Por Felicia Saturno Hartt.-No es de extrañar que un fenómeno sociopolítico, como lo es la Corrupción, sea patrimonio únicamente de los países que intentan vivir en Democracia y terminan siendo Cleptocracias.
Lo que realmente asombra es como se está haciendo cotidiano enterarse de estas situaciones en regímenes tan admirados como el chino, elogiados por muchos, por su infinita capacidad de adaptación a los cambios de la era y temido por otros por el vasallaje al Partido Único.
Lo cierto es que la corrupción en China es común. Y así será de frecuente y cruenta que hasta sus agencias noticiosas publican informaciones, datos, leyes que, en las diversas reuniones del Comité Central de Control Disciplinario y el mismísimo Congreso del Partido Comunista Chino, están desarrollando para frenar la corrupción y lograr administraciones honestas.
Prueba de esta afirmación es una reseña publicada en Xinhua, donde el principal funcionario encargado de combatir la corrupción en China, Wang Qishan, prometió reforzar este año la serie de reglamentos en la lucha contra la corrupción.
Wang subrayó la importancia de la responsabilidad del PCCh y dijo que se preparará la regulación de rendición de cuentas al interior del Partido para hacer que rindan cuentas quienes hayan implementado de forma deficiente las políticas partidistas, quienes hayan incumplido su deber en la administración del Partido, quienes hayan seleccionado y promovido a los funcionarios equivocados y quienes no hayan detectado los problemas al interior del Partido.
Lo que significa ya un acto corrupto. Que la frontera entre el Estado y el Partido no exista. Y que las políticas públicas estén supervisadas por la misma militancia. ¿Quién acusaría a quién?
Pero lo más paradójico de todo es que Wang tuvo logros en el 2015, aun cuando nadie conoce los nombres de los implicados:
1. Los fiscales investigaron el año pasado a más de 54.000 funcionarios por soborno, incumplimiento del deber y otros crímenes relacionados con su deber.
2. Más de 20.000 casos concluyeron en los tribunales de todo el país, incluyendo 16.000 casos de soborno y malversación y 4.300 casos de incumplimiento del deber.
3. Las autoridades disciplinarias recibieron más de 2,8 millones de reportes y castigaron a cerca de 336.000 personas que infringieron la disciplina.
4. Se iniciaron o terminaron las investigaciones de 90 funcionarios de la administración central por violaciones disciplinarias, según un informe y 42 de los funcionarios fueron remitidos a órganos judiciales para ser sometidos a una investigación penal.
5. Los funcionarios anticorrupción también investigaron a 49.000 funcionarios por presunta violación de los ocho puntos contra el derroche y 3.400 de ellos fueron castigados conforme a las normas disciplinarias.
6. Una iniciativa llamada "SkyNet" logró el regreso de 1.023 prófugos que estaban en otros países y la recuperación de 3.000 millones de yuanes (461,5 millones de dólares) en recaudaciones penales.
Ante estas cifras esperanzadoras para China, aun cuando en proporción a sus habitantes (1300 millones) no sabemos si son significativas, porque tampoco se describen los delitos, está su percepción de corrupción, un indicador que publica Transparencia Internacional.
China ha obtenido 36 puntos en el Índice de percepción de la Corrupción en 2015. Con esa puntuación empeora su situación, hasta la posición número 100, de los 174 del ranking de corrupción gubernamental, luego que sus habitantes expresaran que existe mucha corrupción en el sector público.
Es interesante observar que este índice clasífica a los países desde 0 (percepción de altos niveles de corrupción) a 100 (percepción de muy bajos niveles de corrupción), en función de la percepción de corrupción del sector público que tienen sus habitantes.
La salida a este terrible problema
Desde el nombramiento del presidente Xi Jinping en el 2013, Pekín ha adoptado medidas enérgicas contra la corrupción oficial en China, donde la ostentación de la riqueza personal y el derroche en el gasto público han llevado a la crítica generalizada del gobernante Partido Comunista.
Pero destaca la Campaña llamada "Sky Net", que relevó a la de "la caza del zorro" vigente hasta el pasado año y que supuso la última medida del Gobierno de Xi Jinping en su lucha contra la corrupción.
La iniciativa involucra a diferentes órganos oficiales como el Comité Central del Partido Comunista de China, el Banco Popular de China, la Fiscalía Suprema y el Ministerio de Seguridad Pública una iniciativa para repatriar a corruptos que han huido hasta los lugares más recónditos del planeta. Se espera que la campaña logre ubicar y repatriar a cientos de fugitivos más.
Asimismo, Pekín emplea aplicaciones móviles, películas y raps para advertir a los funcionarios contra la tentación del enriquecimiento ilícito y ha creado, incluso, un Museo en el Tribunal Supremo y varias réplicas en las regiones.
Sin embargo, para algunos críticos, como el historiador y analista, Zhang Lifan, todo este despliegue no deja de ser simplemente "propaganda".
Impasibles ante estas críticas, las autoridades chinas han intensificado también la inauguración de decenas de "centros de educación anticorrupción", que como el del distrito capitalino de Haidan, parecen el remedo de una cárcel dirigida a sobresaltar, cuando menos, el espíritu de los miles de cuadros del partido a los que se obliga a visitar estos tenebrosos enclaves.
En algunos de ellos el mensaje es más que explícito. La exhibición que se mostró en la ciudad de Huaian, en la provincia de Jiangsu, atesoraba hasta 200 métodos e instrumentos de tortura donde figuras a escala humana lo mismo aparecían colgando de los pies sobre una hoguera, que inmovilizados por un cepo de madera mordiéndoles el cuello.
El último informe anual de la todopoderosa Comisión Central de Control Disciplinario (CCCD) liderada por el mencionado Wang Qishan, al que se podría considerar como el número dos de facto del país, aseguraba que en 2015 esa entidad había "castigado" a 282.000 funcionarios del PC por "violaciones de la disciplina", de los cuales 90 eran altos cargos, una cifra que superaba con mucho los 68 miembros de la alta jerarquía comunista que fueron penalizados en el año 2014.
Y los pocos periódicos de China siguen diciendo que esto no es una lucha anticorrupción, sino una lucha de poder interna; el pueblo chino ante la campaña comenzó a emigrar de nuevo.