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El Ministerio de Salud, reportó que este jueves de Semana Santa, Colombia registró 11.449 nuevos casos de contagio del COVID 19 y 192 personas perdieron la vida a causa del virus, lo que pone en alerta al Gobierno porque las cifras demuestran que estamos ya caminando sobre la tercera Ola que tendrá su desarrollo en las próximas semanas lo que puede llevar a medidas más drásticas, entre ellas, nueva cuarentena.
El total de fallecimientos en Colombia asciende a 63.614, mientras que los casos activos de contagio suman 53.115, cifras que se registran en medio de toques de queda y pico y cédula en capitales y varios municipios del país, donde las ocupaciones de las Unidades de Cuidados Intensivos en los centros hospitalarios han superado el 80 por ciento.
El Gobierno Nacional, a través del Ministro Fernando Ruiz, quien cada día da un balance positivo del aumento de vacunas contra el coronavirus, insiste en el llamado a todos los colombianos para que no se relajen y se mantenga el cuidado con las medidas sanitarias preventivas, que poco se ve en medio de playas con un considerable número de turistas, transporte masivo con congestiones y centros comerciales con más capacidad de compradores y visitantes.
Bogotá, D. C, 2 de abril de 2021
Redacción Ecos Nacional
El primer vicepresidente del Senado, Jaime Durán Barrera, destacó la importancia y el papel que va a jugar el Congreso con las diferentes iniciativas que se van a tratar en las cámaras para sacar adelante al país en medio de la pandemia, pero fue contundente en señalar que “si no se aumenta la cobertura en la vacunación en el territorio nacional, no habrá reactivación”.
Es una iniciativa de la Unidad para las Víctimas que hace un reconocimiento a las historias de resistencia y superación de las más de 9 millones de personas incluidas en el Registro Único de Víctimas (RUV), quienes sufrieron hechos directos con ocasión del conflicto.
Es un llamado a la memoria sobre lo sucedido para que los hechos ocurridos no vuelvan a repetirse.
Desde el 23 de marzo y hasta el 8 de abril, “Dona tu voz”, en su primer momento, convocará a todos los ciudadanos para que estos relatos sean leídos, grabados y enviados como un audio de whatsapp a la línea 3176653961.
Las historias estarán circulando en espacios públicos y de manera digital en un sitio alojado en la página web de la entidad www.unidadvictimas.gov.co, desde donde cualquier persona puede acceder a estas.
Las grabaciones enviadas formarán parte de un repositorio que dará cuenta de que, efectivamente, cada colombiano tiene un aporte importante en la memoria histórica y en la reparación integral a las víctimas.
En un segundo momento denominado “Dona tus Oídos”, que se desarrollará el 9 de abril, Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas, los colombianos escucharán las historias grabadas con las voces de quienes participaron de la iniciativa. Lo harán a través de medios de comunicación, actividades al aire libre, redes sociales y el sitio web de la Unidad.
De manera incluyente, la Unidad para las Víctimas invita a los sobrevivientes del conflicto residentes en Colombia y en el exterior, a integrantes de las entidades del orden nacional y territorial, a los miembros de organismos internacionales y a todo aquel que se encuentre con una historia a sumarse a esta iniciativa. Queremos tocar las fibras de todos los colombianos para que, así, este 9 de abril las historias se cuenten y se conozcan a una sola voz.
Las historias del conflicto
Los relatos recogidos para la campaña son el resultado de la construcción de cerca de 1.500 “Bitácoras Viajeras”, un conjunto de objetos (libros, cajas, papeles, murales, tejidos, entre otros) que por medio de la palabra y la imagen acerca a las personas a la memoria viva de los sobrevivientes. Estos fueron elaborados en el marco de las estrategias de acompañamiento psicosocial que adelanta la Unidad y allí se consignan las narraciones de los hechos ocurridos, los sentimientos y testimonios con ocasión del conflicto que las víctimas quieren contarle al mundo.
En lo que respecta a la atención psicosocial, entre 2018 y 2021, 83.907 víctimas accedieron a la medida de rehabilitación ofrecida por la Unidad para las Víctimas, con una inversión superior a los 12.488 millones de pesos. Se destaca que 251.522 víctimas han sido acompañadas históricamente.
