Opinión
Por Gabriel Ortiz*.- Otros 20 días de cuarentena y no se sabe cuántos más. Dura noticia, para quienes se encuentran merodeando por el mundo, arrimados a familiares y amigos, ¨gorreando¨ alojamiento en caritativos hoteles o albergues, agazapados en los corredores de aeropuertos o mezclados con gentes posiblemente infectadas con Covid-19.
A las empresas aéreas, poco o nada les ha importado la suerte de quienes pagaron sus pasajes. De esos a quienes les prometieron cupos confirmados para salir y regresar a su patria -Colombia-. Ni siquiera les anunciaron que suspenderían sus vuelos, por cierre de Eldorado. La Aeronáutica, no se ha enterado de esta situación. Tampoco, se ha ¨molestado¨ en pedirle cuentas a las aerolíneas sobre la suerte de los pasajeros que hoy se encuentran errantes por el mundo.
Aparentemente la Cancillería ha echado una mirada a más de 2.600 compatriotas que deambulan por el mundo expuestos a los peligros que representa la desenfrenada coronavirus. Muchos confían en la ministra Blum, mientras contemplan mentalmente un pronto regreso a su Colombia adorada. Cada extensión de la cuarentena se convierte cuchillada para los errantes compatriotas.
Solo Caracol, Blu, LaW, RCN y Noticias Uno en televisión, dan un poco de aliento a quienes meses atrás querían turistear o a realizar otras actividades.
Ni infectólogos presagiaban el desastre que como una daga amenazaba al mundo. Nadie imaginó que un virus tan insignificante, tan despreciable, tan indeseable, pusiera a esta humanidad al borde del desastre.
Tal vez se esperaba una tercera guerra, la acción un gobernante frenético lanzando un misil nuclear, o una naturaleza estremeciendo con el peor de los cataclismos, uno de los lados de la tierra. Se pensó en que el hambre y la pobreza nos aniquilaran, o que el odio, la injusticia y el deseo de riqueza y poder nos llevaran a la hecatombe.
Lo que podría ser obvio, no sucedió. Un diminuto bicho se adelantó y hoy tiene a millones de habitantes enmascarados, afiebrados, tosiendo, asfixiados o mecanorespirando y estrangulados por el pánico.
Esto no es un amago, intimidación o advertencia. La sombra del desastre cubre el planeta e invade sin distingo alguno a la humanidad. A los de arriba y a los de abajo. A esos que se creen inmortales, que no han tomado conciencia de lo que está sucediendo. Que no respetan las normas que podrían evitar el desastre, la adversidad, la devastación.
Y para completar, los habitantes no toman conciencia de lo que está sucediendo. Poco les importan las consecuencias que trae la contravención a las normas que se imparten para evitar la contaminación general.
Se observa la alegría de los sanos, de esos que se creen indestructibles y todopoderosos. Violan las disposiciones y se dedican a la rumba y a disfrutar de fincas y veraneaderos. Nada les importa llevar el virus a regiones y habitantes sanos. Quienes deambulan por el mundo y los que habitan Colombia, dependen de los rumberos. Covid-19 no es un juguete.
BLANCO: Hay que reconocer la labor de la llave Duque-Ruiz.
NEGRO: Que esta Semana Santa aleje la guerra que nos quieren armar con Venezuela.
Medellín, 9 de abril de 2020
*Periodista. Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper.
Por José G. Hernández*.- Como lo hemos expresado, el Presidente de la República hizo bien en acudir a las facultades de excepción consagradas en el artículo 215 de la Carta Política. Era lo que indicaba la razón, si se tiene en cuenta la enorme gravedad de la amenaza que representa la rápida expansión del virus Covid-19 para la salud y la vida de millones de personas en nuestro territorio. Se trata de una pandemia que ha estremecido al mundo, que sigue causando numerosos muertos en varios países y que ha afectado -también de manera grave- la estabilidad social, así como la economía individual, familiar y general, el trabajo, la actividad empresarial, la educación, los servicios públicos y la administración de justicia, para mencionar apenas algunos de los sectores que han sufrido y continuarán sufriendo el impacto del coronavirus.
Pero, para lograr que ese valioso instrumento de gestión estatal cumpla en efecto la función para la cual ha sido concebido -atacar y contrarrestar las causas de la perturbación generada por la calamidad en referencia en el orden público económico, social, ecológico, e impedir la extensión de sus efectos- es necesario que el Gobierno no pierda de vista el carácter extraordinario y delimitado de las facultades constitucionales que ha asumido, y que no pretenda convertirse en una especie de monarca transitorio, que pueda disponer sin restricciones de toda la institucionalidad.
No se olvide que, durante los estados excepcionales contemplados en la Constitución, el uso de las atribuciones extraordinarias de las que goza el Ejecutivo está sujeto a un doble control: el político -a cargo del Congreso- (que puede ser ejercido de manera virtual en las actuales circunstancias), y el jurídico -a cargo de la Corte Constitucional-, que ya inició su actividad al respecto. Esperamos que, si declara inexequibles algunas de las normas dictadas, que son inconstitucionales por falta de conexidad con las causas de la emergencia o por quebrantar de manera directa las normas superiores, no difiera los efectos de los fallos para cuando la pandemia haya desaparecido, porque eso significaría que en estados de excepción no rige la Carta Política.
