Opinión
Por Rodrigo Zalabata Vega.- Imagino aquel 12 de octubre de 1492, en una madrugada que se abrió de pronto sobresaltada por la resonancia del castellano engolado de Rodrigo de Triana: ¡TIERRA! ¡TIERRA!, grito encarapitado en el puesto de vigía de La Pinta con el más puro acento bizarro. Quienes a esa hora navegaban en el sueño de la desesperanza despertaron al sentir que el cielo rogado se abría en dos y la divina providencia les anunciaba el puerto de entrada a Oriente, en un viaje signado justo por la desorientación, que a duras penas se mantenía a salvo del naufragio. En aquel instante la noche debió destaparse como un coco y la luz del amanecer caer como agua dulce, ante la imagen de un oasis seco, multiplicado de palmeras, en el centro de un desierto de agua.
Lejos estaban aquellos navegantes de saber el mundo que se revelaba ante sí. Cuando pusieron un pie en tierra y encontraron la primera nativa, aun creyéndola originaria de la India, debieron temblar de emoción ante una Eva renacida con piel de arcilla y olor a tierra, sin el pecado original porque apenas arribaban con Dios, que podían tomar como cosa natural ahorrándose sacrificar una costilla por ella.
Han pasado cinco siglos desde aquel amanecer que reveló la foto más consagrada del paraíso terrenal, puesta en movimiento por el cinematógrafo de la memoria multicolor de todas civilizaciones que cruzaron su destino alineado al meridiano de Occidente. Aun no es claro lo que significa una fecha que al trasluz de la historia desatada no sabemos si celebrar o lamentar.
Cierto es que la historia sucede un paso adelante, antes que podamos explicarnos las fuerzas intrínsecas que la desarrollan. ¿Qué sucedió aquel día? Algo contrario al destino deseado. La expedición al mando de Cristóbal Colón buscaba establecer una nueva ruta comercial de las especias y los metales preciosos con Las Indias, ya que el imperio Bizantino había caído en manos de los turcos con la toma de Constantinopla en 1453, la ciudad bisagra entre occidente y oriente, al tiempo de la camisa de fuerza que sobre la vieja ruta que bordeaba la costa africana imponían los portugueses. La ruta marcada era navegar en sentido contrario hacia el oeste (occidente) hasta llegar al oriente (Las Indias) cercano y lejano que había prefigurado en sus relatos Marco Polo, prevalidos de la idea de la redondez de la tierra; un abismal riesgo que asumían al tratar de surcar el horizonte pues se trataba de una teoría todavía sin demostración.
¿Qué sucedió a partir de aquel día? La toma de un continente por la imposición de una civilización sobre otras. La ventaja militar de tener más templados los metales de la guerra, acompañada de la coerción ideológica del abuso de una religión que blandía un Dios de subjetividad absoluta que anticipaba la hoguera a quien no creyera en él, posibilitó La Conquista que nada tuvo que ver con el corazón.
La prehistoria antes de la historia narrada es la siguiente. Hace 80.000 años, el homo sapiens, erguido de orgullo, después de haber descendido de los homínidos que copaban los árboles y gateado por las planicies africanas, comenzó las migraciones y el poblamiento del planeta. Hoy la ciencia, mediante estudios genéticos desarrollados en los años 80 del siglo pasado, tiene demostrado el curso de la humanidad, a partir de la huella que deja el ADN mitocondrial que trasmite la madre. Todos descendemos de una Eva negra que habitó África hace unos 150.000 años. El hombre americano llega al continente por el estrecho de Bering hace unos 20.000 años, antes que la última glaciación lo separara del resto de sus hermanos de la tierra.
Cuando el hombre europeo llega a América en 1492 lo que ocurrió fue el reencuentro con un hermano que aun siendo niño se extravió de su hogar natal en África, ajeno al centro estratégico de operaciones en que se constituyó Europa, como puerta de entrada y salida entre Occidente y Oriente.
Tal suceso significó el reencuentro de la humanidad entera. El levantamiento cartográfico del hogar que habitamos todos. La misma sensación ecuménica del hombre cuando al pisar la luna pudo divisar la imagen del planeta tierra.
Aquella diáspora de la humanidad que partió de África, en tiempo anterior,pudo habitar el mismo lugar en el gran continente Pangea, pero la evolución geológica ya lo había fracturado en el rompecabezas del mapamundi.
Por eso deberíamos iniciar un viaje imaginario de regreso a África, reunirnos en una noche tribal alrededor del fuego del hogar en memoria de esa Eva negra, después de poner un pie en el continente desorientado del corazón compartido de la humanidad. Para que cada vez que nos encontremos con cualquiera de este género podamos decirle de la manera más coloquial ¡q’hubo hermano!
E–mail
Por Jorge Gómez.- Tomado de El Espectador.-Aún permanecen claras en la retina las imágenes de la más multitudinaria marcha que ha habido en la historia de Colombia, el 4 de febrero de 2008, cuando ríos humanos colmaron las principales ciudades del país exigiendo a grito herido “No más FARC”, en apoyo al gobierno de Álvaro Uribe que con fiereza las combatía.
