Opinión
Por Cecilia López Montaño*.- Barranquilla como el resto del país le está apostando a la reactivación de la economía más allá de cualquier otra prioridad. Es decir, la economía por encima de la salud a pesar de estar en semejante nivel de la pandemia. Ojalá no sea esta una decisión equivocada y se llegue a 800 muertos diarios como han previsto los médicos. Pero aun suponiendo que se logre no llegar a estos extremos señalados, con las medidas que se conocen a nivel individual, queda una pregunta que los mandatarios y concretamente el alcalde de Barranquilla debe hacerse: ¿la dinámica económica reduce per se los alarmantes niveles de pobreza y peor aún, de indigencia, que tiene esta ciudad?
Sin duda una economía en movimiento impulsa el empleo lo cual dinamiza una variable crítica en el país como es la demanda interna. Las fábricas saldrán de los inventarios que deben haber crecido significativamente, lo que en algún momento se traduce en volver a producir bienes y servicios que requieren mano de obra, insumos e inversiones de capital. Todo eso es cierto. El tema es qué proporción de esa población de esta ciudad que no come tres veces al día o que forma parte de más del 40% que vive por debajo de la línea de pobreza, encontrará la salida para esa precaria situación. Con una informalidad prácticamente de 2/3 de la mano de obra, cuánta pude ser absorbida por sectores productivos que les ofrezcan un empleo digno y cuanta sencillamente no califica para ese tipo de ocupaciones. Esa pregunta necesita respuestas porque con estos niveles de empleo precario que tiene esta ciudad sería lamentable que estos se elevaran aún más.
Es aquí donde bien los empleos de emergencia o sencillamente programas de empleo público pueden jugar un papel crítico aprovechando la reactivación de la economía que le debe generar recursos al gobierno de la ciudad. Arreglos de calles, de andenes que realmente son un drama en muchas ciudades del país y probablemente Barranquilla no es la excepción. Pintura de establecimientos públicos, de escuelas que han estado abandonadas, de jardines donde las mujeres pueden encontrar una vía de generar mejores ingresos, son alternativas poco costosas que, además, pueden ofrecer oportunidades a quienes tienen baja calificación o no tienen experiencia como sucede con los jóvenes que claman en las calles por oportunidades laborales.
Si de verdad se quiere que la reactivación sea una realidad cuando el consumo de los pobres es vital para que demanden lo que produce nuestra precaria industria y el comercio de bienes que tenemos, este tipo de consideraciones se las debe estar haciendo el equipo de la Alcaldía. Barranquilla está desbordada de pobres y de miseria y no son los grandes proyectos de infraestructura que desmayan de emoción a esta administración, los que van a resolverle la vida a muchos de los pobres que demandan ayuda. Este tipo de estrategias poco les gusta a quienes creen que son las placas las que importan, aquellas que se les ponen a las obras de infraestructura y no a los programas dirigidos a los pobres.
Barranquilla, 23 de junio de 2021
*Exministra de Estado
www.cecilialopez.com
Por Guillermo García Realpe*.- En la semana que termina el Senado de la República tomó una decisión que el país entero esperaba sobre la aprobación de la acusación que hiciera la Cámara de Representantes con la Comisión de Investigación y Acusaciones, sobre la situación del magistrado de la Corte Suprema de Justicia, José Leonidas Bustos, dentro de lo que se ha llamado el Cartel de la Toga, por parte de los medios de comunicación y en general, por esta referencia que tiene el país.
Esta decisión, por supuesto, causó mucha conmoción en Colombia, a pesar de que el contexto de la investigación de todos los involucrados, que son varios en este caso, el exfiscal anticorrupción Luis Gustavo Moreno, los exmagistrados Gustavo Malo Fernández, y Luis Francisco Ricaurte, ya han sido objeto de decisiones judiciales, en el primero y tercer caso de sanción penal y el del exmagistrado Malo de medida preventiva, a pesar de esto, causa mucha conmoción en el país por la connotación del caso y también por la prestancia de los altos cargos que desempeñaron los mencionados.