Durante los estados de excepción no se interrumpirá el normal funcionamiento de las ramas del poder público ni de los órganos del Estado. En el Decreto 417 del 17 de marzo, declaratorio del Estado de Emergencia, no fue convocado el Congreso, suponemos que por estimar el Gobierno que no era necesario, en cuanto el día 16 se habría iniciado el segundo período de sesiones ordinarias. Pero vino el debate sobre si durante la cuarentena podrían los congresistas reunirse virtualmente, como lo estamos haciendo los profesores universitarios con nuestros estudiantes, o tendría que ser reunión presencial.
Es verdad que la Ley 5 de 1992 -Reglamento del Congreso- no contempla esa posibilidad, por cuanto sus autores no imaginaron siquiera una situación como la actual, de obligado alejamiento físico entre los seres humanos, pero ya el Presidente dictó un decreto con fuerza de ley -el 491, art. 12-, que la autoriza en todas las corporaciones públicas (entre ellas el Congreso), y en esa medida modificó temporalmente la Ley 5ª. El Congreso, entonces, debe ejercer el control político y sus demás funciones.
Bogotá, D. C, 8 de abril de 2020
*Expresidente de la Corte Constitucional
Por Fabio Cifuentes *.- Dicen que en las crisis se conocen los verdaderos líderes. En esta dura situación por la que atraviesa Colombia y el mundo hemos podido conocer el talante de las personas que nos gobiernan.
A nivel mundial hemos visto gobernantes que lo entregan todo por su pueblo, otros que la incertidumbre no los deja tomar decisiones a tiempo y los más nefastos, los populistas que han puesto la economía por encima de la vida.
En el caso específico de Colombia, la indecisión del presidente Duque de no cerrar los vuelos internacionales desde el momento que se declara la pandemia será un error que se lo cobrará la historia del país.
Claro, uno entiende que nadie estaba preparado para esta crisis, pero un líder debe tener la claridad suficiente para tomar las decisiones en el momento justo, así le cueste todo su capital político.
Las indecisiones de los gobernantes son la principal causa de los miles de muertos y contagiados del coronavirus en Colombia y el mundo. A eso se suma la indisciplina social de un gran número de ciudadanos que poco valoran la vida.
A pesar de las indecisiones, el presidente de Colombia se la jugó por el aislamiento total, gran decisión, y gracias a eso hoy no estamos viviendo una tragedia tan grave como la de Italia y España.
Eso nos queda como lección, que ante una pandemia o desastre natural, que se pueda prevenir, no se debe dudar un segundo para tomar decisiones radicales, por duras que sean.
Hoy todos tenemos que apoyar con decisión absoluta las medidas del gobierno nacional, no hay tiempo para polarización y discusiones políticas absurdas. En este momento todos somos Colombia y entre todos vamos a salir adelante.
Creo que lo más lógico para que esta cuarentena no se pierda es que se amplíe el aislamiento total hasta los primeros días de mayo y ahí si comenzar a mirar otras opciones que permitan controlar la pandemia y comenzar a reactivar la economía.
En este momento todos debemos agotar nuestra cuota de sacrificio y paciencia, todos estamos gastando lo poco que nos quedan de nuestros ahorros, pero hay un motivo, la vida de nuestros seres queridos.
Un aislamiento total de más de dos meses sería un fracaso total, porque no hay bolsillo que aguante y pasaríamos de un problema de salud a uno de orden público, porque muy seguramente las personas desesperadas comenzarían a tomarse las calles.
Por eso tenemos que aguantar este mes en aislamiento total, no nos dejemos llevar por el pánico y la desesperación, mientras le damos un respiro al gobierno para que instale más unidades de cuidados intensivos y mire como reactivar la economía.
También debemos tener mucho cuidado con propuestas populistas como las de la alcaldesa Claudia López, quien ha planteado el no pago de servicios públicos, que el aislamiento total debe ser por tres meses o que los bancos paguen todo.
Un líder responsable debe plantear soluciones reales, si dice que no paguen servicios públicos debe aclarar de dónde van a salir los recursos para no llevar a la quiebra a las empresas.
Si propone tres meses de aislamiento total debe decirle a la gente como los va a sostener durante este tiempo encerrados, que va a pasar con la economía del país. De eso nada se le escucha.
Si plantea que los bancos deben financiar parte de la crisis porque tienen utilidades billonarias, tengamos mucho cuidado con estas propuestas, porque la peor sería un país sin crecimiento económico y la banca quebrada.
Por eso debemos ser muy responsables como ciudadanos, para evitar el pánico y el populismo, porque cuando pase el coronavirus, porque tiene que pasar, no tengamos que enfrentar otra crisis más grave como la hambruna.
La decisión es: controlar la pandemia y reactivar la economía lentamente. Difícil, pero lo tenemos que lograr.