Bogotá, D. C, 29 de marzo de 2021
Fuente Unidad para las Víctimas
Por Gustavo Petro.- No sé cómo, ni por qué, pero terminé contagiado por el Covid. La enfermedad me hizo hacer un viaje de inmersión por la humanidad, un golpe que de repente me llevó al corazón mismo de la pandemia, vivida en carne propia, experimentada desde mi corazón y mis sentimientos, sin ningún tipo de privilegios.
Todo fue de pronto y fugaz, como un golpe fulminante, inesperado. Como un disparo de nieve, tal como dice una de las canciones que más me gustan. Después de experimentar los primeros síntomas, como la pérdida relativa de mi oxigenación, me practicaron el examen que dio positivo y enseguida llamamos al servicio de emergencias. Respondieron con prontitud. En menos de media hora llegó un médico que midió mis parámetros de salud. Mi saturación de oxígeno, aunque había bajado, aún era buena al igual que mi presión por lo que el galeno me dio a escoger entre si quedarme en la casa o seguir con él, a la atención hospitalaria.
Confieso que tuve muchas ganas de quedarme, de no partir en esas horas ya oscuras y frías a lo que presumía era el abismo. Pero la preocupación de mi esposa Verónica me hizo tomar la decisión de partir. Allí comenzó mi viaje.
En medio de un idioma extraño, llegué en ambulancia al hospital público Santa María Nuova, en el centro de la ciudad de Florencia. Cuando quise mostrar allí el resultado de mi examen de covid, encontré que habían suspendido mis servicios de telefonía desde Colombia. De pronto llegaba a un hospital sin ningún tipo de comunicación con el exterior y para colmo de males allí, como en todos los hospitales, no había servicio de WiFi. Había quedado completamente incomunicado, solitario frente a la enfermedad y sin noticia alguna de mi familia que había dejado enferma.
Me sentí profundamente solo, anónimo, sin que nadie allí supiera si quiera mi nombre bien deletreado. Estaba completamente en manos de personas extrañas. La soledad me invadió en medio de mi dificultad para respirar. De repente me pasaron a las pruebas y allí detectaron mi neumonía. Pasé la noche sin dormir.
Al otro día encontré a mi compañero de cuarto con quien intenté iniciar alguna conversación a pesar de la distancia de los idiomas. Maximiliano, ese era su nombre, era muy amistoso, más joven que yo y trataba de darme fuerza desde su efusividad italiana.
Pero no hubo mucho tiempo. Sin tener alguna razón del resultado de mis exámenes y después de haberme levantado al otro día, mirando por la ventana los grupos de muchachos y muchachas que caminaban por la calle, debajo de los árboles de Magnolias, cuando el sol y el cielo azul me entregaban una dosis de optimismo, entró una enfermera a decirnos que el hospital estaba lleno y que nos tenían que sacar de allí hacia otro hospital. Se llevaron primero a Maximiliano y sentí su vacío enorme cuando se fué y se despidió tocando mi puño y deseándome la “forza”, que necesitaba. De repente, con su partida, me sentí aun más solo. Ya apagando el sol, llegó la ambulancia por mi y me sacó por entre callejuelas a algún lugar cada vez más retirado, más lejano. Por entre las rendijas de las ventanas de la ambulancia podía ver como se acababan los techos de los edificios de Florencia, como aparecían los arboles sin hojas del invierno, como me alejaba cada vez más de mis seres queridos, hacia un destino lejano, al final de una tarde fría y gris.
Tenía ganas de devolverme, de desdecirme y retornar a mi hogar, de no cruzar el abismo. De escapar de la ambulancia y del sitio a donde me llevaban. De recordar mis años donde, encerrado, buscaba todos los caminos posibles de la huida, del escape.
Llegué al hospital público Santa María Annunziata envuelto en el frío. Los conductores de la ambulancia vestidos estrictamente para protegerse del covid, seguían el protocolo a la perfección. El portero estaba asustado y corría para no estar cerca de mí. Tuvieron entre el portero de seguridad y los tripulantes de la ambulancia un altercado que me hizo sentir aún más solo, indefenso, mientras tiritaba del frio allí en aquel pasillo de la entrada del parqueadero, por la puerta de atrás, completamente cementado de gris y de tristeza. Esa sensación de soledad máxima que me embargaba como si me quisiera abrazar definitivamente con sus tentáculos de amor extraño, corría por mis venas y mi alma y me desesperaba, me dejaba huérfano, íngrimo, solitario en el final de los tiempos.