Cuando el escándalo estalló, las primeras reacciones ciudadanas, fue de rabia porque se evidenciaba un acto de corrupción del más alto nivel del poder judicial, en la propia representación de la Corte Suprema de Justicia, por supuesto esos y otros sentimientos, pero el que más a mí me causó, fue tristeza, porque habíamos aprendido a valorar a los magistrados, en general a todos, pero habíamos visto que el magistrado Bustos y el magistrado Ricaurte se habían jugado en su momento una fuerte defensa de la Constitución y la separación de los poderes, no nos podemos olvidar que en el gobierno del expresidente Uribe, la Corte Suprema de Justicia, fue atacada, para ser descalificada por las investigaciones que tenía sobre temas de parapolítica, de corrupción y de otras investigación, algunas de ellas tenían que ver con el más el alto gobierno del entonces presidente.
Muchos parlamentarios, muchos ministros fueron investigados por esta Corte con condenas y eso, por supuesto, disgustó mucho al gobierno del expresidente que entró en cólera y atacó este gobierno a la Corte, se declaraba el gobierno nacional en manifestaciones muy fuertes, incluso el alto tribunal fue tratada de vocera de la guerrilla en Colombia la Corte Suprema de Justicia y también fue objeto de chuzadas, de infiltraciones en las comunicaciones, por parte del DAS, en fin, lo cual también tiene sanciones.
En ese entonces, vimos al magistrado Ricaurte y al magistrado Leonidas Bustos, defendiendo la Corte en una forma muy vehemente y que prácticamente con resultados que el país reconoció, esto sucedió antes del 2010, durante el gobierno del entonces presidente Álvaro Uribe, pero después en los años 2012, 2013 y 2014 ocurrieron los hechos que hoy lamentamos todos y que los tiene “encartados” a estos exmagistrados.
Hicimos una exposición bastante detallada en la parte técnica, jurídica y en la parte probatoria y conceptual y tuvimos que presentarle la propuesta a la plenaria del Senado y en su momento a la Comisión Instructora de que se acepte la acusación que formulara la Cámara de Representantes y que se tramite luego hacia la Corte Suprema de Justicia, porque los hechos eran evidentes, las declaraciones, los testimonios, las interceptaciones hacían entender que había prácticamente elementos para que la Corte Suprema de Justicia que es finalmente la que juzga proceda a hacerlo.
Tanto la Cámara, como el Senado de la República no formulan sanciones, no emiten providencias condenatorias sobre responsabilidad o culpabilidad, simplemente se tramita por parte del Senado la acusación para que conozca la Corte Suprema de Justicia en su Sala Penal y ahí se determinen las responsabilidades, es más bien un requisito de procedibilidad para que tanto Cámara y Senado argumenten con la Corte que hay elementos de juicio para que continúe la respectiva investigación y sí hay lugar a sanción que la emita.
La majestad de la justicia debe ser decente y eficiente, debe ser un ejemplo para el país, ojalá que este tipo de episodios nunca más se repitan por el bien del poder judicial y por el bien de Colombia.
Bogotá, D. C, 23 de junio de 2021
*Senador del Partido Liberal
@GGarciaRealpe
Por Adriana Matiz*.- La historia de nunca acabar, la que se repitió en las últimas décadas, está semana que pasó nos recuerda que hacer cultura en este país es condenarse a la pobreza y necesidad en los últimos días de vida.
La muerte de un artista obligatoriamente llevará luto a sus familias y seguidores, pero en Colombia además logra generar un sentimiento de vergüenza. Es como esas canciones que de tanto oírlas, ya sabemos cómo comienzan y también como terminan.
La vida les dio un don que lejos de convertirse en progreso, los termina condenando a un sinnúmero de necesidades, las deben afrontar en su vejez solos, porque si bien trabajaron incluso en horas extras, jamás cotizaron para acceder a una pensión digna que les garantizara un bienestar en el ocaso de sus vidas, ni mucho menos de las personas que los acompañaron.