Se valora la solidaridad de miles de colombianos para garantizar alimentos a las personas más pobres del país. No podemos parar.
*Asesor en Estrategia de Comunicaciones. Se ha desempeñado como subsecretario de prensa de la Presidencia de la República, jefe de prensa de la Campaña Presidencial Juan Manuel Santos y Periodista Caracol Radio.
Por Víctor G. Ricardo*.- Entristece, por decir lo menos, ver o escuchar a algunos personajes que han sido o son importantes en la vida política del país, tratando de tomar protagonismo en unos y otros campos, aprovechando de manera inaudita la pandemia que estamos padeciendo no sólo en Colombia sino en el mundo entero.
Entre estas personas podemos mencionar algunos Alcaldes que creen que esta situación la pueden aprovechar para sus intereses políticos personales.
Y es que no de otra manera podemos entender cómo proponen que ninguna persona debe pagar los servicios públicos sin importar su estrato y sin decir quién va a asumir esos costos, propuesta ésta que puede llevar a la quiebra o a tener una difícil situación financiera a las empresas que prestan estos servicios. No solamente es una propuesta absurda sino anti jurídica e irresponsable. Otra cosa es que se ordene el restablecimiento del servicio a aquellas personas a quienes se les ha cortado, por motivos extraordinarios de salud pública.
O incluso decir que hay que proteger a los hermanos venezolanos y de inmediato olímpicamente se convoca al Gobierno nacional a prestar esa atención, como si eso no fuera problema de todos.
Una cosa es estar ejerciendo una labor política o parlamentaria y otra muy distinta es ser responsable de los destinos de los distintos niveles de la administración pública.
Estos momentos de angustia nacional, como es la pandemia que estamos viviendo, no son para crear controversias entre los funcionarios de los distintos niveles de la administración o protagonismos innecesarios, sino para actuar como una sola persona, con seriedad y responsabilidad de patria, que permita que salgamos no tan mal librados de esta situación grave y extraordinaria que estamos viviendo de la pandemia
Una de las cosas que yo aprendí de la experiencia que he tenido en el Estado es que uno ‘no’ debe opinar sobre temas que no conoce o está suficientemente enterado, pues puede llevar a decir o proponer cosas sin las bases necesarias por las cuáles se toman las decisiones.
Por estas razones cuando un mandatario toma determinaciones como la que acaba de tomar el señor Presidente de prorrogar el aislamiento obligatorio hasta el 26 de abril, ordenando que las personas se queden en sus casas, con las excepciones necesarias para el funcionamiento de los servicios básicos y la posibilidad de comprar los víveres necesarios para la vida de los ciudadanos, todos debemos ser solidarios pues es en defensa de nuestras propias vidas.
Ha sido una decisión inteligente y de alta responsabilidad que seguro fue tomada basada en la información que tienen sobre el desarrollo del coronavirus, porque la verdad es que la etapa de contención ya la pasamos y entramos a la de propagación que debe ser controlada para no llegar a una situación como la de Italia, España o Estados Unidos y con el agravante que en Colombia por falta o insuficiencia de pruebas médicas, no se le ha podido practicar a todos los que se quisiera, el examen correspondiente.
Como consecuencia de todo lo ocurrido, tanto los gobiernos locales como el nacional deberán tomar acciones con el propósito de proteger al máximo posible la economía para que cuando salgamos de esta horrible noche del coronavirus tengamos posibilidad de recuperarnos.
Que Dios nos ayude y que los colombianos seamos responsables en nuestro comportamiento y las medidas que debemos tomar para protegernos.
Bogotá, D. C, 8 de abril de 2020
*Excomisionado de Paz
Por Jairo Gómez*.- Mientras la pandemia acorrala a cerca de tres mil millones de seres humanos en la tierra, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acolitado por el presidente de Colombia, Iván Duque, quiere confinar a los 31 millones de venezolanos para someterlos a la implacable epidemia, y a la más atroz e inhumana injusticia de ponerlos a aguantar hambre, reducirles cualquier posibilidad de que puedan controlar el coronavirus y al aislamiento total.
Todo, porque, según Trump, Nicolás Maduro, es el cabecilla de un cartel del narcotráfico que desde su país pone, a diario, en las calles de Nueva York y Washington cientos de toneladas de cocaína que envenenan la humanidad del ciudadano estadounidense. Ese es el argumento que esgrimió frente a la prensa; pero los analistas internacionales advierten que detrás de sus intenciones de mover al Atlántico portaaviones y un contingente de marines armados hasta los dientes, tiene una narrativa que va más allá de la guerra contra los narcotraficantes: el objetivo es invadir territorio venezolano y sacar del poder a la cúpula chavista.
Bueno, que el presidente Trump se permita esas locuras y excesos es explicable en un hombre cuya grandeza la mide por el tamaño de las torres que construye y, para hacerlas más notorias, las bautiza con su propio nombre; pero que Iván Duque, que salió del cubilete de su mentor, Álvaro Uribe Vélez, se dé estos lujos poniendo en riesgo, no solo la seguridad de su país sino la de sus ciudadanos, es de una frivolidad mayúscula.