Estaba muy ofuscado por mi falta de comunicación con todo lo que hasta ahora, me había rodeado; me sentía en manos de un sistema del que solo era un apéndice sin voluntad, sin capacidad de reacción.
Me subieron al quinto piso por un ascensor especializado para enfermos del covid. Y allí entré a la sección de medicina A, sala seis, letto 60, del hospital público. Casi de inmediato ingresé a esa sala, acostado en la camilla, con respiración desde una bala de oxígeno y con una mascarilla parecida a la de las nebulizaciones. Sentí la sala llena de gente. En medio de mi ofuscación y mi soledad, en medio de la burbuja en la que me sentía por la ausencia del sueño de la noche anterior y que me dejaba adormilado mientras ingresaba en aquella sala, vi imágenes que percibí dantescas. Hombres viejos metidos en escafandras de plástico llenas de oxígeno, a través de las cuales, se veían sus rostros desesperados tratando de respirar con muchísima dificultad. Veía sus miradas anhelantes, las enfermeras gritándoles, porque las escafandras no permiten oír. Pude mirar mi alrededor y estaban allí cuatro personas enfermas todas más viejas que yo. Entre las miradas desesperadas y los gritos en italiano de las enfermeras, sentí como si estuviera en una de las salas del viaje de Dante que había leído de niño. El Dante de Florencia que regresaba por su pueblo.
Trataba de cerrar los ojos, de dormir, y no podía. Mire el nombre puesto en la cama de la persona que desesperada trataba de respirar: Paolo de la Terba. Él seguía allí despierto y yo adormecido, conectado a los tubos de las medicinas y del oxígeno, hasta que empezó a gritar quizás hacia la media noche. Las otras personas allí enfermas llamaron las enfermeras. Todas corrían, y al principio no entendía porque gritaban tanto. Se trataban de comunicar con Paolo sin quitarle la escafandra, que era como quitarle todo el oxígeno. Una de ellas ante el dolor que expresaba Paolo, le decía que le había puesto morfina, pero Paolo no se tranquilizaba. Veía su rostro crispado por el dolor, gritaba tenso desde el interior de su escafandra. Su desespero invadía todo su cuerpo, lo tomaba para sí. Gritaba “ayuta, ayuta” y se tocaba los brazos desesperado, quería quitarse la piel, quizás descansar. Como si estuviera viviendo una pesadilla pues no podía cerrar los ojos, ni dormir. Vi el rictus de dolor de aquel hombre detrás de la burbuja de oxígeno, perdido por completo ante el paroxismo del espanto, derrotado profundamente. Sentí que él lo que quería era irse definitivamente, abandonar el esfuerzo, retirarse para siempre hacia donde los vientos ya no vuelven.
En algún momento lo sacaron en la camilla y regresaron con él y en algún otro momento ya no estaba sino su silencio. ¿Por qué ese silencio, después de tantos gritos, de tanto dolor? Pensaba, mientras miraba a las enfermeras mudas, escoger algunos aparatos. Se habían llevado a Paolo y regresaron con la camilla vacía. Comenzaban a recoger las cosas de aquel hombre con el que no pude hablar, cruzar una mirada de apoyo, un abrazo siquiera. Paolo había partido. No se a donde. No se que se hizo en el universo. No se si pensó en sus amores, en las brisas suaves de la toscana, en su vida de hombre del trabajo. No se si sintió que habría valido la pena vivir o si se sintió tan solitario como yo me sentía. Paolo se fue sin mi abrazo. Sin el abrazo del enfermero que vi arrodillado ante él, cuidándolo, limpiando sus heridas de las agujas con esmero, como un hijo diciéndole “amore”. Esa imagen no la olvidaré jamás. El enfermero joven, por fuera de sus obligaciones profesionales brindando amor allí arrodillado frente a Paolo, tratando de soportar al viejo, amoroso como los santos antiguos, como San Francisco de Asís, profundamente humano.
