Opinión
Por Guillermo García Realpe*.- El mundo celebró el Día Internacional del Trabajo bajo unas circunstancias totalmente anormales, adversas y fuera de serie como nunca antes ninguna nación las había vivido. La pandemia y su crisis derivada por el covid-19, puso al planeta entero literalmente, contra las cuerdas.
Hoy los aparatos productivos, la empleabilidad, la fuerza laboral de los países están en cuidados intensivos y no hay oxígeno que alcance para reanimarlas, porque cada vez la pandemia avanza con más fuerza por más esfuerzos que se hagan.
En ese orden de ideas, Colombia es un paciente en estado crítico, somos el quinto país con la tasa de mortalidad más alta del globo, solo superados por India, Brasil, Estados Unidos y Polonia, incluso, estamos por encima de México, una nación que enfrenta duramente la arremetida del virus.
Cuando el mundo ya supera los 150 millones de contagios con unas cifras que alcanzan más de los tres millones 200 mil muertos y que, para el caso de Colombia, lastimosamente ya tenemos más de 73 mil decesos, el panorama es totalmente crítico por donde se le mire, bien sea; en el plano económico, social y desde luego de salud. Hoy están colapsados los hospitales de todo el país, no hay cama para tanta gente, las Unidades de Cuidados Intensivos están a tope y no hay una respuesta efectiva por parte del gobierno, que permita amainar la situación.
Ahora, sí analizamos el plano laboral, es mucho más complejo, los colombianos han perdido poder adquisitivo, a dos semanas de empezar la pandemia, ya muchos hogares habían agotado lo de sus ahorros de toda una vida, y por eso, aún vemos en muchas fachadas de barrios de pueblos y ciudades trapos rojos en señal de que están pasando serias dificultades económicas, lo que se traduce en hambre y más pobreza.
Pobreza que según el último informe del Departamento Nacional de Estadística -DANE-, aumentó durante el 2020 debido precisamente a la crisis desatada por la pandemia. Según ese organismo, la pobreza el año pasado llegó al 42,5 %, lo que significa que más de tres millones 550 mil colombianos ahora engrosan esa penosa cifra. Mientras que la pobreza extrema se ubicó en más del 15%, es decir, en ambas condiciones, tenemos entonces, un 57% de compatriotas sumidos en este grave flagelo. Una bomba social que aumentó la desigualdad, que nunca en la historia de Colombia la habíamos tenido.
En ese ranking de pobreza extrema monetaria están las personas que ganan menos de 145 mil pesos mensuales, es decir, en esa condición estaban cuatro millones 689 mil personas durante el 2019, pero en el año de la pandemia, la cifra subió y hoy se ubica en siete millones 470 mil personas, una situación sumamente precaria en la cual están sometidos hoy millones y millones de connacionales. En idéntico escenario, según el informe del DANE, en la capital del país el 40% de los bogotanos están en pobreza. Si esto pasa en plena capital del país, ¿se pueden imaginar al ciudadano promedio que habita la Colombia rural, profunda, marginal y excluida? Algo, sin duda desgarrador y más en medio de una pandemia.
Y es que, según el DANE, las personas en condición de pobreza pasaron de 17,4 millones en 2019, a 21,2 millones en 2020, es el aumento más grande en toda la historia de las mediciones de este flagelo social. Es decir, se tuvo un aumento de 6,8 puntos porcentuales alcanzando el 42,5%, convirtiendo al 2020 en el peor año de la última década, tal como lo reafirma un informe de El Espectador, que, a renglón seguido, asegura también que el coeficiente Gini (mecanismo utilizado para medir la desigualdad en los ingresos) llegó a 0,54, una cifra nunca antes vista en la historia de este indicador.
Esto amerita definitivamente emplear el Estado más a fondo, en defensa del sector social, de los pobres, con la Renta Básica Mensual, en respaldar el aparato productivo colombiano, renegociar Tratados de Libre Comercio para proteger el producto interno de los colombianos, fomentar el empleo nacional y recuperar las fuentes de trabajo. Asimismo, debe haber una lucha frontal contra la evasión, elusión, el contrabando y la corrupción que son los otros males que hoy tiene Colombia y que tanto daño les hacen a las finanzas públicas.
Por eso, estamos convencidos que no es momento para nuevas reformas tributarias que grave con más impuestos a los sectores populares, a la clase media y trabajadora, no es justo en un momento tan crítico arremeter desde el Estado contra la gente pobre del país. Por fortuna, la presión ciudadana y el pueblo unido tumbó esa nefasta Reforma Tributaria que tanto daño le hacía al bolsillo de la gente, en eso, nuestra posición siempre fue contundente, desde un principio le dijimos NO a esa y a todas las iniciativas que afecten la economía del pueblo colombiano.
Necesitamos en estos momentos a un gobierno que le dé la mano a los ciudadanos y a su gente, que los respalde en momentos de crisis, que no sea indolente y sí escuche el clamor popular, ya estamos cerca de esa transición, en la que el poder lo tenga alguien con sensibilidad social, que promueva las grandes reformas que necesitamos y que le dé un cambio de rumbo al país para enfrentar la grave crisis social y económica que viven los colombianos por estos tiempos.
