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Por José Felix Lafaurie.- Si en los últimos 25 años se expandió la zona cultivada en 600.000 hectáreas, parece aventurada la meta de 1 millón en 3 años planteada para el programa Colombia Siembra; pero yo coincido en que no solo es posible con la impronta gerencial del ministro Iragorri, sino necesaria como una señal de que, con Farc o sin ellas, la recuperación del campo es un propósito gubernamental para garantizar la soberanía alimentaria, sustituir importaciones costosas y aclimatar el progreso rural, que es el verdadero nombre de la paz.

Es posible porque los cinco puntales del Programa atacan disfunciones estructurales de la producción. Primero: sembrar lo que toca donde toca, le devuelve a la política pública su función orientadora para dirimir el conflicto entre vocación y uso de la tierra. No obstante, también se necesita sembrar competitivamente, porque son la competitividad y el mercado los factores que definen la utilización de la tierra. La ganadería, tan vilipendiada por una ocupación excesiva, en muchos casos está donde no hay vías ni servicios, y la tierra tiene condiciones agrológicas precarias para otra actividad diferente, como en la codiciada altillanura y regiones alejadas de las grandes ciudades. Donde no es así, como en el Caribe y Tolima, la ganadería fue tabla de salvación para algodoneros quebrados, cuando resultó más barato importar que comprar al productor local.

Segundo: la asistencia técnica es otra gran carencia, con experimentos fallidos como el de las politizadas Umatas y otros como el del exministro Restrepo, con una inversión de 270 mil millones sin resultados conocidos. Por ello, la utilización de los gremios es un acierto, priorizando a pequeños productores para quienes Fedegán desarrolló el exitoso modelo Asistegán.

Tercero: la administración del riesgo agropecuario es factor de inequidad frente a otros sectores, pero no se debe limitar al cubrimiento de las aseguradoras, sino a la prevención del riesgo con su mayor expresión en políticas de adaptación al cambio climático.

Cuarto: mejorar el acceso al crédito es otra deuda con los medianos y pequeños productores. Por ello es necesario aumentar los recursos, pero también revisar costos y condiciones que hoy lo hacen excluyente para muchos.

Quinto: la inversión en capital humano a través de escuelas de emprendimiento rural, otro frente en el que Fedegán desarrolló junto con el Sena, modelos eficientes como las Escuelas de mayordomía, hoy en el olvido por falta de continuidad en el apoyo del Sena.