Sentí la enorme fuerza de la humanidad, de la solidaridad, del amor. El enfermero, al que nunca pude preguntar su nombre, al otro día recogió las cosas de Paolo y las puso en una bolsa roja de plástico, borró su nombre de la camilla, definitivamente. Silencioso se sintió derrotado y yo también. Todo había pasado estando yo allí acostado, sin mover un brazo. Me sentí sucio por haberme dejado acobardar, por no haberme parado a abrazar a Paolo. Quizás el calor de mi mano, quizás mi mirada hubieran podido calmarlo, quizás en esa delgada línea que divide la vida de la muerte, un poco de mi energía hubiera podido ponerlo de este lado, quizás por milagro, quizás por amor.
La muerte del covid había llegado y se había paseado frente a mi cama, la vida desatenta como decía Miguel Hernández, la había dejado entrar y pasear por el lado de mi camilla, quizás me miró irónica, desdeñosa y se fue a abrazar al más débil, al más necesitado, al más solo. En esa noche se había llevado a Paolo delante de mí mismo. Me desplomé. Y cuando más ganas tuve de llorar, de desesperarme, recordé mi juventud primera cuando me llevaron a la tortura, cuando entregaron mi cuerpo a la cárcel. Era yo un joven que no había salido en realidad de su casa materna y de su pueblo y de pronto era entregado a la ferocidad de la mayor degradación humana. Recordé la fuerza que nació en ese entonces, dentro de mi, la capacidad de resistencia. El aguante para esperar los días en que sería posible la transformación social. La ilusión del mañana que me permitía resistir la tortura del presente. Y me pregunté, en medio de la ausencia de Paolo, si no había vuelto ese momento. Si 35 años después no se me demandaba de nuevo la resistencia, la capacidad de sobreponerme, si el grito desesperado de Paolo al frente de mi cama, no era también mi grito para no dejarme doblegar.
Así llegó el otro día, la camilla de Paolo se ocupó por un nuevo paciente. Paolo se fue y me dejó una frustración que no olvidaré jamás, unas ganas de revivirlo, de al menos, haber cumplido mi esfuerzo de decirle un adiós, un “forza Paolo” desde lo más profundo de la vida.
Luigi Giusti amanecía en la camilla a mi lado, muy fortalecido. Tenía unos 70 años y su esposa, una señora agraciada y amable, siempre sonriente, estaba en la sala vecina, también enferma. Ella tosía permanentemente y se visitaban. Unas veces Luigi cogía su bala de oxígeno, con su mascarilla y se trasladaba a la sala vecina a abrazar y hablar con su mujer, otras veces era ella la que llegaba. Aquella pareja, quien sabe después de cuántas décadas, se amaba, se abrazaban en medio de la enfermedad. Veía a Luigi hora tras hora mejorar. Hablar por celular durante horas, leer revistas, y siempre, siempre, correr hacia su mujer. Una vez lo oí llorar. Otra vez, cuando murió Paolo delante de nosotros, le vi la mirada triste. Luigi fue quien me prestó su celular sin entender muy bien que le decía, me permitió comunicarme con Verónica y salir del pozo de mi soledad. Pude allí a través del primer contacto con Vero y con mi hija, recibir la bocanada de oxígeno más importante, sus voces eran como un paño de bálsamo en medio del dolor, un respiro poderoso. Desde allí pude restablecer la conexión del roaming suspendido desde Colombia y así me reconecté con el mundo que seguía allá en la Colombia lejana, sin saber ella, de mi travesía.
Luigi me mostró la otra cara de la enfermedad, la del amor. Un día llegó su esposa y dijo que estaba negativa, la felicite y ella sonrió. Luigi me dijo que era un gran suceso. El evolucionaba tan favorablemente como yo, nos quitaban al mismo tiempo las ayudas de oxígeno que disminuían en sus especificaciones, hasta que nos la retiraron a los dos definitivamente. Ambos sabíamos que éramos afortunados y me lo dijo en un instante donde miro a la camilla aun vacía de Paolo. Nuestros organismos estaban dominando la enfermedad y habían reparado los pulmones. A Luigi con su esposa ya curada, le dijeron que se iba para su casa y lo vi partir. Sentí tristeza ante su partida. Se iban mis compañeros de un combate. Mi unidad de resistencia.