Bogotá, D. C, 5 de mayo de 2021
*Senador del Partido Liberal
@GGarciaRealpe
Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía*. - Los hechos desbordan los relatos y las palabras. No nos queda a quien reclamarle, porque la sordera es la primera “respuesta” de la terquedad. Ni declaraciones, ni comunicados, ni movilizaciones y plantones, ni encuestas, mucho menos aún el vandalismo o el extremo de la indiferencia, el “non me ne frega niente” (no me importa nada) del italiano.
Vamos en un punto en el que sólo nos queda volvernos sobre nuestra propia libertad y acción. Solo nos quedan la fidelidad a valores y principios de vida y la disciplina social de la palabra, de romper cercos y prejuicios, de promover acuerdos de emergencia y de aplicación personal, doméstica, entre vecinos territoriales, gremios e instituciones.
Todo, con la cooperación en redes y medios. Y con la fuerza misteriosa y espiritual del Dios o del Ser Superior presente en la propia consciencia.
Se proclama a los cuatro vientos una “reforma tributaria”. Algo obtuso en su concepción, inoportuno en su concepto, inviable en su contexto.
Pero algo válido, paradójicamente, en la pretendida filosofía de “solidaridad sostenible”. Porque es lo único salvable, quizás, de ese lenguaje engañoso que reviste, exactamente lo contrario, la sostenibilidad del “status quo” en el desastroso esquema del gobierno actual. ¡Más sobre la teoría de la irrigación descendente del poder económico sobre la miseria de los excluidos! ¡Más de la “economía naranja” basada en el “exprimidor” y en los agregados de agua!
Lo que tendríamos que buscar es la solidaridad de quienes tienen el deber de pagar la gigantesca deuda social, empezando por la intervención que garantice sustento, territorio, techo, trabajo, especialmente el de economía familiar y de autoabastecimiento nacional. Nacionales y migrantes necesitan cobertura de “piso” y garantía legal de ingreso. Estado y privados tendrían que concertar una AUTORREFORMA en esa dirección.
Solo garantizando piso y sustento a todo hogar y hogar comunitario a todo destechado y hambreado, en un país lleno de baldíos, de latifundios y propiedades en el limbo de la “extinción”, de tierras suburbanas y extensiones remotas, se podría pensar en esta base o cimiento de sostenibilidad y de crecimiento sostenible, hacia condiciones dignas y pacíficas de vida.
La AUTORREFORMA es camino que no se mide en filigranas técnicas tributarias dentro del modelo injusto, sino en incluir a todos en la extensión de derechos y en la cobertura solidaria del bienestar básico.
Todos necesitamos ser invitados a la mesa social de una vida con dignidad y respeto, pactando en cada hogar y vecindad “la disciplina del diálogo”, el recurso a la palabra, el desarme físico y el desmonte de extorsión y amenaza, de “dictaduras” y fronteras de muerte.
Las reformas promovidas por el estado deberían ubicarse en este contexto de deuda social nacional, de grave emergencia para los más débiles, y de hacer pagar deudas como las de las acaparadoras EPS que quiebran el servicio de salud a los más pobres, en hospitales como El San Juan de Dios de Cali.
La pandemia puede convertirse en un “modo sistemático de vida”. Ya la violencia y las armas, el asesinato y la fuerza extorsiva, se convirtieron en sistemáticos, en “pandemia de desangre”, hemorragia de barbarie.
Quizás esta sea la última oportunidad para la humanidad y el planeta, en riesgo de desaparecer como biosfera que no encontró su equilibrio y armonía para mantener la vida. Desaparecer como género humano es ya, tristemente, una posibilidad a la vista.
Todas nuestras calculadoras de economía, de política, de globalización, de longevidad y apariencia, de seguridad privada e ideologías de seguridad nacional y totalitaria, de demografía y control migratorio, los cálculos de todos los sistemas e “ismos”, entraron en crisis.
La AUTORREFORMA y no unos ciclos de revueltas y vandalismo, que acelerarían la autodestrucción irracional de lo construido, que agudizan contradicciones y conflictos, es el camino que nos propone la vida y que coincide con el principio evangélico: “hagan con los demás lo que esperan que los demás hagan con cada uno de ustedes”.
Mayo es un mes que nos pone ante el trabajo y la vida, la salida acordada del conflicto insurgente y armado, la reconciliación, la familia, con la figura de la madre y del hogar de Nazaret, la educación y la necesidad más profunda de ser “hombres y mujeres con Espíritu Santo”.
Rescato el 2 de mayo, la memoria de Bojayá y del Cristo Mutilado, “El Santo Cristo Negro de Bojayá”, como lo llamó el Papa Francisco. Y el 3 de mayo, día tradicional de la Santa Cruz, para acordarnos de la no violencia, del perdón y la reconciliación.