Fui uno de los que salió a marchar, indignado por la ‘forma de lucha’ que practicaban, la de secuestrar civiles para forzar a un Intercambio Humanitario consistente en trocar a su rehenes por guerrilleros presos. Ese fue el mayor error que las FARC cometieron en su accionar subversivo, pues con el trato inhumano que les dieron a sus cautivos mandaron a la bancarrota su proyecto político. Al final, fueron ellos los que se vieron forzados a sentarse con Juan Manuel Santos a hablar de paz.
Ocho años después de esa marcha la situación se invierte, y con el mismo cariz trágico-dramático. Si hemos de creerle al genial caricaturista Matador, “Álvaro Uribe y su pandilla secuestraron literalmente a la paloma de la paz. Teníamos un proceso y ya no está. Estamos en un limbo, en una incertidumbre, en una encrucijada, y veníamos de un sueño”. (Ver entrevista a Matador y ver paz secuestrada).
Si hace ocho años el sueño era liberar a Íngrid Betancourt, a los once diputados del Valle y a centenares más, ese sueño se transformó en la pesadilla que comenzó el domingo 2 de octubre, cuando el rencor del hombre urbano que ve la guerra por televisión le ganó la partida al perdón del campesino víctima del conflicto. Absurdo, a más no poder.
Pesadilla también para el incisivo columnista Adolfo Zableh, quien comenzó a ver la trama política como un filme de terror, coincidente con el Halloween: Uribe “parece uno de esos asesinos de películas que tiene amarrada a su víctima y la víctima somos nosotros. Podremos suplicar, llorar, tratar de hacerlo entrar en razón, que no va a servir”. (Ver columna).
Y para no permitir que se cerrara el telón de lo macabro, así se expresó Daniel Samper Ospina: “desde hace dos semanas en Colombia todo sucede al revés: el estamento pide guerra y la guerrilla pide paz; Pacho Santos ofrece declaraciones que brillan por su sensatez; el presidente no logra hacer la paz, pero obtiene el Nobel; los uribistas que antes pedían acelerar el proceso, ahora piden calma para renegociarlo; y el gobierno, que se tomó años en sacarlo adelante, ahora exige celeridad”. (Ver columna).
Es bien llamativo que Matador, Zableh y Samper Ospina, tres personas talentosas y divertidas que desde sus respectivas tribunas de opinión ponen a pensar al país, hayan coincidido en mostrar el mismo panorama terrorífico, espantoso, sobrecogedor. Si no fuera porque lo expresan desde las trincheras del humor, no daría espacio para la risa sino para la desazón y el crujir de dientes. Estamos ante una situación muy delicada, y parece que la única salida para impedir que nos roben la paz es la movilización popular. En tal dirección son reconfortantes las marchas que han comenzado a gestarse, sobre todo entre la juventud y el estamento universitario, pero no es suficiente.
Luego del vuelco de 180 grados que desde aquel domingo aciago tiene a Colombia en semejante atolladero, está haciendo falta la contramarcha que nos permita pasar del ‘No más FARC’ al ‘No más Uribe’. Qué bueno sería entonces para la salud democrática de nuestra nación si pudiéramos juntar en el sitio más concurrido de cada pueblo y ciudad de Colombia a los que quieren cantarle al senador Álvaro Uribe “toda la hartura, todo el fastidio, todo el horror que almacenan nuestras odres” cada vez que sabemos de la última triquiñuela que se inventó para seguir haciendo invivible la República. Si ayer la zozobra o el pánico colectivo lo causaban las FARC, hoy lo producen con la misma o mayor intensidad este exmandatario y su dañino combo.
En días pasados acogí entusiasta en mi página de Facebook la iniciativa que alguien, no sé quién, lanzó de organizar una marcha para decir No más Uribe. De puro desocupado se me ocurrió compartirla también en el grupo ‘Un millón de voces por la paz’, con casi 15.000 miembros, y fui el primer sorprendido al ver la acogida que tuvo y la posibilidad real de cuajar esta original protesta, no con el ánimo de fomentar el odio contra un individuo en particular, como dijo alguna voz respetable de la izquierda, sino con el loable y altruista propósito de contribuir a remover el más grande obstáculo que hoy presenta el camino de la paz.
Cuando estábamos a milímetros de darles cristiana sepultura a las FARC e incorporarlas sin armas a la vida política, se presenta este confuso avatar donde ni los promotores del NO sabían que iban a ganar. Ellos tampoco creían en los engaños que con confesa mendacidad y en estrecha complicidad con centenares de pastores evangélicos inventaron para confundir al electorado. Esto es tan cierto que varios miembros del Centro Democrático tienen demandado el plebiscito, y después de haberlo ganado quisieron echar las demandas atrás pero no pudieron, y la única luz al final del túnel estaría en que la Corte Constitucional o el Consejo de Estado desde el lado de la juridicidad les dieran la razón a los demandantes…
Pero vamos al grano, como dijo el dermatólogo: hay alguien dedicado a ensuciar el agua donde todos nos bañamos, para que no se note lo sucio que él está. en busca de alcanzar este objetivo necesita desmontar la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) y su táctica consiste en dilatar, prolongar, estirar, armar el caos de aquí a 2018, para luego aparecer como el salvador con su candidato a la presidencia.
