Opinión
Por Adriana Matiz*.- Tres décadas ya completa nuestra Constitución. Esa misma que busco cambiar radicalmente este país sobre la base de buenas intenciones y los buenos colombianos.
Desde entonces, sin lugar a dudas Colombia ha cambiado, pero cada vez que superamos un reto, siempre aparece uno nuevo y la respuesta al mismo es lenta o incluso inexistente, como si tuviéramos que irnos acostumbrando a convivir con el mal de moda como forma de vida.
Treinta años y aún no se encuentra el camino correcto para que nuestro país no solo sea viable, sostenible y eficaz, sino que por lo menos logre generar esperanza a los ciudadanos.
Como si el mundo se hubiera detenido, de unos meses hacia acá, nuestros problemas no cambian y las soluciones a los mismos siguen sin aparecer. Ninguno de los candidatos presidenciables ha deslumbrado con una propuesta clara de cómo dar el giro hacia unas verdaderas soluciones, pues poco podemos esperar ya de este gobierno, al que se le agotó el tiempo y la conexión con la ciudadanía, por lo que pareciera más interesado en heredar esa responsabilidad al próximo.
Con un nivel de pobreza del 42%, nuestro país está por encima de la media regional en más de 12 puntos. Esto hace que más colombianos demanden ayudas del Estado, lo cual es incierto y hasta imposible por el momento, pues como fue advertido hace meses, el recurso se está agitando.
La devaluación es otro de los temas económicos que debería pasar al tablero como fundamental en el 2022. Para el año 2012, nuestra tasa representativa del mercado se encontraba por debajo de los $1.800, casi 10 años después se encuentra en más de $3.600, y rondando los $3.800, lo que denota que nuestra moneda en diez años llega devaluada en más de un 100%. Contrario a esto, el salario mínimo mensual, paso de $566.700 a $908.526 pesos, disminuyendo comparativamente los ingresos de los colombianos y con ello su capacidad de compra.
Ni siquiera los problemas internos de costos del Estado están sobre el tintero, nada se ha dicho de la necesaria reducción del gasto burocrático. No aparecen propuestas de medidas urgentes como disminución de los gastos del Congreso, ya sea por vía de eliminación de curules o salarios; eliminación del gasto militar excesivo; o la liquidación de entidades públicas con funciones similares o ineficientes.
La nueva estructura tributaria que requiere el país tampoco se vislumbra. No solo es necesario que se busquen más fuentes de financiamiento, sino que se tenga claro quiénes y en qué condiciones deben asumir esa carga. No podemos darnos el lujo de desatar nuevamente el rechazo popular a la reforma ni mucho menos dejar de presentarla, más temprano que tarde, el gasto social quedaría sin fuentes serias de financiación y la crisis social aumentaría.
Esperemos a ver qué sucede este segundo semestre, si explotan las ideas; solo eso haría pensar que esto sería diferente, porque si le dejamos el futuro a la capacidad propositiva actual, es muy poco con lo que se puede uno ilusionar, sería más de lo mismo.
Ibagué, 6 de julio de 2021
*Representante a la Cámara del Partido Conservador por el departamento del Tolima.
Por Juan Camilo Restrepo*.- En un país cada vez más polarizado, y ahora con el reavivamiento de rescoldos criminales de vándalos destructores en varias ciudades del país, no le hemos dado la trascendencia que merece haber la noticia de Glencore sobre la adquisición a sus socios de la totalidad de las acciones en el complejo carbonífero del Cerrejón.
La decisión anunciada por Glencore consiste en un negocio cuyo valor asciende a los US$ 588 millones, en virtud del cual esta empresa suiza queda como única accionista del Cerrejón, después de comprarle a sus socios Anglo América y BHP las participaciones accionarias que estas dos empresas poseen por terceras partes en el complejo minero del Cerrejón, la segunda mina a cielo abierto más grande del mundo. Esta noticia se une a la que divulgó Drummond hace algunas semanas para aglutinar en una sola empresa varios títulos mineros que posee en la cuenca del Cesar.
Estas noticias tienen especial significado en un momento en que algunos comentaristas se estaban apresurando a extenderle al carbón certificado de defunción. Es evidente que este combustible fósil aparece como el patito feo en todos los cuestionamientos que últimamente, y cada vez con más fuerza, se escuchan contra las energías fósiles. Y ello es cierto. Pero no es menos evidente que Colombia tiene magnificas reservas de carbones térmicos de muy buena calidad en la cuenca minera del Cesar a la Guajira; que ha hecho allí inmensas inversiones en los últimos 40 años; que cuenta con un ferrocarril (Fenoco) que recoge a lo largo de su trayecto los carbones allí producidos para llevarlos a un moderno puerto de exportación que tenemos en la Guajira. Es igualmente cierto que los empleos que allí se producen son inmensos, como lo son también los impuestos y las regalías que perciben los municipios y los departamentos donde están ubicados los yacimientos carboníferos. Esta es una inversión que el país no puede dejar tirada en mitad del camino, así algunos malquerientes del carbón lo quisieran bajo el entusiasmo de consideraciones ambientales y del cambio climático.