A todos, hombres y mujeres, se nos conmueva el corazón y asumamos nuevas decisiones de vida, decisiones de AUTORREFORMA.
Cali 2 de mayo de 2021
* +Arzobispo de Cali
Por José Félix Lafaurie Rivera*.- Advertimos que pasaría …, y pasó. Los convocantes a las marchas no cedieron a los ruegos de epidemiólogos y autoridades de salud, ni a los de las iglesias y otros sectores; ni al sentido común, pues sabían que habría vandalismo criminal, como lo hubo y lo sigue habiendo mientras escribo; y sabían también que habrá contagios y habrá muertes, que empezaremos a llorar muy pronto.
En fin, no cedieron siquiera al mandato de un juez, que no prohibía, sino que ordenaba suspender las marchas; pero ellos se sienten por encima de la justicia, y lo triste, para el país y la justicia, es que, efectivamente, pasaron impunemente por encima de ella. Es la inconsecuencia del líder de la destrucción y el caos, que le reclama al Gobierno y se autoproclama respetuoso de la Ley, pero la sentencia del Tribunal de Cundinamarca le importó un maravedí, como diría mi abuela española.
Mientras tanto, un Gaviria vociferante agita el trapo rojo contra el Gobierno, pero calla sobre la desobediencia a la justicia, como callan el centro-santismo y Fajardo -¿será lo mismo?-, apoyando las marchas sin apoyarlas; rechazando el vandalismo porque toca, pues lo único que importa es desacreditar al Gobierno para competir con Petro por el papel de salvadores en 2022.
Hacia delante, más contagios y más muertos; quizás un cuarto pico, sin haber salido del tercero y con ciudades con ocupación de UCI superior al 90%. El comercio, que lucha por levantar cabeza, tendrá que recuperar los 230 mil millones perdidos en un solo día… y lo que falta. ¿Cuánto costará recuperar la infraestructura destrozada?, ¿cuánto los bloqueos que impiden la movilización de mercancías?, ¿cuánto perdieron las empresas por la inasistencia a trabajar a la que invitó Petro?
Esas cuentas, que no se han hecho y que pagaremos todos, son más inconsecuencia de Petro y compañía, que se oponen rabiosamente a la intención responsable del Gobierno de conseguir ingresos para los programas sociales y de preservación del empleo, pero su única propuesta es “apagar el incendio con gasolina”, con destrucción y bloqueo de la economía, cuando lo que el país necesita es solidaridad y reactivación.
Es la inconsecuencia demagógica de pedir y pedir, como si la plata se diera silvestre. Los recursos para programas sociales, con apoyo a la nómina hasta marzo e ingreso solidario hasta julio de 2021, que habrá que prorrogar, suman 20,8 billones; las vacunas costarán cerca de 3 billones y la aplicación otro tanto. ¿De dónde flores, si no hay jardines?
Si no quieren aglomeraciones, retiren la reforma, amenaza Petro, chantajeando con la salud y la vida de sus compatriotas, dejando salir al comandante Aureliano y su vena de guerrillero extorsionista. ¡Retírenla!, gritan a coro la izquierda, Roy, Benedetti y Cepeda, amenazando con “paro legislativo” ¡Lo que faltaba! ¡Retírenla!, repiten obedientes Velasco, Cristo y De la Calle, convertidos todos en extorsionistas políticos.
El debate no es en las redes, ni lanzando las gentes a la calle a todo riesgo, mientras agitan agazapados en sus casas. Su deber constitucional es darlo en el Congreso de la República; para eso los eligió el pueblo y para eso les pagamos. Negarse a hacerlo tiene un nombre: prevaricato por omisión.
La arenga incendiaria de retirar el proyecto solo busca doblegar al Gobierno, pero detrás de esa mezquina extorsión olvidan lo verdaderamente importante: Cómo auxiliar a los más pobres, que no estaban marchando ni vandalizando, cómo evitar que se pierdan más empleos, cómo sostener la educación pública gratuita, cómo reducir el contagio, cómo evitar que Colombia siga muriendo.
Nota Bene: abril 29: 505 muertos
Bogotá, D. C, 1 de mayo de 2021
*Presidente de FEDEGAN
@jflafaurie
Por Paloma Valencia*.- La reforma tributaria que presentó el gobierno tiene muchísimos aspectos inaceptables como eliminar las exenciones del sector agropecuario. Ni siquiera el Centro Democrático estaría dispuesto a acompañarlos. No puede haber IVA para los servicios públicos, ni para pensiones (excepto las que ya pagan). Tampoco subidas en los costos de computadores y celulares inteligentes de baja gama, o del internet cuando en la virtualidad el empleo y la educación dependen de ello. No pueden aparecer impuestos rosados que afectarían a las mujeres, especialmente a las jóvenes duramente golpeadas por la pandemia. No es el momento para gravar la clase media, ni mucho menos para excedernos en los cobros al sector productivo, entre otros.