Ante tan alarmante, agobiante, deprimente y aberrante situación urge poner la escoba detrás de la puerta y exigir, o si fuera el caso implorar: Señor expresidente Uribe, permítanos por favor disfrutar de la paz con la que están de acuerdo la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Comunidad Europea, los gobiernos de EE UU, China y Rusia, el Comité Noruego del Nobel de Paz, el Dalai Lama y hasta el mismísimo Papa Francisco. No más, señor Uribe, ¡deje a Colombia en paz!
Si la memoria no me falla, la marcha está anunciada para el 2 de Diciembre.
DE REMATE: Al presidente Nicolás Maduro hoy le pasa lo mismo que al expresidente Uribe: está subido sobre un tigre del que si se baja, el tigre se lo come.
Por Alberto Barrera Tyszka.- Antes de salir de vacaciones, dejando al país en un incendio, Nicolás Maduro se despidió de un grupo de seguidores preguntando lo siguiente: “¿Ustedes quieren enfrentarse otra vez en la vida a la tragedia circunstancial que nos tocó vivir el 6 de diciembre que nos ganara la oligarquía? ¿Ustedes se van a calar otras elecciones donde la oligarquía tenga algún triunfo?” Fue la justificación más clara y directa de la actuación del CNE esta semana. Esas preguntas, lanzadas en voz alta y en tono camorrero, son el único argumento que se esconde detrás del silencio de Tibisay Lucena.
No habló Maduro de fraude. No mencionó ninguna de las supuestas denuncias que ha invocado el oficialismo. Maduro habló con las cuerdas vocales en el duodeno. Habló desde el miedo. Desde la intolerancia. Desde el autoritarismo. Maduro nos dijo que no se cala la democracia, que no acepta que otro, distinto a ellos, pueda ganar las elecciones. Ese mismo día, por cierto, ante un grupo de sus seguidores, Donald Trump también aseguró que solo reconocería los resultados electorales si él quedaba como ganador. La vida suele regalarnos casualidades que son relámpagos.
Después de realizado el sicariato judicial, Nicolás Maduro se comunicó nuevamente con el país. Como si no pasara nada demasiado especial. Desde Azerbaiyan y por teléfono, con voz calmada y con una naturalidad indignante, el Presidente hizo un llamado “a la tranquilidad, al diálogo, a la paz, al respeto a la justicia y al acatamiento de las leyes, a que nadie se vuelva loco” Hay un Nicolás Maduro para cada ocasión y circunstancia. Cuando habla con los suyos es feroz, no tiene matices. Cuando quieres expresarse como Presidente, ensaya un tono más ecuánime. Cuando habla con Rodríguez Zapatero, dice lo que la inocencia de Rodríguez Zapatero desea oír. Esta tal vez sea la mayor herencia de Chávez: la organización del delirio. La tranquilidad de que se puede hablar y actuar de forma contradictoria y antagónica sin morir en el intento. La certeza de que se puede mentir sin consecuencias.
El día de ayer, Diosdado Cabello, como vocero del partido de gobierno, dio una rueda de prensa donde nos ofreció otra versión de lo que ha ocurrido esta semana. Es un relato asombroso: la policía secreta ha detenido a un joven concejal del Táchira (cuya esposa ha denunciado que lleva dos días “desaparecido”) y, según asegura Cabello, en su teléfono celular han encontrado todo un nuevo y macabro plan subversivo de la oposición. Ahí, entre chats y archivos de notas, descubrieron la secretísima y violenta agenda con la que la oposición pretendía utilizar la validación de firmas para “tumbar a Nicolás Maduro”. El PSUV es la impunidad envasada al vacío. Actúa como fuerza militar, como cuerpo policial, y convierte una especulación en algo fáctico. Cabello nos habló como si sus hipótesis fueran confirmaciones. Secuestran a un ciudadano, lo acusan de ser terrorista y, a partir de ahí, descalifican al adversario político, suspenden la vía electoral y se imponen como un poder que está más allá de la democracia. Los golpes de Estado son para el oficialismo lo que fueron las armas de destrucción masiva para George W Bush.
Pero después de todo esto, por supuesto, Diosdado Cabello invocó el diálogo, el respeto a las reglas del juego, la necesidad de la mediación, la importancia de garantizar elecciones y procesos transparentes…¿Cuál Diosdado es más real? ¿El que baja la voz y convoca al diálogo o el que aparece en un show, con un mazo de cavernícola, amenazando a la oposición? Ambos son el mismo. Ambos saben que pueden decir lo que sea. Que nada importa. Que luego harán otra cosa. Lo que haga falta. Lo necesario para permanecer en el poder. Para que sus privilegios sean irreversibles.
¿Cómo se lucha contra esto? ¿Cómo se combate a quienes no honran sus palabras? La convivencia humana, en cualquiera de sus formas, depende de una mínima fe en las palabras. El oficialismo ya pasó un límite. No solo frente a la MUD o la comunidad internacional. Pasó un límite frente a todos los venezolanos. Ya sabemos que ellos también lo saben: no son mayoría. Ya sabemos que mienten descaradamente. Que no quieren contarse. Ya sabemos que solo podemos creer en sus amenazas; no en sus promesas. El oficialismo ha perdido su capacidad de ser esperanza. Puede tratar de seguir imponiéndonos su silencio. Pero ya no tiene nada que decirnos sobre nuestro futuro.
