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El viernes 13 de noviembre de 2015 es otra fecha marcada por el horror. París, la ciudad luz, más allá del ocaso y entrada la noche, practicaba su cotidiano quehacer: ir de cafés, asistir al partido amistoso Francia- Alemania en el Stade de France y no perderse a Eagles of Death Metal en el Bataclan.  Líbano, otra tragedia, no estaba en las mentes de los propios y cercanos.

Eran las 21.20, los disparos de Kalashnikov y Paris reportaban siete atentados simultáneos, por ocho atacantes, en una balacera no mayor de 1 minuto y el estallido de varios chalecos bomba, que dejaron 129 muertos y más de 350 heridos de cuidado.

Pero ¿por qué Paris? La ciudad secular, el alma mater de la Ilustración, de la equidad de culturas y del progreso. París no es el desplante semanal de Charlie Hebdo. París no es la amenaza bélica de Israel y Jordania, aun cuando hubo bombardeos franceses en Siria, que comenzaron a finales de septiembre.

Lo más sorprendente para el mundo es quien firma los atentados, Isis, el grupo terrorista que hace más de un año controla amplias zonas de Siria e Irak, casi 40 mil kilómetros, constituidos en el autodenominado Estado Islámico. Se cree que viven en esos territorios más de 8 millones de personas.

El El es una forma de califato, dirigido por un líder político- religioso, de acuerdo con la ley sharia o islámica, que pretende unir al mundo musulmán. Con un excelente aparato de comunicaciones digitales ha mostrado su condición de intolerante y cruel y ha profundizado los procesos migratorios hacia Occidente.

Los miembros del Estado Islámico son yihadistas que tienen una interpretación extremista de la rama sunita del islam y creen que ellos son los únicos creyentes reales. Su visión del resto del mundo está basada en el hecho de que son no creyentes que quieren destruir su religión, justificando de esa forma sus ataques contra otros musulmanes y no musulmanes.

Como bien lo señalan varios analistas, estos ataques salen del esquema tradicional de los islámicos. Aparte del Stade de France, donde incluso estaba el Presidente Hollande y el Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, los lugares de los atentados son sitios populares. No son los íconos de las ciudades o de la cultura occidental, eran lugares de recreo, ocio y diversión. Sólo el grito de Alá Akbar (Dios es grande, en árabe) se sintió como consigna. Este es el peor atentado realizado en Europa desde las explosiones de Madrid en 2004. Y se estima el más programado desde Francia.

El Presidente Francois Hollande declaró el estado de emergencia y el cierre de fronteras. Este atentado demuestra que el enfoque belicista de la seguridad, avalado por varios gobiernos, sólo debilitó a los Estados en esta materia y los hizo indefensos frente a amenazas no tradicionales como la del EL.