Sin embargo, una reforma tributaria es necesaria. La necesitamos para poder financiar los programas sociales dedicados a atender la pobreza. La necesitamos para demostrar que Colombia tiene como pagar su deuda, que no tendrá crisis fiscal y por lo tanto, podamos mantener el grado de inversión.
Algunos dicen que no se requieren más subsidios. ¡La pobreza está en el 42%! ¿Sería capaz alguien en medio de esta pandemia, con este desempleo, de decirle a una familia pobre que no aspire a la solidaridad de su sociedad y su gobierno?
Otros dicen que no hay que preocuparse por el problema de la deuda, y que las calificadoras de riesgo no importan, que si perdemos el grado de inversión no es tan grave. Colombia tiene una deuda del 65% del PIB y los intereses, solo los intereses, serán del 4,5% del PIB a partir del 2022. ¿No es suficiente que gastemos 23% del presupuesto en el servicio a la deuda? ¿haber aumentado en 35% los recursos para servicio de la deuda de una año a otro no les parece suficiente? ¿No les preocupa tampoco la devaluación a la que nos podría llevar una baja en la calificación? Recuerden que el 87% de la deuda está en dólares.
Este año los ingresos fiscales serán sólo de 15% del PIB, mientras que el gasto del gobierno nacional para atender la pandemia nos llevara al 24% del PIB ¿No les preocupa el encarecimiento de nuestra deuda? ¿y si esta pandemia se prolonga y las exigencias fiscales nos llevan necesitar más deuda? ¿qué pasará si nadie nos presta? ¿o si solo nos prestan con intereses excesivos?
Todos dicen que les importan los pobres. Y se quejan de que las ayudas del gobierno en la pandemia han sido insuficientes. No les parece suficiente “Ingreso solidario” para 2,8 millones de nuevos hogares (que no recibían ningún subsidio) que nos costó 4,4 billones. Se hizo un giro adicional para los 2,6 millones de hogares de Familias en acción que nos costó 1,1 billones. Un giro adicional a 1,7 millones de adultos mayores por 400 mil millones. La devolución del IVA para 100 mil familias más pobres por otros 400 mil millones. El giro adicional a 205 mil jóvenes en acción costó 300 mil millones. Además el PAEF para financiar el 40% del costo del salario mínimo y mantener los empleos de los colombianos costó 2,5 billones de pesos y protegió 3,2 millones de familias. A esto hay que sumarle las garantías a los créditos de los empresarios colombianos. El Fondo Nacional de Garantías invirtió 12 billones de pesos para garantizar créditos para pagar las nóminas; 3 billones para capital de trabajo, y otro billón para garantizar créditos de independientes. Además de muchos otros gastos. Necesitamos estos y otros programas para aliviar la pobreza y avanzar en la reactivación.
Esta es una crisis: Sangre, sudor y lágrimas. Es la unión y la capacidad de construir juntos lo único que puede ayudarnos. Destruir y protestar no soluciona nada. Puede facilitar la campaña de unos, pero a costa del bienestar de los colombianos.
Bogotá, D. C, 30 de abril de 2021
*Senadora del Partido Centro Democrático
Por Gabriel Ortiz*.- El sol de los venados aleja, distrae y desorienta. Oculta deslealtades, engaños y felonías.
Es la ley de la vida, es el acontecer en el mundo de las deslealtades y las traiciones. Los fieles servidores de ayer, rápidamente se acomodan y a nuevos patrones, moldes o plantillas.
Al Presidente Duque, le han interpretado pasodobles, porros y boleros. Pero no ha encontrado la pareja bailadora, porque la soledad lo aísla en su levitación. Esa es y no otra, la razón de sus actuaciones desde ese 7 de agosto… nada le sale. Desdeñó la paz que ya salvaba vidas, y confundió prosperidad económica con despilfarro y burocracia. Reaparecieron las masacres, asesinatos de líderes y desplazamientos. El esperado guiño que uniera ésta sociedad con la participación de todos, nunca salió de Casa de Nari. El aislamiento siempre ha ido en aumento con esos dudosos asesores. Las detestables ubérrimas órdenes que le llegaban a través de “Tejota” -Tomás y Jerónimo- las mitigaba con su entretenimiento de TV, a las 6. La soledad lo empuja, lo desdibuja y lo presenta con morbo ante una sociedad que, no perdona, porque ya no resiste más.
Ni Colombia, ni el mundo, esperaban la pandemia, que nos llegó. Era necesario afrontarla con sabiduría, sin politiquería y sin corrupción.
Al gobierno le faltó previsión y audacia para organizar un frente común contra el covid. Creyó que con un espacio de Tv era suficiente. No se armó con un ejército de batas blancas que estuviera listo para recibir las vacunas e inyectarlas; menos para organizar una adecuada y eficiente atención hospitalaria.
Y nos cayó lo que nadie esperaba: tardanza en la negociación de las vacunas y, desde luego, en el suministro de las mismas. Hoy, cuando hemos perdido más de 86 mil vidas, aún no llegan los biológicos, únicos con los que se pueden contrarrestar los efectos malignos del corona virus.
