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Redacción Ecos. Foto El País.- Carlos E. Cué, del País, fue a Puerto Varas e hizo una entrevista muy íntima y necesaria con Michele Bachelet, la Presidenta de Chile, anfitriona de la reunión de la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú, Chile y más de 49 países observadores) y vaticina que Bachelet va camino de convertirse en la última mohicana de la izquierda latinoamericana”.

Cué hizo una aproximación incisiva a Bachelet. La radiografía, la define, la emplaza y hace una diagnosis de su pensamiento y su acción, en una segunda presidencia plegada de despropósitos y aciertos.

Una de las precisiones de cirujano, es su caracterización de la líder chilena. “Bachelet defiende el libre comercio pero también reivindica las políticas de izquierda para compensar los costes de la globalización y evitar que la gente se vaya hacia fenómenos como el Brexit o Donald Trump”, una apreciación que define la garra certera de una política que sobrevivió como víctima a la cruenta Dictadura de Pinochet.

En abierto diálogo, Cué inquiere a Bachelet sobre la Alianza del Pacífico, opuesta al Mercosur, que constituye un giro al libre comercio, tema tabú de la izquierda latinoamericana y bolivariana.

Bachelet admite que “la Alianza se crea en 2011 por cuatro gobiernos que comparten valores” Que fue antes de su Gobierno pero ellos los comparten también esos valores. Pero afirma: “Creemos en la democracia, los derechos humanos, la inclusión, y el valor de una economía abierta. Chile ha entendido hace muchos años que somos 17 millones de personas, no podemos depender de nuestro mercado interno. Hemos salido al mundo, tenemos acuerdos con países que representan el 80% del PIB mundial. Nosotros intentamos en mi Gobierno anterior hacer el arco del Pacifico, pero eran muchos países y no nos poníamos de acuerdo, no avanzábamos”.

Ante la no presencia de Ecuador y Bolivia, que pregunta el entrevistador, Bachelet dice que la Alianza del Pacífico no es un movimiento ideológico, sino “un acuerdo comercial con movimiento libre de personas, de productos, muy pragmático”.

Respuesta que trae al tapete el tema del Proteccionismo, doctrina tradicional en Argentina, Brasil y  Venezuela. Para lo cual Bachelet esgrime el argumento que define su posición en ese escenario: "Chile tenía una experiencia distinta, creía y cree que la salida al exterior es muy importante y el proteccionismo no es la solución". Esto define ya un antagonismo con el Mercosur, pero no excluye posibilidades.

Cué toca, posteriormente la Crisis de Liderazgo en la región e encuadra a Bachelet con su baja valoración en las encuestas y “que le pasa a la mayoría de los presidentes de la región, sin distinción de ideologías", ¿qué hacen mal?

Bachelet responde: “Tengo la impresión de que la crisis de la política es universal. En Europa pasa lo mismo. Los partidos tenemos que replantearnos todo. La democracia representativa por sí sola ya no da respuesta a los anhelos de la gente de ser parte constructora de la sociedad. Por eso nosotros en Chile estamos haciendo un proyecto constituyente desde abajo hacia arriba”.

Y al insistir en la baja estimación de ella en Chile, la mandataria expone su augumento: “Primero uno tiene que cumplir con los compromisos que ha tomado. Y mirar como restablecer confianza. La desconfianza es con la política, pero también con el mundo empresarial, con las instituciones religiosas. Hay un cuestionamiento a la élite. Las élites latinoamericanas tienen que remirarse, recuestionarse qué estamos haciendo y reinventarse para seguir jugando el rol que corresponde a los partidos políticos, la única organización que puede ofrecer a una nación una idea colectiva. Necesitamos una política cercana, limpia, transparente, preocupada por las personas”.

Entre otros temas, Cué insistió en hablar de las ideas de la Izquierda sobre la Globalización, otro tema muy polémico en términos de la desigualdad.

Bachelet responde con calma y expresa con realismo “Detrás del Bréxit y del éxito de Donald Trump hay algo claro, y esto es más viejo que el hilo negro, lo hemos sabido siempre: la globalización ha incrementado las desigualdades. Pero la globalización es un hecho, no va a desaparecer porque no me guste. Estamos conectados por todos lados. Tenemos desafíos enormes que no podemos resolver solos los países. Una de las conclusiones que sacamos del Brexit y del ascenso de Trump es que tenemos que introducir políticas para que lo que traen de positivo los acuerdos de libre comercio resulten en una prosperidad compartida, que se puedan generar políticas de inclusión, que la gente no quede fuera de los éxitos”.

Es tajante al expresar que: “¿Quién vota por Brexit? Mayores de 50 años, zonas rurales con peor educación, gente cuyas fábricas no pudieron competir por la globalización y tuvieron que cerrar. Este es un llamado de atención para que el libre comercio se use para políticas de desarrollo y para no dejar a nadie fuera del progreso” señala la líder chilena.

Por último, Cué toca la supervivencia política: ¿La izquierda latinoamericana tiene futuro en este ambiente de giro liberal?

Bachelet con convicción dice: “La lucha por la justicia social, por sociedades más integradas, más solidarias, más justas, siempre tiene sentido y va a encontrar su lugar”.

En este sentido, es innegable que el pragmatismo y la necesidad de responder a las demandas ingentes de la población manejaran el timón del cambio en América Latina.