En este sentido Colombia es un país especial: estamos haciendo y debemos continuar los esfuerzos para diversificar la matriz energética con fuentes fotovoltaicas y eólicas. Pero al mismo tiempo tenemos demasiada inversión social ya sembrada en esta cuenca del Cesar-Guajira como para que nos sea indiferente lo que acontezca en el mundo del carbón. Por eso la noticia originada en Glencore, y la magnitud de la inversión que ella entraña, son una voz de confianza en el carbón colombiano. Cuando otras mineras se están saliendo del negocio del carbón.
El mercado del carbón que siempre va de la mano de la suerte del petróleo ha tenido un notable repunte en los últimos días. El precio de la tonelada del carbón térmico colombiano que llegó a estar a niveles de US$ 30-40 dólares no hace mucho tiempo, ahora ha tenido un interesante repunte hacia niveles de US$ 80-100 dólares la tonelada. Seguramente esta evolución del precio del carbón jugó un papel importante en la decisión anunciada por Glencore. Al mismo tiempo, las cotizaciones Brent (término de referencia para el crudo colombiano) han tenido un alza rotunda en las últimas semanas hasta alcanzar cotizaciones de US$ 70-75 el barril. Todo esto debido a que el mercado internacional de la energía está percibiendo que la recuperación de la economía mundial está tomando fuerza, y empiezan a quedar atrás los estragos de la pandemia en buena parte de los países industrializados.
Si bien el consumo de energía está orientándose cada vez más hacia energías renovables y menos hacia combustibles contaminantes como el carbón, un jugador importante en la economía mundial como es la China, y en general los mercados asiáticos, siguen creyendo en el carbón; continúan construyendo generadoras a base de carbón; y por lo tanto siguen siendo demandantes confiables del nuestro carbón. Tanto más en un momento en que la China tiene rotas relaciones comerciales con Australia que era el otro gran proveedor de carbón al mercado chino.
De manera que los sueños de nuestro novelista Jorge Isaacs, cuando en el siglo XIX descubrió las vetas carboníferas del Cerrejón, parece que no van a convertirse por el momento en las terribles pesadillas que algunos presagiaban.
Bogotá, D. C, 5 de julio de 2021
*Abogado y Economista. Exministro de Estado.
Por Juan Manuel Galán*.- Naciones Unidas publicó su noveno informe mundial sobre “felicidad”. Como era previsible, el Covid-19 hizo que sus resultados fueran atípicos. El estudio incluye percepciones de bienestar en la gente de su vida en general, emociones negativas y positivas. Finlandia sigue ocupando por cuarto año consecutivo el primer lugar como el país más feliz del planeta. Afganistán es el país más infeliz.
Colombia figura entre las tres mayores pérdidas de bienestar causadas por las muertes y el desempleo, como consecuencia del virus. Entre 2019 y 2020, según cifras del DANE, el desempleo en Colombia aumentó 5 puntos porcentuales llegando a 15,9%. De acuerdo con las mediciones de la universidad Johns Hopkins, hemos estado durante toda la pandemia entre los tres países con las peores tasas de mortalidad por millón de habitantes.
Tenemos un establecimiento encabezado por el presidente Duque, desconectado de esta realidad, que habla no de “explosión social” sino de “estallido de emprendimiento”. Dos meses largos de paro nacional y una evidente estrategia del gobierno para prolongarlo y estimular su deterioro violento en forma deliberada. Este no es el primer paro que Colombia ha tenido, los anteriores tuvieron un manejo muy distinto por los sucesivos gobiernos. El diálogo y la negociación prevalecieron para resolverlos. Si bien es cierto que vivimos un malestar social acumulado desde hace varias décadas por problemas estructurales que no hemos enfrentado con las reformas necesarias, este gobierno y su partido Centro Democrático, encontraron la oportunidad de gestar perversamente su nuevo escenario de campaña electoral en el paro.