Por la espectacularidad del operativo en marcha se dice en círculos de poder estadounidense que la acción montada por la Casa Blanca nada tiene que ver con la lucha contra el narcotráfico y es valorada como una estrategia eficaz de la oficina oval para desviar el foco de las críticas por el fatal manejo que Trump le ha dado a la crisis de la pandemia, que en menos de quince días convirtió a la gran potencia en epicentro de la epidemia.
Dado el culiprontismo de Duque, si llegase a ocurrir esta acción bélica, sin duda, pondría a Colombia en un escenario de confrontación delicado de insospechadas consecuencias. Por eso, parodiando lo dicho por el propio Duque, le sugiero que practique el “aislamiento inteligente” y no nos meta en esta vaca loca mientras el país apenas empieza a decantar la gravedad que nos revela la presencia del virus.
Dedique sus esfuerzos presidente a resolver la situación crítica en que se encuentran millones de hogares colombianos que hoy no tienen con qué comer; alivie los gastos que no dan espera como la energía, el agua, el gas y la conexión digital; congele los arriendos que no se pueden pagar, pues fueron cientos de miles los colombianos echados de sus trabajos y millones de contratistas OPS que se quedaron por fuera de una posibilidad de obtener ingresos. Eso es urgente.
Si no está enterado lo pongo al tanto, un grupo de líderes mundiales, por ejemplo, reclaman de los gobernantes del mundo que administran la pandemia unidad en el tratamiento de la crisis y proponen de inmediato hacer inversiones que impacten, de entrada, la salud pública, hoy en evidente debilitamiento.
“Todos los sistemas de salud —incluso los más avanzados y mejor financiados— están tambaleándose bajo la presión del virus. Ahora bien, si no hacemos nada mientras la enfermedad se propaga por ciudades pobres de África, Asía y Latinoamérica y en comunidades frágiles con muy pocos equipos para realizar pruebas, respiradores y suministros médicos, y en los que el distanciamiento social e incluso el lavado de manos son difíciles de garantizar, el coronavirus persistirá en esas zonas y reaparecerá para atacar el resto del mundo con nuevos brotes que prolongarán la crisis”, dicen en la carta que expresidentes, científicos e investigadores sociales le envían al G-20 (Grupo de los 20 países con economías más fuertes).
Esa es la lógica presidente Duque, además de recoger la propuesta económica que lanzan para que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial asuman esta crisis con mayor generosidad. “La emergencia económica no podrá resolverse hasta que se haya resuelto la emergencia sanitaria”, dice el documento que usted presidente Duque debe asumir con responsabilidad y evite esos vientos guerreristas que le llegan desde la Casa Blanca.
Bogotá, D. C, 8 de abril de 2020
*Periodista y Analista Político.
Por Guillermo García Realpe*.- Hace unos días un destacado portal colombiano de noticias nos trajo una muy importante lectura de Jacques Attali, economista muy autorizado de Europa en el que planteaba que el mundo está además de una tragedia en salud, de vida y social, en una situación de “economía de guerra”.
Ante circunstancias económicas y sociales extraordinarias se deben tomar decisiones, medidas y acciones extraordinarias, por lo tanto el Gobierno Nacional, el Estado Colombiano en uso de las facultades extraordinarias del Decreto de declaratoria de emergencia económica debe tomar todas las medidas necesarias para atender esta muy grave crisis de orden social, de salud, de vida y económica que ha golpeado mucho al mundo y en particular al pueblo colombiano.
Es una muy grave tragedia en temas alimentarios, en temas de seguridad alimentaria de nuestros conciudadanos, amplísimos sectores del país hoy están sufriendo la falta de aprovisionamiento porque definitivamente como no tienen los recursos disponibles, no hay empleo, no hay ingresos seguros pues hoy va depender la seguridad alimentaria en altísimo grado de lo que el Estado colombiano pueda proveerles.
También es muy grave la situación de los ingresos y de las disponibilidades de recursos de la población vulnerable, de los desempleados, de los informales, de la gente de la tercera edad, definitivamente se tiene que proveer los recursos para girar y ampliando los censos a todos los beneficiarios posibles, porque de lo contrario, vamos a tener una calamidad de salud, una calamidad alimentaria, es decir, una verdadera hambruna.
Se tiene que disponer también recursos para que no se destruya el aparato productivo tanto industrial, agroindustrial, agropecuario, tiene que haber por supuesto inyección para que no haya despidos, para que no se promueva, por las circunstancias que está afrontando el país los despidos masivos de trabajadores, especialmente del sector privado y también deben haber recursos para el desarrollo de la infraestructura en salud, de los equipos de dotación de todo lo que se requiere hoy para atender la situación humanitaria en materia de salud.