La política también es un acto de lenguaje ¿Es posible dialogar con alguien a quien ya no le creemos nada? ¿Se puede hablar con quien no quiere escucharte? ¿Cómo? ¿En qué condiciones? ¿Cómo se sigue una lucha democrática en un contexto autoritario? ¿Qué frase viene después de la palabra dictadura?
Por Diego González.- El problema no es la reforma tributaria, finalmente todo se paga con los impuestos, el problema es la percepción bien fundada que tiene la sociedad Colombiana de que las cargas tributarias no se ven reflejadas en la inversión que se requiere, eso sumado a los actos de corrupción que son la capa de grasa que tapona las arterias del desarrollo de los pueblos, y la insatisfacción de los más necesitados que tampoco se benefician con los esfuerzos de los que pagan los impuestos.
Es indignante que la educación en Colombia no alcance para los estratos más bajos, por qué razón los jóvenes de los estratos cero, uno y dos no pueden ser médicos, abogados, economistas , administradores etc, porque tienen que conformarse con carreras técnicas, como enfermeros , auxiliares de cocina, auxiliar de sistemas o cualquier otro programa, que de ninguna manera son motivo de vergüenza, por el contrario son una alternativa digna para capacitar nuestros jóvenes, pero no nos digamos mentiras, ¿que padre no quiere ver a su hijo convertido en profesional y con las mismas oportunidades que cualquier otro joven?.
Sin embargo, el país está muy cerca de enfrentar una profunda crisis, por lo que la reforma tributaria resulta no solo necesaria sino urgente, el hueco fiscal es de un poco más de 30,5 billones a la fecha y por diferentes causas, entre otras por la inesperada baja en el precio del petróleo, lo que indiscutiblemente obliga al gobierno nacional a buscar una solución inmediata.
Con esta propuesta el gobierno tendrá, el próximo año, ingresos adicionales equivalentes a 0,8 por ciento del producto interno bruto (PIB), es decir, unos 7,2 billones de pesos, para 2018 daría recursos de un punto del PIB, hasta llegar a representar 2,7 del PIB en 2022.
Algunas bondades del proyecto de ley se van a ver representadas en sectores sensibles, por ejemplo el sector de la salud recibiría 1,5 billones de pesos adicionales, también el sector vivienda para aquellos inmuebles que no superen los 800 millones de pesos en su valor quedarán exentos de IVA, en el caso del empleo el gobierno ha señalado que con incentivos tributarios, como bajar el impuesto de renta, las empresas podrán llegar a zonas afectadas por el conflicto generando oportunidades de trabajo.
Lo cierto de todo es que para poder justificar un tema tan impopular como el aumento de impuestos, en un país donde no existe cultura tributaria y en donde a diario la opinión pública recibe noticias de grandes actos de corrupción y dilapidación de recursos públicos, se requiere ganar la confianza de los sujetos pasivos de esta reforma, es decir del pueblo, y segundo generar al margen de esta reforma, otras tendientes a disminuir las brechas existentes en desigualdad y concentración de la riqueza.
La verdadera brecha social no radica en que existan muy pocos con demasiada riqueza o muchos demasiado pobres, la verdadera brecha se origina cuando existen muy pocos con acceso a la educación superior y la gran mayoría de jóvenes están sumidos en el analfabetismo o en las carreras intermedias que generan desventajas en el mercado laboral y que siempre pondrán por debajo a los de menos recursos.
Por Jairo Gómez.- Se elige al nuevo jefe del Ministerio Público. Tres connotados juristas aspiran a ocupar la jefatura que vela porque los funcionarios estatales cumplan con sus deberes so pena de ser sancionados.
De cada uno de los candidatos, sin embargo, se habla que estarían inhabilitados para ocupar dicha dignidad: Fernando Carrillo, por una vieja sanción de la que fue objeto por la entidad que aspira a regir; José Perdomo, por configurarse la puerta giratoria en el momento que lo ternó la Corte Suprema de Justicia; y María Mercedes López, por no haber cumplido un año desde que dejó su cargo en el Consejo Superior de la Judicatura. Dicen juristas que la aparente inhabilidad de López, es subsanable. Pero bien, esto es tema de abogados.
Vayamos a lo que nos atañe, a lo político. Cómo se mueven las fichas, desde el poder. Cómo el gobierno del presidente Santos, logra que la Unidad Nacional se mantenga lubricada para garantizar apoyos no sólo legislativos sino en favor de la paz. Deshojemos la margarita que desde la Casa de Nariño todos los días riegan con agua dulce.
En el palacio saben que la elección del procurador es mucho más que eso, es el futuro de la paz y el reacomodamiento del pugilato electoral para el 2018, y no puede darse el lujo que las huestes se le muevan del ring.
De lograr el partido Liberal la Procuraduría en favor de Carrillo, lo dejaría en inmejorables condiciones para enfrentar los comicios venideros: gobiernan la Registraduría, la Contraloría y ahora quieren el Ministerio Público, es decir, pan y pedazo debajo del brazo. La exquisita torta da para emplear a más de quince mil personas.
