciones sobre el contenido de sus publicaciones”. Y, además de los periodistas, afirma Semana que han sido “perfilados” políticos, magistrados y defensores de derechos humanos.
Eso es inaceptable en un país que se supone democrático y constitucional, en cuyo ordenamiento jurídico están garantizados los derechos básicos, la libertad de pensamiento y opiniones, la libertad de expresión, el derecho a la información, la crítica, la oposición política, la defensa de los derechos humanos, el ejercicio autónomo de la administración de justicia, el derecho a la intimidad de magistrados, políticos y periodistas.
Con razón preguntan numerosos periodistas en carta dirigida al presidente de la República: “¿Quién o quiénes dieron la orden de perfilamiento y vigilancia a periodistas y medios por parte de organismos de inteligencia militar, que ataca directamente las garantías para el libre ejercicio del periodismo en el país?” (…) “¿Quiénes eran los destinatarios y/o tuvieron acceso a las carpetas con los perfilamientos y espionajes a periodistas, políticos y defensores de derechos humanos?” (…) “¿Tiene el presidente Iván Duque, el Ministerio de Defensa o alguno de sus altos funcionarios conocimiento de estas actividades de espionaje ilegal? ¿Qué acciones tomarán para garantizar que los periodistas puedan ejercer la profesión sin ser blanco de perfilamientos, espionaje y estigmatización?”.
El artículo 20 de la Constitución garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial. El 112 dispone que la oposición puede ejercer libremente la función crítica frente al Gobierno, plantear y desarrollar alternativas políticas. Según el 15, "la correspondencia y demás formas de comunicación privada son inviolables. Sólo pueden ser interceptadas o registradas mediante orden judicial, en los casos y con las formalidades que establezca la ley". Resaltemos: se trata de orden judicial. No militar, política ni administrativa.
La interceptación ilícita de comunicaciones no puede ser función del Ejército. La inteligencia militar no puede ser usada para coartar la libertad, ni para espiar a quien investiga, juzga, informa, critica, protesta o se opone. Eso no es propio de una democracia, ni se admite en un Estado de Derecho.
Es claro que estamos ante la comisión de delitos que deberían ser investigados por la Fiscalía General de la Nación. Delitos que, además, están afectando el prestigio y el reiterado reconocimiento nacional que merece el Ejército. Por lo cual, es indispensable que se investigue pronto y a fondo y que se establezca quiénes fueron los autores materiales e intelectuales, de modo que la dignidad de la institución sea preservada.
Bogotá, D. C, 7 de mayo de 2020
*Expresidente de la Corte Constitucional
Por Víctor G. Ricardo.- Nada más preocupante que un nuevo escándalo en las instituciones militares, en semejante crisis que estamos viviendo como es la pandemia. Es la denuncia por seguimientos y perfilamientos ilegales desde la inteligencia militar, de manera ilegal y sin que se sepa por orden de quién, para qué y con qué intención se estaban haciendo.
¿Qué clase de intereses ocultos hay detrás de todo esto?
¿Para qué se estaban haciendo seguimientos a distintas personas pertenecientes a medios de comunicación nacional e internacional, líderes políticos, defensores de derechos humanos y hasta funcionarios del alto gobierno?
¿Qué se pretendía con los llamados perfilamientos que estaban haciendo, que más bien, por lo menos en un caso según se ha sabido, parecerían hechos por un estudiante de primaria?
Todo en este país es como para un nuevo libro de García Márquez. Hasta un alto funcionario que fue seguido por la inteligencia militar y tiene experiencia en el Ministerio de Defensa y otros importantes cargos, sale en declaraciones radiales a decir que la inteligencia y contra inteligencia del Ejército dependen de una misma persona, afirmación que al oírla, todo el que sepa de estructura de Estado y más habiendo trabajado en esa área del gobierno, sabe que sería una locura que sea así.
Minutos después fue rectificado por el Comandante General de las Fuerzas militares quien dijo que sería un absurdo si así fuera.
Entonces, ¿es falta de información de este alto funcionario?
No podemos en Colombia continuar con escándalos permanentes en nuestras Fuerzas Armadas.
Es muy grave las acciones cometidas por parte de varios oficiales que trabajaban en la red de inteligencia del Ejército, pero es aún más grave es que nadie diga qué oficial dio esa instrucción.
