Por Luis Fernando García Forero.- El presidente de Colombia Juan Manuel Santos, siempre se preparó para alcanzar la jefatura de Estado, designación premiada por el pueblo en dos ocasiones seguidas, pero en su horizonte, quizá, lograr el Nobel de Paz sólo le pasó por la mente cuando avanzaba el diálogo con las Farc para acabar el conflicto.
Como descendiente de una de las familias de más prestigio y abolengo en el país, los Santos Calderón, otrora dueños del más influyente diario del país, El Tiempo, inició su vida profesional en el periodismo, después de haber estudiado en Londres Economía en la Universidad de Kansas, una maestría en economía y desarrollo económico del London Scholl of Economics y otra en administración pública en Harvard.
Entre 1972 y 1981 representó a la Federación Nacional de Cafeteros ante la Organización Internacional del Café, con sede en Londres. De regreso a Colombia, llegó a la subdirección del diario El Tiempo que en esa época era propiedad de la familia Santos.
En el ejercicio del periodismo incursionó en la política en el Partido Liberal, siendo Ministro de Comercio Exterior del Presidente César Gaviria Trujillo y quien asumió la jefatura de debate para que lo reeligieran en la jefatura de Estado y además quien lideró la campaña del sí en el plebiscito para aprobar los acuerdos de La Habana. En el Gobierno del Presidente conservador Andrés Pastrana, uno de sus contendores en el actual proceso de paz, fue Ministro de Hacienda.
No desligó el periodismo de la política y la política del periodismo. Tuvo columna de opinión donde reflejaba sus conceptos sobre el acontecer de la vida nacional en donde expresaba siempre que el conflicto armado era uno de los grandes problemas a solucionar para salir del subdesarrollo.
Dentro del partido Liberal no vio el horizonte para lograr sus mejores resultados electorales, razón por la cual se apartó de esa colectividad en el 2004. Ingresó a las filas del Partido Social de Unidad Nacional apoyando al Presidente Álvaro Uribe Vélez, organizando el Partido de la U como una iniciativa para agrupar las fuerzas del uribismo.
Ofensiva contra las Farc
Al ser reelegido el Presidente Uribe, el 2006 como mandatario de los colombianos nombra como ministro de Defensa a Juan Manuel Santos, una de las carteras más importantes de ese Gobierno denominado de la Seguridad Democrática. Allí Santos encarnó una gran ofensiva contra las Farc, cuyos resultados se vieron en las políticas de inteligencia y acciones militares en contra de ese grupo insurgente.
Al mando de dicho ministerio ejecutó los operativos militares más certeros contra las FARC: la muerte de alias el "Negro Acacio", alias "Martín Caballero", entre otros.
Uno de los principales comandantes de ese grupo insurgente, Raúl Reyes, cayó en la llamada operación Fenix cuando fue bombardeado en un campamento en territorio ecuatoriano. Esto llevó a una polémica de orden internacional porque produjo la muerte de un ciudadano ecuatoriano y cuatro mexicanos, que se encontraban en la zona limítrofe del vecino país.
Juan Manuel Santos Calderón fue el gran artífice de la llamada operación Jake y que logró la liberación de la ex candidata presidencial Íngrid Betancourt, tres estadounidenses y once militares y policías que tenían secuestradas las Farc.
En el 2011 dio otro golpe contundente a las Farc: las Fuerzas Militares dieron de baja en un operativo a Guillermo León Sáenz, alias “Alfonso Cano”, el máximo jefe de esa organización armada. Publicaron los medios de comunicación que Santos “estaba perplejo, entre feliz y asustado, entre nervioso y triste. Estaba mudo. No dio detalles. Todos sabían que este era un golpe militar poderoso. Sin embargo, sus asesores no entendían esa angustia repentina con la que asumió la noticia”.
Falsos positivos
El escándalo de los falsos positivos durante su ministerio, cuando agentes de seguridad del estado desaparecían ciudadanos para asesinarlos y hacerlos ver como guerrilleros caídos en combate, fue su dolor de cabeza.
Un tema que le dio la vuelta al mundo. Sectores críticos al gobierno y defensores de derechos humanos así como organizaciones internacionales pusieron en tela de juicio el gobierno de Álvaro Uribe y su política de Seguridad Democrática, por considerar que había permitido que este tipo de conductas criminales se hubiesen propiciado.
Allí se establecía, de acuerdo a las investigaciones por una comisión especial ad hoc, la utilización indebida por parte de militares y civiles de la Directiva 29 firmada por el anterior Ministro de Defensa Camilo Ospina Bernal, en la que se establece un régimen de incentivos económicos (Recompensas) por la información o entrega de miembros de grupos armados ilegales o material de intendencia.
Por estas razones se cuestionó su "responsabilidad política" como Ministro de Defensa. El 4 de noviembre admitió públicamente la existencia de Ejecuciones Extrajudiciales en Colombia por parte de las Fuerzas Armadas bajo su mando, pero ese mismo día, después de que 27 oficiales del Ejército fueron retirados discrecionalmente del servicio activo, el General Mario Montoya, quien ejercía como Comandante del Ejército de Colombia, renunció a su cargo.
El Ministro de Defensa de la época, Juan Manuel Santos, jamás le sacó el cuerpo a semejantes atrocidades ocasionadas por la Fuerza Pública y al contrario, de frente asumió todo lo que estuviera a su alcance para investigar los verdaderos autores de semejantes atrocidades.
“Nunca quisimos tapar nada, todo lo contrario. Hemos abierto todas las investigaciones y toda la información para castigar a los autores con todo el peso de la ley” dijo Santos en esa época.
Del Plomo al diálogo
Cuando asumió la Presidencia de la República en el 2010, Juan Manuel Santos Calderón aseveró que sí había voluntad de la Farc abriría un camino por la vía política al fin del conflicto con ese grupo insurgente.
Pasaron los meses y se filtró la noticia que su hermano Enrique Santos Calderón en forma secreta avanzaba en acercamientos con guerrilleros de las Farc para iniciar el diálogo de paz. Santos lo anunció y le comunicó a Colombia y al mundo que se iniciarían conversaciones con esa organización que lleva más de 50 años atacando al estado.
Cuba fue el escenario de las negociaciones con el apoyo de varios países de América y Europa entre ellos Chile y Noruega, garantes en el desarrollo de dichos diálogos. Durante más de cuatro años avanzaron en la negociación hasta que el 26 de septiembre las partes firmaron el Acuerdo en Cartagena de Indias, ante la presencia de varios jefes de estado y la mirada de millones de televidentes de Colombia y el mundo.
Su casta demócrata lo llevó a cumplir la promesa: que el pueblo refrendara a través de un plebiscito, aprobado por el Congreso, el Acuerdo firmado entre las partes para iniciar lo que se ha denominado el posconflicto.
Ese talante demócrata le fue adverso. El pueblo, por una minoría de diferencia, no aceptó lo acordado en La Habana, iniciativa liderada por su antiguo jefe el ex presidente Uribe quien desde el 2010, se convirtió en un enemigo acérrimo del mandatario, por considerar que traicionó la política de Seguridad Democrática, pero que llevó al Comité de Noruega a designar al Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón, como premio Nobel de la Paz 2016.