Mientras tanto la alcaldesa de Bogotá, dejó de ser alcaldesa para volver a ser la Claudia-candidata, metiéndose en la pelea política, lanzando acusaciones sin denunciar ni presentar pruebas para muy probablemente tener que rectificar como ya le ha ocurrido varias veces. Zapatero a tus zapatos, ese lujo de una alcaldesa-candidata no se lo puede dar la capital, en el momento más crítico de la pandemia y con los graves problemas sociales y de inseguridad que experimentan sus ciudadanos a diario. En lugar de gobernar para las encuestas, debe gobernar para los bogotanos, sin tantas estridencias innecesarias.
El problema de Cuba
Para completar el cuadro, desde el pedestal del populismo, el mesías del otro extremo llama a imprimir billetes, dejando ver entre otras cosas lo que sería su “respeto” por la independencia del Banco de la República en un eventual gobierno suyo, suyo propio e individual, porque como en la alcaldía de Bogotá, el gobierno sería solo él. Las peleas, los intereses personales y las aspiraciones políticas deben hacerse a un lado y pensar en el bien común (...) Es un clamor nacional que los líderes y tomadores de decisiones busquemos lo mejor para todos y no sólo para el espectro político particular. Recuerden que fueron elegidos por la gente que depositó en ustedes toda su confianza para gobernar y defender el interés general.
Bogotá, D. C, 4 de julio de 2021
*Exsenador de la República. Politólogo del Instituto de Estudios Políticos de París, Magíster en Política Internacional de la escuela de Altos Estudios Internacionales de Francia. Magíster en Relaciones Internacionales y Seguridad en la Universidad de Georgetown.
Por Amylkar D. Acosta M*.- Este 4 de julio estamos celebrando los primeros 30 años de la proclamación de la Constitución de 1991, aunque en rigor fue solo en la madrugada del 7 del mismo mes y año cuando entró en vigencia con su publicación de su texto en la Gaceta Constitucional, porque lo otro sólo había sido una pantomima, con toda su parafernalia, que tuvo por escenario el Salón Boyacá del Capitolio Nacional, en la que se firmó por parte del triunvirato que presidió la Asamblea Constituye un manojo de papeles en blanco, como lo ha delatado su Secretario general Jacobo Pérez Escobar (¡!).
Entre las novedades que nos trajo la Constitución de 1991 se destaca la elección “en circunscripción nacional” de los senadores de la República, que hasta entonces lo eran por circunscripción departamental, al igual que los representantes a la Cámara. Analizaremos los pros y los contras, las razones de conveniencia e inconveniencia que se esgrimen por parte de quienes la defienden y de quienes la cuestionan.
Un paso muy importante que se dio con la Constitución de 1991 fue el de la profundización de la democracia representativa, llevándola más lejos al establecer desde el preámbulo mismo su espíritu participativo e incluyente, el cual amplía en su artículo 270. Es en este contexto en el que se entiende y hace sentido la apertura democrática que significó la circunscripción nacional para elegir senadores, abriéndole espacio a la renovación de la dirigencia política y a la representación en el Congreso de las fuerzas políticas minoritarias, hasta entonces excluidas.
Con la circunscripción nacional se rompieron, así fuera parcialmente, los denominados con justa razón feudos podridos, los se gestaron y consolidaron al amparo del régimen bipartidista que se entronizó en el país con el Frente Nacional, creado en 1958. Ello le cerraba el paso al disenso, a los nuevos liderazgos, pues los ciudadanos se tenían que resignar a votar siempre por los mismos con las mismas, puesto que la red clientelar tejida por los gamonales de la región se lo impedía. Quien quisiera aspirar al Congreso de la República, ya fuera al Senado o a la Cámara, tenía que jurarles bandera a ellos y someterse a sus reglas y ominosas condiciones.
Ahora, el ciudadano puede votar por el candidato de su predilección, escogiendo entre una amplia gama de aspirantes, simplemente marcándolo en un tarjetón, en lugar de acudir a las urnas como borregos a depositar una papeleta contentiva de su voto, sirviendo como gancho ciego de los proditorios designios de los caciques políticos de turno. Por otra parte, al abrirse el abanico de posibilidades, quien quiera que quisiera aspirar al Senado de la República ahora lo podía hacer sin contar con la aquiescencia de quienes dominaban a su antojo la “plaza”, inscribiéndose en la lista del partido o movimiento reconocido mediante personería jurídica, que son muchos, que mejor le parezca y con el que más se identificara ideológicamente.
Además de romper los feudos podridos, con esta nueva modalidad, además, se posibilitó la proyección a nivel nacional de los liderazgos regionales, dado que para hacerse elegir los aspirantes al Senado de la República deben recorrerse el país, conocer la problemática de las distintas regiones y ocuparse de ella y de esta manera hacerse al reconocimiento del electorado a nivel nacional, no sólo durante la campaña proselitista para hacerse elegir sino en ejercicio de su gestión como parlamentario. Desde luego, que este es el deber ser, que no siempre se cumple.
