Por Luis Fernando García Forero.- El mapa político que se dibuja en Colombia, luego de las elecciones territoriales del 25 de octubre, será un factor decisivo para el acuerdo de paz, no sólo en términos políticos, sino desde el punto de vista estratégico.
La paz es una condición que exigirá de un aparato, un equipo, un conglomerado consensuado, que cree sus realidades y entornos, que recree un proyecto compartido, que se traduzca en construir y hacer.
No habrá paz sólo porque cese el conflicto; habrá cuando los engranajes del aparato del Estado, legal y legítimamente elegido, tome partido y genere las iniciativas que van a concretar los derechos y garantías de las víctimas, la reinserción social de los desplazados y de los excombatientes, la recuperación de los espacios para la vida y la producción, la posibilidad de una sinergia que construya país en términos concretos.
Nunca una elección en Colombia tuvo un motivo más profundamente importante como la del 25 de octubre de 2015. Porque no se elige únicamente un gobernador, un alcalde, un diputado, un concejal o un edil para la función pública, indudablemente fundamental para la vida del país. Se están eligiendo agentes de paz, que unidos a la generosa diversidad geográfica y económica, regionalizará el paso del proceso de paz, en sus predicados de justicia transicional, reclamación, restauración y su no repetición, a la realidad cotidiana de la vida de las personas.
Si el proceso de paz no se teje desde las regiones, desde los rincones más profundos y desiguales de Colombia, con sus potencialidades y carencias, complicaciones y oportunidades, las causas del conflicto van a quedar latentes.
Regionalización es sinónimo de acercamiento. Es una labor pedagógica y un ejercicio de soberanía. Porque las consecuencias del conflicto armado tienen rostros, tierras e historia. Porque el desarme y la restauración serán procesos que se van a conjugar, a posteriori, con democracia, desarrollo y equidad.
Se requiere educar para la paz, producir bienes para la paz y construir una ética de la paz para la no repetición. Y esto será real si las instituciones cercanas al vecino, al niño, al estudiante, al herrero, al profesional agenden la paz. Y si los actores mencionados son ciudadanos.
Elegir el 25 de octubre es escrutar la idoneidad del candidato: capacidad para administrar, para manejar conflictos y para generar acuerdos. Con una exigencia más, un liderazgo para aprender, promover y capitalizar la paz.