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Por Luis Fernando García Forero.- El viejo sentir de la revolución armada con la combinación de todas las formas de lucha quedó en el pasado en las Farc, ahora luego de la dejación de las armas como resultado de una cuerdo entre el Gobierno y esa guerrilla, que por más de 52 años atacó el Estado colombiano, es la de dedicarse a sumar mayorías en las urnas a través del voto.

Las palabras del Presidente Juan Manuel Santos en Mesetas en el departamento del Meta, donde se realizó el acto simbólico de la entrega del armamento de esa guerrilla, deberán ser atendidas, cuando les dijo: “las armas se cambiaron por las palabras”. Mensaje que deben poner en práctica sin secuestros, emboscadas, atentados, entre otros actos violentos,  para que los ciudadanos les crean que son verdaderamente el nuevo movimiento del pueblo.

Ese es el auténtico paso político que deben iniciar los excombatientes. Tendrán que disparar de ahora en adelante ráfagas de ideas para que se mantengan en el desarrollo de la democracia. Un paso difícil pero que a buena hora lo decidieron sin reconocer que la acción del Gobierno y el mismo Estado, debe ser el de brindarles garantías para que su ejercicio proselitista no vaya a ser apagado con los asesinatos de sus militantes, como ocurrió con la Unión Patriótica.

El momento político de las Farc se consolidará el 1 de agosto, cuando los contenedores sean sacados por la Misión de la ONU de las zonas veredales, y las últimas 700 armas que tienen para su seguridad, las dejen definitivamente. 

Por ahora los colombianos, ante una oposición grande aferrada en contra del proceso por la reconciliación, no les queda sino salir a ejercer el derecho ciudadano de acudir a las urnas como lo van a hacer los exguerrilleros, en la búsqueda de disminuir la abstención y que las mayorías decidan cual debe ser el futuro de Colombia, pero en paz.