No puede ser que como se está expresando en algunos escritos que están circulando se trate de una competencia de poder entre quiénes tienen la responsabilidad actual en los distintos cargos de las Fuerzas Armadas y quienes ya salieron, pero que continúan con vínculos en el interior de las fuerzas. Si esto fuera cierto hay que poner toda la fuerza del Estado para que los responsables no sólo paguen con las medidas de sanción a que haya lugar, sino también con la responsabilidad penal que tendrían sus responsables.
No se puede permitir que el compromiso, tanto militar como de la policía de lealtad, honor y disciplina que deben guardar sus integrantes se rompa. Uno de los grandes problemas que se han venido presentando es la pugna y conflictos en las distintas instituciones armadas entre altos oficiales. Si se deja que continúen estas actitudes los problemas se ahondaran y casos como el de los seguimientos que ahora se han presentado continuarán.
Por último, tanto la Procuraduría General de la Nación como la Fiscalía deben actuar con rapidez y dar a conocer tanto los resultados de sus investigaciones ante estas situaciones, como las decisiones y sanciones que cada una deba tomar en cumplimiento del objetivo para los cuales fueron creadas.
Ya el Ministro de Defensa comunicó las determinaciones que el Gobierno tomó. Ahora necesitamos claridad y justicia en las investigaciones, tanto de la Procuraduría como de la Fiscalía.
Bogotá, D. C, 7 de mayo de 2020
*Excomisionado de Paz
Por Fabio Cifuentes*.-Me llama poderosamente la atención que en momentos como el que estamos viviendo se escuche decir, de manera repetida, que esto es un castigo divino. Pero puedo afirmar que Dios NO es un castigador.
No soy especialista en teología, ni en las sagradas escrituras, simplemente soy un católico de misa dominical, pero suficiente como para entender que Dios no está pendiente de los errores de sus hijos para lanzarles rayos y centellas sino cumplen su voluntad.
Hace poco vi en redes sociales que entrevistaban a una niña y decía que había visto a Jesús y que le había pedido llevar el mensaje, de que el 21 de abril todos se tenían que encerrar y el que no cumpliera iba a morir. Aquí seguimos vivos.
Es normal escuchar de la ira de Dios, que todo lo malo que nos pase es un castigo divino, que Dios no castiga ni con palo ni con rejo. Cualquier cosa se dice para evadir nuestras responsabilidades.
Todo lo que nos pasa es consecuencia de lo bueno o malo que hagamos individual o colectivamente. Para nadie es un secreto que si seguimos destruyendo el planeta vamos a tener una hambruna tenebrosa ¿eso es castigo de Dios?
Los que creemos en Dios sabemos que él nos ama tanto que nos dio la libertad absoluta hasta para hacer el mal y condenarnos. Cada quien escoge su camino, lo ideal es que todos vivamos amando a Dios sobre todas las cosas y sirviendo al prójimo.
No tendría lógica que Dios nos diera libertad absoluta y que le mandara las siete plagas a quien vaya en contra de sus mandamientos. Eso no es así, al final de nuestras vidas rendiremos cuentas y ahí recibiremos la calificación de nuestras obras en este mundo.
Por eso, llegó la hora de no “calumniar” más a Dios. Cada quien asuma la responsabilidad de sus actos y entiendan que Dios no es castigador, es un Dios de amor, misericordioso y que siempre nos está protegiendo.
Dios es un ser perfecto sin mancha de pecado, por eso no me puedo imaginar un Dios lleno de ira, vengativo, persiguiendo a sus hijos para matarlos, eso no tiene sentido. Cada quien se condena o se salva solo.
Tener fe es tener la confianza absoluta de que tenemos un padre misericordioso que siempre nos está acompañando. Erramos al decir que tenemos fe cuando estamos llenos de temores. Eso no es fe, porque no estamos confiando en la grandeza de Dios.
Mi mejor explicación de la fe es la imagen de Jesús caminando sobre las aguas. Pedro temeroso le pide: “Señor, si eres tú, has que yo vaya hacia ti caminando sobre el agua. Jesús le dijo: ¡Ven!
Pedro se empezó a hundir y gritó: ¡Señor, sálvame!
Jesús de inmediato lo tomó de la mano y le dijo:
Hombre de poca fe ¿por qué dudaste?”
Esa es la fe, si dudamos del amor y la grandeza de Dios nos vamos a hundir solos. No dudemos, no tengamos miedo, porque de la mano de Dios hasta los momentos más difíciles los vamos a superar.