Duque en su soledad, cayó en la telaraña de Carrasquilla, quien lo llevó al error de elaborar una reforma tributaria en el peor momento. ¡Mal consejero! Era imposible arruinar más a un pueblo. Hasta Uribe, su mentor, le sacó el cuerpo al proyecto que ya cursaba en el Congreso. “Mal amigo”, dijo alguien. Nadie quiere saber de reformas. La comunidad colombiana se lanzó a las calles a protestar, desafiando la sospechosa intención de una magistrada, quiso torpedear el clamor de un pueblo desesperado.
Duque tuvo la oportunidad de salir avante y romper la marcha, de su desprestigio, pero seguramente sus ineptos asesores se lo impidieron.
El 27, “día D”, podría haber llamado a un pacto nacional, con todos los movimientos políticos, anunciando el retiro de la reforma y la conformación de un gobierno, con todos los partidos y caras nuevas en el gabinete, incluyendo los ubérrimos, desde luego. Surgiría ahí un gobernante con séquito leal, plural y progresista…
¡Estaba soñando! Hablaba de otro Duque. El del postparo, está en otra galaxia. El hombre solo no aterriza.
BLANCO: La comparación de Escobar con Carrasquilla.
NEGRO: Los negociados en Reficar.
Bogotá, D. C, 29 de abril de 2021
*Periodista. Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper.
Por Jairo Gómez*.- A este gobierno lo tiene acorralado una frivolidad espantosa, que asusta. Cuando las vacunas contra el covid-19 fueron una realidad, irresponsablemente le dijo al país que a finales de 2021 tendría inoculados a 35 millones de colombianos; hoy, a ocho meses de que concluya el año, solo ha logrado aplicar un poco más de cuatro millones de dosis.
Su acción de gobierno, superficial y poco seria, es directamente proporcional a su equipo de gobierno. No entiende o nunca entendieron que somos un país pobre. Se vino el tercer pico de la pandemia y creció en los colombianos la inseguridad sobre una pronta y expedita vacunación. No hay biológicos y los que llegan son migajas que las farmacéuticas, a cuentas gotas, envían a los países pobres. Este presidente nunca comprendió que la masiva producción del fármaco, propiedad de las multinacionales farmacéuticas, estaba comprometida con los países de los cuales dependen sus inversiones multimillonarias para la investigación científica.
El escenario de hoy no es ficticio, el mismo gobierno se encargó de propiciarlo al privilegiar los prejuicios ideológicos por encima de salvar vidas. Me explico: Duque prefirió comenzar a negociar, tardíamente, las vacunas producidas en el eje occidental de “doctrina” capitalista y descabezó los biológicos, de entrada, de China y Rusia con el peregrino argumento de que esas vacunas no habían sido probadas científicamente.
Ahora, a ese prejuicio ideológico súmele una decisión que raya con la estupidez. Una empresa colombiana de productos cosméticos decidió comprar cinco millones 500 mil vacunas Sputnik V y no las puede comercializar porque dicen, desde la empresa, que el Invima, entidad que autoriza la licencia sanitaria, no ha querido aprobar este lote de biológicos que inmunizaría a más cinco millones de colombianos con el exótico argumento de que su eficacia, que se dice es del 92%, no ha sido probada. Una vacuna que ya se aplica en más de sesenta países en el mundo.
Absurdo que en pleno tercer pico de una pandemia que ha matado a más de 70 mil colombianos y las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) atiborradas de enfermos por covid-19, el gobierno Duque no tomase medidas urgentes, sin miramientos de ninguna naturaleza para garantizarle, por lo menos, la vida a los colombianos de los estratos 1,2 y 3 que hoy, según el DANE, son los segmentos de la sociedad que más muertos han sumado a las estadísticas.
El Plan Nacional de Vacunación ha sido un fracaso. Duque, dedicado a la banalidad televisiva, nos engaña. Es un presidente ausente de compasión; que gobierna irracionalmente. Es una figurilla que carece de iniciativa propia y que actúa por inercia. Sólo a él se le ocurre embarcar a los colombianos en una reforma tributaria para matarlos no solo de covid-19, sino de hambre.
Como van las cosas, el hambre va a ser un problema incurable en la Silicon Valley latinoamericana. El mal manejo que Duque le dio a la pandemia profundizó la pobreza y la desigualdad. No hay trabajo y las cuentas siguen llegando mensualmente. El presidente y su mentor Álvaro Uribe, parecen no darse cuenta. Les importa un pepino la suerte de los colombianos.
Duque y Uribe nos montaron en el falso dilema de la vida o la economía y hoy el país no tiene ni economía ni vida, no solo por efectos de la pandemia sino por el sistemático asesinato de líderes sociales, defensores de Derechos Humanos, firmantes de la paz, indígenas, afros y campesinos. Sus territorios son lugares fantasmas a merced del narcotráfico y los terratenientes.
Por eso la marcha de hoy 28 de abril va más allá de la diabólica reforma tributaria, y está más que justificada. Es una protesta legítima contra la frívola y excluyente manera de gobernar de un presidente que privilegia privilegios, que hizo del secretismo la adquisición de vacunas para ¿direccionar contratos? Vaya usted a saber.