Ese regateo burocrático es el que da fortaleza electoral y en Cambio Radical no se cruzan de brazos; aunque controlan la Vicepresidencia, las cuatro ‘G‘ y en su haber cuentan con la Fiscalía General de la Nación y su poder burocrático, le quieren empantanar la aspiración al exministro. El Partido de la U tiene al presidente de la República y de sus filas salió el Defensor del Pueblo, pero eso no quiere decir que van a bajar la guardia y que al liberalismo le faciliten las cosas, elecciones son elecciones.
¿Y los Conservadores? No hay vuelta de hoja: es el comodín con que cuenta Santos para desempantanar sus propósitos legislativos y de paz.
La fama de puesteros es irremediable, por eso están en la Unidad Nacional. Más allá de los ministerios que regenta, una división interna los dejaría sin el control de la Procuraduría. Los divide la nostalgia ordoñista que, dicen, los trató muy bien burocráticamente, pero se les olvida que a ¡rey muerto rey puesto! ¿Le conviene esta división azul al presidente Santos? Uribe está al acecho y con sus pérfidos guiños podría catalizar ese descontento y eso, para el 2018 y el futuro acuerdo con las FARC, sería fatal.
¿Se respetarán los acuerdos? De ser así a los godos les correspondería el Ministerio Público, o noqueados los conservadores ¿para qué la Unidad Nacional?
Las paradojas de la política o politiquería nacional: son 17 los senadores de las minorías: Quince suman los verdes, el Polo y Opción Ciudadana más los dos indígenas, es decir, igual número de senadores liberales uno menos que los conservadores y no tienen posibilidad de acceder a uno de los órganos de control.
Así es la política en Colombia.
Por Horacio Serpa.- Por fin se presentó al Congreso el proyecto de ley sobre Reforma Tributaria, largamente anunciado por el gobierno nacional. Un proyecto del que dicen sus autores que es estructural, cuando todo el mundo sabe que tiene la intención de corregir unos presuntos excesos tributarios contra el sector productivo, de mantener muchos de los privilegios, exenciones y deducciones injustificados con el argumento de que se van a eliminar, y de cubrir los faltantes con cargas tributarias a los pobres y a la clase media, recurriendo especialmente al más regresivo de todos los impuestos, el IVA.
Equivocado, inoportuno e injusto lo que se pretende hacer. Preferible hubiera sido que el gobierno no presentara la Reforma, como lo solicitó el Partido Liberal. Ahora, el Congreso la estudiará a la ligera, bajo presiones, sin análisis serios, continuando así las rachas reformistas que cada vez hacen más incoherente el Estatuto tributario, y más injusto, hasta que el “el caucho” no estire más, se reviente, y venga la debacle. Nuestros ilustres hacendistas no recuerdan el episodio de la Revolución de los Comuneros.
Existe gran inconformismo, pero muchos apuestan a que, como siempre pasa, el estratega mayor del Ministerio de Hacienda, inteligente y hábil como pocos, logre en el Congreso las mayorías aprobatorias que alumbren tal adefesio. Es posible, pero no será tan fácil como en las anteriores ocasiones, porque ya se sabe que se trata de una propuesta regresiva, inconveniente para pobres y clase media, perjudicial para sectores sociales y empresariales. El Congreso está “entre el tíbiri y el tábara”.
El propósito alcabalero recibió la primera descarga cuando el primer anunció señaló que se subiría un 5% del IVA a los libros y a los cuadernos escolares, que los productos de la canasta familiar subirían del 16% al 19% y se afectarían las pensiones. ¿Qué clase de locato podría estar de acuerdo con semejante despropósito? Ya reculó el Ministerio sobre pensiones y canasta familiar, pero muchos sabemos que el 50% de los productos que realmente la componen están gravados y serán objeto del aumento.
Otras noticias desagradables se conocieron. Pagarán impuesto de renta trabajadores y empleados de pequeños ingresos, y el llamado “monoimpuesto”, que más parece un mico gigante, pondría a pagar a los tenderos, a los peluqueros y zapateros, a vendedores estacionarios y a profesionales de mínima renta. Un directivo de la Asociación de tenderos de Bucaramanga me dijo: “el mono impuesto es letal para los tenderos”.
También se gravarán los computadores, los desarrollos tecnológicos, la ciencia y la cultura, aumentarán los impuestos a la gasolina, a las gaseosas y a infinidad artículos que son de vital importancia para asalariados y clase media. Se eliminarán beneficios que permiten la construcción de vivienda de interés social. ¡No hay derecho!
El desempleo aumenta, se encarecen los productos de primera necesidad, las condiciones laborales son precarias y crece el inconformismo y la frustración. Los liberales no aprobaremos impuestos regresivos e injustos. Ni el IVA ni otros que afecten al pueblo.
Por Luis Fernando Rosas Londoño.- Gracias a la Representante a la Cámara María Fernanda Cabal, los Senadores Alfredo Ramos, Paola Holguín, Paloma Valencia y el Concejal de Bogotá Marco Fidel Ramírez, la demanda impetrada por ellos sobre el plebiscito, le entrega oxigeno más al gobierno que a la oposición; dicen los demandantes: “La pregunta no fue clara, fue compuesta, sugestiva y confusa”.
