Por Luis Fernando García Forero.- Foto Ecos.- Existe una deuda con diversos sectores de la sociedad en Colombia. Los incumplimientos gubernamentales que han generado las protestas actuales, abren nuevos espacios de controversias y se suman a diversos grupos y personas, mostrando un tejido social débil, vulnerable y con necesidades que no podrán ser canalizadas a corto plazo.
Ciertamente el proceso de paz requirió una inversión significativa para el Gobierno de Colombia, pero al lograrse la firma del acuerdo con las Farc y un posible pacto con el ELN, la obligación de la dirigencia política en el ejercicio del poder, es incorporar a su agenda política inmediata la deuda pendiente con los sectores cardinales de la sociedad colombiana: los maestros, los campesinos, los funcionarios estatales, la clase trabajadora, entre otros, quienes pueden convertirse en una resistencia que va a resquebrajar progresivamente la estructura interna del Gobierno.
Existe una realidad en América Latina, producto de la ausencia de un liderazgo político capaz de estimular y acompañar a los ciudadanos en pos de sus necesidades urgentes. Desde hace décadas las protestas de diversos sectores han sido motorizadas por sus protagonistas principales y asumidas por el gobierno, muchas veces desde el punto de vista represivo.
Existe un cuestionamiento recurrente en nuestra sociedad sobre los problemas que son comunes a todos, porque el maestro que protesta, el funcionario que protesta y el obrero que protesta, aun cuando ocupe el espacio y el tiempo del colectivo, tiene un impacto profundo en todos, porque es una protesta legitima, consecuencia, incluso, de las decisiones tomadas por los gobiernos.
La necesidad de manifestarse en las calles por diversos sectores populares, como se ha venido demostrando últimamente en Colombia, si no es canalizada por el propio Gobierno o los liderazgos que aspiran a ser favorecidos por el voto de los colombianos, aparte de perder credibilidad, sus consecuencias pueden ser negativas en un futuro escenario electoral y del posconflicto.