No han faltado quienes plantean la necesidad de reversarla y volver a la circunscripción territorial para la elección de senadores, debido a los vicios que desvirtúan la letra y el espíritu de la Constituyente, debido a los altos costos en los que se incurre en las campañas electorales y la filtración de recursos non sanctos para su financiación.
Se alega, además, que, en la práctica, no pocos aspirantes consiguen su elección al Senado apelando casi exclusivamente a la cauda electoral de su región de origen, como también a ciertas prácticas a las que se recurre para ir a “pescar” votos, sin compromiso alguno, convirtiendo al electorado en un verdadero mercado persa. Ello ha conducido, además, a que diez de los 32 departamentos se hayan quedado sin representación en el Senado. Por ello nos parece razonable y conducente la propuesta de reforma que cursa en el Congreso de la República que busca garantizar la elección de un senador por Departamento y que el resto se siga eligiendo por circunscripción nacional.
Pero, la verdad sea dicha, muchos de esos vicios que enturbian el proceso de elección de los senadores se replican y se repiten en la elección de los representantes a la Cámara, particularmente lo que hace relación al financiamiento de las campañas, los cuales no se van a erradicar hasta tanto no se adopte su financiación estatal. No se puede seguir cogiendo el rábano por las hojas, los correctivos necesarios para rescatar el espíritu de la Constituyente y proscribir las taras que han venido degradando a la política y al ejercicio de la misma pasan por una reforma política y del régimen electoral de fondo, tal y como lo propuso la Misión Electoral Especial (MEE) en sus recomendaciones.
Cota, julio 3 de 2021
*Economista. Expresidente del Congreso y Exministro de Minas y Energía.
www.amylkaracosta.net
Por José Félix Lafaurie Rivera*.- “No puede ser un proceso unilateral y ciego (…), solo tiene sentido si nos permite exportarles carne y leche”, planteó Fedegán en 2004, cuando iniciaron las negociaciones del TLC con Estados Unidos. Cuando se firmó, en 2006, ante los negativos resultados para la ganadería, afirmé públicamente que “sin acceso real al mercado de USA, el TLC no es ni moral ni políticamente defendible”.
Hoy, 15 años después, sigue siendo indefendible para la ganadería, pues mientras los cupos para vendernos leche sin arancel se copan y se sobrepasan por un arancel extracupo también favorable, no hemos logrado exportar un kilo, ¡ni uno solo! de carne a ese mercado, lo cual no se compadece con el esfuerzo ganadero para sostener el estatus de país libre de aftosa, que ha sido argumento para semejante desequilibrio.
Afortunadamente, a partir del desplome del mercado venezolano en 2009, Fedegán, a través del Fondo para el Fomento de las Exportaciones, FEP, con el apoyo, a veces sí y a veces no, de las instituciones de comercio exterior, empezó a tocar puertas para la carne colombiana.
Hoy exportamos a más de ¡20 mercados! y nos acercamos a la meta de 500 millones de dólares para 2022. En 2015 exportamos 10.614 toneladas y 50.661 animales; en 2020 multiplicamos por tres las exportaciones de carne, con 34.124 toneladas, y por más de cinco las de animales, con 264.107 cabezas, a una lista de destinos en la que no figura Estados Unidos.
En la que sí aparece de primero es en la de vendedores de lácteos a nuestro país. En 2013 se importaron 16.314 toneladas, equivalentes a 183 millones de litros y al 5,9 % del acopio de la industria. En 2020 fueron 73.663 toneladas, equivalentes a 846,5 millones de litros, que ya no son un rasguño, sino el ¡24,7 % del acopio formal!; es decir, que la cuarta parte de lo que la industria requiere, ha dejado de comprarla a los campesinos colombianos.
En 2020, el 55 % de esas importaciones llegó de Estados Unidos; 40.515 toneladas, de las cuales 31.004 eran de leche en polvo, superando en cerca de 20.000 toneladas el cupo de 11.790 que podía ingresar sin arancel.
Las preguntas se imponen: ¿Por qué, si más de 20 países con los que no tenemos TLC nos compran carne, Estados Unidos, país con el que tenemos uno firmado desde hace más de una década, que compra anualmente más de dos millones de toneladas, no abre una compuerta siquiera a nuestra carne?