Dios nos ha dado una vocación, un talento especial para ayudar a transformar su gran obra, descubramos esa vocación, seamos solidarios, no permitamos que el materialismo destruya nuestra verdadera felicidad.
Si todos descubrimos nuestra vocación el mundo va ser diferente porque vamos a hacer lo que nos gusta con pasión, vamos a servir con amor, y en ese momento el materialismo pasará a un segundo plano. En esta crisis entendimos que todos necesitamos de todos.
Bogotá, D, C, 6 de mayo de 2020
*Asesor en Estrategia de Comunicaciones. Se ha desempeñado como subsecretario de prensa de la Presidencia de la República, jefe de prensa de la Campaña Presidencial Juan Manuel Santos y Periodista Caracol Radio.
Por Jairo Gómez*.- En todos los tonos filósofos y líderes políticos mundiales lo han dicho: el covid-19 nos cambió la vida y, de la mano de esa reflexión, aseguran que las políticas económicas neoliberales no pueden ser el referente para replantearnos la sociedad después de la pandemia y tampoco el itinerario para solucionar los ingentes problemas que ha evidenciado el virus como la pobreza, la desigualdad y la crisis en la salud pública, amén de los daños que en tiempo real hay que resolver y no dan espera.
Mientras en Estados Unidos se calcula la pérdida de 30 millones de puestos de trabajo, en países como España ya se habla de una tasa de desempleo cercana al 20 por ciento. Este guantazo, por ejemplo, provocó que sus gobernantes, sin pensarlo dos veces, comenzaran a mirar hacia dentro para evitar el colapso de su economía: Trump y el Congreso decidieron inyectarle cerca de tres trillones de dólares a la economía para proteger las empresas y preservar el trabajo de millones de estadounidenses; y los españoles, además de orientar recursos en el mismo sentido, es decir proporcionar dineros para evitar la quiebra del empresariado y conservar al máximo los puestos de trabajo, también optaron por medidas adicionales como la de auxiliar a los más vulnerables y propusieron, entre otras, la implementación de un Ingreso Mínimo Vital permanente que le garantice a millones de familias tener con que llegar a fin de mes. Pensaron en la gente, no en el mercado.
Nada que ver esas medidas con la ortodoxia neoliberal, pero en Colombia sus dirigentes proponen todo lo contrario y se sigue pensando como pensaba el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial antes de la pandemia.
Mientras en los países desarrollados se valora la idea post pandemia de crear un impuesto a la riqueza para cerrar la brecha de la desigualdad, en este país, el candidato presidencial Germán Vargas Lleras, aliado político y programático del presidente Duque y hombre incondicional del gran capital, recomienda para solventar la crisis económica producto del coronavirus eliminar de los ingresos de los trabajadores sus cesantías, los intereses de las cesantías, sus primas, el subsidio de transporte y las dotaciones obligatorias a los trabajadores, además de ponerlos a trabajar domingos y festivos sin concederles pago por horas extras.
Qué desfachatez, es decir, abrir y no cerrar la brecha social; pero además tiene la frescura de reconocer en su columna publicada en El Tiempo que “yo sé que todas estas propuestas son delicadas e impopulares, pero necesarias si se quiere evitar una masacre laboral”.
No había visto coscorrón más desvergonzado y ofensivo en la cabeza de millones de colombianos. ¡Qué burla! habla de “masacre laboral” en un país con el 70 por ciento de informalidad. No se puede ser más caradura.
Claro, la propuesta no tiene otro fin que el de proteger la economía de mercado; es decir, “ahorrarle” a los bancos, potentados grupos económicos y terratenientes cerca de 4 billones de pesos. Qué contradicción, mientras el Fondo Monetario Internacional autoriza a todos los gobiernos a que “gasten lo que más puedan para solventar la crisis social producto de la epidemia”, el exministro propone recortes.
No habla el aspirante presidencial de los 500 mil millones de pesos que vía encaje bancario este gobierno, que él apoya, le regaló a los bancos. Tampoco de los 70 billones en exenciones aprobados en cada reforma tributaria dizque para fomentar la creación de nuevos puestos de trabajo. Solo se le ocurre sugerir reducir a los trabajadores para solucionar la crisis y nada dice de aquellas empresas y empresarios, políticos, prestamistas y periodistas que se llevan sus multimillonarias ganancias a paraísos fiscales para dejar de pagar impuestos en nuestro país.