Wilson Chopenera nos regaló el que tal vez es nuestro segundo himno nacional, “La Pollera Colorá", la que alguien dijera que era la canción más colombiana de los colombianos; sin embargo su vejez no fue más que el tortuoso camino de la miseria que deben soportar muchos artistas.
Al igual que Chopenera, Álvaro Villalba, intérprete del reconocido dueto Silva y Villalba, nos dejó la semana pasada a sus 89 años de edad, sobreviviendo con sus necesidades más por el trabajo de su esposa en una tienda de víveres en un barrio de Ibagué, que por el usufructo de más de 50 años de carrera musical. No solo lleno de orgullo a sus paisanos, sino que llegó incluso a ser nombrado mariscal de la hispanidad en Nueva York o la mención de Toronto en Canadá.
De esas más de 500 canciones que grabaron y que hoy son memoria viva de una nación no quedó mucho económicamente hablando, de su dueto nada, su compañero Rodrigo Silva ya había fallecido en situación similar en el año 2018, solo una amplia discográfica nos queda a todos, fruto del esfuerzo de muchos años de estos dos hombres y que en el momento en que más se requiere, fue poco retribuido.
Con la llegada de los años aparecieron también las enfermedades, en una silla de ruedas, postrado por una isquemia cerebral y otro cúmulo de padecimientos se fueron consumiendo sus ahorros, todo se había gastado.
De las épocas de los San Pedros en El Espinal donde conociera a Rodrigo Silva ya solo quedaba un recuerdo vago, de sus presentaciones solo fotografías, con su señora y en el olvido, no solo del estado, sino también de la sociedad, se fue apagando su voz de manera definitiva.
Como el personaje de la clásica novela de Gabriel García Márquez “El Coronel no tiene quien le escriba" Villalba, al igual que muchos otros cultores musicales, se quedó esperando esa pensión que nunca llegó, porque nunca se la iban a dar y como sentenció García Márquez en esa obra y que aplica a Chopenera y Villalba: “Nosotros ponemos el hambre para que coman los otros. Es la misma historia desde hace cuarenta años”.
Ibagué, 21 de junio de 2021
*Representante a la Cámara por el Partido Conservador
Por Mauricio Cabrera Galvis*.-Ya es casi un lugar común decir que los programas de erradicación de cultivos de coca en Colombia son un trabajo como el de Sísifo, condenado a empujar una gran roca por una empinada montaña, solo para ver que se rodaba cuando estaba a punto de llegar a la cima y debía volver a empezar a empujarla.
No hay mejor alegoría para describir la inutilidad del enorme esfuerzo del estado colombiano por reducir el área sembrada de coca, y el todavía más inútil esfuerzo de ganar la guerra contra las drogas mediante la erradicación de cultivos. Esa guerra fue declarada por el presidente Nixon hace 50 años y el consenso general es que está perdida.
Los resultados de los programas de erradicación son frustrantes y, además de eso, serán perjudiciales si se reanuda la fumigación con glifosato. Antes de su lamentable fallecimiento, el ministro Carlos Holmes anunció que en 2020 el gobierno había logrado su meta de erradicar 130.000 hectáreas sembradas de coca.
Un gran esfuerzo, pero como le pasa a Sísifo, la piedra se rodó y hay que volver a empezar. Esta semana el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci) de la ONU reportó que en el 2020 el área sembrada de coca no se había reducido en la cantidad erradicada por el gobierno, sino solo en 11.000 ha. al pasar de 154.000 a 143.000 ha. La diferencia la explica una sola palabra: resiembra. Un 91.6% del área erradicada se volvió a sembrar.