Queda claro, que nunca pensó el Gobierno en perder el plebiscito y sí que menos la oposición, que es diversa, en ganarlo; pero estos resultados servirán para encauzar aún más el éxito de las negociaciones por difíciles que parezcan. Lo que observo es que los demandantes se “autodestruyeron con dicha acción” ni el Gobierno estaba preparado para perderlo y la oposición ni se imaginaba ganarlo.
Se le apareció la “Virgen del Carmen” al gobierno con la demanda del Centro Democrático ya que por competencia la Corte Constitucional debe estudiarla y respondernos rápidamente a los colombianos pues esta por norma no se puede retirar.
El primer error en su presentación fue que se hizo ante el Consejo de Estado y por competencia es de la Corte Constitucional, por ser de control especial, además esta es una acción pública, cuando es sobre la validez de un mecanismo de participación no se puede retirar ni desistir ya que una vez iniciado su estudio debe terminarse. Lo que en conclusión por sustracción de materia la pregunta que convocó al plebiscito y que fue demandado por el Centro Democrático se debe caer, se queda sin peso legal por la demanda instaurada por los Congresistas y el Concejal este último en conversaciones para pertenecer a este partido.
Comete un error la Congresista Cabal al pretender retirar su demanda en contra del decreto que estableció la pregunta del plebiscito por la Paz, ya lo explique pero lo repito, no se puede retirar porque es una acción pública y la Corte Constitucional debe estudiarla a fondo. Al caerse el decreto, con su pregunta en términos legales, me cuestiono que debió haber hecho el Centro Democrático?
Por diferentes voces, hace tiempo, el propio Presidente Juan Manuel Santos los invitó a dialogar, se debe recordar la carta del paisano Timochenko al Ex Presidente Uribe, las múltiples invitaciones de voceros autorizados al Centro Democrático hasta este humilde columnista renunció a un cargo en Bogotá, la dirección del Instituto Distrital de Turismo, con la tesis “La Paz es Con Uribe”, pero fue tal la brutalidad política que por invitarlos y para “blindar” la paz desde la sociedad civil si ganaba Zuluaga, lo único que recibí fue señalamientos por hablar de Paz.
¡Es lógico, como muchos no saben “leer el vuelo de las aves”!
En conclusión llegó la hora de la Paz y todos los Colombianos rodeamos la decisión que asuma el Presidente Juan Manuel Santos, es una negociación entre él y las Farc. La Constitución le entrega todo, bienvenidos los aportes del No pero jamás sobre la base de no elegibilidad ni cárcel, en ningún proceso de resolución de un conflicto se actúa con odio y revanchismo. Además se hace urgente que salidas como un segundo plebiscito, y hasta una Asamblea Nacional Constituyente no se descarten, todo ello teniendo como soporte la demanda del Centro Democrático a la pregunta del plebiscito….
Por Jorge Enrique Robledo.- Jean-Baptiste Colbert, ministro de Finanzas de Luis XIV, decía que las reformas tributarias eran el arte de desplumar al ganso sin que chillara demasiado. Y en eso andan Juan Manuel Santos y Mauricio Cárdenas, intentando dejar a los sectores populares y a las clases medias sin una pluma, pero que a punta de demagogia les queden agradecidos, mientras que a las trasnacionales, a los superricos del mundo, les reducirán los impuestos, haciendo de su reforma la peor que pueda concebirse.
La reforma tiene tres pilares. Primero. Aumenta los impuestos indirectos en nueve billones de pesos –IVA, consumo, combustibles y bebidas azucaradas–, que, como se sabe, golpean muy duro a los sectores populares y a las clases medias y nada a los magnates, con este agravante: es falso que los impuestos nacionales los paguen solo las trasnacionales y unas pocas empresas más. Porque el cincuenta por ciento lo aportan los indirectos, contando a los citados y al cuatro por mil y los aranceles, y otra gran parte corre por cuenta de la clase media empresarial, los trabajadores por cuenta propia y los empleados. El carácter regresivo de los impuestos indirectos no ofrece dudas. Porque castigan por igual al que tiene mucho que al que tiene bastante menos o casi nada y porque casi todos los ciudadanos son pobres y clases medias, en tanto hay poquísimos Carlos Slim y Luis Carlos Sarmiento Angulo.
Segundo. También castigará más a la clase media el monoimpuesto a los tenderos, que se cobre retención en la fuente a partir de los 1.5 millones de pesos y reducir de 3.4 a 2.7 millones los ingresos mensuales desde los que se tiene que declarar renta, para poner a tributar más a otras 500 mil familias.
Tercero. En contraste, el impuesto de renta disminuirá en 1.89 billones de pesos –y eso que aumenta el de la clase media–, porque, principalmente, a los más poderosos, trasnacionales y banqueros, se los reduce de 43 a 32 por ciento. Y enfatizo en estos porque a las empresas pequeñas y medianas apenas les baja del 34 al 32 por ciento, cuando deberían pagar una tasa bastante menor que las enormes. El carácter regresivo de la tributación colombiana no lo define solo el peso de los impuestos indirectos en el total sino que el Gini de empresas sea altísimo, 0.82 –el de personas es 0.53–, y que todas paguen igual tasa de renta, cuando, por ejemplo, en Estados Unidos se escalonan según las ganancias, entre el 15 y el 39 por ciento (Dian. Lo nuevo que se pagará por sectores 2017-2022: http://bit.ly/2dHAXjc).
Lo muy regresivo de la reforma y que la ordene la OCDE no significa una coincidencia. Porque su principal objetivo es servirles a las trasnacionales, empezando por las norteamericanas y europeas.
Coletilla larga: No digo que el estrellón de la Unidad Nacional y el Centro Democrático por el proceso de paz obedezca a un acuerdo, pero que parece, parece, en razón de que políticamente les conviene a las dos fuerzas que aspiran a repartirse a Colombia, y lo hacen con tanta agresividad que obligan a pensar en la confrontación liberal-conservadora de hace décadas, cuando a cada colombiano, enceguecido por los odios que le inyectaron desde arriba, lo obligaron a ser liberal o conservador, mientras que sus jefes políticos promovían en el país el mismo pésimo modelo económico, social y político.
¿Cómo no tener presente que Santos y Uribe, con sus aliados y coroneles políticos, por 26 años, han compartido el poder y se han acordado en todo lo negativo para el país –neoliberalismo, apertura, privatizaciones, TLC, Consenso de Washington, etc.–, pero no han sido capaces de ponerse de acuerdo en cómo desarmar a las Farc, algo que sin duda nos conviene a cada uno de los colombianos? ¿O cómo olvidar que Santos fue ministro de Pastrana, que a Santos I lo escogió Uribe y que a Alejandro Ordóñez lo eligieron primero los uribistas y luego los santistas, así como que los dos trabajaron con Montealegre y respaldan al fiscal Martínez? ¿Y no es cierto que con suma frecuencia un congresista santista es un ex uribista? Quien se deje obnubilar por cualquier tema, por noble que lo considere, en este caso propicia que Colombia se quede anclada en una situación indeseable (http://bit.ly/2f0wHNZ).
Bogotá, 21 de octubre de 2016.
Por Amylkar D Acosta M.-De acuerdo con el más reciente Informe sobre el desempeño fiscal de los departamentos sus ingresos propios alcanzaron los $8,1 billones en 2015, de los cuales $6,7 billones corresponden a ingresos tributarios y $1,4 a ingresos no tributarios. Por su parte los ingresos tributarios tuvieron una dinámica importante, con un crecimiento real cercano al 13,6% de 2012 a 2015. No obstante, este crecimiento se basó en un aumento generalizado de las estampillas, que pasaron a convertirse en el segundo ingreso más importante de los departamentos con un recaudo de $1,1 billones en 2015. En contraposición, tanto el recaudo del impuesto al consumo de licores como de cigarrillos, tuvo un retroceso en términos reales cercano al 14%, afectado principalmente por el contrabando.
La evidencia en la ejecución de ingresos tributarios de los departamentos, muestra una estructura tributaria agotada, poco representativa y de bajo crecimiento, que busca opciones de expansión en gravámenes como las estampillas, que son considerados antitécnicos y que significan en sí una reasignación del gasto más que un ingreso, porque es pasar dinero de un bolsillo para el otro. Esto hace pensar en la pertinencia de una modernización de los impuestos departamentales que deberá incluirse en la reforma tributaria estructural que acaba de radicar en el Congreso de la República el Gobierno Nacional. Esta necesidad también se hace evidente en términos de la dependencia de los ingresos departamentales con respecto a los recursos de transferencias del Sistema General de Participaciones (SGP), que alcanza a ser en promedio de 36% (¡!) del total de ingresos.
Por el lado de los ingresos departamentales provenientes del Sistema General de Regalías (SGR), estos tienen también una tendencia decreciente, ya que pasaron de $9,3 billones para el bienio 2013-2014 a $8,9 billones para el 2015-2016 y se prevee una caída mayor para el bienio 2017 - 2018. El desplome de los precios de los comoditties y la caida de la producción de petróleo están impactando de manera directa la generación de regalías. Para contrarestarlo se creó en su momento el Fondo de Ahorro y Estabilización (FAE) dentro del SGR, que actualmente maneja más de $10 billones. Dado que el sentido y la finalidad de este es ahorrar en la época de las vacas gordas para cuando llegue la época de las vacas flacas y en las vacas flacas estamos, los departamentos han propuesto que se haga efectivo el año entrante el desahorro de los recursos del FAE y además reformar la ley para establecer que el desahorro del Fondo pueda alcanzar un porcentaje superior al 10% definido actualmente.
Otro de los avances en los ingresos departamentales y que beneficia la inversión territorial, se ha dado con base en la depuración del pasivo pensional que implica un mayor desahorro del Fondo de Pensiones de las Entidades Territoriales (FONPET). Ello se posibilita a partir del momento en que sus recursos superan el 125% del cálculo actuarial del pasivo pensional de cada Departamento. Este desahorro pasó de $115 mil millones en 2012 a $465 mil millones en 2016, además en un contexto en el que del total de las administraciones centrales territoriales, el 67% de ellas dejaron cubierto su pasivo pensional al cierre de 2015. En este sentido, desde hace un tiempo se viene promoviendo la idea de reasignar algunas de las fuentes territoriales direccionadas al FONPET y que ya han cumplido su finalidad primigenia, como el caso de la partida del SGP destinada para este fin.
