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Giovanni Décola
Giovanni Décola

Por Giovanni Décola. Este 16 de julio de 2018, se cumplen 170 años del primer manifiesto político del Partido Liberal, a través del cual, Don Ezequiel Rojas, anunciaba su respaldo a la candidatura presidencial de José Hilario López a nombre del naciente Partido Liberal, y reseñaba con lujos de detalles, los deseos de esta colectividad, en relación a lo que quería como Partido y como Nación.

La gran victoria de José Hilario López, consolidó la gesta genitora, con la cual empezaron a escribirse las páginas gloriosas del liberalismo. Una historia tejida con pasión, ingenio, patriotismo, y hasta sangre, y siempre defendiendo los más altos valores patrios en consonancia con el sentir del pueblo irredento.

José Hilario López pasó a la historia al haber sancionado la ley segunda de 1851, la cual ordenó la libertad de todos los esclavos de Colombia a partir del 2 de enero de 1852

Varias de las reivindicaciones de su fundador tienen plena vigencia hoy. Sin embargo, para nadie es un secreto, que el liberalismo de hoy, ha perdido consonancia con el pueblo, que tantas victorias le dio. De ser un Partido de matices de izquierda, se ha derechizado, de tal manera, que ya muchos de sus más preclaros líderes, hablan de la necesidad de crear un nuevo Partido Político. El punto cumbre de esa derechización, acaba de ocurrir con el respaldo que le dio el liberalismo a Iván Duque, candidato de la derecha más recalcitrante que recuerde Colombia. Lo hizo sin sonrojarse, pero también sin convicción.

Muchas veces, se ha pretendido, darle cristiana sepultura al Partido Liberal, y hay quienes afirman, que ya a su Registro de Defunción, solo le resta un mero trámite notarial.

Pero este Partido que, con todos sus defectos, me reafirmo que es lo más parecido a un Partido Político en Colombia, siempre ha tenido la virtud de reinventarse, cuando está al lado del precipicio. Y confío que lo hará próximamente. Pues tiene los hombres y mujeres, que refrendarán más temprano que tarde su ideario y sus banderas. Quiero recordar, algunas de esas banderas:

Renovación, quiere ante todo el Partido Liberal. Al nuevo Congreso llegaron hombres y mujeres bien preparados, con criterio independiente y varios de ellos, alejados de las prácticas políticas tradicionales, que han mermado notablemente la confianza de los ciudadanos en sus colectividades políticas.

La paz, anhela el liberalismo. Qué mejor que el espíritu liberal, para ayudar a ponerle freno a esa guerra fratricida que tantas vidas jóvenes cobra en los campos de batalla de Colombia, y que arruina tantos sueños, dejando desoladas a familias enteras, cuando no, tierras abandonadas por el miedo de la arremetida de grupos criminales que azotan a la Nación.

A pesar de reconocer, que no son unos acuerdos perfectos, el liberalismo preferirá jugársela por una paz imperfecta, que insistir en una guerra brutal, tan costosa en vidas humanas y recursos millonarios inútiles. Solo espero, que el apoyo al Gobierno de Duque, no signifique una renuncia a la búsqueda de la paz.

Empleo de calidad, pregona el Partido Liberal. Se entiende que, para lograr un estado de éxito y bienestar, se hace necesario proveer sin cesar, plazas de trabajo decentes, productivas y con un ingreso digno para el trabajador. Que se satisfaga al empleador con una mano de obra calificada y comprometida con el crecimiento del empresario, y éste retribuya con un salario justo y digno, y se les respeten los derechos y garantías constitucionales y legales del trabajador.

Medio Ambiente sostenible, propugna el liberalismo. Amigo de los recursos naturales, de la flora y la fauna. Corresponde sensibilizar a los ciudadanos, sobre los peligros que se ciernen sobre la humanidad, si dejamos de ser amigables con el medio ambiente. Quiere el liberalismo, un desarrollo sostenible, pero no a costa del medio ambiente.

Seguridad, en todo el territorio nacional procura el Liberalismo. El Partido es un convencido que solo en cabeza del Estado, puede estar el uso de las armas, y quienes contraríen este esencial principio, debe caerles todo el peso de la ley y del ejercicio del uso legítimo de la fuerza pública, sin caer en tentaciones arbitrarias y con riguroso apego por los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, sin llegar al extremo de proteger más al delincuente, que a los mismos ciudadanos cuya vida, honra y bienes, jura defender.

Cero tolerancia con la corrupción, es una causa Liberal. La corrupción tiene que ser extirpada totalmente de la Nación. Adiós a aquél famoso aforismo de “llevar la corrupción a sus justas proporciones”. Luchar para que sea desterrada por completo, principalmente en los altos círculos oficiales. Nada de casa por cárcel ni guarniciones militares o casas fiscales de lujo para los corruptos de “cuello blanco”. Para ellos todo el peso de la ley, sin beneficios, ni contemplaciones. A la política, se debe entrar, no para enriquecerse, sino para servir.

La justicia Social es para el liberalismo, un axioma por el que se lucha, y no una frase retórica.

En mi caso particular, siempre le he votado a ese Partido Liberal. En esta ocasión, no le voté, no porque yo haya cambiado mis convicciones, sino porque el Partido fue el que cambió su plataforma ideológica, y eso me valió la suspensión del Partido, al que tuve el honor de dirigir, y al que siempre serviré, en la medida, de que su norte, vuelva a ser la lucha por la libertad, la igualdad, la fraternidad y la justicia social. Ese regreso a sus ideales, me volvería a hacer sentir, orgulloso de la razón de mi voto.