¿Por qué, si Estados Unidos no nos compra un solo kilo de carne, el TLC puede obligar al país a recibir toda la leche que nos quiera vender, con el concurso de una industria insolidaria con el ganadero colombiano? ¿Por qué, en medio de la difícil situación de nuestros campesinos, agravada por la pandemia y la insensatez del paro, Colombia le hace “el favorcito” de comprarles su leche a prósperos ganaderos estadounidenses?
Ante tamaño desequilibrio, Fedegán solicitó la salvaguarda contemplada en el Tratado, que fue admitida y avanza en el proceso para “cerrar el chorro” de importaciones. La ministra Lombana, de Comercio, y el ministro Zea, de Agricultura, están al tanto de nuestro justo reclamo y comparten la urgencia de darle solución, y estamos seguros del compromiso del embajador Pinzón con el reto de poner el primer kilo de carne colombiana en Estados Unidos, pero mientras no sea así, nos opondremos al ingreso indiscriminado y creciente de leche, que hoy causa “lesión enorme” a nuestros ganaderos.
Para la ganadería no es un tema meramente comercial…, es un asunto de supervivencia.
Bogotá, D. C, 4 de julio de 2021
*Presidente de FEDEGAN
@jflafaurie
Por Jorge Enrique Robledo*.- Como se advirtió que pasaría, Colombia está entre los países a los que peor les ha ido con la pandemia, tanto en términos de salud –enfermos y muertos–, como económicos y sociales. Y era de esperarse, porque las crisis sanitarias ponen a prueba la capacidad de resistencia de las naciones, tal y como ocurre también con los problemas de salud personales, pues no sufren igual los bien alimentados que los malnutridos, ni los que pueden actuar con eficacia que los incapacitados para hacerlo. Y a esto deben sumársele las omisiones y malas decisiones de Duque y Carrasquilla.
Al comparar con el número de habitantes de los países, como toca hacer las cuentas para que se entiendan mejor, a Colombia solo la superan dos países en contagiados por cada 100 mil habitantes: Seychelles y Mongolia. Y vamos ya en 106.455 muertos, lo que nos ubica en el puesto 14 con más víctimas mortales por millón de personas.
Nos ha ido peor porque ante un bicho como este, cuyas vacunas solo aparecieron, y en cantidades insuficientes, nueve meses después de detectarse, la prevención, el no entrar en contacto con el virus, era y es el primer instrumento para enfrentarlo, pues además son limitados los medicamentos contra los efectos del contagio. Sin negar las obvias diferencias de época, sigue siendo cierto que la mejor medida contra esta pandemia es la misma de la Edad Media: “No se deje contagiar”, en un país en el que esa buena idea es para muchísimos muy difícil de cumplir. Porque para ellos aislarse en sus casas –por así llamarlas porque viven en las peores condiciones– implica aguantar hambre, dado que si no salen a la calle a rebuscarse, no comen, en tanto estos y los de trabajos menos precarios no pueden dejar de correr los riesgos del transporte público.
Y la dolorosa realidad de tener que arriesgar la vida para no morirse de hambre –por la gran mediocridad del capitalismo nacional– ha sido mal atenuada por el gobierno de Iván Duque, el único poder que podía hacerlo, dadas las bajísimas transferencias de recursos públicos entregadas a los necesitados.
El sistema de salud, encabezado por las EPS, no ha estado a la altura del reto de la pandemia –y no solo por el detestable maltrato a sus trabajadores–, en especial en la detección temprana del virus, detección importantísima porque permite aislar con rapidez a los contagiados y tratarlos, al igual que examinar pronto a sus más cercanos, para que de ser necesario también se aíslen, prácticas que sí han ejecutado con acierto los países exitosos en esta batalla global.
Y los hechos terminaron por darnos la razón a quienes en diciembre pasado, en medio de las agresiones del duquismo, advertimos que la vacunación podía salir peor de lo que prometía el gobierno, como lamentablemente ha ocurrido, en mucho por culpa de las trasnacionales de los medicamentos. Además de que Colombia fue el país número 79 en empezar a vacunar, se vacuna con lentitud, ritmo que nos aleja de la llamada inmunidad de rebaño, que exige superar ciertos umbrales.
Como resultado de estas verdades, y porque la economía nacional ya estaba muy deteriorada en febrero de 2020, son pésimas las cifras económicas y sociales: el año pasado el PIB se redujo en 6,8 por ciento, se cerraron 509.370 micronegocios y los que pudiendo trabajar no lo hacen suman 11,5 millones (desocupados, inactivos en su hogar y trabajadores sin remuneración). El desempleo en este mayo marcó 15,6 por ciento, pero el juvenil dio 23,1, discriminado en 18,7 de hombres y 29,3 de mujeres, en tanto el ministerio de Hacienda, en la exposición de motivos de la fallida reforma tributaria, calculó en 69 por ciento la informalidad de 2020. De lo peor en el mundo. En Colombia ser joven y mujer ya es un problema, pero si además se es afro o indígena y LGBTI, ni se diga, porque las diferencias naturales se usan como pretexto para convertirlas en maltratos sociales.