Luigi fue el amor. Su llanto quizás no era más que un presagio falso que lo llevaba a pensar en la separación definitiva, de su compañera, de su amor. Acostado allí en la cama, pensaba como sería la juventud de Luigi, cuando conoció a su esposa, quizás una adolescente italiana, en los días de sol en los campos de Toscana. Quizás en su colegio de secundaria mientras la invitaba a un helado a la salida de clases. Quizás la conoció bajo la caricia del viento a través de los cipreses y de los naranjales. El vino quizás los convocó al amor en una noche loca y cálida de verano, quizás esos recuerdos embargaban a Luigi y lo hacían llorar. Pero su resistencia le permitió salir con su mujer de la mano y coger la ambulancia que lo regresaría a su lugar, a sus problemas, a su vida de mano de su sueño.
Y allí me quede con el último compañero de mi viaje, mientras nuevas personas, siempre de edad, llegaban a ocupar las camas vacías. Era Mario Masini.
Mario tenía 76 años. Por alguna razón que desconozco, todo el personal del hospital estaba pendiente de él. Le mandaban besos, le escribían notas que mostraban por la ventana. El siempre respondía con una sonrisa dulce y tranquila. A Mario lo metieron en una escafandra como la de Paolo, de color amarillo. Se notaba que estaba grave y tosía permanentemente. Sin embargo, él, que había visto morir también a Paolo encerrado en esa misma escafandra que ahora él tenía, se mantenía tranquilo. Firme. Sonriente. Seguro era un trabajador del hospital. Y de ahí la solidaridad que despertaba. Todas las mañanas, lo primero que hacía era mirarlo, allí sentado en su camilla, respirando y tosiendo. Le sonreía, le decía ”Forza”, le mostraba mi dedo pulgar hacia arriba y él me respondía siempre con su sonrisa dulce. Fuimos construyendo una relación de hermanos, de padre e hijo, sin hablarnos. Él se apoyaba en mi mirada. Yo sentía que el amor que el enfermero había desplegado arrodillado frente a Paolo, lo sentía yo por Mario. Que no quería que muriera, sentía que la energía de mis brazos podría darle la energía que él necesitaba.
Sentí el amor fraterno de la solidaridad humana. Recordando siempre mis años de juventud en la cárcel, me dije a mi mismo, que ya mi papel, en ese instante, no era el de las grandes manifestaciones y entrevistas, del estudio frío de las estadísticas, del dirigir permanente hacia el cambio a una sociedad. Que mi papel como revolucionario en esos días de mi viaje por el covid, era mirar a mis compañeros de camilla, soportarlos, ayudarlos, sonreírles, darles la fuerza de la vida. Amarlos como seres humanos que quizás, nunca volvería a ver, pero que se habían cruzado, sin quererlo, en uno de los peores combates para luchar juntos. Para ser compañeros de una batalla, la gran batalla por la vida. Mario era mi objetivo, y por nada del mundo quería que le pasara lo de Paolo. Me paré varias veces a sentarme en su camilla, cuando no tenía la escafandra le acariciaba el pelo y la mejilla, toqué sus manos y se las estreché. Me concentre en mi propia energía vital para trasladársela. Él, permanecía allí, con su sonrisa eterna, su tranquilidad pasmosa, su dulzura. Respondía con su mirada mi mirada, sentía que me agradecía. Que me gritaba desde su corazón silencioso que estaba firme, que daría la batalla conmigo, que aún, allí afuera, le esperaban. Que había cosas que hacer. Que la vida no había terminado para él.
Un día me dijeron que me iba. Ya respiraba por mi mismo y todos los indicadores eran favorables. La neumonía se había retirado. Espere largas horas impaciente, iba a un baño desde el cual podía ver las nubes, el cielo azul y los campos. Cuando llegó el conductor de la ambulancia, después de horas de espera acuciantes, lo primero que hice fue sentarme al lado del Mario. Me daba tristeza dejarlo. Me sentía irresponsable. Quería acompañarlo hasta su restablecimiento, porque estaba seguro que un resistente como él, no moriría por el covid. Quería cumplir mi papel de hombre solidario, de hermano en la lucha. Y me costó separarme de su sonrisa. Dejarlo. Mi viaje en ese hospital público había terminado.