Asimismo se debe empezar a promover desde ya una prima especial, unos mejoramientos salariales para todo el recurso humano dedicado a la salud, a los médicos, a las enfermeras, los camilleros, la gente de las ambulancias, los droguistas, en fin, porque ellos en un altísimo grado, se cree que un 70 u 80% tienen vinculación laboral precaria, no estable, no en plantas de personal, incluso a través de intermediarios, cooperativas para burlar muchas veces los dignos niveles salariales y prestacionales. Tiene que haber desde ya una inversión de coyuntura, es decir, una prima en salud para todos estos colombianos que están arriesgando la vida, la salud porque están en la primera línea de batalla frente al coronavirus.
Se requieren otras muchas cosas ante esta coyuntura, ante esos absolutos gastos extraordinarios, enorme recursos de billones de pesos, el Estado colombiano tiene que echar mano a fuentes también absolutamente extraordinarias y entre esas esta ver la posibilidad que, mediante decreto extraordinario se suspenda los efectos de la Reforma Tributaria que, por vía de exenciones y beneficios tributarios se les perdono a los ricos y a los grandes empresarios, especialmente internacionales diez billones de pesos que hoy requiere el país para atender esta grave emergencia social, de salud y económica.
También el Gobierno Nacional tiene que considerar la autorización de una proporción racional de las reservas internacionales que tenemos los colombianos, porque son recursos no del Gobierno, no del Estado, son de todos nosotros que ha ido acumulando la nación durante muchos años y que están invertidos en títulos en la Reserva Federal de los Estados Unidos, en los bancos mundiales, representados en divisas o en oro monetario, etc. Tiene que promover que una decena o una veintena de billones de pesos de estas reservas internacionales se apliquen a las circunstancias actuales y también en materia de la deuda externa Colombia en el año 2020 tiene presupuestado pagar 50 billones de pesos, conjuntamente con todos los países de Latinoamérica tiene que acordar con el BID, con el Banco Mundial, con el Fondo Monetario Internacional una renegociación del pago de esa deuda, tanto de intereses como de capital. Ojalá, que no se pague este año 50 billones de pesos en materia de deuda externa, que se paguen 20 o 30 billones y el resto que se liberen para poder atender esta gravísima emergencia.
Igualmente, le estamos diciendo al Gobierno Nacional que procure tomar decisiones alrededor de agilizar las inversiones de doce billones de pesos que hoy representan los recursos del Sistema General de Regalías que no se han invertido, tiene que agilizarse esos procedimientos para que departamentos y municipios inviertan a su vez en materia de obras de infraestructura, especialmente de salud, por supuesto que todos estos recursos tienen que tener control por parte de los organismos respectivos como la Procuraduría, la Contraloría, la Fiscalía, las veedurías ciudadanas para que no mal aprovechen ciertos vivos que en circunstancias como la actual hacen de esto una oportunidad de fechorías.
El Banco de la República también puede prestarle al Gobierno Nacional, tienen recursos de crédito y también puede meterse la mano al dril para promover unos créditos importantes. La economía debe tener las circunstancias que permita a las empresas públicas y privadas promover el mantenimiento de su actividad productiva, por eso vemos con muy buenos ojos que el Banco de la República haya rebajado los intereses de préstamo como banca central de 4.25 a 3.75% anual para que los bancos re descuenten y hagan sus operaciones financieras y a su vez hagan fluir estos recursos hacia la economía, hacia la demanda de los colombianos, la demanda no puede frenarse porque se frena la producción y por supuesto se estaría con eso escalando un gran desempleo mayor al que hoy tiene el país entero. Muy buena decisión del Banco de la República, poner a disposición de los bancos liquidez, no hay que tener una posición de rechazar que los bancos tengan fuente de liquidez, porque sino la tienen no pueden prestarle al consumidor, al pequeño empresario, al que fomenta la producción y empleo en Colombia, por lo tanto buena medida la tomada por el Emisor.
Esperamos que todas estas iniciativas y propuestas que se han planteado desde diversos sectores ayuden a palear la difícil situación que hoy vive el país por cuenta de esta emergencia en salud.
Bogotá, D. C, 6 de abril de 2020
Senador Liberal de Colombia
@GGarciaRealpe
Por Mauricio Cabrera Galvis*.-Para descansar un poco de análisis científicos, de pronósticos económicos y de debates políticos sobre el coronavirus, una mirada desordenada a algunas paradojas y hechos curiosos que va dejando la pandemia y las medidas para combatirla.
El virus obliga al homo sapiens a recluirse y frenar sus actividades y la naturaleza florece: con menos emisión de gases disminuye la polución del aire, vuelve a ser transparente el agua de los canales de Venecia, pájaros y animales pasean por las calles vacías de pueblos y ciudades.
La pandemia demostró lo inservible que son las armas, lo débil que es el poder, lo inútil que es la riqueza, lo importante que es un médico y lo necesario que son los campesinos que nos surten de comida.
Después de décadas de tratar de reducir al Estado, de desmontar las redes de protección social, EE.UU., y Europa comprueban con miles de muertos que el mercado no es suficiente, que la salud es un bien público no un negocio, y que el Estado de Bienestar no es un lujo sino una necesidad.
El virus saca lo mejor y lo peor de la naturaleza humana: emocionantes muestras de solidaridad y apoyo a los más débiles, pero también aumento del 70% en los casos de violencia doméstica contra mujeres y niños.