En 2019 sucedió algo muy similar. El gobierno erradicó 100.000 ha. de coca, pero según el Simci dijo que el área sembrada solo se redujo en 15.000 ha. al pasar de 169.000 a 154.000 ha., porque la resiembra fue del 85%
La mayor frustración de nuestro Sísifo es que la montaña de la cocaína se eleva cada año. A pesar de la reducción en el área sembrada, el Simci muestra que en estos tres últimos años en el país la cosecha de hoja de coca aumentó 2% y la producción de cocaína subió casi 10% pasando de 1.120 toneladas en 2018 a 1.228 toneladas en 2020. El aumento de productividad de los narcotraficantes es más eficiente que la estrategia represiva.
La resiembra no se explica porque a los campesinos colombianos les gusten las actividades ilícitas, sino por el hambre y la necesidad de conseguir ingresos para sobrevivir. Son más víctimas que delincuentes. La coca es la única alternativa de subsistencia en territorios donde el Estado no está presente, donde no hay vías ni facilidades para vender otros productos.
Por eso la erradicación es una estrategia condenada al fracaso, y peor si es con glifosato, si no va acompañada con un programa integral de sustitución de cultivos como el que se estableció en el punto 4 del Acuerdo de Paz con las Farc. Es la única forma de que la roca que empuja Sísifo no se vuelva a rodar.
Cali, 22 de junio de 2021
*Filósofo y Economista. Consultor.
Por Juan Manuel Galán*.- Esta semana escribí un trino en el que resaltaba al sindicalismo como una institución de organización social de vital importancia para la democracia, pero que, en nuestro país, se dejó colonizar por el clientelismo. Así, mencioné que había perdido su norte, la representatividad de los trabajadores y que se había convertido en una camarilla que sólo generaba desconfianza.
Al respecto, recibí un sinnúmero de ataques, entre los que se encontraban los del senador Roy Barreras, quien, de forma mezquina, en busca de ‘likes’ y ‘retweets’ quiere generar polémica en redes sociales. Sin embargo, vale la pena hacer unas aclaraciones sobre lo mencionado en Twitter. En primer lugar, reconozco que cometí un error al generalizar. No todos los sindicalistas en Colombia han caído en prácticas clientelistas, por lo que reconozco mi equivocación y ofrezco disculpas.
En segundo lugar, nadie puede desconocer la dignidad y grandeza de los trabajadores a lo largo de la historia de nuestro país, su lucha y sacrificios. Precisamente por eso duele, en circunstancias como las actuales, el proceder errático de una representación que no interpreta el momento, dando pie a que las justas reivindicaciones de los trabajadores pierdan respaldo entre los restantes sectores sociales.
Las dificultades que muchos trabajadores deben sufrir para llegar a sus lugares de trabajo o a sus hogares por la falta de transporte, así como la atención de los enfermos en la situación de pandemia, ¿no son acaso circunstancias que deberían obligar a quienes los representan a buscar otras estrategias? Lo cual no conlleva tener que claudicar en sus demandas, justas, por demás, como siempre lo hemos reconocido, ni a tener que dar la razón a quienes se oponen a la protesta o a que de ella participen los trabajadores. Sugerencia con la que se quiere acallar nuestra crítica, pretendiendo privarnos de nuestro derecho a opinar.
Es así que por ser conscientes de las enormes desigualdades e injusticias que aquejan a la sociedad colombiana y que los trabajadores son sus víctimas más directas e inmediatas, nos angustia que su dirigencia no reaccione; se mantenga atrapada en el anacronismo; sin mayores alternativas a las acuciantes necesidades insatisfechas de este sector y de la sociedad.
Prueba de ello es la agresión personal con la que se pretende darme respuesta. Mientras que recurrentemente nada se hizo frente a la ley 100, con el salario mínimo año a año más empobrecido, la destrucción de los derechos sociales, el recorte y la supresión de las horas extras. Las aspiraciones políticas de algunos de sus dirigentes buscan tergiversar la verdad y botan al traste todo por lo que dicen o se jactan de “luchar” en pro de los trabajadores.
