Bogotá, 29 de enero de 2018. Por Luis Fernando García Forero. Foto Ecos.- Aunque el trabajo del Congreso hasta diciembre pasado fue fundamental en el avance de la implementación de la paz, aún quedan pendientes tareas que se deben desarrollar para augurar el mejor camino del posconflicto y la reconciliación, pese a que por el territorio nacional se oyen estruendos y caen las víctimas por un posible asomo del terrorismo en pleno inicio de la campaña electoral, pero, los senadores y representantes, tienen la responsabilidad de avanzar y definir el tema de la tenencia y distribución de la tierra, la atención a las víctimas del conflicto y la solución integral a las drogas ilícitas; para avanzar en la convivencia nacional.
El Congreso que termina este año y el nuevo que se inicia el 20 de julio, deben seguir la tarea para implementar la paz también con propuestas de reformas institucionales que no pueden quedar por fuera, como la reforma a la justicia, al sistema de la salud, el tema pensional, laboral, entre otros.
Es una tarea compleja y difícil para el nuevo Congreso que elijan los colombianos el 20 de julio. El legislativo ha fracasado en esas reformas. El pueblo colombiano no cree que los senadores y representantes logren hacer esos cambios constitucionales y legales que permitan una mayor participación en la vida democrática de los ciudadanos y disminuya la exclusión y la inequidad.
Se espera poco del trabajo legislativo del actual Congreso, la razón, el tiempo. La esperanza está en la representación que llegue a las respectivas cámaras el 20 de julio, pero todo depende de la decisión que tomen los colombianos al elegir a los nuevos congresistas.
La polarización en Colombia, no hay duda, se va a ver reflejada en las cámaras legislativas a partir del 20 de julio. Los congresos son el reflejo de un país. Las fuerzas políticas se polarizaron por el desarrollo del proceso de paz.
Sin embargo, el Congreso se puede convertir en la corporación que logre, a través de la aprobación de iniciativas estructurales en materia institucional y del desarrollo del acuerdo de paz, en la rama del poder público que logre reconciliar en el ámbito político a todos los colombianos.
Pero eso sí, el tema de la tierra, que dio origen al conflicto, la atención verdadera a las víctimas y la solución a los cultivos ilícitos, serán los prioritarios para concretar la convivencia, la verdadera paz el y desarrollo de la democracia.
La palabra la tienen los electores el 11 de marzo, por qué y por quién votar.