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Redacción y foto: ECOS.- Así lo editorializó El País de España este lunes 28 de noviembre, al opinar que “el Congreso colombiano, como depositario de la soberanía popular, tiene plena legitimidad para autorizar, en beneficio de todos los colombianos, la puesta en marcha del proceso de paz”.

En su editorial, el más prestigioso diario de la península ibérica, fue claro en señalar que la firma de un nuevo acuerdo de paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC —tras la derrota del anterior en el plebiscito celebrado el pasado 2 de octubre— es, ante todo, la constatación clara e inequívoca de que ambas partes desean poner fin a la guerra civil más antigua del continente americano.

“Esa voluntad de paz es lo más importante”, se lee en las líneas editoriales de El País al destacar que “lo que debe prevalecer por encima de las dificultades y diferencias en torno a cómo articular un proceso de paz que por su propia naturaleza tiene que ser complejo e insatisfactorio en muchos aspectos y que, sin duda, podrá ser mejorado con el tiempo y el aprendizaje”.

Destaca el periódico español que se debe “alabar la serenidad con la que el Ejecutivo de Juan Manuel Santos y la guerrilla reaccionaron ante el rechazo popular al anterior acuerdo y la celeridad con la que han alcanzado una nueva versión, evitando una demora que hubiera podido provocar una ruptura del alto el fuego”.

Pone de presente el diario El País que conviene aprender de las lecciones del pasado más reciente y no echar las campanas al vuelo. “El conflicto colombiano, tanto por su duración como por sus características, se ha revelado como un problema muy complejo cuya solución definitiva está muy lejos de la simplicidad. Buena prueba de ello es el lenguaje plagado de tecnicismos empleado en la nueva versión, que deberá todavía ser aprobado por el Congreso colombiano”.

Se muestra de acuerdo con el Presidente Santos al señalar que es comprensible que el jefe de Estado colombiano no someta el nuevo texto a una nueva consulta popular: “En un clima de división como el actual, eso significaría no sólo ahondar en las heridas provocadas por el anterior, sino arriesgar la ruptura del proceso de paz y hasta una posible reapertura del conflicto en caso de un segundo “no”.

De esta manera se suman las opiniones a favor de la forma como el gobierno de Colombia avanza para lograr la verdadera paz.