Qué cinismo el de esta clase dirigente colombiana indolente, excluyente y clasista que apoyada en la propiedad de sus medios de comunicación vende la idea de que las mayorías están condenadas a morirse democrática y libremente de hambre.
Mientras en otras latitudes ya se preocupan y diseñan propuestas para contrarrestar los nefastos efectos del coronavirus, en Colombia el gobierno y la tradicional clase política le apuestan a que esta pandemia no derive en cambios y reformas estructurales y más bien los veo preparándose para reprimir las próximas protestas: en plena pandemia Duque autorizó la compra de 81 mil gases lacrimógenos y 13 mil balas por más de nueve mil millones de pesos; cinco tanquetas para el ESMAD, por más de siete mil millones de pesos; y, como si fuera poco, el propio presidente, tras corroborar su falta de liderazgo, le arrebata dineros a la paz ( más de tres mil millones de pesos) para mejorar su desvalida imagen. ¡Qué torpeza!
Bogotá, D. C, 6 de mayo de 2020
*Periodista y Analista Político.
@jairotevi
Por Guillermo García Realpe*.- El mundo y el país continúan dando la batalla por superar cuanto antes la crisis generada por la contingencia del covid-19, situación que tiene contra las cuerdas la productividad y empleabilidad de la mayoría de las naciones.
No será fácil superar esta crisis, tampoco nos sobrepondremos tan rápido. Recomponer las cosas tomará varios meses, recuperar las fuentes de empleo y el lugar laboral de muchos trabajadores será tarea de todos y un gran reto para los países. Sin duda, el mundo no será el mismo después del coronavirus.
Esta es una de las crisis más graves que afronta nuestra generación, el más grande reto que nosotros conocemos. Pero las crisis también traen grandes oportunidades y como país, tendremos que reinventarnos en muchos frentes, en muchos sectores que hoy no funcionan bien, en ese orden de ideas, debemos prepararnos para empezar a dar el debate que desencadene en la transformación social, económica y política que hoy el país requiere.
Primero, la reforma total al sistema de salud, que hoy privilegia los intereses empresariales y no el reconocimiento efectivo al derecho fundamental de la salud, tampoco ha respetado la dignidad laboral y prestacional del recurso que se dedica al reconocimiento de este derecho fundamental. Hoy el actual sistema está orientado a favorecer intereses empresariales de los intermediarios, llámese EPS, ARL o AFP y eso tenemos que cambiarlo.
También, debemos promover la defensa de los sectores populares, combatiendo la desigualdad, combatiendo la inequidad que vive Colombia como uno de los países más desiguales del mundo, apoyando la pequeña y mediana industria. Combatir la pobreza multidimensional, la miseria, la exclusión social y la marginalidad, debe ser, sin duda, uno de los compromisos impostergables en el mediano y largo plazo.
Tenemos que promover una sociedad más colectiva y solidaria, que tienda a superar las más agudas expresiones de desigualdad de Colombia, defender la pequeña producción agraria e industrial para generar empleo, ingreso y oportunidades, profundizar la implementación del proceso de paz como único camino al desarrollo y convivencia nacional, estimulando también el necesario diálogo de paz con el Ejército de Liberación Nacional para cerrar definitivamente el círculo de la guerra. Promover gobiernos regionales y nacionales, fruto de la más amplia convergencia de todos los sectores populares, sociales, estudiantiles, políticos, académicos y de trabajadores de tendencia progresista para derrotar la derecha que promueve el crimen, la muerte de los luchadores populares y gobiernos de intereses empresariales mezquinos e indolentes. Una coalición que sea capaz y este decidida a promover estás y otras reformas que ansían las mayorías nacionales.
En el campo político, tenemos que avanzar en el diseño de una gran reforma política, integral, sin vicios, sin triquiñuelas, sin micos, que sea transparente, de cara al país, a los ciudadanos y desde luego a nuestra democracia.
Para ello, es necesario la implementación de las listas cerradas para todas las corporaciones públicas de elección popular, pero donde no prime la cultura del bolígrafo que privilegia a unos pocos, sino con plenas garantías para quienes estamos en el escenario de la política. Se debe fortalecer entonces a los partidos, como instituciones que abran espacio sin distingo a los ciudadanos que quieran ganar la bendición de los ciudadanos en las urnas, sin exclusiones y con plenos derechos a ser parte de la democracia.
