Por Jairo Gómez*.- En todos los tonos filósofos y líderes políticos mundiales lo han dicho: el covid-19 nos cambió la vida y, de la mano de esa reflexión, aseguran que las políticas económicas neoliberales no pueden ser el referente para replantearnos la sociedad después de la pandemia y tampoco el itinerario para solucionar los ingentes problemas que ha evidenciado el virus como la pobreza, la desigualdad y la crisis en la salud pública, amén de los daños que en tiempo real hay que resolver y no dan espera.
Mientras en Estados Unidos se calcula la pérdida de 30 millones de puestos de trabajo, en países como España ya se habla de una tasa de desempleo cercana al 20 por ciento. Este guantazo, por ejemplo, provocó que sus gobernantes, sin pensarlo dos veces, comenzaran a mirar hacia dentro para evitar el colapso de su economía: Trump y el Congreso decidieron inyectarle cerca de tres trillones de dólares a la economía para proteger las empresas y preservar el trabajo de millones de estadounidenses; y los españoles, además de orientar recursos en el mismo sentido, es decir proporcionar dineros para evitar la quiebra del empresariado y conservar al máximo los puestos de trabajo, también optaron por medidas adicionales como la de auxiliar a los más vulnerables y propusieron, entre otras, la implementación de un Ingreso Mínimo Vital permanente que le garantice a millones de familias tener con que llegar a fin de mes. Pensaron en la gente, no en el mercado.
Nada que ver esas medidas con la ortodoxia neoliberal, pero en Colombia sus dirigentes proponen todo lo contrario y se sigue pensando como pensaba el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial antes de la pandemia.
Mientras en los países desarrollados se valora la idea post pandemia de crear un impuesto a la riqueza para cerrar la brecha de la desigualdad, en este país, el candidato presidencial Germán Vargas Lleras, aliado político y programático del presidente Duque y hombre incondicional del gran capital, recomienda para solventar la crisis económica producto del coronavirus eliminar de los ingresos de los trabajadores sus cesantías, los intereses de las cesantías, sus primas, el subsidio de transporte y las dotaciones obligatorias a los trabajadores, además de ponerlos a trabajar domingos y festivos sin concederles pago por horas extras.
Qué desfachatez, es decir, abrir y no cerrar la brecha social; pero además tiene la frescura de reconocer en su columna publicada en El Tiempo que “yo sé que todas estas propuestas son delicadas e impopulares, pero necesarias si se quiere evitar una masacre laboral”.
No había visto coscorrón más desvergonzado y ofensivo en la cabeza de millones de colombianos. ¡Qué burla! habla de “masacre laboral” en un país con el 70 por ciento de informalidad. No se puede ser más caradura.
Claro, la propuesta no tiene otro fin que el de proteger la economía de mercado; es decir, “ahorrarle” a los bancos, potentados grupos económicos y terratenientes cerca de 4 billones de pesos. Qué contradicción, mientras el Fondo Monetario Internacional autoriza a todos los gobiernos a que “gasten lo que más puedan para solventar la crisis social producto de la epidemia”, el exministro propone recortes.
No habla el aspirante presidencial de los 500 mil millones de pesos que vía encaje bancario este gobierno, que él apoya, le regaló a los bancos. Tampoco de los 70 billones en exenciones aprobados en cada reforma tributaria dizque para fomentar la creación de nuevos puestos de trabajo. Solo se le ocurre sugerir reducir a los trabajadores para solucionar la crisis y nada dice de aquellas empresas y empresarios, políticos, prestamistas y periodistas que se llevan sus multimillonarias ganancias a paraísos fiscales para dejar de pagar impuestos en nuestro país.
Qué cinismo el de esta clase dirigente colombiana indolente, excluyente y clasista que apoyada en la propiedad de sus medios de comunicación vende la idea de que las mayorías están condenadas a morirse democrática y libremente de hambre.
Mientras en otras latitudes ya se preocupan y diseñan propuestas para contrarrestar los nefastos efectos del coronavirus, en Colombia el gobierno y la tradicional clase política le apuestan a que esta pandemia no derive en cambios y reformas estructurales y más bien los veo preparándose para reprimir las próximas protestas: en plena pandemia Duque autorizó la compra de 81 mil gases lacrimógenos y 13 mil balas por más de nueve mil millones de pesos; cinco tanquetas para el ESMAD, por más de siete mil millones de pesos; y, como si fuera poco, el propio presidente, tras corroborar su falta de liderazgo, le arrebata dineros a la paz ( más de tres mil millones de pesos) para mejorar su desvalida imagen. ¡Qué torpeza!
Bogotá, D. C, 6 de mayo de 2020
*Periodista y Analista Político.
@jairotevi