Hoy aun con la enfermedad pienso en esos días dantescos, de amor y de solidaridad. Pienso en mis sentimientos reavivados. Creo que esa experiencia tenía que vivirla desde el corazón mismo de la enfermedad, donde pocos la ven. Si me preguntan qué experiencia saque de esos días, diría que redescubrí la enorme fuerza de la solidaridad y del amor humano. Ante esos ancianos, que sentía como partisanos de la resistencia humana, comprendí esa gran fuerza de la humanidad. La que ha permitido superar todas las pestes, las que ha permitido superar los fascismos y las guerras fratricidas, la gran experiencia humana solidaria, que nos hace seres sociales y amantes y sobre la que descansa el destino de nuestra especie.
Todas las ideas de la competencia, del mercado, de las codicias, desaparecieron de pronto, allí en esa sala ante el empuje de enfermeras y enfermeros, de enfermos viejos aferrados a la vida, de su amor mutuo entre extraños, preparados para resistir. Sabedores todos que éramos luchadores, que pasábamos por el campo de batalla, que no solo dependíamos de nosotros y nuestros organismos, sino de los demás.
Adiós, Mario Masini, adiós Luigi Giusti, adiós Paolo de la Terba, desde aquí, lejos, espero que hayan vivido y puedan volver a recorrer los campos de manzanas y oler el mar Mediterráneo y hundir las manos en la tierra de una de las cunas de la civilización humana. Que las arancias dulces de Sicilia lleguen a sus mesas y el dulce vino para un brindis por la vida. Desde allí, desde los siglos de tanta cultura construida, del pueblo de Dante, de Petrarca, de Leonardo y de Miguel Angel, de mi amigo Sandro Botticelli al que acompañé en un día de tristeza junto a su tumba, de Franco Zeffirelli el director católico de cine artístico que veía desde mi niñez y al que encontré en su capilla mortuoria en los altos de Florencia, desde el pueblo de Antonio Gramsci, y las ligas campesinas y las sociedades obreras y la utopía soñada, quizás sigan sonriendo dulces y tranquilos, como los sobrevivientes de una guerra en la que luchamos juntos.
Bogotá, D. C, 28 de marzo de 2021
Tomado de www.cuartodehora.com
El jefe de Estado colombiano, Iván Duque Márquez, al instalar la V Reunión de los Órganos e Instituciones del Sistema Andino de Integración (SAI), instó a la Comunidad Andina a “que aceleremos la disponibilidad y la equidad en la distribución de las vacunas, que podamos compaginar las medidas farmacológicas y no farmacológicas para enfrentar esta pandemia (por el covid-19)”.
En el evento el presidente Duque fue directo en señalar “Vemos que en el mundo hemos tenido que luchar y competir para adquirirlas (las vacunas) y nuestra capacidad de distribución y aplicación es totalmente proporcional a la disponibilidad de los suministros en nuestros países”.
Señaló que los países que integran la Comunidad Andina deben tener la “capacidad de atender y responder ante situaciones que hemos vivido y que no dejan de preocuparnos: casos de carencia de oxigeno o de algún otro material médico para atender pacientes en Unidades de Cuidado Intensivo (UCI)”.
Respecto del Organismo Andino de Salud, el Mandatario indicó que “esta instancia de coordinación que debe, también, ser considerada como un mecanismo de diálogo constante con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), debe jugar un papel rápido en una instancia andina a las necesidades de vacunación”, añadió el Mandatario.
El mandatario colombiano calificó de “asombroso” y “preocupante” la situación global en la disponibilidad de vacunas.
“Gracias al aporte de la OMS y la OPS en la región tenemos mejor coordinación”, concluyó el jefe de Estado de Colombia Iván Duque Márquez.
Bogotá, D. C, 25 de marzo de 2021
Redacción Ecos Actualidad
El Congreso de la República inicio el trámite de un proyecto de ley que reduciría el robo de celulares en Colombia.