Una buena parte del empresariado ha reconocido que puede y debe contribuir más. Es un paso importante. ¿Cuál es el paso que la representación sindical está dispuesta a dar para reconectarse con su histórica justa causa de velar por el bienestar y garantía de derechos de l@s trabajadores?
Bogotá, D. C, 20 de junio de 2021
*Exsenador de la República. Politólogo del Instituto de Estudios Políticos de París, Magíster en Política Internacional de la escuela de Altos Estudios Internacionales de Francia. Magíster en Relaciones Internacionales y Seguridad en la Universidad de Georgetown.
Por Amylkar Acosta*.- Anthony José Zambrano de la Cruz nació en Maicao (La Guajira) y es uno de tantos colombianos a quienes la violencia forzó a su desplazamiento y desarraigo. En su caso no alcanzó a conocer a su padre, lo asesinaron vilmente y ello obligó a su madre, Miladys, a partir con su único hijo a rehacer su vida en la capital del Atlántico, que los acogió. Anthony José es un hombre de retos, el primero de ellos fue sobrevivir en medio de la pobreza y la precariedad.
Si algo ha caracterizado a Anthony José es su espíritu de superación. No se conformó ni resignó a seguir en la economía del rebusque en Barranquilla para conseguir el diario sustento. Siempre se ha impuesto metas más elevadas, con la obsesión de darle una casa a su madre “para que viva tranquila” y para que ella deje de estar, como ella misma lo dice, “de aquí p ́a ya y de allá p ́aca”. Y, rehuyéndole al vicio, a las pandillas que lo asediaban en el barrio humilde en donde se refugiaron en Barranquilla, entendió desde bien temprano que, como dice el adagio popular, “más vale llegar a ser que haber nacido siendo”.
A sus 21 años, Anthony José se colgó en Doha (Catar) la medalla de plata, su tercera presea en línea, después de los Panamericanos de Lima en agosto de 2019, en donde se hizo acreedor a la medalla de oro por su brillante actuación, asegurándole de paso su participación en las justas de los juegos olímpicos de Tokio. En Doha ratificó sus excelsas condiciones, batiendo su propia marca con un registro de 44.57 segundos. Se trata, nada menos ni nada más, que del primer medallista colombiano en un evento de pista en un campeonato Mundial de Atletismo, esta vez en Doha.
Él, como afirma Mandela, es consciente de que “después de escalar una colina, uno se encuentra solo ante muchas colinas que escalar”; por eso ha dicho que “uno no tiene que ser mediocre y complacerse con una marca. Aquí sigo y vamos hacia adelante”. Como vemos, no es amigo de la autocomplacencia. Y lo acaba de demostrar y de qué manera en los 400 metros de la válida de Florencia (Italia) de la Liga de Diamante, en donde se impuso con un tiempo de 44,46 segundos, dejando rezagados a los otros dos favoritos, el italiano Davide Re y el británico Matthew Hudson-Smith. Una verdadera hazaña. Este triunfo lo catapulta hasta hacerse acreedor a la primera posición en la clasificación general de dicha Liga. ¡Cipote honor!
Anthony José, con su brillante actuación y su talante de deportista disciplinado y consagrado, ha sabido dejar bien en alto el pendón tricolor, así́ como la divisa de los departamentos de La Guajira y el Atlántico, fundidos en él, como el hijo egregio del Caribe colombiano que es. Aspiramos y esperamos mucho más de él, ¡tiene madera e ímpetu para lograrlo!
Cota, 21 de junio de 2021
*Expresidente del Congreso, Exministro de Minas y Energía. Miembro de Número de la ACCE
Por Paloma Valencia*.- Hoy 21 millones de colombianos están en la pobreza, esto es el 42,5% de la población. 7,5 millones de ciudadanos están en la pobreza extrema, el 15% de nuestra población. 2,3 millones de colombianos ingieren menos de tres comidas al día, 1,6 millones más que el año pasado, a causa de la pandemia. En Barranquilla por ejemplo, antes de la pandemia 83% de las familias comían tres veces al día, hoy sólo 34% y en Sincelejo donde estábamos cerca de que todos comieran tres veces al día (92%) pasamos a que menos de la mitad, el 40%, pueda tener la alimentación completa. Hay 7.819 hogares que comen menos de 1 comida al día.