Las grandes potencias cierran sus fronteras y una pequeña isla, Cuba, da ejemplos de solidaridad recibiendo barcos con enfermos que todos los países rechazan y enviando a sus médicos a ayudar a Italia, el país con más muertos por el virus.
También aprendemos a apreciar más lo público. Ciudades como New York o Tokio tienen enormes y hermosos espacios públicos donde la gente escapa de la estrechez de sus pequeñas viviendas. Con el virus se perdió ese privilegio y la cuarentena es más dura.
Guerrillas en Colombia y Filipinas acogieron el llamado de la ONU a un cese al fuego para concentrarse en la lucha contra el coronavirus. Trump endurece el bloqueo a Cuba y despliega la fuerza naval gringa para amenazar a Venezuela, todo por ganar los votos cubanos en la Florida.
El vivo bobo la acaba pagando: empresas gringas, como las de los grandes cruceros, que para evadir impuestos en Estados Unidos se domiciliaron en paraísos fiscales, ahora por la pandemia necesitan las ayudas y subsidios del gobierno pero no los pueden recibir por ser extranjeras.
Se cierran todas las fábricas de automóviles y todas las que producen bienes no esenciales, pero Trump decide que la producción de armas debe continuar.
Por el virus China paró su producción y frenó la cadena de abastecimiento mundial para muchas empresas. Ahora quiere reactivarla, pero está limitada porque los pedidos del resto de mundo han caído por el virus.
La iglesia católica cierra templos y suspende ceremonias de Semana Santa. El gobernador de Florida permite los cultos religiosos y algunos pastores evangélicos obligan a sus fieles a que les sigan pagando el diezmo. En Israel, el mayor contagio es entre los ultra ortodoxos que confían en sus ritos para protegerse del virus.
La retórica de Trump de ignorar la gravedad del virus para no parar la economía y no perjudicar su reelección ha logrado que ‘América First’ sea realidad: primera en número de contagiados y pronto será la primera en muertos. El Brasil de Bolsonaro ya ocupa ese primer lugar en América Latina.
Cali 6 de abril de 2020
*Filósofo y Economista. Consultor.
Por: José Félix Lafaurie Rivera*.- Entre confundido y aterrado, el mundo enfrenta un enemigo no muy letal pero sin fronteras. Morirán menos que en las pestes medievales, en anteriores epidemias y en las guerras “mundiales”, pero morirán en todo el planeta y, mientras se encuentra la vacuna y la cura para los infectados, todo es zozobra.
Una zozobra que la izquierda y otros sectores atizan en los medios y las redes, a contrapelo del equilibrio presidencial en el manejo de la crisis, compartiendo siempre sus decisiones con los ciudadanos, con serenidad, sin altisonancias y asesorado por expertos.
La alcaldesa de Bogotá le echa leña a esa candela con su advertencia de prórroga hasta junio, para lo cual “Si hay que ir apagando la economía, lo hacemos”. López, que comparte con la izquierda esa miope posición de identificar “la economía”, con unos “oligarcas” protegidos del Gobierno, introduce el falso dilema entre “salud o economía”, generando una discusión pública con mucho de populismo y poco de ética.
No. La economía es como el aire; todo lo que hacemos es “económico”: comer, vestirnos, viajar, divertirnos. No creo en videos sensibleros de volver a “la vida sencilla”, cuando somos 7.000 millones en el mundo. Podemos comer un año en casa, pero los meseros y cocineros pasarán hambre; vivir un año con dos mudas, como muchos colombianos pobres a quienes, paradójicamente, les negaríamos la oportunidad de trabajar en una tienda de ropa. Podemos dejar de divertirnos, pero los que nos divertían pasarán hambre.
No se trata entonces de un dilema ético entre la salud de muchos y la riqueza de unos pocos, con un perverso factor de juzgamiento social para acorralar al Gobierno. El presidente ha reiterado que no abrirá totalmente la economía el 14 de abril, pero si no sigue la “recomendación” de López, le endilgarán los muertos del coronavirus.
Si apaga la economía y enciende la imprenta de billetes, como algunos recomiendan para financiar subsidios directos, definitivos en esta primera etapa pero insostenibles, enfrentaremos una hiperinflación a lo “Venezuela”, con sus secuelas de desempleo y pobreza, y entonces le endilgarán los muertos del hambre.
Este no es un problema de ricos, que perderán, pero pueden resistir diez pandemias. Es de las pequeñas y medianas empresas que mueven la economía, aunque invisibles al abrigo de la informalidad. Sus empleados son prescindibles, pero hacen parte de las estadísticas, al lado de los informales “informales”, los de calle: la señora de las arepas, la “de por días”, el del carro de perros, el del agache... Un inmenso problema social, tan grave como la enfermedad misma, que exige una economía funcionando, a media marcha quizás…, pero funcionando.
