Por Jaime Enrique Durán Barrera.-Colombia vive el momento más importante de su historia republicana. Y al mismo tiempo, su etapa más peligrosa y comprometedora, porque está en juego lo que vamos a dejar a las generaciones futuras. No es momento de equivocaciones, es un instante de definiciones y de una decisiva claridad para que la historia no nos condene.
Equivocarnos seria retroceder en el momento más cercano al logro de la firma del acuerdo de paz, para iniciar el proceso sociopolítico más costoso y más trascendente, luego de la emancipación: el complejo postconflicto.
Retroceder seria iniciar de nuevo el camino de 50 años de guerra, porque ni el gobierno ha derrotado la insurgencia, ni los guerrilleros tomaron el poder.
Ante la inminencia de la firma de los Acuerdos de Paz de La Habana, Colombia está en camino a importantes y significativos cambios, en la escena política. Otros actores, otras reglas del juego, otras alianzas y proyectos van a definir la Agenda Política Nacional.
Indudablemente no va a ser un proceso fácil, sobre todo para los partidos políticos, porque los cambios van a generarles nuevos desafíos como interlocutores de los ciudadanos y comunidades y mayores propuestas al poder.
Mi colectividad, Partido Liberal, no ha cesado en buscar la salida política del conflicto armado. Desde el inicio del gobierno de Juan Manuel Santos, nos matriculamos en la mesa de la Unidad Nacional, desde la perspectiva de apoyar, desde el ámbito legislativo y político, el esfuerzo del jefe de estado de lograr la reconciliación con la insurgencia.
Por ello, no hemos dejado de apoyar en el Congreso, la redacción de las leyes que den las herramientas legales para articular y viabilizar el camino del proceso de paz.
En este sentido, el Senador Serpa, que ojalá se siga recuperando de sus quebrantos de salud, ratificó nuestra posición política al expresar que “El Liberalismo ha estado, está y estará con el Gobierno, porque acompaña el principal propósito del Presidente Santos, que es el de la solución negociada al conflicto armado en Colombia”.
De hecho, los roles del Ministro del Interior, Juan Fernando Cristo y del Presidente del Congreso, Luis Fernando Velasco y la bancada liberal a la que pertenezco con orgullo y honor, han pasado a la historia de Colombia, por su compromiso con su futuro de paz, inclusión y bienestar para todos.
Como senador y ciudadano estoy consciente que el mayor desafío está por venir, ya que es evidente que el camino a la Paz está trazado.
Los recientes anuncios del equipo negociador del gobierno en La Habana, con el aval de los organismos internacionales, demuestran que estamos cada vez más cerca no sólo de la firma, sino de los procedimientos legales, institucionales y pragmáticos del manejo del conflicto, como lo es la salida de los menores de los campamentos armados para su reinserción a sus comunidades, bajo la tutoría de los expertos de la ONU.
Ya se puede observar un escenario nacional de aceptación del proceso de paz. El Consejo Gremial y los Industriales han expresado, desde diferentes perspectivas su apoyo a las negociaciones y los avances de la misma.
Esto implica un paso muy significativo para el proceso, porque estos colectivos representan la posibilidad de la reinserción económica, la contribución y el apoyo de los costosos programas, que harán inclusivas a la vida civil, las estrategias de reparación de las víctimas y reeducación de los victimarios.
Ciertamente aún hay quienes no asumen el desafío de la Paz, porque temen el impacto que tendrá el fin del conflicto en la vida de la nación. Porque vivir en Paz, luego de 50 años, será todo un proceso de aprendizaje social. Todo lo postergado será posible y todas las voces que el conflicto silenció querrán expresar sus ideas y concretar sus metas, en un escenario político, seguro más plural y más complejo, pero favorecido por la reconciliación.
Como Liberal celebro el cambio que viviremos en Colombia a partir del fin del conflicto y me alisto entre los que asumirán, en sus dificultades y alegrías, el reto de una sociedad incluyente y próspera en todos los aspectos, que deberá construirse en el Postconflicto.
No marchitemos las flores en plena primavera, la paz en Colombia no da espera.