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A manera de Editorial.- Si el ejercicio del periodismo es uno de las funciones sociales de mayor alcance e influencia sobre la sociedad, el papel de los periodistas si bien tiene que ser apegado a la verdad, a la precisión, a la imparcialidad y a la independencia, debe considerar y tomar en cuenta de que quienes protagonizan la noticias, son seres humanos y que los rodea una familia y una comunidad, así sea con intereses.

Detrás de toda situación humana hay motivaciones de diferente índole:un escándalo implica sus actores o sus responsables y la posición de los denunciantes y sus intereses. Pero siempre existen los límites. Quienes están detrás del escenario de lo denunciado sufren las consecuencias y si esto es grave, tendrán repercusiones para su futuro.

Las instituciones, en general, en este momento de la historia, son débiles y no poseen el respaldo de la sociedad, porque no ha habido la necesaria renovación de sus estructuras y la realidad de los cambios, las han superado. Particularmente las públicas son objeto de críticas y con ellos sus actores.

En este momento de tantas y tan intensos problemas y desafíos sociales en Colombia, es lamentable el tiempo, las cuartillas y los bytes que se pierden husmeando la esfera personal de la gente de cierta relevancia. No se salva nadie.

Uno de esos casos es el del Exministro del Interior, Carlos Ferro, cuyo video ya ha sido desaparecido de los medios y redes, pero sus consecuencias a nivel familiar pueden ser irreparables.

De seguro, el tiempo podrá lograr y la ayuda profesional también, que ese grupo familiar supere esta crisis injusta e innecesaria, producto de ser sometidos al escarnio público por el manejo inescrupuloso de una grabación donde se trataban temas íntimos y estrictamente personales.

Los escándalos sexuales, en la historia reciente, han sido, aparte de una estrategia de bochorno público y retaliación política, una excelente cortina de humo ante situaciones de mayor alcance político. 

Recordemos los casos del Presidente Clinton con Mónica Lewinsky, los amoríos de Lady Di con sus guardaespaldas, las fiestas de Berlusconi con menores de edad, la violación de una empleada del Radisson de Nueva York por el entonces Presidente del FMI Strauss-Kahn, los interiores retwiteados de Weiner, entre otros, que forman parte de los Top Escándalos, que dieron dinero a los dueños de medios, a los extorsionistas, nadie fue hecho siquiera responsable ante la ley y cayeron en el olvido.

Pero lo que si no lograron fue reparar el daño a los menores y demás miembros de las familias de los enjuiciados por la doble moral imperante en el mundo de hoy.

Desde Ecos queremos hacer un periodismo análitico, veraz, imparcial e independiente. Defendemos los Derechos Humanos y creemos que lo censurable en el mundo de hoy está en los graves problemas que no se asumen con la responsabilidad y el compromiso requeridos en los casos de corrupción,  peculado, violencia en todas sus formas, la ilegalidad y las inequidades de una sociedad que está ávida de la reconciliación nacional.

El reto es comunicar aportando soluciones desde la perspectiva de los hechos y no informar por vender o escandalizar, sino para formar.