Frente a las escalofriantes cifras de otros países -Estados Unidos registró 245.000 infectados y ¡1.169 fallecidos en 24 horas!-, debemos reconocer que el país lo está haciendo bien. A un mes del primer contagio, apenas cruzamos el umbral de 1.000 infectados, no pasamos la veintena de muertes, el sistema de salud se prepara con juicio y con apoyo del gobierno y los privados; y lo más importante: lo seguimos haciendo bien, porque las pruebas masivas, que ya comienzan, permitirán encontrar y aislar a los asintomáticos que, pareciendo sanos, son propagadores ambulantes.
No dudo que el presidente, curado de arrogancias, no escuchará los cantos de sirena del populismo y se amarrará al palo mayor de su serenidad y el consejo de los expertos, a los que se suma el apoyo bienvenido del gobierno de Corea del Sur, país amigo y agradecido con Colombia desde la guerra de los 50 del siglo pasado. Ayer por ti, hoy por mí.
Bogotá, D. C, 5 de abril de 2020
*Presidente de FEDEGAN
@jflafaurie.
Por Amylkar D. Acosta M*.-Si algo caracteriza a los precios del petróleo es su volatilidad y esta está determinada por los fundamentales del mercado y/o por las viceversas de la geopolítica. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), se preveía que, a consecuencia del enfriamiento de la economía global, atribuible a la guerra comercial que el Presidente Donald Trump le había declarado al resto del mundo, la demanda de petróleo en el 2020 se reduciría, por primera vez desde 2009, aproximadamente en 90.000 barriles/día, retrocediendo desde casi el millón de barriles/día de 2019 a los 99.9 millones de barriles/día.
De hecho ya veníamos con una sobreoferta de crudo que presionaba el precio a la baja, lo que condujo a la OPEP y a otros 10 países más, encabezados por Rusia, que no hacen parte de ella, a hacer causa común para atajar la caída de los precios. Con tal fin acordaron desde 2017 reducir su oferta y esta medida les venía funcionando, al punto que el año anterior el promedio del precio fue de US $64 el barril.
Con lo que nadie contaba era con que en los albores del 2020 se iba a desatar la pandemia del COVID-19 que, al obligar a tomar medidas extremas por parte de todos los países para contener su avance, se afectaron las cadenas de valor a nivel global, contagiando a la economía. Hemos llegado al punto que, al limitarse la producción y circulación de personas, bienes y servicios, según la Directora del FMI Kristalina Georgieva, “hemos entrado en una recesión igual o peor que la del 2009”. Y esta recesión, todavía en ciernes, afecta la demanda de petróleo arrastrando consigo los precios a la baja, repitiéndose la historia de 2008, cuando la economía global tuvo un decrecimiento de - 0.6% y los precios del crudo cayeron de un promedio de US 94.10 el barril en 2008 a US $60.86 en 2009 .
Pero, como por la Ley de Murphy todo aquello que anda mal es susceptible de empeorar, el desencuentro entre los jeques de Arabia Saudita, que lidera la OPEP y Rusia, impidió que se extendiera el acuerdo alcanzado, que expira hoy, hasta el mes de diciembre de este año y desató una guerra de precios que ha puesto en jaque a los productores y exportadores de petróleo en todo el mundo. Los precios del crudo se deslizan con tanta rapidez como si bajaran por un tobogán desde los US $68.9 el barril de la referencia BRENT, el más elevado desde septiembre de 2019, el 6 de enero de este año hasta los US $22.76 al cual se cotizó el 30 de los corrientes, su menor nivel desde noviembre de 2002. Y no es para menos, luego de conocerse el anuncio de parte de Arabia Saudita de llevar su producción a un nivel record de 10.6 millones de barriles diarios para el mes de mayo. Esta semana tuvo un repunte hasta los US $34 el barril, pero muchos lo interpretan como el rebote del gato muerto, al considerar que los fundamentales del mercado impedirán que la tendencia a la baja se revierta.
Así las cosas, la economía colombiana va a tener que soportar este año un choque externo a consecuencia de la caída de los precios del petróleo muy severo, después de cerrar el año anterior con los déficits gemelos a cuesta: 4.3% de déficit en la cuenta corriente de la Balanza de pagos y un déficit fiscal aparente de 2.5%. De mantenerse los precios del crudo alrededor de los US $30 el barril por el resto del año, lo que es muy probable y siendo que este renglón de las exportaciones representa el 40%, aproximadamente, se teme que el déficit de cuenta corriente puede llegar a superar el 5% (¡!). Huelga decir que también impactará el ritmo de crecimiento de la economía, toda vez que por cada US $10 que baja el precio del barril de crudo reduce en un 0.4 puntos porcentuales el crecimiento del PIB.
Además, si tenemos en cuenta que el precio de referencia que se tuvo en cuenta en la actualización del Plan financiero de 2020 fue de el doble (US $60.5 dólares el barril), esta diferencia entre el uno y el otro le pasará factura al Presupuesto General de la Nación (PGN) para la vigencia de 2020 por valor de $12 billones. Empero, la situación se complicaría aún más el año entrante, dado que será entonces cuando se sentirá con todo su rigor el costo fiscal, por cuenta de las exenciones y beneficios tributarios a las empresas, de la Ley de crecimiento aprobada el año anterior, que se calcula en unos $10 billones y también la caída de los ingresos al fisco por concepto de impuesto de rentas, dividendos y regalías que paga la industria petrolera.