Colombia también debe dar el salto hacia la implementación del voto electrónico y el voto obligatorio al menos durante dos períodos, así podríamos combatir el alto abstencionismo que se presenta en las diferentes elecciones. Es sano pensar en que el país puede recomponer su rumbo, pero esa es una responsabilidad absoluta de los ciudadanos a la hora de acudir a las urnas. De ahí parte, en un alto porcentaje nuestro futuro como país, pero debemos elegir bien, gente preparada, que tenga claro los grandes problemas nacionales, que sea un líder holístico, que se interese por combatir la corrupción, ese gran cáncer que carcome todos los días a nuestras instituciones públicas, pero también privadas, sólo así Colombia podría avizorar nuevos días, llenos de esperanza, de optimismo, donde las nuevas generaciones gocen de una Nación prospera, donde se construya permanentemente y donde los sueños de todos se hagan realidad.
Finalmente en materia ambiental, debemos apostarle al desarrollo sostenible, a superar la era de la economía que depende del extractivismo y de los hilos internacionales y a cambio, impulsar energías limpias y renovables, por supuesto a estar también en Paz con la Naturaleza.
Bogotá, D. C, 4 de mayo de 2020
*Senador LIberal
Juan Camilo Restrepo*.- Lo único que sabemos con certeza es que tanto en Colombia como en el resto del mundo la situación de la salud y de la economía está en cuidados intensivos. Y en lo relacionado con la política fiscal solo conocemos un cúmulo desordenado de cábalas, propuestas que están saliendo a la superficie, ninguna de las cuales tiene un asidero sólido, hasta tanto no hable el Gobierno que es a quien le corresponde hacerlo.
Es apremiante que el Gobierno, o sea el Ministerio de Hacienda y Planeación, presenten debidamente cuantificada la situación fiscal del país. Y sobre todo, lo que viene hacia adelante. Mientras no lo hagan seguirán proliferando proyecciones y propuestas construidas más con el deseo que con la realidad. Que confunden al crear falsas expectativas que luego es difícil desmontar.
Por ejemplo, a alguien se le ocurre que el déficit fiscal debe ser en el 2020 del 6% del PIB y no del 4,9% como recomendó la comisión asesora dela regla fiscal. ¿Y por qué no del 7% o del 8%, porcentajes que como van las cosas se acercan más a la gravedad de la situación? Anif propone que se le entreguen $450.000 a cada familia pobre del país “para poder comer”, propuesta que vale la friolera de 7,5 billones, sin contarnos de dónde saldrán los recursos. Las cartas con las que gremios y grupos de presión tienen inundado al Gobierno piden que se subsidien las nóminas o simplemente que las asuma en su totalidad el Gobierno. Avianca está pidiendo pista para un barrigazo de emergencia. Otros proponen una condonación general de deudas bancarias a las empresas que conserven puestos de trabajo. Y así por el estilo. Las propuestas abundan.
Mientras el Gobierno no devele cuál es exactamente la situación fiscal del país y sobre todo cuáles son las posibilidades del fisco para financiar el programa de gasto público contra cíclico, seguiremos moviéndonos en el estéril mundo del ojímetro. Y de las iniciativas alegres.
“Nadie sabe cuál va a ser la pintura de las finanzas públicas”, dijo el viceministro de Hacienda en audiencia que tuvo lugar el miércoles de esta semana en el Congreso. Es necesario que se conozca cuanto antes esa pintura.
¿Y qué debe dibujar el Gobierno sobre ese lienzo? Lo principal es esto: ¿cuál es el programa de gasto público que tiene en mente para enfrentar la crisis y reactivar la economía y el empleo? ¿Cuánto vale ese programa? ¿Con qué secuencia se van a hacer estos gastos? ¿Cuáles serán las prioridades? ¿De qué recursos se dispone y de cuáles no? ¿Qué esfuerzo complementario se le va a solicitar al sector privado?
Resulta muy preocupante ver, por ejemplo, informes como el que publicó el Tiempo del pasado 25 de abril en el que se afirma que Colombia es uno de los países latinoamericanos que menos recursos fiscales está destinando para atender la emergencia del Coronavirus y el alivio de las familias pobres y vulnerables. El Perú, por ejemplo, ya promulgó un programa de gasto público contra cíclico que es el doble como proporción del PIB del anunciado hasta el momento por Colombia.