Coletilla: hace semanas, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca le dio plazo de tres días al gobierno para entregarle a Ramiro Bejarano los contratos de compra de las vacunas que se aplican en Colombia. Pero mediante descaradas e ilegales maturrangas, no han cumplido la orden y los precios pagados siguen en secreto. Pero no me sorprende. Porque llevo más de un año exigiéndole al gobierno que me informe cuánto pagaron los dos compradores de Electricaribe, precio y negocio definido por Duque y su alta burocracia a un costo de por lo menos ocho billones de pesos de recursos públicos que nunca se recuperarán.
Bogotá, 2 de julio de 2021.
Senador de Colombia
@JERobledo
Por Gabriel Ortiz*-. Nuestras marchas están como el covid 19: cada una lleva su linaje. Para el gobierno son “subversivas”, para la derecha “petristas”, para Duque “antiuribistas”, para la izquierda “Esmadistas”, para la alcaldesa “petro-uribistas” y así sucesivamente.
El maremágnum en que nos encontramos ha llegado a límites insospechables. Nadie imaginó los niveles que alcanzaría un movimiento que empezó pacíficamente, pero que tornó por senderos de violencia, cuando el Jefe del Estado impulsado por la arrogancia se negó a dialogar y a negociar con los dirigentes sindicales, que solo pedían modificar una onerosa reforma tributaria que muy pocos colombianos alcanzarían pagar. Los llevaría a la hambruna, la miseria, el desempleo y la inseguridad.
El asiento de Duque en las negociaciones, hizo recordar al de “Tirofijo”, en el Caguan. ¿Quién habrá aconsejado al presidente en estos trágicos, siniestros y penosos momentos? No fue Uribe, de quien tanto se sospechó, por su experticia en el manejo de los hilos de las figurillas de Manzur.
Además el mentor caminaba hacia el abandono de la dirección del Centro Democrático, mostrando su espalda a un Duque sin autoridad para gobernar, porque se negó a militarizar el país, cuando se lo ordenó. El uno y el otro, pensaron simultáneamente con horror lo que significaba la situación jurídica del innombrable. Era urgente una salida para escapar a la más estruendosa derrota del CD en el 22.
Uribe se fue –por lo menos así parece, porque así lo dijo-, no sin antes dejar a la intemperie a Duque, quien debe asumir toda la responsabilidad de lo que ocurra. “¡Aprecio a Duque!” dijo, pero no guardó la daga, con la que le propinó las más duras recriminaciones: “Le han impuesto falta de autoridad a todos los niveles. Su reacción ha sido tardía, como ocurrió en Cali. Le faltó ordenar la presencia militar en las calles”.
El retiro de Uribe del CD, más no se sabe si de la política, como se lo gritan las encuestas, fue celebrado por la oposición y al parecer por algunos de las propias toldas uribistas. Los primeros lo consideran un oportunista, “que quiere presentarse ahora como independiente y casi que como opositor al gobierno Duque”. Deja a la Cabal y a Tomás en la lista de presidenciables.
Nadie creyó vivir lo que acontece. Queda al descubierto arrebato, delirio y excitación, ante la proximidad de las elecciones del 22. Se recrudecen la polarización, el odio, el rencor y la rabia, con funestas consecuencias.
El linaje de lo que veremos, podría ser el principio del fin de lo que Colombia se perseguía con un Proceso de Paz, que difícilmente se enderezará con actitudes como las que vivimos. La guerra se avizora sobre los cielos de Colombia y puede caernos encima, a menos que Duque, sin acoso externo, hace algo por esta nación y por su gente.
BLANCO: Duque, ya solo, merece un respaldo nacional.
NEGRO: Pacho fue quien consiguió las vacunas, pero otros ganan las indulgencias.
Bogotá, D. E, 2 de julio de 2021
*Periodista. Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper.
Por Lorena Rubiano*.- La Patria no es bandera, ni es himno, ni es ruido. La Patria es esfuerzo creador, es sentido de responsabilidad social, es respeto a la razón y es amor a la libertad. Luis A. Ferre
Como nos duele y atormenta ver el estado en el cual esta nuestra querida y amada patria colombiana. Nos la están destruyendo, destrozando, acabando y lo más grave es que es entre todos. Unos por acción, otros por omisión y otros por insensatos, midiendo el interés político personal, por encima del interés colectivo.