Como es bien sabido, por cada dólar que baja el precio del barril de crudo se dejan de recibir $429.000 millones y por cada 10.000 barriles que se dejan de exportar se dejan de recibir $301.000 millones. Y Colombia se verá afectada por partida doble, porque a la baja de los precios, que es ineluctable, se vendrá a sumar la caída de la producción y las exportaciones de crudo porque los pozos que produzcan petróleo a costos por encima de los US $30 el barril, que son muchos, seguramente dejarán de bombear. En suma, este bajonazo de los precios del crudo ha puesto a la economía colombiana a sudar petróleo.
Como afirma Daniel Guardiola, economista de BTG Pactual, “la economía colombiana enfrenta un período desafiante, con un empeoramiento del déficit de cuenta corriente, un aumento del déficit fiscal, una desaceleración de la actividad económica y, finalmente, un deterioro de la calificación crediticia del país y tal vez la pérdida del grado de inversión”. Y estamos a un solo escalón de perderlo.
Como dijo el inversor y empresario estadounidense Warren Buffet, según la cual “sólo cuando baja la marea se sabe quién nadaba desnudo” y lo que es claro es que, después del largo ciclo de precios altos del petróleo, que duró desde 2003 hasta junio de 2014, que no supimos aprovechar para corregir los déficit gemelos, la economía colombiana sigue dependiendo en exceso del crudo, sujeta a las oscilaciones de sus precios internacionales cuya curva se comporta como si fuera una montaña rusa.
Cota, abril 5 de 2020
*Expresidente del Congreso de Colombia, Exministro de Minas y Energía.
www.amylkaracosta.net
Por Gabriel Ortiz* Ojo por ojo le ha dicho el planeta a todo el mundo. Quién lo creyera. Esos millones de habitantes que durante tanto tiempo venían asfixiándolo, buscan afanosamente la pastilla que derrote al Covid-19.
Durante años se han burlado de los estudiosos, que prevén las catástrofes contra la tierra que habitamos, pisoteamos y agredimos. Arrogantes gobernantes, usurpadores de la riqueza a compartir equitativamente y arúspices e iluminados, no cesan en su empeño de hurgar el más recóndito espacio para ubicar y conducir a sus congéneres a pisotear, destruir el globo.
La belleza, las comodidades, la fraternidad, la convivencia, la felicidad y la vida fueron exprimidas por quienes lo querían todo, a cambio de nada. Convierten los bosques en desiertos, los ríos en cloacas. Fauna y flora, se marchitan. La fetidez domina el ambiente, el aire escasea y el mundo se calienta. El hombre se vale de su ingenio, pero no para cesar en su acción destructora, sino para tratar a escapar a la destrucción. Compra aire, acondicionado, agua, artificialmente potabilizada, comodidades artificiales y general cosas modificadas.
El ambiente se envilece por la acción del hombre. Los elementos vitales para la existencia humana se agotan. Por las ciudades y zonas industriales avanzan como fantasmas unos habitantes con las caras cubiertas y la piel embadurnada de pomadas. Los páramos se derriten y las fuentes de agua se agotan.
En países como el nuestro y como Brasil, aparecen supuestos ¨creadores de riqueza¨, que gozan con las fogatas alimentadas con lo poco que nos queda. Incendian grandes extensiones de selva virgen, para formar potreros que llenan de vacunos que surtirán los nuevos mercados de carne de Rusia y China. No solo son depredadores se nuestra naturaleza, sino que malogran y contaminan el aire de ciudades, como ocurre ahora con el oxígeno de Bogotá.
El hacha, la mano del hombre y el débil cerebro humano dañan lo que tocan.
Aparecen entonces las plagas, los virus y las pandemias que, como esta vez, acicateados y fortalecidos por las redes sociales, ocupan la inteligencia de nuestros científicos, para salvar a grupos humanos que quieren sobrevivir para invadir La Tierra y repetir la tarea de los invasores salientes.
El mundo era un territorio cristalino, poblado por primitivos humanistas natos, amantes de la paz y la convivencia, gente amigable que, por azares de congéneres como los actuales, crearon el odio, la guerra, la destrucción y las plagas.
El propio planeta les fue poniendo pruebas: guerras, conflictos, cataclismos, abismos, desastres naturales. Ahora quiso respirar y busca un poco de aire contaminado para compartirlo con el hombre. Pero llegó coronavirus, que al igual que sus antecesores gérmenes, quiere recuperar lo perdido. No se requieren cuarentenas, sino racionalidad y equidad. No podemos paralizarnos.
En esa batalla estamos. La guerra está en el aire. ¡El planeta quiere respirar!
BLANCO: Nuestros empresarios han respondido en esta emergencia. Sarmiento se lució con sus $80 mil millones.
NEGRO: A los colombianos varados en el exterior por falta de vuelos ¿quién podrá defenderlos?
Atlanta, 3 de abril de 2020
*Periodista, exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper