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Por Gonzalo Buenahora Durán. Historiador.-Agencia de noticias Vieja Clío. Bogotá, 1949. El 10 de noviembre pasado el país despertó acéfalo. Ello, si concebimos a los cuerpos colegiados como la piedra angular del régimen político llamado Democracia. El presidente de la República, Dr. Mariano Ospina Pérez, cerró el Congreso Nacional y las Asambleas Departamentales bajo el pretexto que los congresistas lo iban a someter a un juicio de responsabilidades y que nos encontramos (desde el mismo instante cuando clausuró la institución) en Estado de Sitio.

Son pocas las veces y los mandatarios en la historia de Colombia republicana que se han atrevido a tanto. Que se recuerde, Simón Bolívar en 1827, Rafael Urdaneta en 1830, José María Melo en 1854, Tomás Cipriano de Mosquera en 1867 y Rafael Reyes en 1905. Salvo la de Reyes, que duró 4 años, las demás dictaduras fueron efímeras y ello es resultado de cierto civismo y pundonor patriótico de los que nos podemos enorgullecer los colombianos.

Todo estaría bien  -al fin y al cabo nada es perfecto, todas las naciones tienen problemas, etc.- si no fuera por los graves acontecimientos que han acompañado la política por estos días: el magnicidio del 9 de abril del año pasado y la horrible hecatombe que desató; los liberales asesinados en Maripi, Pauna y Chiquinquirá; los conservadores liquidados en Bucaramanga; las casas dinamitadas en Pereira; la balacera y los muertos del Congreso en septiembre pasado; la masacre del Carmen en Santander del Norte; las matanzas de Ceilán y Betania en el Valle del Cauca; los 24 militantes de la Casa Liberal de Cali, etc., etc.

Pero lo más grave y doloroso, lo verdaderamente espantoso, es el horrendo crimen cometido el 25 de noviembre en la dilecta persona de don Vicente Echandía, ciudadano liberal sin tacha y hermano del hasta hace poco candidato a la Presidencia de la República por el Partido Liberal, Dr. Darío Echandía. Sin más, sin el más mínimo derecho, sin mediar palabra alguna, un piquete del ejército baleó la poco nutrida (a causa del miedo) manifestación de liberales que protestaba por la clausura irregular del Congreso, y pare de contar, nuestro querido amigo cayó al suelo sin vida. A dos días de elecciones, un asesinato de impacto siniestro, un homicidio nocivo y absolutamente innecesario, pudiéramos decir que un crimen de Estado y de lesa humanidad. 

El resultado por ahora: el jefe del partido Conservador Laureano Gómez, de verbo incisivo y demoledor, vencedor en unas elecciones en las que no participó sino él, será investido el próximo 20 de julio con la banda tricolor.

No sobra agregar que el señalado político de derechas, salvo que el destino dictamine lo contrario, se sentará en el solio de Bolívar con la estructura de los regímenes fascistas europeos en mente, pues es "público y notorio" que prepara para Colombia una Constitución fundamentada en las ideas de José Antonio Primo de Rivera, creador de la Falange española y estimulante inspirador de autócratas totalitarios como Mussolini, Hitler, Franco y Antonescu. Y es lo que obliga a este medio informativo a tomar partido abiertamente porque lo más desafortunado de todo es que, fuera de que se pondrán en plena práctica legal consignas criminales como “acción intrépida” y “a sangre y fuego”, la posesión de Gómez Castro tendrá que efectuarse ante la Corte Suprema de Justicia, pues en este infortunado país las corporaciones representativas y democráticas han dejado de existir. ¡Vivan las corporaciones representativas y democráticas!