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Durante el homenaje al doctor Fernando Londoño Hoyos con motivo del reciente atentado terrorista en su contra, el doctor Álvaro Uribe Vélez oficializó su liderazgo al frente de un grupo político opositor al gobierno del presidente Juan Manuel Santos, un hecho saludable y positivo para la democracia. Sea pues bienllegado el expresidente a la contraria orilla del gobierno. 

La vida agitada de estos dos años de gobierno de Juan Manuel Santos tiene origen en la reelección presidencial a la que tanto nos opusimos algunos colombianos, minoría por cierto. La reelección es una figura extraña a nuestra vida institucional. Los hechos nos demuestran que esta afirmación es válida históricamente.

Primero fueron los escándalos que se conocieron sobre algunos funcionarios del gobierno anterior después de que este terminara sus ocho años de mandato. Es posible que algunas de esas investigaciones terminen en absoluciones, pero queda comprobado que la alternación y la renovación periódica de los gobernantes es buena y que largas permanencias en el poder generan corrupción en el régimen y una desviación del principio constitucional de la separación de poderes.

También agita el ambiente la posibilidad de que Juan Manuel Santos busque y obtenga su reelección. Al marcar diferencias con el expresidente Uribe Vélez, Santos se ha convertido en un “coco” para aquél y el “furibismo” trata de impedir a toda costa que el actual presidente pueda quedarse otros cuatro años en el poder. Uribe víctima de la reelección, es decir, víctima de su propio invento.

No son estos los únicos inventos del expresidente Uribe Vélez que hoy le desfavorecen. Recuerdo el último semestre del año 2002 cuando se inauguraba el gobierno Uribe, cómo el apetito por la mermelada y las galletas del gobierno desgranaron de los partidos de oposición, especialmente del liberal, a congresistas, diputados, concejales y dirigentes políticos que iban tras las canonjías del poder. Se fundaron muchos partidos políticos guarida ocasional de los tránsfugas. Hoy Uribe Vélez ve desgranar su propia mazorca, víctima de su propio invento.

El doctor Álvaro Uribe siempre cuestionó con fortaleza a todos los que criticaban su gobierno por las acciones de los grupos al margen de la ley y les pedía a los medios de comunicación que no hicieran el juego a los subversivos, ni magnificaran sus acciones terroristas. Hoy el presidente Santos acude al mismo expediente, Uribe entra en una notoria contradicción y es, obviamente, víctima de su propio invento. Todo lo anterior sin contar que al expresidente le corresponderá ahora la misión que él más estigmatizó desde el poder, la oposición.

Claro, Uribe también se inventó a Juan Manuel Santos.

Finalmente me refiero a la propuesta de reducir el Congreso y de dejar una sola cámara. Con esa misma propuesta y con la posición dura contra los subversivos, Uribe ganó la presidencia para el primer período. A los pocos meses de estar en el gobierno y ante la avalancha de congresistas que diariamente le llegaban a sus toldas partidistas, el expresidente abandonó su original propuesta de gobierno. Hoy, difícilmente, el País le podrá creer el recauche de su iniciativa, más cuando tuvo un congreso afín y ocho años para cumplir lo que había prometido.