La frívola gestión de la pandemia no solo estimuló drásticamente los contagios, también el hambre: según el DANE un millón 700 mil familias no tienen las tres comidas diarias, es decir, cerca de siete millones 500 mil colombianos sobreviven en condiciones indignas. Mejor dicho, literalmente jodidos.
Bogotá, D. C, 29 de abril de 2021
*Periodista. Analista Político.
@jairotevi
Por Robinson Castillo*.- La mayoría silenciosa sufre. El desplome del desempleo, ha golpeado de la peor forma a este estrato social. Y la crisis no cesa, la pandemia y sus diferentes y peores picos, ha empeorado la situación: cierre de negocios y desesperanza. Y hasta hambre.
Según la Encuesta Pulso Social del Dane, más de un millón 700 mil colombianos ya no consumen tres comidas al día. Los ingresos reducidos hasta el asombro, facturas de servicios públicos sin pausa, deudas con los bancos indolentes, recesión bestial. Es un desierto sin oasis. El desespero es irritante.
Y lo peor, la adolorida clase media no tiene quien la defienda. Ningún subsidio se acuerda de este segmento de la sociedad, la tregua de los bancos fue un gran engaño: “No hubo ningún alivio, hubo un congelamiento, aplazaron el pago de cuotas, cobrando los intereses de ese período sin bajar un peso, la gente terminó pagando más” reveló el senador David Barguil.
El malestar es profundo. El poder adquisitivo está menguado, el 51,7% de los jefes de hogar admite que su economía empeoró, según la encuesta del Dane. Un número de personas aún sin determinar, ha migrado a unas condiciones insospechadas. Esa sí es la verdadera bomba de tiempo. Y que no se les olvide, son los que más acuden a las urnas en tiempos de elecciones. Dato no menor, todo lo contrario.
Nadie quiere ser pobre. Pero los momentos actuales no permiten una reacción favorable para evitar que miles de familias, le digan adiós a la clase media. Es una presión tan brutal y cruel, difícil de soportar. Una cuarentena emocional.
El desarrollo, pero sobre todo el futuro de una nación, dependerá siempre del bienestar de su clase media. El eventual colapso de este estrato, es el equivalente a una tragedia nacional. El 95,4% no tiene planes de comprar auto nuevo o usado, dice también la Encuesta del Dane.
El sombrío panorama no es exclusivo de Colombia. América Latina concentra el mayor golpe a la clase media por efecto de la pandemia. La ONU estima que la mayor contracción de la economía en el mundo, es la que afrontan justamente las naciones latinas. Son muy malas noticias.
Por primera vez desde 1990, la clase media se contrajo, de acuerdo al más reciente informe del Banco Mundial, reveló que el 36% de los hogares sufrieron pérdidas de empleo y 2 de cada 3, vieron reducidos sus ingresos.
El pesimismo es otro estado de ánimo que crece. Siguiendo con la medición del Dane, el 45,1% de los hogares afirman que la situación económica no va a mejorar en los próximos 12 meses. Se pierde la fe.
La gran paradoja es que la clase alta se ha enriquecido aún más. La actual desigualdad no tiene precedentes recientes. El sálvese quien pueda, es por ahora, la única opción.
La pregunta incómoda
Al oído de la SuperFinanciera: ¿Bancos engañaron a millones de usuarios con los alivios y ustedes en silencio?
Bogotá, D. C, 29 de abril de 2021
*Comunicador Social-Periodista
José G. Hernández*.- Como lo hemos expresado en anterior columna, el aumento de los impuestos y la creación de nuevas contribuciones carecen de justificación -inclusive y con mayor razón en tiempos de crisis- si el Estado no ha sido austero, prudente en el gasto, cuidadoso en la destinación de los recursos públicos; si ha despilfarrado en burocracia, en asuntos de menor importancia como la imagen presidencial y la propaganda oficial, o en la que hemos dado en llamar “mermelada”, que no es sino una forma de comprar apoyos y votos. Porque semejante conducta no es leal con los contribuyentes, ni se compadece, en estos días, con el papel que deberían jugar los gobernantes en una situación tan difícil como la que vivimos a raíz de la pandemia del coronavirus.
Al momento de escribir estas líneas, el Gobierno no ha retirado el inequitativo y regresivo proyecto de ley de reforma tributaria, aunque está claro que desde el punto de vista político carece de respaldo -al menos eso han dicho los partidos políticos y muchos congresistas- y desde la perspectiva jurídica no tiene asidero en la Constitución.