La clase política, toda sin excepción han sido inferiores a su responsabilidad para con Colombia. Están todos en “Toconcol”
Todos contra Colombia, y lo digo porque les ha faltado grandeza en momentos de angustia existencial. Cuando más se necesita mesura, desprendimiento, exaltación de los valores patrios, es cuando más se han exacerbado los odios y rencores para enfrentarse como tirios y troyanos, sin importar los efectos y daños inmediatos y a futuro.
Todos, todos sin excepción en vez de ayudar a apaciguar los ánimos sacan a relucir sus más bajos instintos para sacar tajada, pescando en río revuelto.
Lo que se necesita en estos momentos es grandeza, desprendimiento de los intereses personales, para que se puedan unir esfuerzos en favor de toda la nación.
En realidad, pareciera que no les importara los muertos de un lado y de otro, lo importante para ellos, es ganar políticamente. Y eso no está bien. No consideran en ningún momento el grave daño que se está haciendo a toda la sociedad, blancos y negros, indígenas y mestizos, ricos y pobres, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, que atónitos son testigos de un degradamiento total, de lo que debe ser la verdadera política. Aquí no hay discusión de ideas, es una guerra de agravios, de acusaciones, de falsas noticias, de unos contra otros, sin medir consecuencias.
Y no hay quien lidere un alto en el camino, para repensar nuestro porvenir.
La tierra en que nacimos, crecemos y vivimos, cuyo nombre corre por nuestras venas y anida en nuestro corazón, nos duele y lloramos su destrucción. Amor de patria es lo que debe aflorar en el actuar y pensar de nuestros dirigentes, que deben recapacitar, hacer un alto en el camino de los agravios y recordar, que el pueblo en su momento cobrara la ineficacia de sus líderes. Yo no entiendo a los que quieren llegar a gobernar una nación en ruinas, por su propia autodestrucción.
Queremos una patria unida y fuerte, en donde el amor por la tierra supere al odio. Siempre debe primar el amor de patria, sobre el ego personal y los intereses partidistas.
Termino con una frase de Emiliano zapata:
Cumplid con vuestro deber y seréis dignos; defended vuestro derecho y seréis fuertes, y sacrificaos si fuere necesario, que después la patria se alzará satisfecha sobre un pedestal inconmovible y dejará caer sobre vuestra tumba un puñado de rosas.
Bogotá, D. C, 2 de julio de 2021
Por Paloma Valencia*.- En medio de la dramática situación que vive nuestro país, agobiado por la pandemia y por el tirano paro, llama la atención que la Alcaldesa de Bogotá, Claudia López, salga a recoger las denuncias que hicimos desde el Centro Democrático sobre la ilegalidad de la financiación de la “primera línea” por parte de la Colombia Humana; y que acto seguido la emprendiera contra nuestro partido. Es el síntoma de que la contienda electoral está empezando.
La alcaldesa afirmó que el uribismo trató de matarla. Lamento mucho las palabras de la Alcaldesa no solo por falsas, sino porque en un momento de tensión son una incitación contra el uribismo. Millones de colombianos que nos circunscribimos a una ideología política pacífica, democrática, respetuosa de la ley, fuimos señalados de ser criminales; de querer matar. Me preocupa el efecto de sus palabras. Pueden provocar una nueva oleada de amenazas en nuestra contra. Jóvenes de nuestro partido han sido severamente amenazados, algunos incluso han sufrido atentados, por ser uribistas. Las plataformas del paro han sido utilizadas para filtrar datos personales y familiares de nuestros jóvenes y dirigentes. Hemos sido amenazados de varias maneras. Ojalá la política en éste país transite hacia la discusión argumentada, y no la fácil estigmatización que en medio de la crispación y la violencia puede traer consecuencias que nadie desea para Colombia.
El autodenominado “centro” critica la polarización. Señala a los “extremos” y estratégicamente se ofrece como la alternativa a la confrontación. Lo hacen sin observar –en el mejor de los casos- que están atacando con igual o más virulencia. Lo hacen sobre la base de que la política es un eje continuo y por lo tanto unos están de un lado y otros de otro, y algunos pueden estar en el cómodo centro. Tengo la impresión de que la política es mucho más compleja que dos nodos. Es más bien un espacio lleno de dimensiones, de matices, de diferencia; donde las distancias a veces son mas amplias y otras veces hay coincidencias inesperadas.
