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Por Felicia Saturno Hartt. Foto: Random House.- José “Pepe” Mujica asistió, en la Biblioteca Vasconcelos, ubicada al Norte de la populosa Ciudad de México, a la presentación de la obra “Una oveja negra al poder”, editada por la prestigiosa  Random House y escrita por los periodistas Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz, sobre su vida y experiencias y, luego tuvo un encuentro con jóvenes en el auditorio del lugar.

Apenas cinco años como presidente de un país tan pequeño como Uruguay han bastado para convertir a José Mujica en una figura respetada en todo el mundo; un político distinto que representa otra manera de ejercer la política y el poder, más cercana a la gente y al sentido común. Porque como dije Mujica, «los políticos tenemos que vivir como vive la mayoría, no como vive la minoría.»

Mujica, que siempre se ha sentido una oveja negra, y que pasó más de trece años en la cárcel por su militancia política, explica en estas páginas su trayectoria hasta llegar al poder, los conflictos con su liturgia y protocolo, el encuentro con figuras como Obama, Fidel Castro, Putin, Chávez o Cristina Fernández de Kirchner, la soledad de sentirse, a veces, en un mundo ajeno.

Es un relato con un ritmo vertiginoso, producto de más de cien horas de conversaciones hogareñas e institucionales, políticas e íntimas, personales y telefónicas, en las que ninguna tertulia terminó antes de la madrugada.

En este escenario azteca, Mujica volvió a sorprender a la prensa y a la audiencia de jóvenes, con sus posiciones y la fortaleza de sus argumentos políticos y existenciales.

El ex Presidente de Uruguay, parece un anciano disperso que, para explicar la crisis de los partidos políticos, la paz en Colombia o la deforestación va y viene del pasado y nada comenzó cuando parece, sino mucho tiempo atrás y tiene contexto, como lo define Jacobo García, en El País Global.

Pero cada vez que abre la boca frente a cientos de jóvenes y el acento de Montevideo rompe el silencio de la Biblioteca Vasconcelos, el viejo de 81 años se transforma en el más joven de un auditorio que recibe las frases como sacudidas que tuitea frenéticamente.

A ellos les dice que se alejen de la pereza, que luchen, que cuiden los afectos, que se organicen para rebelarse, que no consuman a lo bobo o que cuiden la política, “porque es de todos”.

Luego de explorar otros temas por 42 minutos, Mujica es consultado, en la primera de las preguntas del público, sobre el proceso de paz en Colombia.

Mujica ubicó el origen del conflicto en el asesinato de José Eliecer Gaitán, el caudillo liberal asesinado en 1948 y en Marquetalia, la república independiente creada Manuel Marulanda, líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), bombardeada en los años 50.

En los últimos cuatro años, dijo, comenzó una negociación entre el Estado y la guerrilla que “ha sido demasiado gerencial y con poca participación de los de abajo. La gente se ha asomado como a un balcón al proceso de paz”. Algo extraño sucede porque “el movimiento obrero apoya la paz pero no apoya al gobierno” se cuestionó Mujica en referencia a la baja popularidad del Presidente Juan Manuel Santos, al que considera su “amigo”.

Tras la victoria del NO en el plebiscito del 2 de octubre “ahora hay que renegociarlo todo” dice. “Y sí, todos dicen que están por la paz, pero algunos ponen tales condiciones que no hay paz” dijo en referencia al el ex Presidente Álvaro Uribe. “¿Y en qué terminará todo?, no lo sé”, se respondió a sí mismo. “Yo vi voluntad política en las FARC para alcanzar la paz y espero que la mantengan” explicó.

Durante más de una hora cientos de jóvenes escucharon la tarde del sábado a Mujica en medio de un silencio reverencial.

Al final de su intervención, Mujica sentenció: ”los únicos derrotados son los que dejan de luchar”.