La iniciativa fue radicada por el senador Luis Fernando Velasco Chaves y establece que todos los teléfonos inteligentes que se comercialicen en el país, deberán contar mínimo con una solución tecnológica de software o hardware, que le permita a su propietario, en caso de robo, desactivarlo de forma remota, dejando al móvil inservible e inutilizable.
El congresista liberal Velasco Chaves dijo que la propuesta, que inició su trámite en el Senado, va a desestimular el mercado de quienes roban dichos dispositivos y complementa el trabajo que a diario cumplen las autoridades policiales y judiciales en su lucha contra el hurto de celulares.
“El proyecto pretende que los comercializadores que vendan estos dispositivos inteligentes y no incluyan esta opción, deberán ser sancionados con una multa correspondiente al doble del valor del móvil, por parte de la Superintendencia de Industria y Comercio, recaudos que serán destinados a fortalecer la Red Nacional de Protección al Consumidor”, destacó el senador Velasco Chaves.
Igualmente se establece que el consumidor que adquiera dispositivos móviles sin esta tecnología, podrá, sin que se le cobre ningún costo adicional, solicitar el reintegro total del dinero que hubiese pagado por el dispositivo o podrá, de la misma forma, solicitar el cambio del aparato por otro de iguales características que sí incluya la opción tecnológica de fábrica.
El Presidente de la República Popular China, Xi Jinping, entregó este sábado un mensaje a los colombianos, mediante el cual afirma que espera afianzar y “llevar a nuevas alturas” la cooperación amistosa con el Gobierno y el pueblo de Colombia en la lucha contra la pandemia, así como en otros temas de la agenda binacional.
El mensaje del presidente de China Xi Jinping se dio a conocer tras la llegada a Colombia de un nuevo lote de 774.320 vacunas de la farmacéutica china Sinovac, y posterior a la declaración que sobre el particular hizo el Presidente Iván Duque Márquez desde Barranquilla, acompañado por el Embajador de China, Lan Hu.
“Este lote de vacunas que arriba hoy a Colombia, junto a los dos anteriores, todos adquiridos desde China, han contribuido al Plan Nacional de Vacunación de Colombia contra el covid-19. Espero que entre ambos gobiernos y pueblos podamos afianzar la cooperación amistosa en la lucha contra la pandemia y en otras áreas”, recalcó Xi Jinping en el mensaje.
En ese contexto, destacó que su aspiración “es llevar esta cooperación a nuevas alturas” para “un mayor beneficio de ambos pueblos”.
“Frente a las dificultades coyunturales, a raíz de la repentina aparición del covid-19, China y Colombia nos solidarizamos, desplegando una activa cooperación antiepidémica”, agregó.
Resalta lazos comerciales
El Presidente Xi Jinping, quien resaltó que las relaciones de los dos países “experimentan avances históricos” a lo largo de 41 años de vida diplomática, aseguró que “China ya es el segundo socio comercial de Colombia; las empresas chinas participan activamente en diversas áreas de construcción en Colombia”.
Además, puso de presente que “productos colombianos como café, flores frescas, aguacate, etcétera, han tenido una gran acogida entre nuestros consumidores”.
Xi Jinping recordó que en julio de 2019 el Presidente Duque “efectuó una exitosa visita de Estado a China”, y aseveró que hace poco sostuvo una conversación telefónica con el Mandatario colombiano, en la cual llegaron “a nuevos consensos sobre la agenda bilateral y la cooperación” contra la pandemia.
Finalmente, el Presidente de la República Popular China envió los mejores deseos al pueblo de Colombia, a que “supere la pandemia lo antes posible, que goce de paz, de mayor prosperidad; que las relaciones amistosas entre China y Colombia tengan mayor vitalidad y fortaleza”.
Bogotá, D. C, 21 de marzo de 2020
Fuente Presidencia de Colombia
Así lo afirmó el registrador Nacional Alexander Vega al destacar que ya el máximo organismo electoral en Colombia ya expidió el calendario electoral donde se incluye el proceso de inscripción de cédulas para participar en los comicios.