No obstante, y quizá con el propósito de mostrar intención de austeridad, en el texto se propone que el Congreso confiera facultades extraordinarias al Presidente de la República por seis meses para suprimir, fusionar, reestructurar y modificar entidades, organismos y dependencias de la Rama Ejecutiva del poder Público del orden nacional; para disponer la fusión, escisión o disolución y consiguiente liquidación de entidades públicas, sociedades de economía mixta, sociedades descentralizadas indirectas y asociaciones de entidades públicas, en las cuales exista participación de entidades públicas del orden nacional; para introducir las modificaciones presupuestales necesarias para financiar los gastos de funcionamiento e inversión necesarios para el cumplimiento de las funciones que se asignen a las entidades escindidas, suprimidas, fusionadas, reestructuradas, modificadas o disueltas en desarrollo de la misma habilitación legislativa, y para determinar la adscripción o la vinculación de las entidades, organismos y dependencias de la Rama Ejecutiva en el orden nacional.
Algunas restricciones constitucionales para tener en cuenta:
El extenso título del proyecto enuncia muchos temas y el articulado, aunque su principal contenido es tributario, consagra una serie de reglas y normas sobre diferentes asuntos. Por tanto, no está siendo debidamente observada la disposición contemplada en el artículo 158 de la Constitución, a cuyo tenor “todo proyecto de ley debe referirse a una misma materia y serán inadmisibles las disposiciones o modificaciones que no se relacionen con ella” (principio de unidad de materia), ni tampoco la regla de concordancia, prevista en el artículo 169 constitucional, según la cual “el título de las leyes deberá corresponder precisamente a su contenido”.
Por otra parte, interpretados de manera sistemática, los numerales 7 y 10 del artículo 150 constitucionales, no permiten la extensión indefinida e imprecisa de las facultades extraordinarias para trasladar al Gobierno, por vía general y en bloque, la atribución legislativa de establecer la estructura de la administración nacional. Y, además, en tiempo de paz, la Constitución radica en cabeza exclusiva del Congreso, no transferible por facultades extraordinarias, la atribución de modificar el presupuesto general de la Nación.
Bogotá, D. C, 28 de abril de 2021
*Expresidente de la Corte Constitucional
Por Adriana Matiz*.- Las circunstancias políticas, sobre todo las impuestas por factores externos a los proyectos, y rutas trazadas por el gobierno, en el mes de mayo presentarán ante la opinión nacional un país descuadernado y un panorama poco alentador, que servirá sin duda de caldo de cultivo para las animadversiones y malquerencia que de tiempo atrás arrastra el presidente Duque. Lo único que podría contrarrestar esto sería una campaña agresiva de información que por ahora no se ve.
Hoy un país habla de la reforma tributaria con rechazo categórico. Sin embargo, muy pocos saben a ciencia cierta su completo contenido con bondades y cargas que les permitieran tener una perspectiva más amplia para hacerse de forma sustentada una propia opinión. Los dictámenes se realizan desde las voces de oposición que juiciosamente trasmiten sus consideraciones a diario, o lo peor, lo que las redes sociales desde ejércitos de bodegas señalan muchas veces sin soporte alguno, pero con el morbo que vende.
Desafortunadamente para el gobierno eso ya fue suficiente para sentenciar por parte de la opinión pública el rechazo a la reforma y para mayor desgracia se vende a los ciudadanos la desconexión entre el país económico y el país nacional, cuando el Ministro de Hacienda como dicen los jóvenes “dio papaya” e incurrió en una imprecisión lógica de quien no compra huevos en la tienda, pero imperdonable cuando lo que se busca es la solidaridad de quienes si hacen ese tipo de compras, acabando de ser más impopular las reformas presentadas y mucho más quien las presentó.
Tal vez sería más serio el análisis ciudadano si se dijeran, concretamente, las consecuencias de la no aprobación de la reforma o una solución distinta para tapar ese enrome hueco fiscal que tiene el Estado.
En el tema de salud, y especialmente en la lucha contra el covid-19, la nube también se posó sobre el Plan Nacional de Vacunación, pues su acelerado inicio que logró la meta de 3 millones de dosis suministradas, prevé en el mes de mayo una frenada en seco en su avance pues no llegaron en abril, muy a pesar del esfuerzo hecho por el gobierno, el número de dosis que se esperaban. De los cinco millones de dosis pactadas para entrega, solo llegaron 1.5 millones.
De no presentarse un cambio drástico en el arribo al país de estas dosis, la etapa 3 de vacunación, que es donde está el grueso de la población productiva y de más riesgo, se va a aplazar, lo que es muy grave cuando el país entra en nuevas cuarentenas, restricciones y lo más preocupante el tercer pico de la pandemia.
Hay amenazas de gobernabilidad latentes, pero el silencio y la falta de información hacen que la opinión pública se haga a una idea con pocas bases oficiales, mayoritariamente nutrida por quienes están viendo esta coyuntura como una oportunidad política para acceder al poder o para reencaucharse, quienes con una dosis suficiente de populismo y demagogia empiezan a encaramarse en las encuestas como lo conocimos oportunamente esta semana.
Ibagué, 27 de abril de 2021
*Representante a la Cámara por el Tolima, Partido Conservador.
Por Juan Camilo Restrepo*.- Las cifras hablan por sí solas. Los datos presentados por el ministro de Hacienda nos dicen que, de los cerca de $26 billones que se pretende recaudar con la reforma tributaria, $17 billones los aportarán las personas naturales y solo $3 billones saldrán de las empresas. La desproporción es evidente.
La defensa de esta chocante desproporción la encontramos en la exposición de motivos del proyecto de ley. Allí se nos dice que, en otros países, las personas naturales pagan en términos relativos mucho más impuestos que en Colombia al paso que las sociedades pagan mucho menos. Eso es cierto. Para el efecto, se citan abundantes datos de la OECD y de otros países. Lo afirmado se complementa con el argumento -repetido hasta el cansancio en la exposición de motivos- de que la ruta a seguir es continuar bajando la tasa impositiva de las sociedades y aumentar la de las personas naturales. Así se abarataría el costo del capital en Colombia con lo cual se generaría más empleo y productividad.
La discusión de este punto crucial habrá que darla en otra oportunidad. Tenemos que debatir (sin tragar entero, como recomendaba hacerlo el cofrade Palacio Rudas) si es acertado cargarle con tal rigor la mano a las personas naturales y tratar con semejante condescendencia a las sociedades. Esto es importante, pues se trata de la columna vertebral ideológica sobre la cual reposa el proyecto de ley que se acaba de presentar. Citar como fuente de autoridad irrefutable lo que sucede en la OECD resulta un argumento frágil: es evidente que el perfil socio económico de las personas naturales en Colombia (y mucho más después del empobrecimiento colectivo que les ha infringido la pandemia) no es el mismo que el que puedan tener los ciudadanos en el mundo desarrollado. Las personas naturales gozan allí de una red de seguridad social estatal envidiable, de la que estamos muy lejos de disponer en Colombia. No olvidemos que estamos en Cundinamarca, no en Dinamarca.
Hoy quiero, sin embargo, referirme a otra faceta de la manera como la reforma propuesta castiga a las personas naturales (donde está el núcleo de la periclitante clase media que va quedando en Colombia) y el tratamiento benevolente ofrecido a las sociedades. Me refiero al feroz rasero que se utiliza en el proyecto para despojar a las personas naturales de las ventajas tributarias que aún le quedan. Al paso que cuando se trata de contribuyentes adinerados ese rasero se convierte en un amigable continuador de privilegios.
En la muy completa exposición de motivos podemos leer el listado de las ventajas tributarias que hoy benefician a las personas naturales y que con una podadora inclemente se propone eliminar. Pero se guarda silencio inexplicable sobre las grandes gabelas de que gozan los más pudientes.
Veamos.
Se propone eliminar, entre otros, los siguientes mecanismos: Los aportes a los seguros privados de pensiones; la posibilidad de deducir los ingresos que se reciban por concepto de cesantías; los aportes que se hagan a las cuentas de ahorros para la construcción de vivienda; la posibilidad de deducir los intereses pagados por préstamos para educación y para la adquisición de vivienda; se restringe la posibilidad de deducir por concepto de familiares dependientes; se elimina la deductibilidad por los pagos hechos por la adquisición de seguros de salud, entre otros.
Es decir, se acaba de un tajo con casi todas las ventajas de que aún gozan las personas naturales. Esto podría acaso defenderse si el rasero fuera igual al que se utiliza para los grandes capitales. Pero las cosas no son así. Se dejan intocadas las zonas francas que la comisión de expertos sobre beneficios tributarios había recomendado ir marchitando; se mantiene la costosa y elitista figura de los días sin IVA que beneficia principalmente a las grandes cadenas comerciales; se continúa con las irritantes gabelas para las llamadas “mega inversiones”; se mantiene el 50% de la costosa gabela de que gozan las empresas para deducir lo pagado por impuestos municipales en el llamado ICA. Se esquiva sibilinamente toda alusión a gravar las bebidas azucaradas. Y así por el estilo. Podríamos prolongar los ejemplos hasta el infinito: mano firme para las personas naturales y corazón grande para con las empresas.
Estamos, sin duda, frente a un revolcón con este proyecto de ley. Pero es un revolcón elitista.
Sería fatal que el Congreso archivara el proyecto de reforma tributaria por falta de mayorías, o por no haberlo consensuado suficientemente el gobierno cuando se preparó. Ello equivaldría a reconocer ausencia de gobernabilidad financiera en Colombia; sería pesimamente leído en el exterior; y hundiría el componente de política social que tanto se necesita en estos momentos. En editorial del pasado jueves este diario propuso una interesante fórmula para salvar los graves escollos que enfrenta el proyecto de reforma, y que pueden conducir inclusive a su muerte prematura. La fórmula consistente en abrir la reforma en dos proyectos de ley: uno que contendría el paquete social que no tiene dificultades insalvables para su pronta aprobación, y otro con los demás ingredientes contenciosos de la reforma en torno a los cuales se abriría un compás de concertación en el congreso. Debe intentarse una fórmula de este estilo antes de ir, por precipitud o intransigencia, a hundir el proyecto.
Bogotá, D. C, 27 de abril de 2021
*Abogado y Economista. Exministro de Estado.