El Gobierno ya anunció el programa de lo que pudiéramos llamar los “primeros auxilios” ($14 billones, que es la cifra que aparece en el decreto de la emergencia). Ahora resta detallar el programa de gasto público de mediano y largo plazo: el que habrá de ayudar a la recuperación del empleo y de la economía de la postración en que va a dejarnos la pandemia.
Desde luego: no son preguntas fáciles pero son urgentes. Una vez que se dimensione la magnitud del gasto público contra cíclico podrán responderse por sustracción de materia otras preguntas, tales como: ¿cómo se financiará dicho programa? ¿De qué magnitud será el endeudamiento público requerido? ¿Qué puertas se tocarán para obtener ese endeudamiento adicional? ¿Hasta dónde se elevará el déficit fiscal?
El lugar para responder la pregunta fundamental del “quantum” del gasto público contra cíclico debe ser el nuevo Marco Fiscal de Mediano Plazo, pues el anterior quedó hecho trizas. El Gobierno ha dicho que está trabajando en ello. El plazo legal para presentarlo al Congreso es el mes de junio. Sería muy bueno inclusive si pueden adelantar su presentación.
Este documento es fundamental para señalar las pautas del presupuesto para la vigencia 2021 que, según la Constitución, debe estar listo y presentado al Congreso en los primeros diez días de la legislatura que se inicia el próximo 20 de julio.
Mientras ese telón de fondo fiscal no lo dibuje el Gobierno seguiremos en el mundo del ojímetro y de las iniciativas variopintas. Que aunque bien intencionadas no tienen un anclaje firme en la realidad. Y no permiten discernir lo que es deseable de lo que es posible.
Bogotá, D. C, 3 de mayo de 2020
*Abogado y Economista. Exministro de Estado
Por Mauricio Cabrera Galvis*.- En todo el mundo la crisis del coronavirus está destruyendo empleos. ¿Cómo explicar que en Colombia en marzo el número de desempleados en Colombia hubiera disminuido (Sí, ¡disminuido!) en 75.000 personas al pasar de 3.04 a 2.97 millones? ¿No es contradictorio esto con la tasa de desempleo que en el mismo mes subió de 12.2% a 12.6% con respecto a mes anterior?
La primera reacción de algunos será culpar al DANE y cuestionar la veracidad de las estadísticas oficiales acusándolo de estar tapando la realidad. Respuesta equivocada. Las cifras del DANE sí están reflejando el impacto de la crisis, que es mucho mayor y más rápido de lo que se había previsto. Lo que pasa es que hay que mirar todas las cifras.
El galimatías de cifras aparentemente contradictorias tiene una sencilla explicación en dos definiciones de la metodología. Primera, los Desocupados no son todas las personas que están sin trabajo, sino únicamente los que están buscando trabajo y no lo encuentran. Esto quiere decir que si una persona perdió su empleo pero no salió a buscar uno nuevo, no se cuenta como desocupado. El número de desocupados bajó en Colombia porque casi todas las personas que se quedaron si trabajo en marzo –que fueron muchísimas- no salieron a buscar otro.
La segunda, es la definición de Población Económicamente Activa (PEA) que es precisamente el número de personas que está trabajando o buscando trabajo. En Marzo ese número cayó en 1.45 millones, que es la cantidad de personas que dejaron de buscar trabajo, porque se cansaron o porque con la cuarentena no pueden hacerlo.
Por eso la cifra más relevante que hay que mirar es la del número de personas ocupadas, que en Marzo cayó de manera dramática al pasar de 22.0 a 20.53 millones. Esto quiere decir que en solo un mes, o mejor dicho en 10 días desde que se decretó el confinamiento, casi un millón y medio de personas se quedaron sin trabajo.
El DANE solo publica el promedio trimestral de la clasificación de los ocupados, de manera que no es comparable con la cifra mensual, pero si aparece que el 60% de la reducción en el trimestre corresponde a trabajadores independientes, la mayoría informales, y el 25% a obreros y empleados.
Si esta destrucción de empleo fue en dos semanas, y la tendencia se mantiene, los datos de pérdidas de empleo en Abril serán tan apocalípticos como en los Estados Unidos, donde en 6 semanas el número de desempleados aumentó en 30 millones, que representa el 20% de la fuerza laboral de ese país.