Por otro lado, sostienen los del “centro” que no son malos los bloqueos, que incluso hay algunos bloqueos legales; que el vandalismo en su justa proporción es aceptable. Y nos vienen demostrando que consideran que esos nuevos derechos de bloquear y vandalizar tienen una entidad superior al derecho fundamental al trabajo o a los derechos humanos a la movilidad y la seguridad. Lo que es más grave, los alcaldes del centro y la izquierda han decidido mantener inactivas las fuerzas del orden. Sobre la base, casi, de que la fuerza, cualquiera, es ilegítima.
Todos rechazamos al unísono la violación de DDHH por parte de hombres de nuestras fuerzas. Todos esperamos que haya sanciones a ello. Sin embargo, la izquierda y el centro estigmatizan a toda la fuerza y condenan a todos sus hombres sin fórmula de juicio e irrespetando la presunción de inocencia. Parecen querer someter al país a la desaparición del uso de la fuerza del Estado. La fórmula puede ser llamativa, seductora; pero lejos de acercarnos a la vida ideal donde todas las violencias cesan; nos llevan de regreso a las épocas donde las violencias privadas e ilegales nos secuestran, suprimen los derechos y garantías ciudadanas, y el Estado mira entre indiferente, inútil e irresponsable. La historia reciente de Colombia nos enseñó que la fuerza del Estado garantiza la seguridad y en ese ambiente todos los derechos de todos los ciudadanos tienen cabida. Garantizar la seguridad no es un deber; es una obligación. Cúmplanla.
Bogotá, D. C, 2 de julio de 2021
*Senadora del Partido Centro Democrático
Por José G. Hernández*.- Cuanto ha venido ocurriendo en Colombia en los últimos meses, más que preocupante, es alarmante. Se han deteriorado la sensibilidad social y el respeto a la vida -el derecho básico, sin el cual los demás no tienen sentido ni posible realización-. Los crímenes se van convirtiendo en “normales” y se convive con ellos.
Una breve referencia a noticias que, al parecer, ya no impactan. Que son volátiles y transitorias. Que son sustituidas, unas por otras, en muy corto tiempo. Que se olvidan con facilidad. Que no se prestan al análisis sociológico, jurídico ni político, porque “pierden vigencia”. Son noticias como las siguientes:
- Continúan, cada vez con mayor frecuencia, las masacres, cometidas por grupos criminales no identificados, ni capturados.
- Siguen los asesinatos de líderes sociales, defensores de derechos humanos, indígenas, campesinos, desmovilizados, miembros de la Policía Nacional. Nadie responde.
- Un número indeterminado de muertos durante las marchas de protesta iniciadas el 28 de abril, que se agregan a las de Dilan Cruz, a finales de 2019, y a las del estudiante Ordóñez por exceso de fuerza policial, y de al menos doce personas en Bogotá en septiembre de 2020. Excesos en el uso de la fuerza pública, que culminan en muertes.
- Numerosos actos de violencia y vandalismo en Bogotá, en Cali y en otras ciudades del país. Ataques a bienes públicos y privados; quema y destrucción de vehículos y estaciones de transporte; incendios de edificios oficiales, sedes de tribunales y fiscalías, CAI´S e instalaciones policiales.
- Grupos de civiles armados disparan contra grupos de jóvenes que protestan.
-Sin que nadie se haya percatado, un vehículo-bomba ingresa a las instalaciones de la Brigada 30 del Ejército en Cúcuta, estalla y deja un saldo de 36 heridos. Afortunadamente, no hubo muertos.
-La cabeza de un joven de 23 años es arrojada desde una motocicleta en las calles de Tuluá, y poco después aparecen otros cadáveres desmembrados. Crímenes horrendos sobre cuyos autores nada se sabe. Seguramente, como es ya costumbre, habrá impunidad.
- Atentado contra el presidente de la República, dos ministros y un alcalde -entre otras personas-, mediante disparos al helicóptero que los transportaba en el Departamento de Norte de Santander. Aparecen muy pronto las armas -no se sabe si son en verdad las utilizadas para tan criminal finalidad-, pero ni rastro de los terroristas. Y, aunque hay retratos hablados, si bien no hay certeza acerca de que en realidad correspondan a los criminales. Lo cierto es que los servicios oficiales de inteligencia fueron tomados por sorpresa.
- En Portal de las Américas, Bogotá, muere un joven motociclista, al caer víctima de una cuerda de alambre -una verdadera trampa- instalada por vándalos.
En fin, en Colombia se ha extendido impunemente la violencia y se ha normalizado el crimen. Se ha degradado el necesario respeto entre las personas, y es prácticamente imposible la convivencia.
Bogotá, D, C 1 de julio de 2021
*Expresidente de la Corte Constitucional