El registrador Nacional Alexander Vega dijo que ya se están preparando los protocolos de bioseguridad. Anunció que el país tendrá alrededor de 10.000 mesas de votación adicionales, espacios que serán habilitados en las zonas rurales para que los ciudadanos tengan mayor accesibilidad al voto.
La inscripción de cédulas para participar en los comicios se extenderá hasta el 13 de enero del 2022.
A continuación en el siguiente PDF puede observar y enterarse del calendario electoral:
Bogotá, D. C, 21 de maro de 2021
Redacción Ecos Actualidad
Un año después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara la pandemia mundial por covid-19, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) otorgó a Colombia en primer préstamo por 150 millones de dólares con resultados aprobados y cuyo propósito es el mejoramiento y sostenibilidad del sistema de salud con enfoque inclusivo.
“Este es el primer préstamo con resultados aprobado para Colombia y tiene como objetivo mejorar la sostenibilidad del sistema general de seguridad social. A través de este programa se busca optimizar la gestión de gasto en servicios y tecnología del alto costo, potenciar las acciones del préstamo de servicios sociales y aumentar el servicio de forma inclusiva”, explicó el presidente del BID, Mauricio Claver-Carone, durante el quinto día de la Asamblea de Gobernadores del banco que se realiza desde el lunes en Barranquilla (Atlántico).
“Hoy queremos resaltar los avances que ha tenido el sistema de salud de Colombia y mostrar nuestro compromiso con la solución de los principales retos que los aquejan. Colombia cuenta con una cobertura de aseguramiento prácticamente universal; es uno de los países con mayor protección financiera contra gastos catastróficos; fue capaz de duplicar el número de unidades de cuidados intensivos en la pandemia y logró, en un mes, el millón de personas vacunadas”, destacó Claver-Carone.
A su turno, el presidente de Colombia, Iván Duque, manifestó que “con esta operación de crédito, el país recibe el espaldarazo del BID a la política y la gestión de esta pandemia. Nos complace tener al BID como el banco amigo”.
Duque aclaró que este es el préstamo “más importante que haya recibido Colombia por parte del BID en materia de salud, para hacer la transformación del sector, transformación que hace parte de nuestro Plan Nacional de Desarrollo y que, por supuesto, se acelerará en medio de esta pandemia”.
Además de la suscripción del contrato de préstamo entre Colombia y el BID, se firmaron dos convenios de financiamiento no reembolsables para la inversión y ejecución del mejoramiento y la sostenibilidad de la salud con enfoque inclusivo.
El primer convenio no reembolsable fue por 9,6 millones de dólares, otorgado por el BID, y el segundo entregado por el gobierno de Alemania hasta por 2 millones de euros.
El presidente del BID puntualizó que este presupuesto busca ayudar a Colombia a enfrentar retos como “la importancia de nuevas tecnologías de alto costo en salud; el déficit de atención primaria, y el flujo migratorio tras el anuncio de la regularización de casi dos millones de inmigrantes venezolanos, algo en lo que trabajaremos conjuntamente con el Gobierno de Colombia”.
El préstamo y los dos convenios de financiación no reembolsable otorgados a Colombia fueron firmados por el presidente del BID, el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, y el ministro de Salud, Fernando Ruiz.
Bogotá, D. C, 19 de marzo de 2021
Redacción Actualidad
Así lo establece un proyecto de reforma constitucional presentado por la bancada liberal y congresistas de otras colectividades en el Senado, liderados por el primer vicepresidente de la corporación, Jaime Durán Barrera, los senadores Luis Fernando Velasco, Rodrigo Villalba, Guillermo García Realpe, entre otros, y que pretende congelar por un periodo de cinco años el sueldo de los servidores públicos que ganen más de 20 salarios mínimos legales vigentes, es decir $18.170.520.
En el proyecto de Acto Legislativo se adiciona un parágrafo transitorio al artículo 187 de la Constitución Política Colombiana, el cual establece la fórmula de reajuste salarial para los congresistas. Esta misma fórmula, se constituye en un factor para el aumento del salario de otros servidores públicos.
El parágrafo transitorio determina que por un término de 5 años, la asignación para los congresistas no será reajustada conforme a la regla, si no, que quedará como asignación el valor del último año de remuneración previo a la entrada en vigencia del presente Acto Legislativo.