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Por Iván Díaz Mateus.-Las noticias que llegan de Panamá aún no tienen ninguna repercusión legal en Colombia, solo menciones. En plata blanca el asunto conocido como los Panamá Papers, es muy sencillo, quien quiera crear allá una sociedad lo puede hacer fácilmente, invirtiendo unos dólares en una oficina de abogados que adelanta los trámites, se le coloca un nombre austero o rimbombante, como se quiera, y está dado un primer paso. Seguidamente con esa razón social se establecen cuentas bancarias en los llamados paraísos fiscales, -países que tienen secreto financiero y cobran bajos impuestos-, y allí se mueve o se mantiene el dinero.

Para Colombia el hecho de que, muy posiblemente, millones de dólares de sus ciudadanos se vayan de la economía y no sean generadores de ningún valor agregado es grave, pero también es funesto que estos patrimonios no sean declarados ni paguen impuestos en nuestro país. Aún no sabemos el monto de la riqueza que los contribuyentes colombianos puedan tener fuera de la órbita productiva y lejos de los ojos de la DIAN, pero es un hecho que las cifras deben ser significativas, y también es un hecho que todos los que figuran en los listados que publican los medios no están por este solo motivo violando la ley, ni penal ni tributaria.

Las razones por las que una persona o una sociedad tomen la decisión de llevar recursos a Paraísos Fiscales son muy variadas y pueden tener que ver con la seguridad, la evasión de impuestos, la comodidad en los tramites, la corrupción, el lavado de activos, etc. Por esa razón es imperativo conocer en detalle quienes y porque razones están haciendo uso de esta modalidad de negocio, incluso se debe llegar a determinar el origen de los capitales invertidos, así mismo hay que saber cuáles personas cumplieron la obligación de declararlos en Colombia y cuáles no, ya que ocultarlos implica una clara evasión de las obligaciones fiscales que tenemos todos.

Es posible que pase mucho tiempo antes de que esta realidad se conozca a fondo y se proceda a las sanciones correspondientes, pero se corre el riesgo de que en realidad no pase mayor cosa y un nuevo acontecimiento consuma al otro llegándose a olvidar este tema trascendental. Los anuncios que han hecho las autoridades dejarían entrever que no va a pasar, como se dice vulgarmente, de agache el asunto, siendo justos y sensatos es lo menos que se puede esperar. En todo caso vivimos en uno de los países con mayor índice de desigualad en el mundo y los niveles de pobreza individual y de precariedad estructural son demasiado altos para no lamentar que quienes más tienen se escuden en maniobras legales y financieras para no contribuir a la solución de los problemas a través de inversiones o impuestos. Las revelaciones de panamá han desnudado una realidad incontrastable: La indolencia de los menos con la realidad critica de los más. Así es la naturaleza humana, bien definida por Shakespeare, cuando puso en boca de Macbeth esta frase: “¡Adelante, y burlemos a todos con la apariencia más complacida! ¡Un falso rostro ha de ocultar lo que siente un falso corazón!”.

 

@idiazmateus