En cuanto al análisis del gasto departamental la inversión continúa siendo la más representativa, con una participación promedio del 82% del gasto total (sin tener en cuenta el SGR), seguida por el funcionamiento y servicio de la deuda. Los gastos de funcionamiento departamental alcanzaron los $3,9 billones de pesos, y dentro de estos, los gastos pensionales representan cerca del 38%.
Así mismo, se está planteando la necesidad del fortalecimiento del fisco territorial, dado que en los últimos años se ha venido imponiendo una descentralización disfuncional, delegándole más funciones a las entidades territoriales pero sin transferirles los recursos necesarios y suficientes para asumirlas. En este contexto, el Proyecto de reforma tributaria y los ajustes que demanda el SGP, ahora que se retrotrae al Acto legislativo 01 de 2001, se convierten en dos ventanas de oportunidad para los departamentos que no se deben desaprovechar.
Bogotá, octubre 22 de 2016
www.fnd.org.co
Por Julio María Sanguinetti. Tomado de El País.- Tiempo extraño este que estamos viviendo. Por un lado, una revolución científica lleva al saber humano a fronteras cada vez más audaces, cambiando modos de producción y hasta expectativas de vida; al mismo tiempo, se adolece de fundamentalismos anacrónicos que, como fantasmas de un pasado que se niega a morir, invaden las sociedades con su carga de irracionalidad y fanatismo.
La reaparición de las guerras de religión, luego de dos siglos de larga y exitosa secularización, es una contramarcha histórica muy profunda. El islam radical agrede los valores de la civilización occidental con acciones terroristas y se divide con encono, a su vez, entre sus diversas tendencias. Sus agresiones han producido, en nuestro mundo, reacciones tan desproporcionadas y sin objetivo claro como lo han sido las guerras de Afganistán e Irak. Al amparo de ambigüedades y dudas de los gobiernos democráticos, crecen los demagogos xenófobos con su carga de fanatismo. El miedo es un mal consejero y allí están la señora Marine Le Pen y el extravagante Donald Trump para testimoniarlo, con una respuesta popular particularmente preocupante.
Al coincidir en el tiempo este terrorismo religioso con un mundo de migraciones, las pasiones nacionalistas se excitan, contradiciendo un proceso de globalización que, a través de la aceptación de las libertades democráticas, la economía de mercado y los nuevos medios de comunicación, expande los bienes de la técnica, del arte, del entretenimiento, incluso uniformando gustos y hábitos de comportamiento. El reciente Brexit británico, tan distante de su flemática racionalidad histórica, ha sido hijo de un nacionalismo aldeano, de arcaica psicología isleña, en que los viejos de los pueblitos, los nostálgicos del Imperio y los veteranos de innúmeras guerras, le han negado a los jóvenes la permanencia en una amplia Europa que había erigido a Londres en su capital financiera. Muros se levantan por doquier como expresión material del abroquelarse nacionalista.
No faltan tampoco los fundamentalismos democráticos, que asumen que una mayoría electoral les atribuye el poder absoluto para atropellar la separación de poderes y perpetuarse en el gobierno. Los populismos latinoamericanos son un cumplido ejemplo de cómo una elección se transforma en un mito refundacional que termina con las instituciones de las que nació. El chavismo es un enfermizo paradigma.
En otra dimensión política del mismo fenómeno fundamentalista, nos encontramos con la iracundia identitaria que impide toda negociación. Es otra resurrección del pasado. Ya Tucídides, en su Historia de la Guerra del Peloponeso, nos decía que “la causa de todos los males era el deseo de poder inspirado por la codicia y la ambición y de estas dos pasiones, cuando estallaban las rivalidades de partido, surgía el fanatismo”. A lo que agregaba: “[...]Así fue como la perversidad en todas sus formas se instaló en el mundo griego, a raíz de las luchas civiles, y cómo la ingenuidad, con la que tanto comulga la nobleza de espíritu, desapareció víctima del escarnio”.
No faltan tampoco los fundamentalistas ecológicos, con sus utopías románticas, que —desbordadas más allá de su benéfica alerta— nos llevan a tiempos mitológicos, como aquella edad de oro que evocaba el Caballero de La Mancha. Y ni hablar de los económicos, curiosamente provenientes tanto de la izquierda materialista como de la derecha ultraliberal, convencidas ambas de que la economía predomina sobre todas las otras dimensiones de la sociedad y el espíritu.
La racionalidad científica también tiene su patología, históricamente simbolizada en el monstruo engendrado por la ambición del doctor Frankenstein. Hoy los monstruos aparecen, en ocasiones, en Corea del Norte, con un pequeño maniático que sueña con bombas atómicas, o bien —más sofisticadamente— en el pensamiento occidental, en las construcciones teóricas de quienes creen —como lo decía Saint-Simon— que “en el nuevo orden político las decisiones deben ser el resultado de demostraciones científicas totalmente independientes de la voluntad humana”. En una palabra, terminamos con la política y los políticos, sin advertir que la conducción de las sociedades no es reductible a ecuaciones.
De todo lo cual resulta, paradójicamente, que, en medio de una explosión científica, la razón ha de seguir en combate. Y que el proyecto de los Iluministas, inspirador de las grandes revoluciones liberadoras, no se ha consolidado tanto como en algún momento creímos alcanzar.