Estas cifras no son solo números, son ciudadanos colombianos pasándola muy mal. Y a esta dramática situación habría que sumarle los brutales resultados del paro que nos ha costado más de 15 billones de pesos y cuyas cifras sobre perdida de empleo, encarecimiento de la canasta básica y destrucción del sistema productivo aún no se asientan.
Considero que es un deber moral de todos erradicar la pobreza extrema y subir las condiciones de vida de los ciudadanos para sacarlos de la pobreza. En ese ánimo deberíamos estar todos. Es algo que no tiene tinte político, que no tiene como criticarse, que nos compete a todos. Necesitamos una estrategia nacional para superar la pobreza y un presupuesto sustantivo para hacerlo.
Lo he propuesto varias veces, pero tengo que insistir. Estoy convencida de que los programas de autoconstrucción -con ingenieros y arquitectos residentes- donde se le pague a los ciudadanos, se los forme en un oficio, se les den los materiales y además queden con vivienda o con las mejoras de vivienda, con los acueductos y alcantarillados y vías terciarias, construidos por ellos mismos, pueden dar un golpe de bienestar. No solo se proveen unos ingresos a las familias sino que además logramos condiciones materiales distintas y dignas para esos colombianos.
En este contexto es inaceptable que se estén creando más cargos burocráticos en el Estado. Por fuera de esta discusión sobre su necesidad o conveniencia, estoy convencida de que tenemos necesidades más significativas. Los pocos recursos que hoy tenemos deben ser destinados a superar las condiciones de pobreza y avanzar en la reactivación económica.
Hay más de dos millones de empleos que no hemos logrado recuperar, que sí teníamos el año pasado. Un desempleo del 15% es altísimo, sobre todo cuando se considera que antes de la pandemia estábamos en el 10-11% y que el 48,7% de ese empleo es informal. A esto hay que agregarle el efecto del paro sobre el cual Corficolombiana estima que perdemos 400 mil empleos; Camacol habla de la pérdida de 472 mil empleos; y Min Agricultura estima 1,8 millones de empleos del agro amenazados con desaparecer. Lo cierto, es que durante la pandemia el 10% de las mipymes se declararon en quiebra. Cerraron 509 mil micronegocios. Sin negocios no se genera empleo, sin negocios no hay quien pague impuestos. Es inaceptable que en estas condiciones estemos pensando en burocracia -por mucho que se necesite. Hay necesidades más urgentes e imperiosas: la recuperación económica para generar empleo y la atención de los más pobres. Solo votaré una reforma tributaria para estos propósitos.
Bogotá, D. E, 18 de junio de 2021
*Senadora el Partido Centro Democrático
Por Gabriel Ortiz*.- La inteligencia militar colombiana ingresó a cuidados intensivos. No la salvarán las vacunas y no quedan Ucis libres. Lo ocurrido en la Brigada 30 de Cúcuta, se suma a otras tantas incursiones mortíferas a centros militares, sin inteligencia.
Increíble que un ministro de defensa recién “condecorado” por un Congreso “enmermelado”, haya descuidado la inteligencia militar, de la cual depende la seguridad del Estado, que él juró defender al posesionarse.
Cada que se quiere mostrar eficiencia investigativa, salen a hacer méritos todos los doses: el 2, el F2, el G2 y desde luego los haker. Toda esa parafernalia de los diferentes grupos de inteligencia del Estado, son unos magos, para hacer seguimientos a periodistas, opositores y a personajes independientes, que tanto escozor ocasionan a los gamonales y caudillos del CD.
Nadie alcanza a explicarse, cómo una camioneta, conducida por alguien que no se identifica cuando busca ingresar a una Brigada, burla los sistemas de seguridad del fuerte militar, en el que se alojan fuerzas especiales de procedencia norteamericana, encargadas de hacer seguimiento a las supuestas operaciones que “prepara” Venezuela contra Colombia, en las contadas horas que aún le quedan a Maduro.