Para evitar una enorme destrucción de empleos, que afecta tanto a los independientes como a las empresas, se requiere que la intervención del Estado logre el doble objetivo de proteger el ingreso de los trabajadores y preservar las fuentes de empleo, es decir a las empresas. Así lo ha entendido el gobierno y las medidas tomadas apuntan en esa doble dirección pero son insuficientes y no están utilizando los canales más efectivos.
Insuficientes porque el monto de ayuda a los independientes es muy bajo y no está cubriendo todo el universo de personas afectadas. Inefectivas porque es mucho mejor el subsidio directo a las nóminas como en Europa que los créditos garantizados que no han funcionado bien ni siquiera en Estados Unidos. Pero eso será tema de otra columna.
Cali, 3 de mayo de 2020
*Filósofo y Economista. Consultor
Por Amylkar D. Acosta M*.- El día que en Colombia se trine menos y se lea más tendremos un país distinto. A. A.
Ahora que estamos en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBO), es la ocasión propicia para reflexionar sobre la importancia de los libros, pero también sobre la lectura, el entendimiento y la comprensión de los textos leídos, no importa si en edición impresa o digital, que sólo representan el 3% del total en Colombia. Según el dato más reciente de la Cámara Colombiana del Libro (2019), un colombiano en promedio lee alrededor 2,7 libros por año, aproximadamente. Aunque hemos progresado, porque en 1988, apenas se leía un promedio de medio libro al año, es más lo que nos falta por avanzar que lo que hemos avanzado para equipararnos con otros países, como Argentina o Chile en Latinoamérica. Además, según la encuesta nacional de lectura (2019), al 28,3 % de los colombianos no le gusta leer.
Los resultados de las pruebas Pisa 2018 pusieron en evidencia algunas falencias y debilidades del sistema educativo colombiano, principalmente en lo tocante a la lectura crítica y comprensión. Según dichas pruebas Colombia, en lugar de mejorar en su desempeño, desmejoró significativamente. Ahora que, por nuestra membresía a la OCDE, considerado un club de buenas prácticas, Colombia se debe someter a sus métricas y el resultado obtenido en estas pruebas no la favorece. En efecto, el puntaje de lectura alcanzado (412) está muy por debajo del conjunto de países que hacen parte de la OCDE (487) y lo que es peor se retrocedió frente al resultado de las mismas pruebas en 2015 (425)!
Por muchos años se volvió una frase de cajón decir que en el pasado el mundo se dividía entre quienes tenían y los que no tenían, luego entre quienes sabían y los que no sabían, posteriormente entre quienes estaban conectados a la red de internet y quienes no estaban conectados. Hasta hace pocos años la mayor dificultad para quienes estudiábamos e investigábamos era el acceso a la información, hoy en día la información está en la red, al punto que, como nos lo enseña el reputado escritor Yubal Noah Harari, en su obra Las 21 lecciones para el siglo XXI, la tecnología, merced a la inteligencia artificial, al algoritmo y la big data, gracias a la cuarta revolución industrial, un robot está en capacidad de acumular la información que tanto nos abruma a los humanos y reemplazar a este en múltiples actividades.
El mundo quedó atónito recientemente al conocer que científicos japoneses lograron programar un computador para que valiéndose de la inteligencia artificial pudiera escribir una novela. Pero, lo más sorprendente es que una novela escrita por un robot estuvo a punto de ganar un concurso internacional, fue finalista. Y, en concepto de uno de los jurados, el escritor japonés de ciencia ficción Satoshi Jose, elogió la novela y manifestó que, aunque tenía algunas fallas e inexactitudes en la descripción de los personajes, la misma estaba muy bien estructurada. Vea pues!
Pero la única facultad humana que aún no está al alcance de un robot es el del discernimiento y el de la creatividad. De allí la importancia del concepto del eminente científico colombiano, el médico neurofisiólogo Rodolfo Llinas, en el sentido que “más importante que saber es entender y para entender es fundamental contextualizar el conocimiento”. Esta es otra etapa mucho más avanzada, en donde se tiene mucho más acceso a la información y al conocimiento que antes, pero el valor agregado por parte del investigador está en el discernimiento, el entendimiento y la contextualización del conocimiento que, por fortuna, aún está reservado a los humanos y no está al alcance de los humanoides.
Cota, mayo 2 de 2020
*Expresidente del Congreso y Exministro de Minas y Energía.
www.amylkaracosta.net