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Por Felicia Saturno Hartt.- Esta semana partió a la luz un hombre que marcó profundamente la vida de su país, en todas las dimensiones y el devenir el mundo en la segunda mitad del siglo XX: Hans-Dietrich Genscher.

Esta afirmación no es una exageración, porque el jefe histórico de la diplomacia alemana, asumió diversos retos, que significaban cambios radicales, no sólo en la política de su país, sino en el mundo y fue uno de los arquitectos de uno de los desafíos históricos, que marcaría el fin de una era y de una de las influencias totalitarias más poderosas, para lograr la reunificación de Alemania.

Con inquebrantable disposición al diálogo, Genscher abogó siempre por el fin de la Guerra Fría, señala Beatrix Beuthner, en su íntima crónica, publicada esta semana en el DW.

Prueba de ello, señala la cronista, es su discurso, en 1975, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde asevero: “Nuestro objetivo es lograr la paz en Europa y que Alemania se reunifique en paz y libertad”.

En este sentido, el credo de Genscher fue “aproximarse al otro”: escuchar, desarrollar empatía y hablar. Con esa estrategia podía por un lado ser muy duro, como por ejemplo, cuando condenó en 1979 enérgicamente la invasión soviética de Afganistán. Y por otro, con sus habilidades diplomáticas, siempre logró ser aceptado como interlocutor, señala Beuthner.

El gran momento político de Genscher vino cuando se avizoró un cambio en la política de la otrora Unión Soviética. Existía la necesidad de implementar reformas económicas y políticas, en cuyo marco los países del Pacto de Varsovia, es decir, también la RDA, tendrían un mayor margen de maniobra para llevar adelante reformas internas.

Genscher nacido en la RDA, en 1927, cerca de Halle., vivió los primeros años de la dictadura comunista en la RDA, como afiliado al Partido Liberal Democrático de Alemania, que, bajo presiones y después de sufrir varias detenciones, debió renunciar a la línea crítica de sus comienzos. Genscher abandonó la RDA en 1952, se asentó en Bremen y comenzó a trabajar como abogado.

Como miembro del Partido Liberal Democrático (FDP) de Alemania Occidental, Genscher fue de 1969 a 1974 Ministro del Interior del Gobierno de Willy Brandt, período donde vivió el terrible secuestro de la delegación israelí a los Juegos Olímpicos de Munich, donde 2 deportistas murieron torturados y de los 9 rehenes, 6 murieron durante el rescate.

 “Fue el peor día de mi larga carrera como miembro del Gobierno de Alemania Federal. No le deseo a nadie pasar por la misma experiencia”, diría Genscher más tarde.

Genscher fue de 1974 a 1992 Ministro de Relaciones Exteriores de la República Federal de Alemania y simultáneamente vicecanciller, primero en el gabinete de Helmut Schmidt (socialdemócrata).

En 1982 dio la espalda a esa coalición y aceptó aliarse a la CDU/CSU (conservadores): una decisión que disgustó a muchos en su partido y que también a él mismo le costó tomar, como dijo más tarde, porque estimaba a Helmut Schmidt por su fuerte personalidad.

Verica Spasovska, directora de la redacción online de DW, afirma que Genscher fue, durante décadas, un factor decisivo en la política interior alemana. Como presidente y hombre fuerte del FDP aseguró la importante influencia política del pequeño partido año tras año.

Y cuenta que, pesar de que los liberales generalmente superaban por poco el 5% de la votación necesario para entrar al Parlamento, el partido participó durante casi 30 años de forma ininterrumpida en las coaliciones de Gobierno, por la influencia negociadora de Genscher.

El peso internacional que tuvo Genscher incluso años después de haber abandonado la política activa volvió a quedar demostrado en el año 2013. En aquel momento logró la liberación del opositor de Putin, Mijaíl Jodorkovski de la cárcel y su salida de Rusia rumbo a Berlín. Los abogados de Jodorkovski le pidieron ayuda al maestro de la diplomacia, que ya había cumplido 86 años.

Como presidente honorífico de su partido, el Liberal Alemán (FDP), continuó trabajando, fiel a sus posiciones, sin renunciar a hacer críticas.

Su balance: cuatro millones de kilómetros por aire recorridos en casi 900 viajes oficiales al extranjero. Sus momentos estelares: los vivió en 1989/1990, los años de la reunificación alemana. El 30 de septiembre de 1989, Genscher anunció a unos 5000 ciudadanos de Alemania Oriental que se habían refugiado en la embajada de la RFA en Praga que tenían permiso para viajar a Alemania Occidental. Y su foto en el balcón, victoreado por esa multitud pasó a la historia.

Ciertamente, como lo define Spasovska, Hans-Dietrich Genscher tenía el don de percibir y aprovechar oportunidades históricas.

Genscher fue alemán, europeo y liberal a carta cabal y, para nosotros, desde Ecos, una inspiración para todos los que creemos en la libertad, en el pluralismo y en el reto de edificar una estructura ética de la democracia.