Para entrar a cualquier edificio, se exige a los ciudadanos documentos de identificación confiables, huellas dactilares, fotografías, datos particulares y cuanto se le antoje al vigilante de turno. Difícil entender cómo se puede exonerar de todos estos requisitos a una persona que quiera ingresar a un cuartel, repleto de militares nacionales y extranjeros.
Lo acontecido en Cúcuta fue tan escandaloso, que obligó al presidente Duque, a tomar el flamante avión presidencial bien pasada la noche, para trasladarse a la capital de Norte de Santander. Allí se realizó el acostumbrado, más poco efectivo, tradicional Consejo de Seguridad.
¿Qué diablos pasó en la Brigada 30, atestada de “2” y de los llamados ronderos en moto? Hay que recordar también lo de la Escuela General Santander de la Policía en Bogotá, y las famosas camionetas blancas repletas de paramilitares que se paseaban por Cali, disparando contra los manifestantes, y los “paras” que con fusiles de largo alcance asesinaban a los participantes en las marchas. La policía se codeaba con ellos, pero nadie los veía.
La camioneta de Cúcuta, ingresó sin permiso alguno y se ubicó estratégicamente buscando ocasionar el mayor daño… hizo explosión e impactó a muchos soldados nuestros y a un gringo, muy levemente. Esa razón aminoró el escándalo.
Investigaciones van y vienen sin resultado alguno. Al final, el Fiscal descubrió que la camioneta fue comprada a plazos y que algunos subalternos la habían visto ingresar. Hubo inculpaciones para el ELN y para algunos soldados y suboficiales rasos que fueron detenidos.
Las investigaciones siguen, “hasta sus últimas consecuencias”, mientras los heridos sanan y la inteligencia con todos los “2”, miran para otro lado. ¡Fin!
BLANCO: La nueva reforma tributaria, sin IVA.
NEGRO: El alegre paseo de Carrasquilla por Miami, mientras arde Colombia.
Bogotá, D. C, 18 de junio de 2021
*Periodista. Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper.
Por Gustavo Galvis Hernández*.- “Solo quedan diez años”. Es la contundente advertencia de Antonio Guterres, Secretario General de la ONU con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente. Se refiere a la última oportunidad para salvar al planeta Tierra nuestra única morada de la catástrofe climática, la extinción de las especies y la contaminación global que avanzan a ritmo de desastre. Súmese el crecimiento poblacional imparable especialmente en los paises pobres.
Y es oportuno además reiterar algunas de las recomendaciones expuestas recientemente por un grupo de reconocidos investigadores sobre estrategias y acciones a realizar en varios aspectos críticos del tema. Está el cambio urgente de las fuentes de energía basadas en carbón y petróleo, por las renovables como la hídrica y las no convencionales: eólica y solar principalmente.
Está la importancia del sistema financiero en la financiación de proyectos que sean ambientalmente sostenibles y desinvertir en los que no lo son. También en lograr motivar fuertemente a la ciudadania para que participe activamente- en la economía circular por ejemplo- separando en los hogares y empresas los elementos útiles para el reciclage como plásticos, metales, papel, cartón y vidrio, fundamentalmente.
También dar más información a los consumidores sobre los bienes y productos que utilizan, como los alimentos, y su huella ecológica o de carbono en su producción. Fundamental, la educación ambiental para sensibilizar a la gente especialmente de los jóvenes del mundo cada día más complejo para vivir.
Insistir, persistir y nunca desistir debe ser la consigna para trata de frenar la degradación planetaria que está llegando a situaciones irreversibles. Y también es una gran oportunidad para la generación de millones de empleos verdes en un contexto muy complejo en donde por la Cuarta Revolución Industrial -la Inteligencia Artificial (IA), la robótica, el internet de las cosas, etc,- con la automatización creciente, dejará a centenares de millones de personas sin trabajo como lo expone el historiador e investigador científico Yuval Noah Harari en su renombrado libro, 21 lecciones para el siglo XXI. Ya está ocurriendo en muchas partes, con sus graves consecuencias económicas y sociales, en un mundo lleno a reventar, superpoblado, con 7.890 millones de personas demandando recursos cada día más escasos. Poco espacio para el optimismo.
Bucaramanga, 16 de junio de 2021
*Ingeniero Industrial de la UIS. Expresidente de la Financiera Energética (FEN). Exsenador, Expresidente de ANDESCO.
Por José G. Hernández*.- Nuestros gobernantes suelen dar mayor relevancia a lo formal y a lo externo que a lo sustancial, y comprometerse a bonitos programas y objetivos que luego abandonan o contrarían.
Juran los presidentes, como lo establece el artículo 188 de la Constitución, cumplir sus preceptos y las leyes, y se obligan a “garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos”, aunque la dura realidad prueba lo contrario. Para corroborarlo basta ver lo acontecido -y ojalá algún día aclarado- durante las marchas y protestas del último mes y medio.
Los gobiernos se han acostumbrado a conferir mayor importancia a las apariencias y a la imagen -presentada oficialmente en los medios de comunicación- que a la real y tangible gestión de los asuntos que interesan a la colectividad. Hay una gran tendencia a “mostrar”, sin importar si lo que se muestra corresponde a lo que se hace, y a “presentar” buenos resultados, acomodando las estadísticas, las cifras y las gráficas, en especial para efectos de comparación entre lo actual y lo precedente. No es extraño encontrar que se ofrezca o sostenga algo públicamente, pero se haga exactamente lo contrario. Ni que se prometa en campaña una determinada política social o económica que resulta ser totalmente distinta de la que se formula y ejecuta en el gobierno. Ni que se inaugure con bombos y platillos una obra que está lejos de ser concluida.
Ejemplos:
El expresidente Juan Manuel Santos se comprometió en campaña a no aumentar las tarifas de los impuestos, y aseguró poderlo escribir así en “piedra, mármol o (en) lo que sea”, pero lo que finalmente quedó escrito en la Ley tributaria 1819 de 2016 -de iniciativa gubernamental- fue, entre otros, el incremento de la tarifa del IVA del 16% al 19%. Igualmente, prometió disminuir los aportes de los pensionados para salud, del 12% al 4%, pero, culminado el trámite legislativo en el Congreso, objetó el proyecto de ley aprobado en tal sentido y consiguió hundirlo.
Santos reconoce ahora, ante la Comisión de la Verdad, que los mal llamados “falsos positivos” tuvieron ocurrencia por el afán gubernamental de mostrar resultados. Bastante tarde, quien fuera Ministro de Defensa durante el gobierno Uribe expresó: "Me queda el remordimiento y el hondo pesar de que durante mi ministerio muchas, muchísimas madres, perdieron a sus hijos por esta práctica tan despiadada, unos jóvenes inocentes que hoy deberían estar vivos”. Según él "la presión por producir bajas y los premios por lograrlo fueron, sin duda, los incentivos para producir lo que vino después”. Todo ese dolor, para “demostrar” que la política de “seguridad democrática” estaba produciendo efectos.
Consignas del actual presidente Iván Duque -como “menos impuestos, más salario mínimo, para un país solidario”, “el que la hace la paga”, “somos autocríticos, y recibimos la crítica y la protesta con respeto”, “reconstrucción de Providencia en 100 días”, “la presidencia de Maduro tiene los días contados”- han sido desvirtuadas por tozudos hechos.
En fin, la búsqueda de aprobación sobre la base de apariencias, sin importar las realidades, ni lo sustancial. Con eufemismos que pretenden ocultar lo inocultable. El imperio de la forma externa sobre el fondo.
Bogotá, D. C, 16 de junio de 2021
*Expresidente de la Corte Constitucional